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domingo, 9 de agosto de 2015

"LOS BESOS QUE NOS DIMOS": FAITH

Hola a todos.
He convertido este blog un poco en el blog de mi "fanfic" Los besos que nos dimos. 
Hubo cosas que quería subir aquí cuando empecé a escribirlo. Pero, por algún motivo, (por vergüenza o porque pensaba que era demasiado largo), no lo hice y las estoy subiendo ahora.
Aquí os dejo con un pequeño pensamiento de Faith.

                                    Ya no volveré a abrazar a Pip. Ya no volverá él a abrazarme.
                                     Siento un inmenso dolor que me aplasta el corazón. Le necesito a mi lado.
                                    Ya no volveré a besar a Pip. Ya no volverá a besarme cómo sólo él sabe hacerlo.
                                    ¡Qué desgracia tan enorme es estar aún viva!
                                    Le necesito a mi lado. Pensaba que envejecería conmigo. Que tendríamos hijos que no sustituirían al hijo que perdimos.
                                    Esos hijos serían nuestro consuelo en la vejez. ¿Qué será de mí ahora? ¿Qué será de mi vida ahora?
                                    Lo único que quiero hacer es llorar. Pero no me quedan lágrimas. Me he quedado seca por dentro.
                                    Ya no volveré a tocar a Pip.
                                    No entiendo nada. Era un joven fuerte y sano. ¿Por qué tuvo que enfermar?
                                   ¿Por qué tuvo que morir? ¿Por qué tuvo que dejarme sola con este dolor tan inmenso?
                                   ¡Estoy sola! Me moriré sola. ¿Dónde estás, Pip? ¡Llévame contigo donde quiera que estés! Pero no vuelvas a dejarme sola. ¡Te lo ruego, amor mío!



                           No vas a regresar. ¡Estás muerto!
                           Los muertos no regresan a la vida. Mi padre lo decía.
                           Me dice mis padres en sus cartas que debo de ser fuerte. Que debo de alegrarme por ti porque ya no volverás a sufrir nunca más. ¿Y qué pasa conmigo? ¿Qué pasa con mi sufrimiento?

viernes, 19 de junio de 2015

LOS BESOS QUE NOS DIMOS: PHILIP

Hola a todos.
Aquí os traigo un pequeño y nuevo añadido a mi fanfic Los besos que nos dimos. 
Philip, el difunto marido de Faith, es el protagonista de este añadido.

-No fue justa mi muerte-se quejó amargamente Philip al hombre de barba blanca y larga que estaba a su lado-¡Teníamos muchos planes por delante!
                               Era espantoso acercarse a Faith cuando estaba dormida, posar sus labios sobre la mejilla de ésta y no sentir nada. Ella se sobresaltaba. Pensaba que estaba sintiendo la presencia de un fantasma. Y él sufría.
-Era tu sino-le explicó aquel hombre-Tu hora había llegado.
                                 Eran dos figuras que estaban paseando por el cementerio.
                                 Philip llevaba toda su vida evitando La Muerte. Estuvo a punto de morir cuando nació.
                                 Estuvo a punto de morir con diez años. Pero, en algún momento, tras muchos años esquivando La Muerte, ésta le había encontrado. Y le había separado del lado de Faith.
                                 Ya no volvería a abrazarla.
-¿Por qué he tenido que morir?-le preguntó con rabia al hombre que estaba a su lado.
                                 Ya habían pasado unos años desde su muerte. Faith intentaba rehacer su vida como podía.
                                 Incluso, se permitía el lujo de ser cortejada por algunos pretendientes. Aquellos hombres eran, en su mayoría, viudos y con hijos.
                                 Sin embargo, ninguno de aquellos pretendientes despertaba emoción alguna en Faith. Ninguno de ellos podía hacerle olvidar a Philip.
                                  La anciana Lizzie había muerto. Falleció dos años después de la muerte de Philip, tras una vida larga. El joven entendía la muerte de la anciana que había sido lo más parecido que había tenido a una abuela.
-¿Por qué no me respondes?-le increpó al hombre que tenía a su lado.
-Hemos hablado de este tema muchas veces-contestó el hombre con paciencia y con dulzura-Era el momento.
-¡No era el momento!
-Estuviste a punto de morir dos veces en el pasado. Si sobreviviste fue porque no había llegado tu hora. Pero el momento de tu muerte llegó. El tejido de tu vida se cortó. Esto no siempre es justo.
-¿Dónde están mis sueños?
                             A pesar de que había muerto en su momento, según aquel hombre, el espíritu de Philip se negaba a ascender al Cielo. Sólo quería estar cerca de Faith.
                              A veces, agitaba con suavidad las cortinas del salón. No se atrevía a manifestarse ante ella porque la gente pensaría que estaba loca y acabaría en aquel espantoso lugar. Bedlam...
                             De algún modo, Faith sentía que Philip estaba cerca de ella. No podía verle, pero, en cambio, sí podía sentirle. No podía hablar con él. Pero el espíritu del hombre que tanto había amado le hacía compañía.
                               No la dejaba sola nunca.
-Mis sueños estaban con Faith-se lamentó Philip-No pienso marcharme de aquí sin ella.
-Su momento todavía no ha llegado-le recordó el hombre que estaba a su lado.
-No me importa. Sé esperar.

martes, 24 de marzo de 2015

AÑADIDO A "LOS BESOS QUE NOS DIMOS"

Hola a todos.
Os dejo con un nuevo añadido a mi fanfic Los besos que nos dimos. 
En mi idea original, esta que Philip le dejara a Faith una carta que había escrito antes de su boda y que, después de su muerte, ella leería.
Finalmente, lo descarté. Pero llegué a escribir una escena donde la carta se lee durante el funeral de Philip.
Os la dejo.

                 El sacerdote leyó durante el responso una misiva que, según él, escribió Philip el día en el que se casó con Faith. Decía así:

“Mi querida Faith:
Si estás leyendo estas líneas es porque estoy muerto. No, no se trata de ninguna broma. Tú y yo hemos vivido mucho y con gran intensidad. Tarde o temprano, la vida acaba pasándonos factura. Si no quiero que leas esta carta es porque no quiero asustarte. No me atrevo a hablarte con sinceridad por esa misma razón. Y menos hoy, el día de nuestra boda. No es que te quiera menos por ocultarte esta misiva, sino porque piensas que soy inmortal y que nada puede conmigo. Te equivocas porque no soy tan fuerte como piensas ni puedo con todo. Desearía morir entre tus brazos porque sólo tú eres la fuerza que me impulsará a mirar a La Muerte a la cara. Eres, además, la persona más fuerte que conozco y sé que lo estarás pasando muy mal en el momento de leerse estas líneas.
Te sentirás muy sola, me lo imagino. Pero quiero que te des cuenta de que no estás del todo sola. A tu alrededor hay gente que te quiere.
Y me tienes a mí que, aunque no me veas, estaré siempre a tu lado, cuidándote, protegiéndote, como llevo haciendo desde que te conocí.
Sé que todo el tiempo que pase a tu lado me sabrá a poco tiempo. Aunque vivamos juntos mil años.
Has sabido mirar en mi corazón.
Has ido más allá de mis orígenes, amor mío. Has sabido ser fuerte.
Te amo por ello. Te admiro por ello.
Quiero pasar toda la vida a tu lado. Pero soy consciente de que eso podría no suceder.
No quiero ponerme triste. Y no quiero llorar en un día tan feliz como éste. Es el día de nuestra boda. Unimos nuestras vidas para siempre, amor mío.
No veo la hora de verte ante el Altar. Oigo a mi madre llamarme a gritos.
Es la hora de irse. Pronto, nos encontraremos.
Uniremos nuestras vidas para siempre. Es el día más feliz de mi vida. Vas a convertirte en mi esposa, Faith.
Y yo me convertiré en tu marido. Deseo hacerte feliz. Quiero que seas la mujer más dichosa del mundo.
No sé si tendremos hijos. Pero sí sé que estaremos juntos. Para mí, es suficiente. Y quiero que sea suficiente también para ti. Quiero pensar que vamos a hacernos viejos juntos.
¿Tú también lo crees, Faith?
 Uno piensa que La Muerte significa la separación de dos personas que se aman y no es verdad porque el amor no termina con La muerte. No el amor que es verdadero. Me queda el consuelo de saber que un día volveremos a estar juntos. Piensa en mí a menudo, pero no te encierres en ti misma. Sal y diviértete y no te atormentes pensando que obras mal. No quiero que te quedes en casa llorando por mí, aunque pienses que es muy frívolo esto que te digo. Quiero  que seas feliz, pese a mi ausencia. Tu felicidad es lo único que me importa.
Ya falta menos. Dentro de muy poco, estaremos casados.
Viviremos dónde tú quieras. Iremos de viaje de novios por toda Europa. O iremos adónde tú quieras ir.
Lo cierto es que eso no me importa mucho. Tan sólo me importa lo que está por venir.
Convertirme en tu esposo. Te amaré siempre, mi querida Faith. Le doy gracias a Dios por haberte conocido. Y sólo le pido a Dios que me permita poder estar contigo siempre.
A veces, tengo la sensación de que se me está concediendo más vida de la que debería de haber tenido. Mi madre me contó que nací prematuro. Estuve muy enfermo.
Pienso que debí de haber muerto cuando nací. Mi madre me pide, asustada, que no diga tonterías. Pero, a veces, tengo el temor de que mi tiempo no tardará en llegar. No quiero asustarte con estas cosas.
Hoy, es un día de alegría para nosotros.
Te amo, Faith, y siempre te amaré.
Philip.”

            En su carta, su esposo le aseguraba que no estaba sola, que tenía a su alrededor a un montón de gente que la quería.

lunes, 2 de febrero de 2015

NUEVO MICRORRELATO RELACIONADO CON "LOS BESOS QUE NOS DIMOS"

Hola a todos.
Aquí os traigo un nuevo microrrelato (a ver si le cojo práctica). Esta vez, está relacionado con mi fanfic Los besos que nos dimos. 
Confieso que Faith es un personaje al que le he cogido muchísimo cariño. Es una mujer que ha amado con todo su ser y que, de forma trágica, se ha quedado sola.
¿Qué le ocurrirá?

                                         Faith llevaba unos pocos días en Londres cuando recibió la invitación de lady Olivia.
                                      Salieron a dar un paseo por el conocido como Jardín Italiano, en la parte noroeste de los Kensington Gardens. Faith encontró a Olivia junto a una de las cuatro fuentes que hay allí. Se vieron a una hora donde había más gente.
-Me alegro muchísimo de verte-afirmó lady Olivia cuando Faith llegó a su altura-Tienes mejor aspecto.
-Lo mismo puede decirse de ti-corroboró la joven.
                                     Se saludaron besándose en ambas mejillas.
                                    Lady Olivia se cogió del brazo de Faith para caminar.
                                    Había echado mucho de menos a la joven. Faith parecía haber recuperado el color a su regreso de Bath. Le había hecho mucho bien haber podido conocer a los Ogden. Haber podido hablar con ellos acerca de Philip. Le habría gustado haber podido hablar con lady Charlotte acerca de Geordie Blaine, el verdadero padre de Philip.
                                   Pero era un tema que todavía le hería a lady Charlotte. No quería ni mencionar al hombre que le había dejado a Philip en las entrañas. Por ese motivo, Faith decidió no mencionárselo.
                                    Sin embargo, sentía que debía de buscarle. Debía de tener familia. A lo mejor, su familia sí querría saber más cosas de Philip.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

SEGUNDA PARTE DEL EPÍLOGO DE "LOS BESOS QUE NOS DIMOS"

Hola a todos.
Y aquí os traigo la segunda y última parte de mi fanfic Los besos que nos dimos. 
Si el lunes vimos la carta que le escribía lady Olivia a Faith, hoy veremos la definitiva despedida que le hace Faith a todo el mundo desde Bath.
Deseo de corazón que os haya gustado este fanfic.
¡Mil gracias por todo!

                                     Mi querida Olivia:

                                     ¡Cómo me alegra saber que estás bien!
                                    Deseo de corazón que Benedict y tú seáis muy felices. Y no te preocupes por lo que la gente pueda decir de ti. Un escándalo dura hasta que estalla otro escándalo que lo eclipsa. 
                                   Hace dos semanas que mi suegra, la abuela Lizzie y yo llegamos a Bath. 
                                   Hemos podido entrar en contacto con los Ogden, la familia adoptiva de Pip. Varios miembros de esa familia se acuerdan de mí marido. Y se han apenado cuando se han enterado que ya no está, por desgracia, entre nosotros. No sé cuándo terminaré por acostumbrarme a la ausencia de mi amado Pip. Pero, como me decía mi amiga Domenica, he de salir adelante. Me aferro al recuerdo de Pip. 
                                 Y eso me da fuerzas. 
                                 He podido conocer a varios primos del Reverendo Ogden. Algunos de ellos recuerdan haber conocido a mi marido cuando era pequeño. Se acuerdan bien de él. 
                                  Los Ogden se gastaron todo su dinero en devolverle a Pip la salud que le faltaba cuando nació. No tenían hijos y mi adorado esposo fue una especie de regalo que les envió Dios. 
                      Yo también pienso lo mismo. Pip fue un ángel que estuvo a mi lado durante un tiempo y que me hizo muy feliz. 
                           Tanto lady Charlotte como la abuela Lizzie se han empeñado en que esté distraída durante todo el día. 
                           Hemos ido a pasear al Royal Victoria Park. La abuela Lizzie me ha mostrado la avenida con árboles que tiene el parque. Ha estado en Bath más veces que nadie. Viene aquí todos los años y me ha contado que estuvo presente cuando la Reina, todavía una Princesa, lo inauguró. La recuerda como una niña encantadora. Aunque seria...
-A todo el mundo le ocurre una desgracia-suele decir la abuela Lizzie mientras paseamos-Nadie escapa del dolor. 
-Pero el dolor no se quiere ir-me lamento. 
-Entonces, habrá que hacer algo para expulsar el dolor de tu corazón. ¿No es así, Charlotte?
-En el fondo, tiene razón Faith-contesta mi suegra. 
                           No quiero ver a los niños que juegan en el parque. Me recuerda a los niños que yo, posiblemente, nunca tenga. La abuela Lizzie me lleva a ver el lago. 
                          Hay barcas paseando en el lago. Barcas que se alquilan. Yo me quedo contemplando el lago y veo mi cara reflejada en sus aguas cristalinas. Veo a una mujer ya anciana. Me he convertido en eso. 
                        Tanto mi suegra como su madrastra se ocupan de que pase cada instante del día distraída. Asistimos a los conciertos que se celebran en el Sidney Gardens. Vamos a desayunar allí cuando alguien celebra un desayuno en ese lugar. 
                       Lady Charlotte y yo acudimos a nadar a las Clevelands Pool. Es una piscina semicircular. Lleva abierta ya un cuarto de siglo. Solemos ir a nadar allí por las tardes. 
                       Una prima del Reverendo Ogden suele acompañarnos cuando acudimos al Sidney Gardens. 
-Jane Austen estuvo aquí-me contó en una ocasión. 
-¿Lo dice en serio?-me sorprendo. 
-Se puede decir que Bath era como su segunda casa. Siempre me ha gustado esa mujer. La conocí personalmente. Era encantadora. Muy inteligente...
                           Yo he oído que a Jane Austen no le agradó mucho vivir en Bath. No termino de creérmelo porque dos de sus novelas transcurren aquí. En Bath...Además, esta ciudad no dista mucho de ser como Londres. 
                         Pero aquí se respira una paz que no existe en Londres. Por lo menos, no vivo atada a mis recuerdos. Eso es lo que he hecho hasta el momento. Me he recreado en mi dolor. 
                        Pero el dolor no puede vivir eternamente en mí. 
                        Pienso en Pip. A él no le gustaría verme sumida en el dolor. Y he de salir adelante. 
                       No sé cómo hacerlo. Siento que Pip está a mi lado. 
                       Cuando salgo a pasear por el Sidney Gardens, siento que Pip está a mi lado. Su espíritu no me abandona. 
                       He de rehacer mi vida. Ya estoy rehaciendo mi vida, mi querida Olivia. 
                       Pero cuesta trabajo. 
                       Pip siempre será el gran amor de mi vida. Siempre vivirá en mi corazón. 
                       Eso no cambiará nunca. Y, aunque mi corazón siga sangrando, he de vivir sin Pip. Eso es algo que he asumido. Aunque me siga doliendo. 

 

FIN

lunes, 17 de noviembre de 2014

PRIMERA PARTE DEL EPÍLOGO DE "LOS BESOS QUE NOS DIMOS"

Hola a todos.
He decidido añadirle un epílogo a mi fanfic Los besos que nos dimos. 
De este modo, veremos un poco más cómo Faith sigue saliendo adelante, a pesar del duro golpe sufrido tras la muerte de su esposo Philip. Y también veremos lo que le depara la vida a lady Olivia, la prima de Philip y amiga de Faith.
El epílogo está dividido en dos partes. Mañana, subiré la segunda y última parte.
¡Vamos a ver lo que pasa!

                                     Mi querida Faith:

                                    Ya puedo levantarme de la cama y dar pequeños paseos por el jardín. 
                                    Todo el mundo me dice que he cometido una auténtica locura. 
                                    ¡Y es verdad! Pero me volví loca cuando entendí lo que me ocurría. Que jamás podría tener un hijo. 
                                      He estado hablando con mi querido Benedict. Él me ha asegurado que puede vivir sin hijos. 
                                    Pero que no puede vivir sin mí. He imaginado cómo sería mi vida si estuviera en tu lugar. Si hubiese muerto Benedict. Creo que habría sido un Infierno. 
                                   Benedict no es partidario de la adopción. Me ha dicho que podemos ser los padres postizos de sus numerosos hermanos pequeños. Mi suegra siempre está embarazada. No será lo mismo criar a mis cuñados que criar a mis propios hijos. Pero pienso que podré ser mejor madre para ellos de lo que es mi suegra. 
                               Escríbeme pronto, Faith. Me gustaría salir a dar de nuevo largos paseos. Aunque no sé cómo me enfrentaré a la gente cuando salga a la calle tras haber estado a punto de cometer la mayor locura de mi vida. 
                              Mi madre me recuerda que soy una DeLacey. No debe de importarme nunca la opinión de los demás. Supongo que tiene razón. 
                              Cuídate mucho, mi querida Faith. 


                                  

                             Háblales a los Ogden de mí. 
                            Cuéntales que mi familia adoraba a Pip. 
                            Por una extraña carambola de la vida, Pip y yo nos convertimos en primos. Y fue el mejor. Siempre preocupado por los demás...
                             Háblales a los Ogden del amor que Pip te profesaba, querida Faith. Él fue muy feliz a tu lado. 
                             Eso les consolará. Cuida de tía Charlotte y de la abuela Lizzie. 
                             Tía Charlotte y la abuela Lizzie...He dicho bien. Lady Charlotte fue como una tía para mí. Y siempre he considerado a Lizzie como mi abuela. 
                             Yo rezaré por nuestra familia. Para que podamos seguir manteniéndonos a flote. 

jueves, 9 de octubre de 2014

SEGUNDO MICRORRELATO

Hola a todos.
Éste es el segundo microrrelato que escribo.
He querido subirlo a este blog porque lo tengo abandonado desde hace algún tiempo y no es justo.
El primer microrrelato lo escribí para participar en el Certamen de Microrrelatos que organizó el año pasado nuestra buena amiga Anna Soler Segura en su blog "Romance". No gané, pero me gustó mucho escribir algo que se salía de lo que suelo escribir. Un microrrelato contemporáneo...
En esta ocasión, lo que quiero hacer es escribir un microrrelato de época.
Ya intenté escribir algo parecido. Mi idea original con mi blog novela "Una brisa suave" era escribir un conjunto de microrrelatos que, unidos, contaran una historia. No me salió lo de los microrrelatos de época, pero me está gustando cómo está quedando esta historia de amor.
He querido escribir un microrrelato a partir de una historia que conozco y que también se sale un poco de lo que suelo escribir. Mi relato Los besos que nos dimos, el fanfic de Toda una dama. 
Espero que os guste.

LOS BESOS QUE NOS DIMOS

                           Los días pasan sin Pip. 
                           Escribo estas líneas en mi diario. 
                           Me dirijo a Bath. 
                           He aceptado acompañar a mi suegra lady Charlotte y a su madrastra Lizzie a Bath donde piensan que están varios miembros de la familia Ogden, la familia que adoptó a Pip cuando nació. Pero el pasado de Pip no me importa. Sus orígenes no me importan. 
                            Cuando lo conocí en Bath, quedé impresionada por su porte aristocrático y regio. Y fue su sonrisa cautivadora la que me hizo enamorarme de él. Pero el hombre al que amo ya no está. 
                              Recuerdo cómo yacíamos juntos en la misma cama. Los besos tan fogosos que nos dábamos desnudos en el lecho que compartíamos noche tras noche. Recuerdo. Lo recuerdo con total intensidad. 
                              Recuerdo cómo llenaba de besos mi cara. Cómo me besaba en el cuello muchas veces. Cómo cubría con sus besos cada centímetro de mi piel. Cómo me estremecía con su contacto. Cómo le besaba yo en el torso. Cómo me hacía suya con fuerza y con ternura al mismo tiempo. 
                               Cómo me besaba en la mano en los primeros días en los que me cortejaba y nos encontrábamos en Hyde Park. 
                              Recuerdo la ternura que Pip ponía en todos los besos que nos dimos. 



jueves, 24 de julio de 2014

LOS BESOS QUE NOS DIMOS

Hola a todos.
Aquí os dejo con el último fragmento de Los besos que nos dimos. 
Mi fanfic de Toda una dama finaliza aquí. Me costó mucho trabajo decidirme a subirla porque el personaje de Pip, que se supone que es el protagonista, acaba de morir cuando empieza la historia y se centra en su viuda, Faith.
Faith finaliza la carta que le ha escrito a Pip. Una especie de despedida...Una especie de recordatorio...
Espero que os haya gustado esta historia de amor. Es una historia de amor triste, pero mi estado de ánimo cuando la escribí estaba por los suelos.
Muchas gracias por haberla leído.
Muchas gracias por haberla comentado.
Y deseo, de corazón, que os haya gustado.

                                  Mi querido Pip:

                                 Me ha llegado una buena noticia.
                                 Olivia se ha despertado. Ha abierto los ojos y ha hablado con su marido.
                                 Le pido a Dios que todo vaya bien para Peregrine y para Olivia. Se lo merecen.
                                 No debo de estar celosa de Olivia. Su marido está a su lado. La abraza. La besa. Aunque no tengan nunca hijos, por lo menos, se tendrán el uno al otro.
                                    Yo no soy como Olivia. A mí me faltas tú. ¡Me faltas tú, Pip! Puedo sentir tu presencia. Pero no te veo. Puedo hablarte. Pero tú no me puedes hablar. No puedo mirarte. No puedo ver tu sonrisa. Y, en ocasiones, creo que te escucho hablarme.
                                  He de ser fuerte. Me digo a mí misma que he de ser fuerte.
                                  Recuerdo que, por las noches, cuando venías a mi cuarto, eran las noches más felices de mi vida. ¿Te acuerdas, Pip? Deseábamos con todas nuestras fuerzas tener un hijo. No sé si tendré un día un hijo. Pero me duele pensar que tú no serás el padre. No sé si volveré a casarme. Tan sólo sé que he de seguir viviendo. Pero me duele mucho vivir si no te tengo a mi lado.
                                 Recuerdo cómo me besabas cuando te metías a mi lado en la cama. Cómo me abrazabas. Cómo me acariciabas con las manos debajo del camisón. Y yo me dejaba llevar. Me apretaba contra tu cuerpo. Y tú besabas mi cuello.
                                Ha venido tu madre hoy a verme. Me ha dado un cariñoso abrazo.
-Me marcho a Bath una temporada con Lizzie-me ha informado nada más entrar en el salón-Me he enterado de que hay miembros de la familia Ogden viviendo allí. Gente que conoció a mi Pip cuando era pequeño. Que lo quisieron mucho.
-¿Va a contarle que Pip ha muerto?-le pregunté.
                                Nos sentamos en el sofá. Tu madre ha envejecido cien años de golpe. Le cuesta mucho trabajo caminar. Tiene que usar un bastón para sujetarse.
-Es mi deber-respondió lady Charlotte-Ellos cuidaron de mi Pip durante sus primeros años de vida. Creo que el deshollinador que lo tomó bajo su protección tras la muerte del reverendo Ogden está vivo. Lo he de buscar. Él también quería a Pip. Quiero pensar que también lo quería.
-¿Y su marido no va a viajar con usted?-inquirí.
-Se va a quedar en Londres. Lizzie y yo tardaremos algún tiempo en regresar.
-La voy a echar de menos.
-He venido para pedirte un favor, hija. Los Ogden deben de saber que Pip fue feliz durante muchos años. Tú fuiste su mayor felicidad, Faith. Quiero que te vengas a Bath con Lizzie y conmigo.
                              He terminado aceptando la oferta que me ha hecho tu madre, Pip.
                              Se lo he comentado a Domenica. Dice que he hecho lo correcto.
                              Lady Charlotte y Lizzie están luchando por seguir adelante con sus vidas. Yo he de hacer lo mismo. He de seguir adelante con mi vida.
                                Se marchan a finales de esta semana. Ya he empezado a hacer las maletas. Domenica dice que me conviene pasar una temporada alejada de Londres.
                                Pero quiero regresar lo antes posible. Quiero visitar tu tumba y llevarte muchos ramos de flores. Aunque no esté aquí, en Londres, tú estarás conmigo en Bath. Tu espíritu me acompaña en todo momento, mi querido Pip. Lady Charlotte, Lizzie y yo buscaremos a los Ogden.
                                Les hablaremos muy bien de ti. Les contaremos que fuiste muy feliz.
                                 Domenica entró hace un rato en mi habitación.
-Eres muy fuerte, Faith-me dijo.
                                   Yo estaba preparando la primera maleta. Doblé una falda.
-Hemos de ser valientes cuando la vida nos golpea-añadió Domenica.
-Lamento mucho tener que dejar Londres-me disculpé.
-Estás haciendo lo correcto, amiga. No te disculpes.
-Volveré.
-Lo sé.
                                     Domenica se acercó a mí y me dio un beso en la mejilla.
                                     Nunca me despediré de ti, Pip. Porque siempre vivirás en mi corazón. Siempre serás el amor de mi vida.
                                      Y guardo, dentro de mi corazón, cada uno de los besos que nos dimos.
                                       Te amaré siempre.
                                       Faith.



FIN

sábado, 5 de julio de 2014

LOS BESOS QUE NOS DIMOS

Hola a todos.
En este fragmento que he podido escribir, aunque se trata de un fragmento muy pequeño, Faith visita la tumba donde yace Philip.
Domenica la acompaña y habla con ella.

                                Una lágrima rodó por la mejilla de Faith.
                                Era la primera vez que se decidía a visitar la tumba de Philip.
                                Llevaba un ramo de flores que depositó sobre la lápida. Le habían enterrado lejos del panteón familiar de los Carsington. Pero también le habían enterrado lejos del panteón familiar de su abuelo materno.
                                Los veintinueve años de vida de Philip quedaban resumidos en las frases que aparecían en la lápida de mármol.

                                 PHILIP CARSINGTON
                                 1810-1839
                                  AMADO HIJO DE CHARLOTTE.
                                 AMADO ESPOSO DE FAITH.
                         
                                Un sollozo se escapó de la garganta de Faith.
-No llores-le susurró Domenica a su lado-No se lo he contado nunca a nadie. Pero entiendo lo que sientes.
-Tu marido está vivo-le recordó Faith.
-Conoces muy bien a mi marido. Y me conoces a mí también. Nunca he querido a mi marido y nunca lo querré. Sé lo que es perder al hombre que una ama.
-¿Qué quieres decir?
-Nunca se lo conté a nadie. Es mi secreto. No quiero que se lo cuentes a nadie, por favor.
                          Domenica se sentó en la lápida de al lado de la tumba de Philip. Faith tuvo la impresión de que su amiga era más mayor que ella. Los ojos de Domenica se llenaron de lágrimas.
                          La joven empezó a hablar. Contó cómo sus vecinos decidieron adoptar a un pequeño golfillo que vivía en el pueblo. Ya tenían doce hijos. Pero no les importó acogerlos en su hogar.
                         Él se llamaba Adrian. Su madre adoptiva le salvó de un futuro funesto. Era una mujer bondadosa. Se preocupaba por el prójimo. Todo el mundo la adoraba en el pueblo.
                        Domenica y Adrian crecieron juntos. Al llegar a la adolescencia, pasó algo maravilloso entre ellos.
                        El pasado de Adrian no le preocupaba mucho a Domenica. La chica estaba convencida de que se iban a casar.
                        Fue el primer hombre al que besó. Se veían a escondidas y, gracias a Adrian, Domenica aprendió a besar. Se besaron muchas veces.
-Y hubo más-se sinceró la joven.
                         Estuvieron juntos una vez. Una sola vez...
                         Fue una noche repleta de abrazos. De besos...De caricias...
                        Días después, un accidente practicando esgrima acabó con la vida de Adrian. Domenica no supo nunca qué pasó exactamente. Sólo recordaba ver el cuerpo sin vida del hombre que amaba. Y sintió que todo se acababa para ella.
                        A los pocos días, le sobrevino una menstruación abundante a Domenica. O eso fue lo que pensaron sus padres. Domenica estaba convencida de que había sufrido un aborto. Había perdido el hijo que podía haberle dado a su amado Adrian después de muerto. No podía parar de llorar. Sus padres no supieron nunca lo que le había pasado.
                       Entonces, se vio obligada a casarse. Nunca estuvo enamorada de su marido. Pero trató de amarle. De ser una buena esposa. No sintió nada cuando yació entre sus brazos en su noche de bodas.
-Nunca me lo habías contado-se asombró Faith.
                       Se dio cuenta de que Domenica, mientras hablaba, había empezado a llorar.
-Puedes vivir con esa pérdida-afirmó la joven-Pero nunca se supera.
-¿Y tú qué hiciste para vivir sabiendo que el hombre que amabas estaba muerto?-le preguntó Faith.
-Me costó mucho trabajo seguir adelante. De algún modo, siento que Adrian no se ha ido. Su espíritu me acompaña en todo momento. Incluso, ahora, mientras hablo contigo, siento a Adrian a mi lado.
-Yo también siento a mi querido Pip conmigo. ¡Pero no puedo verle!
-Es verdad. No puedes verle. No va a volver. Los muertos no regresan a la vida. Pero sí están con nosotros. Sus espíritus nos acompañan. Nos protegen. No nos sentimos solos cuando pensamos en ellos. Es como una forma de invocarles. Pip se ha ido. Su cuerpo está muerto. Pero pervive el amor que te profesó y que aún te profesa. Su espíritu está vivo, Faith. Y siempre estará contigo.



                        Faith tocó con la mano la lápida de Philip.
                        De algún modo, tuvo la sensación de que estaba allí. De que podía ver su rostro amado.

jueves, 3 de julio de 2014

LOS BESOS QUE NOS DIMOS

Hola a todos.
¿Acaso creáis que me había olvidado de esta historia?
¡Por supuesto que no!
Hoy, os traigo la primera parte de lo que yo considero que es el desenlace de esta historia.
He podido darle un buen empujón al final de esta historia y espero que os guste.
Aquí os dejo la primera parte del final de Los besos que nos dimos. 
Espero que os guste.

CARTA DE LADY FAITH CARSINGTON A SU DIFUNTO ESPOSO PHILIP CARSINGTON

                          Mi querido Philip:

                          Han pasado tres meses desde tu marcha. Mis hermanas han venido a verme. A pesar de que aún son unas niñas, están muy preocupadas por mí. Domenica sigue viviendo conmigo. Sospecho que no quiere regresar con su marido. No me importa. No me siento tan sola. Porque, desde que tú te has ido, siento un gran dolor dentro de mí. Un dolor que me impide respirar. 
                          Antes, cuando regresabas a casa, me abrazabas. Yo me ponía contenta porque podía besarte. 
                          Yo te abracé mientras sentía cómo la vida se escapaba lentamente de tu cuerpo. Yo deseaba retenerte a mi lado. Habría dado mi vida por ti. Oía llorar a tu pobre madre, quien estaba sufriendo por segunda vez tu pérdida. La vida no se portó bien contigo, mi adorado Pip. Pero...Pensaba que te estaba dando otra oportunidad. Yo pensé en darte un nuevo hijo si te recuperabas. Un niño que compensaría el niño que perdí, por desgracia. 
                     Te llené de besos la cara, a sabiendas de que ya no sentías nada. Te habías ido. Yo lo único que podía hacer era llorar. Y aún sigo llorando tu ausencia. Ya no entras en el salón a abrazarme. Ya no lleno de besos tu cuerpo cuando me uno a ti en el lecho. Ya no tengo nada. Lo importante de verdad era estar siempre juntos, mi adorado Pip. 
                      He ido a la Iglesia de San Jorge a oír Misa. Tu madre estuvo a mi lado y las dos nos apoyamos la una a la otra. Yo luchaba por no romper a llorar porque tenía la sensación de que estaba reviviendo el momento en el que te perdí. Recordé el día de nuestra boda. ¿Lo recuerdas tú también, Pip? 
                      Entré vestida de blanco en la catedral de Westminster, donde nos casamos. Tú me estabas esperando al pie del Altar. ¡Qué guapo estabas! Yo me dirigí a tu encuentro. Me sentía la mujer más dichosa del mundo. ¿Te acuerdas? Fue el día más feliz de nuestras vidas. Me susurraste al llegar a tu lado que siempre estarías a mi lado. Y nos besamos con tanto amor cuando el Obispo nos declaró marido y mujer. Recuerdo los aplausos de los invitados al acabar la ceremonia. 
                      Han pasado dos años desde aquel día tan feliz. Pero hoy todo lo que me rodea es dolor. 
                      Tu madre me sujetó la mano. Y las dos sentíamos que no estábamos solas. Tú nos habías unido de algún modo. Una madre sin hijos...Una viuda sin marido ni hijos...Solas...Pero, juntas, nuestra soledad era menor. 
                      Recuerdo cada beso que nos hemos dado. Fuiste el primer hombre que me besó. Con el que me casé. Con el que soñé con ser madre. Pero ya no puedo besarte nunca más. 

 

                               Lo sentí mucho cuando me bajó la menstruación a los pocos días de enterrarte. Me vine abajo. 
                              Creía que podía quedarme embarazada. Deseaba con todas mis fuerzas llevar en mi vientre un hijo tuyo porque me recordaría a ti. Sería como una manera de retener un trocito tuyo a mi lado después de haberte ido. Pero no fue así y siento que te he perdido para siempre, Pip. 

viernes, 20 de junio de 2014

LOS BESOS QUE NOS DIMOS

Hola a todos.
Ha pasado algún tiempo desde que hice una entrada en este blog y ha pasado aún más tiempo desde que subí el último trozo de Los besos que nos dimos. 
Hoy, vamos a seguir indagando en la relación entre Faith y Philip a través de los recuerdos de ella.

                             Faith permaneció todo el día siguiente en casa de lady Olivia, sin querer marcharse. Domenica permaneció a su lado y logró convencerla de que salieran a dar un paseo por el jardín. Faith tuvo que aceptar, obligada, en parte, por lady Bathseba. La pobre mujer había envejecido treinta años de golpe. Era ya de noche y hacía algo de frío, pero Faith llevaba días sintiendo frío dentro de su cuerpo. En su corazón...
-Estás siendo muy fuerte-la alabó Domenica.
-No soy fuerte-replicó Faith.
-Te has venido abajo muchas veces. Pero logras levantarte y seguir adelante. Creo que yo no podría hacer eso.
-¿Estás enamorada de tu marido? ¡Lo siento! No quería decir eso.
-Me he hecho esa pregunta muchas veces. Sentí una gran envidia hacia ti porque amabas a Pip. Y él te amaba a ti. Yo deseaba eso para mi matrimonio. Por desgracia, no es así.
-Lo siento mucho.
                             Los bonitos ojos de color azul de Faith habían derramado muchas lágrimas a lo largo de aquellos días. Su hermoso rostro era la perfecta imagen del dolor que sentía.
                            Lady Charlotte acudió a visitar a lady Olivia y, al ver a Faith en el jardín, no dudó en acercarse a darle un abrazo a su nuera. Las dos mujeres estaban destrozadas por la pérdida de Philip. Lady Charlotte había perdido a su hijo dos veces. Pero aquella segunda vez era la definitiva. No volvería a ver a su querido Pip.
-Milady...-balbuceó Faith entre sollozos-Yo...
-No estás sola, mi querida hija-le aseguró lady Charlotte-Prefiero pensar que eres mi hija.
-Pero...
-Me tienes a mí. Nos necesitamos mutuamente, Faith. Hemos de ser fuerte porque sabemos que a Pip no le gustaría vernos así. Hundidas...Yo seré fuerte si tú eres fuerte, hija.
                          Depositó un beso sobre la helada frente de Faith.
                          En una de las casas que había en la calle alguien había empezado a tocar el piano. Se trataba de una melodía triste. Era el perfecto estado de ánimo en el que se encontraba toda la familia Carsington.
                            Los días seguirán pasando, pensó Faith. Yo terminaré acostumbrándome a estar sola en mi casa porque Domenica tendrá que irse. Mi familia vendrá a verme. No estaré sola mucho tiempo. Pero mi familia también se irá. Y yo volveré a quedarme sola. Sola...Sin Pip...Sin mi amado...No soy vieja para volver a enamorarme, pero mi corazón sólo le pertenece a un hombre. A Pip...
                          Lady Charlotte se apartó de ella.
-Voy dentro-le informó-Quiero saber cómo está Olivia.
-Está dormida-le explicó Domenica-Su madre está con ella.
-Lizzie ha querido venir, pero le he dicho que sería mejor que se quedara. No está para pasar toda una noche levantada. Las fuerzas le fallan.
-Lo comprendemos, señora-dijo Faith.
-Llámame Charlotte, por favor. Quiero pensar que eres mi hija. Sólo te tengo a ti.
                           Lady Charlotte se metió dentro de la casa de lord Benedict y de lady Olivia. El corazón de la dama estaba junto a la mujer que había estado a punto de perder a su única hija. Faith pensó en lord Benedict y en lo cerca que había estado de perder a su mujer.
                           Se quedó a solas en el jardín con Domenica. Faith notaba cómo los huesos de su cuerpo le dolían.
-No has comido casi nada desde que Pip cayó enfermo-le recordó Domenica-Y mucho me temo que llevas el mismo tiempo sin dormir.
-La enfermedad que se cebó con él duró poco-le contó Faith-Yo le cuidé mucho. Pero lo perdí. No pude hacer nada por él. Por salvarle la vida. Meningitis...El médico me comunicó que mi marido estaba enfermo de meningitis.
-Deberías comer algo. Y dormir un poco.
-No puedo dormir. No puedo comer.
-Intenta hacerlo. Piensa que vas a caer enferma.
-Sí...Pero...
-Será mejor que vayamos dentro. Que cojas tu capa. Y que nos vayamos.
                         Domenica abrazó con cariño a Faith.
                          Para la joven, la vida había perdido todo su sentido desde el día en el que Philip murió. Lo único que había deseado era hacerse vieja a su lado. Pero aquel deseo no se iba a hacer realidad.
                            Obligada por Domenica, Faith entró dentro de la casa de lord Benedict y de lady Olivia. Fuera, seguían sonando las notas tristes que alguien arrancaba al piano.
                            Alguien le puso la capa a Faith. La joven notó cómo le temblaban las manos al ponerse su sombrero. Lord Benedict le besó las manos y le agradeció el haberse preocupado tanto de su esposa.
-Por favor...-dijo Faith-Dígale a Olivia que deseo que se recupere pronto. Me gustaría hablar con ella.
                            Todos los miembros de la familia Carsington besaron a Faith en las mejillas. Lady Bathseba también bajó a despedirse de ella. Había dejado a lady Olivia en compañía de lady Charlotte. La joven seguía profundamente dormida.
-Lamento tener que irme-se excusó Faith.
-No importa, querida-le aseguró lady Bathseba-Eres humana. Necesitas descansar.
                 


                          Faith pensó en Philip y en las sonrisas tan cautivadoras que le dedicaba. Recordaba lo feliz que se sentía cuando estaban juntos. Cuando yacían juntos en la cama y él la abrazaba con fuerza. Recordaba los besos apasionados que se daban entonces. Recordaba cuando él entraba en el salón y la besaba con ternura.
-Alquilaremos un carruaje-le propuso Domenica cuando abandonaron el jardín-Es ya noche cerrada. No quiero que ningún demonio saltarín nos ataque.
-No pasaría nada-replicó Faith.
-Vámonos a casa.

miércoles, 28 de mayo de 2014

LOS BESOS QUE NOS DIMOS

Hola a todos.
He tardado en subir otro fragmento de Los besos que nos dimos.
Me hubiera gustado subir uno el domingo, pero no pude porque estuve todo el día fuera de casa.
Me he animado a subir poco a poco durante todos estos días los trozos que iban a subir más adelante. Considero que forman parte de la historia y nos permite conocer un poco más el día a día de Faith y de algunos miembros de su familia política, los Carsington.
En este fragmento, Faith y Domenica reciben malas noticias acerca de lady Olivia.

                         Faith permanecía sentada en el sofá mirando al vacío. La chimenea del salón estaba apagada.
                        Domenica se había ofrecido a leerle un libro en voz alta, con el fin de distraerla. Faith respondió encogiéndose de hombros.
                         Escogió la primera parte de una novela que Philip había comprado poco antes de caer mortalmente enfermo. Se llamaba Las ilusiones perdidas y su autor era un conocido escritor francés llamado Honoré de Balzac. Escuchar a Domenica leer en voz alta aquella novela desgarró el corazón de Faith.
                       Philip se la había comprado porque sabía que le gustaba mucho leer.
-He oído que el autor está proyectando escribir una segunda parte-le contó cuando le tendió la novela-Cuando salga a la venta, iré a París y te la compraré.
                         Ya nunca iría a comprarle aquella posible segunda parte. Una lágrima rodó por la mejilla de Faith. Intentaba no llorar porque Domenica le había dicho que Philip la estaba mirando. Desde algún sitio en el Cielo, Philip sabía que su mujer estaba llorando.
                           De pronto, una de las criadas entró muy nerviosa en el salón. Domenica dejó de leer. Faith se puso de pie de un golpe. En los últimos tiempos, en aquella casa sólo parecían ocurrir desgracias.
-¿Qué es lo que pasa?-le preguntó Faith.
-Señora Carsington, ha ocurrido algo terrible-respondió la criada-Ha venido el ama de llaves de lord Lisle. Lady Lisle ha intentado suicidarse.

                         Lady Olivia Carsington yacía acostada en su amplia cama con dosel. Sentada en una silla, su madre, lady Bathseba, lloraba amargamente. No entendía el porqué su única hija había intentado poner fin a su vida con una sobredosis de láudano.
                        Lord Peregrine, el marido de Olivia y conde de Lisle, sí sabía la verdad. El médico había sido muy sincero aquella terrible mañana con su esposa.
                         Lady Olivia sufría una anomalía en las trompas de Falopio. Por ese motivo, no podía quedarse embarazada. Una operación podría matarla. Lord Peregrine se inclinó sobre su mujer y depositó un beso en su frente. Acarició con la mano el cabello suelto de lady Olivia.
                       Unos golpes en la puerta sacaron a lord Peregrine de su estado de estupor. No había dicho nada desde que encontró a su mujer tirada en el suelo de su habitación.
                        Era la doncella personal de lady Olivia. La pobre mujer no paraba de llorar desde que entró en la habitación de su señora y la encontró tirada en el suelo.
                         Era un poco menor que lady Penélope, la madre de lord Peregrine. Fue asignada como doncella de lady Olivia cuando ésta era una adolescente. La vio convertirse en una hermosa mujer.
                       Toda la familia Carsington estaba reunida en aquellos momentos en el salón. Faith había hecho un gran esfuerzo al salir a la calle a visitar a la familia adoptiva de su marido. Domenica la había acompañado.
                      En aquellos momentos, lady Penélope, la madre de lord Peregrine, estaba a punto de acabar con la paciencia de Faith. Decía que su hijo había cometido un terrible error al casarse con una DeLacey, sobre todo, porque su mujer era incapaz de darle un hijo.
                    Domenica se percató de que Faith estaba a punto de darle un bofetón a lady Penélope. Faith se dijo así misma que debía de contenerse. No era el momento de protagonizar un escándalo en una casa que no era la suya.
-¿Estás escuchando?-le preguntó a Domenica con rabia mal contenida.
-Nunca vio con buenos ojos la boda de su hijo con su nuera-respondió la joven.
-Tengo la sensación de que Olivia, Pip y yo éramos unos intrusos en esta familia tan perfecta. No sé hasta qué punto está realmente enamorada lady Batsheba de su marido. Pero eso no tiene nada que ver con lo que ha intentado hacer Olivia esta mañana.
-Ha sido una locura.
-No importa que no puedan tener hijos. Se tienen el uno al otro. Peregrine está realmente enamorado de Olivia.
                         Faith se paseaba nerviosa de un lado a otro del salón. La idea de quitarse la vida había pasado alguna que otra vez por su mente durante el transcurso de aquellos terribles días. Pero no se sentía capaz de hacerlo.
                          A Pip no le habría gustado, pensó. Él quiere que yo sea fuerte.
-Voy a ver a Olivia-le comentó a Domenica.



                      Lord Peregrine se puso de rodillas junto a la cama donde yacía Olivia. La besó con cariño en la mejilla. El médico se había ido. Le había logrado salvar la vida a lady Olivia con un lavado de estómago. Parecía que estaba dormida.
                       Unos golpes en la puerta sobresaltaron a lady Batsheba.
-¿Puedo pasar?-preguntó Faith, entreabriendo la puerta.
-Pasa, querida-respondió lady Batsheba-Gracias por venir.
                        Faith entró en la habitación. Cerró suavemente la puerta. Contempló la figura de Olivia.
                        Tuvo la sensación de estar viendo a Philip instantes después de exhalar su último aliento. Estaba muy pálida y no se movía.
                         Conocía a todas las personas que se encontraban en la habitación. Los había visto el día de su boda con Philip. La habían visitado cuando perdió el niño que esperaba.
                        Estuvieron durante el velatorio de Philip. También acudieron al cementerio a darle el último adiós. Lady Batsheba estaba destrozada, pero, por lo menos, su hija seguía viva. Tenía esa suerte. El corazón de Faith no podía dejar de apoyar a aquella pobre madre que no entendía el porqué su única hija había intentado suicidarse. Faith había escuchado que lady Olivia era estéril y que había intentado quitarse la vida porque se sentía incapaz de asumir su esterilidad. De algún modo, Faith podía entender lo que lady Olivia sentía.
                         Había demostrado que podía concebir un hijo. Pero no sabía si el aborto le había dejado secuelas. Se acercó a lady Batsheba. La mujer recordaba los momentos de angustia que vivió cuando su hija y su yerno, siendo dos niños de nueve y trece años, se escaparon en busca de un mítico tesoro. Pero logró encontrarles sanos y salvos. Sin embargo, lo que había ocurrido era distinto. Su hija despertaría en cualquier momento y sólo Dios lo que pasaría desde ese momento.
-Lady Batsheba...-murmuró Faith.
-Dime-dijo la mujer.
                         Le costaba trabajo hablar.
-¿Cómo está Olivia?-inquirió Faith.
-No lo sé-contestó lady Batsheba-Está dormida. Pero despertará.
                        La dama rompió a llorar amargamente.

sábado, 24 de mayo de 2014

LOS BESOS QUE NOS DIMOS

Hola a todos.
Este fin de semana, espero, desearía terminar Los besos que nos dimos, mi fanfic de Toda una dama. 
Sólo quedan dos trozos. Éste que voy a subir hoy y el de mañana, que es el final.
Sin embargo, antes de ponerme manos a la obra con esta historia, me gustaría advertiros de que es posible que la alargue más adelante.
Es decir, que veamos más adelante más recuerdos de Faith de su vida en común con Philip. Que veamos cómo lucha por salir adelante, a pesar del dolor.
Pero eso lo veremos más adelante.
No puedo prometeros que estos dos últimos trozos sean más alegres. Pero sí pueden estar abiertos a la esperanza.
Si decido alargar un poco más la historia más adelante, como ponerle una especie de segunda parte, Domenica, la mejor amiga de Faith, seguirá siendo un importante apoyo para ella.
Y es en este fragmento donde Domenica le da buenos consejos a Faith.

                          Al día siguiente, Faith logró salir de su habitación.
                          Su doncella entró y la instó a que se lavara.
-No puede permanecer encerrada por más tiempo, señora-le hizo ver.
                          Faith se lavó todo el cuerpo con una esponja que mojaba en el agua de la jofaina. Recordaba las veces que Philip y ella compartían baño en aquella bañera de porcelana portátil. Se metían desnudos en el agua. Se lavaban el uno al otro. Y también se besaban. El uno recorría con la lengua el cuerpo del otro. Se acariciaban mutuamente con las manos y con los labios. Se abrazaban con fuerza.
                         La doncella ayudó a Faith a ponerse su vestido negro. Faith tenía la sensación de que no volvería a vestir nunca más con un color claro. O con un color más fuerte...Debería de llevar siempre luto.
                         No quiso desayunar porque no tenía hambre.
                         Bajó al salón. Llevaba su rubio cabello recogido en un estrecho moño.
                         Domenica estaba sentada en el sofá cuando vio entrar a Faith. Estuvo a punto de lanzar un grito de terror porque le pareció que su mejor amiga había envejecido veinte años.
-Entiendo que estés mal porque tu marido acaba de morir-afirmó mientras la hacía sentarse a su lado-Pero tú todavía estás viva. ¡Estás viva, Faith! Y dudo mucho que Pip quiera verte en el estado en el que estás.
-Me he levantado de la cama-le recordó su amiga.
-Pero no es suficiente. Me hago cargo de que la muerte de tu marido está muy reciente. Pero...
-¿Pretendes que me vaya a una fiesta de las que se celebran en Almacks con el cadáver de Pip todavía caliente?
                      Domenica negó moviendo la cabeza.
                      Había una gran diferencia entre su matrimonio y el matrimonio de Faith y Philip.
                      Faith y Philip se amaban. Y ella, en cambio, sentía que ya no amaba a su marido. Él había matado todo el amor que le profesaba.
-No se trata de eso-contestó Domenica, con paciencia-Se trata de otra cosa. Que tú misma cojas fuerzas para seguir adelante.
-¿Y cómo quieres que lo haga?-le preguntó Faith con desamparo-Cuando me casé con Philip, me veía a mí misma envejeciendo a su lado. Cuidando de nuestros nietos. Pero no tendremos hijos porque perdí a nuestro bebé. Y Pip ya no está. ¡Dime cómo me enfrento a la vida si he perdido mi razón de vivir!
-Tienes a tu familia, que te quiere. Tus padres y tus hermanas están sufriendo por ti y sé que son capaces de venir aquí a Londres a estar contigo. Tienes a lady Charlotte y lord Darius. Lady Charlotte, la pobre, está destrozada. Pero está luchando por sacar fuerzas de donde no las tiene con tal de ayudarte.
-Recibí una nota suya. Me la envió su madrastra, Lizzy. No entiendo cómo esa mujer puede todavía conservar sus fuerzas.
-Tu padre es clérigo. Dirá que es la Voluntad de Dios. Se acata. Pero...¡Cuán difícil puede resultar entenderla! Todos nos morimos antes o después. Pero siempre uno se hace muchas preguntas cuando muere alguien tan joven.
                       Era lo mismo que repetía la anciana Lizzy durante el velatorio de Philip.
                       Faith tenía los ojos secos de tanto llorar. En el fondo de su corazón, sabía que Domenica tenía razón.
-No puedo salir a la calle-se asustó.
                        No era por el miedo al qué dirán.
                        Era porque no se sentía capaz de salir a la calle sin tener a Philip a su lado.
-Cuando estés preparada, saldrás a la calle-le aseguró Domenica.
-Mi duelo todavía no ha terminado-afirmó Faith-Te ruego que me dejes con mi duelo. Mis ojos están secos. Pero mi corazón todavía llora a Pip.
-Lo entiendo.
                        Faith no podía olvidar los besos que Philip le robó la primera vez que bailó con él, durante una fiesta en Almacks.
                        Todo lo que había alrededor de Philip era especial. Había logrado sobrevivir cuando era un recién nacido débil y enfermizo. Pero el Destino parecía haberle alcanzado.
                         Los dos años que habían pasado juntos habían sido los más felices de la vida de Faith. Unos años repletos de amor y de complicidad...
-Siempre amaré a Pip-afirmó-Ningún hombre podrá sustituirlo en mi corazón.
-Lo sé-le aseguró Domenica.
                         Philip ya no estaba. Pero sí estaba ella. Debía de convivir con la soledad. Debía de aprender a vivir con sus recuerdos.
                         Le resultaba todo aquello demasiado duro. Domenica estaba segura de que Faith lograría superar aquella terrible pérdida. Pero era cuestión de tiempo.
-No te dejaré-le prometió a Faith.



lunes, 19 de mayo de 2014

LOS BESOS QUE NOS DIMOS

Hola a todos.
Hoy, Faith recordará uno de los momentos más dolorosos de su matrimonio con Philip.

                      Faith sabía lo que era perder un hijo. 
                      Faith perdió el hijo que esperaba de Philip. Intentaba no pensar en eso, pero perdió el niño que esperaba. Ahogó un sollozo.
                      Ella estaba embarazada de casi cuatro meses cuando se cayó rodando por las escaleras.Fue un accidente, pensó Faith con rabia.
                      Era un hijo muy deseado tanto por ella como por Philip. Ahora, los dos están juntos, pensó Faith cuando estaba sentada en la cama contemplando la salida del Sol. Cuando supo que estaba embarazada, se sintió la mujer más feliz del mundo. Lady Charlotte fue la segunda persona que se enteró. Philip y Faith fueron a contárselo. Todavía recordaba el grito de júbilo que lanzó aquella comedida dama cuando supo que iba a ser abuela. 
                      Pero perdió el niño que esperaba. El médico se lo confirmó en cuanto se quedaron a solas. Faith lloró hasta que se quedó seca por dentro. Podía entender el sufrimiento de Olivia. No podía tener hijos. Y ella había sufrido un aborto. Recordaba los planes que hizo cuando tuvo la primera falta. Lord Darius tardó algunos días en enterarse. En cambio, la madrastra de lady Charlotte, la anciana Lizzy, le dijo a Faith que ella tejería una mantita para el futuro bebé. 
                      Recordaba los dolorosos días que siguieron a su convalecencia. Philip no se separaba de su lado. Lady Charlotte y lord Darius fueron a verla. Los ojos de lady Charlotte estaban hinchados de tanto llorar. 
-Lo siento mucho-le dijo la mujer, con la voz quebrada. 
                    Faith nunca supo si el feto que había abortado era de un niño o si era de una niña. El médico no se lo dijo. 
                    Pero eso ya poco importaba. El niño que pudo haber tenido no estaba a su lado consolándola tras la muerte del hombre que lo había engendrado. 
                   Tanto Philip como su pequeño no estaban a su lado. Faith no sabía cómo encarar el futuro en soledad. Estaba asustada y destrozada. No sabía si podría seguir adelante con Philip. 
-¿Cómo es posible que un hombre tan joven se haya ido y yo, que soy tan vieja, siga aquí?-se había lamentado Lizzy en el cementerio. 
                   Unos golpecitos en la puerta sacaron a Faith de su ensimismamiento. 
-¿Está despierta, señora?-le preguntó su doncella al otro lado de la puerta. 
                     Faith no respondió. 
                    Sólo quería estar sola. Deseaba llorar en soledad su pesar. 
-¿Está enferma?-preguntó de nuevo la doncella. 
-No...-respondió Faith, casi obligada. 
-¿Quiere que la ayude a vestirse? 
-No...
-¿Va a desayunar?
-No tengo hambre. 
                     Era verdad. Faith no tenía hambre. Estaba convencida de que no volvería a comer nunca más. 

 
                     Se secó las lágrimas que rodaban por sus mejillas. 
                     Recordaba cómo Philip la abrazó cuando el médico le comunicó la mala noticia. En aquellos momentos, a pesar del gran dolor que experimentaba, Faith se sintió apoyada. Se sintió amada. 
                      Pero Philip se había ido para no volver nunca. Igual que su pequeño...

domingo, 18 de mayo de 2014

LOS BESOS QUE NOS DIMOS

Hola a todos.
Hoy, me he animado a subir otro trocito de Los besos que nos dimos. 
Los recuerdos siguen presentes en la mente de Faith.
En esta ocasión, recuerda cuando conoció a Philip.

                          A Faith le gustaba salir a dar un paseo por Hyde Park.
                          Desde que Philip enfermó, no había vuelto a pasear por aquel parque tan grande como el más inmenso de los bosques. Solía pasear con Philip. Sin embargo, Faith no se sentía capaz de volver a salir a dar un paseo por Hyde Park. Recordaba cuando caminaba orgullosa y cogida del brazo de Philip por la orilla del lago Serpentine. Entonces, era una mujer feliz. Acababa de contraer matrimonio con el hombre más maravilloso del mundo. Se sentía capaz de enfrentarse al mundo por amor.
                      Fue en Hyde Park donde Philip y Faith se conocieron.
                      Ella lo recordaba con el más mínimo detalle.
                       La mujer en cuya casa se hospedaba, su patrocinadora, no la dejaba salir nunca sola.
                     Le asignó una doncella que la acompañaba a todas partes.
                       El tener una doncella era algo que incomodaba a Faith. Siempre se había vestido y había cepillado su cabello ella misma.
                       Pero, cuando vivía en su casa, su padre tampoco la dejaba salir sola a ningún sitio. Entonces, Faith salía acompañada por alguna de sus hermanas menores.
                        Faith y su doncella estaban paseando por Rotten Row. Su doncella no paraba de parlotear. Faith trataba de no bostezar para disimular su aburrimiento. De haber ido sola, se habría sentado a orillas del Lago Serpentine. Se habría quitado los zapatos. Habría podido meter los pies en el agua.
                       No se dio cuenta de que un caballo venía en dirección hacia ella y su doncella.
                       De pronto, notó cómo su doncella tiraba de su brazo. Faith fue apartada del lugar por donde estaba caminando. Un caballo de color castaño se alzó sobre sus patas traseras. Era un alazán, pero Faith no podía admirar su raza. Tenía el corazón en la garganta.
                       El jinete logró dominar al caballo. Desmontó de un ágil salto.
                       Se acercó a Faith y a su doncella.
-¿Se encuentra bien, señorita?-preguntó, dirigiéndose a Faith.
-Sí...-respondió la joven.
                        El jinete se disculpó con ella.
-Le ruego que me perdone-se excusó.
-No ha sido culpa suya-le aseguró Faith-Iba distraída y no me he dado cuenta.
                      El jinete era un hombre realmente atractivo. Era imposible no apartar la vista de él.
                      Cogió la mano de Faith y se la besó con respeto.
                      También él había quedado impresionado con ella.
                      La había visto a lo lejos. Quiso acercarse para conocerla mejor y no era su intención hacerle daño.
                      De cerca, era todavía más hermosa. Aquel cabello de color rubio dorado y ondulado que llevaba escondido debajo de un sombrero algo pasado de moda. Cuyos mechones se escapaban del sombrero.
                      Aquellos ojos de color azul...Su piel blanca como la leche...
-Permítame que me presente-dijo-Mi nombre es Philip Carsington.
                       Faith se presentó también. Aquel hombre tenía los ojos más bellos que jamás había visto. Además, era un hombre increíblemente alto. A su lado, Faith se sentía como una enana.
                      Sus facciones eran atractivas. Era un hombre joven y robusto. Pero también era un hombre galante. Un caballero de verdad, pensó Faith con admiración. Sin embargo, aquel encuentro duró relativamente poco tiempo. El jinete tenía algo de prisa. Uno de sus primos, un tal Peregrine, le estaba esperando. Más que su primo carnal era el marido de su prima, lady Olivia. Irían juntos al Pall Mall, el Club de Caballeros del que ambos eran socios.
-¿Le gusta pasear por Hyde Park?-le preguntó a Faith.
-Suelo venir aquí muchas tardes-respondió la joven.
-Entonces, no me cabe la menor duda de que volveremos a vernos.
                     Volvió a montar en su caballo. Pero, antes de hacerlo, volvió a besar a Faith en la mano.
                     Ella le vio alejarse poco a poco. Tuvo la sensación de que, efectivamente, volvería a verle.
-¿Ha dicho que se apellida Carsington?-se interesó la doncella-Es que ese apellido es muy famoso en todo Londres.
-Yo he oído hablar de los DeLacey-contestó Faith-Son una pandilla de rufianes, según mi patrocinadora. Pero yo creo que son, más bien, unos supervivientes natos.
-En los Carsington hay quienes no son Carsington. No sé si me explico. La hija de lord Benedict, en realidad, no es hija suya. Ella tenía diez años cuando su madre se casó con él. Lady Bathseba era viuda. Lady Olivia es la hija de su primer marido. Lo que hizo lord Benedict fue adoptarla cuando se casó con lady Bathseba. No tuvieron hijos.
-Eso no es nada malo. Muchas mujeres viudas rehacen sus vidas. Vuelven a casarse.
-Pero ella es una DeLacey. ¡Por Dios! La sangre de esa familia está contaminada. Y eso no fue lo peor.
-No fue lo peor. No sé si volveré a ver a lord Philip. Me gustaría conocerle mejor. Me ha agradado. ¡Es muy apuesto!
                         Su doncella arqueó una ceja con gesto interrogante.
-Cometerá un error si se decide a involucrarse con ese hombre, señorita-le advirtió.
-Lo que sí que será un error será el no volver a verle-replicó Faith.
                       Su doncella pensó que se había vuelto loca.



                    Faith recordaba todo esto acostada en su cama.
                   No podía conciliar el sueño. No podía dejar de pensar en que Philip ya no estaba con ella. Y nunca más volvería a estar con ella.

lunes, 12 de mayo de 2014

LOS BESOS QUE NOS DIMOS

Hola a todos.
En el fragmento de hoy de Los besos que nos dimos, aparece la mejor amiga de Faith, Domenica.
Con su amiga Domenica, Faith se sentirá mejor y podrá desahogarse.

                       Transcurrió una semana desde el entierro de Philip.
                       Faith no salió de su casa en ningún momento.
                      Era la hora del té.
                      Faith se disponía a entrar en el salón donde todo estaba preparado para el té. Entonces, el mayordomo la abordó.
-Señora, tiene una visita en el salón-le anunció.
-¿De quién se trata?-inquirió Faith.
-Dice que es una amiga suya.
                       Extrañada, Faith entró en el salón. Estuvo a punto de desmayarse cuando vio a su mejor amiga, Domenica Hawkscliffe. La joven se puso de pie cuando la vio entrar en el salón. Faith se arrojó en sus brazos y las dos se abrazaron durante un largo rato.
                       Se separaron apenas unos centímetros.
-Lamento mucho el no haber podido venir antes-se excusó Domenica.
                        Tomaron asiento en el sofá. La criada ya había dispuesto todo para el té. Domenica cogió un sándwich.
-Mi marido rara vez me deja salir de la finca-se sinceró Domenica-He tenido que mentirle y decir que mi tía estaba enferma para poder venir. ¡No sabes lo arrepentida que estoy de haberme casado con él! ¡Qué Dios me perdone! Pero le he deseado la muerte un millón de veces.
-No hablemos de tu marido-le pidió Faith-¿Cómo estás tú?
-Me interesa más tu estado. Lamento mucho lo ocurrido con Pip.
-Gracias...
                       Faith sintió cómo las lágrimas se agolpaban en sus ojos. No había podido conciliar el sueño desde que Philip cayó enfermo. Los dos dormían en habitaciones separadas desde que Faith sufrió el aborto. En ocasiones, Philip acudía a la habitación de su mujer para intentar engendrar un hijo.
                     La regla le había venido a Faith tres días antes. Ello acababa con sus esperanzas de poder darle un hijo póstumo a Philip. No estaba embarazada.
                     Domenica se había casado con un aristócrata inglés que le duplicaba la edad. Domenica estaba profundamente enamorada de su marido cuando se casó con él. Pero aquel hombre había destruido aquel amor. Mantenía a Domenica prácticamente encerrada en su casa solariega mientras que él realizaba viajes por toda Europa. Domenica sabía que su marido hacía de todo. Menos hacer negocios.
-Hay quien dice que un hijo te habría servido de consuelo-opinó Domenica-Yo opino que un hijo sería cualquier cosa menos un consuelo. Sería muy duro sacarlo adelante sin el apoyo de su padre.
-Pero me habría gustado haber tenido un hijo con Pip-se sinceró Faith-Por lo menos, tendría un recuerdo suyo. Tendría sus ojos y yo sentiría que Pip está aquí conmigo.
                      La joven no quería llorar delante de Domenica. En el pasado, su amiga había sentido envidia de ella. Domenica había sido la primera en casarse con un apuesto y adinerado aristócrata. Por aquel entonces, tenía dieciocho años. Cuatro años después, su matrimonio era un completo desastre. Tampoco habían tenido hijos.
-Tuviste la suerte de haberte casado con un hombre que te amó hasta el último minuto de su vida-afirmó Domenica-Pocas mujeres tienen la misma suerte que tú tuviste. Mi matrimonio fue pactado. Yo me casé muy enamorada de mi marido. Pero no fui correspondida por él.
-Y yo estaba enamorada de Pip-dijo Faith-Y sigo enamorada de él. Lo amaré hasta el último día de mi vida.
-Podrías volver a enamorarte.
-¿Volver a enamorarme?
                          La taza de porcelana que sujetó Faith para beber un sorbo de su taza de té tembló.
                          Volver a enamorarse.
                          No podía volver a enamorarse. Necesitaba tiempo para superar aquella pérdida. Un sollozo brotó de su garganta.
                          No podría volver a enamorarse nunca. Su vida había acabado.
-Eres joven y eres hermosa-observó Domenica-Tienes un cabello rubio brillante. Tus ojos son de color azul como el cielo. Eres alta y eres también esbelta. Posees un rostro perfecto.
-Ahora, lo único que quiero es llorar-dijo Faith-Quiero encerrarme en mi habitación. Y no salir de allí nunca.
-No deberías de hacer eso.
-¿Y qué quieres que haga? No puedo pensar en nada en estos momentos. A veces, siento que Pip está aquí conmigo. Quiero llamarle. Pero no lo hago. No me responderá. Y yo...
                      La voz de Faith se quebró. Ya no sentía tanto la ausencia de un hijo.
                      Tenía a Philip. Iban a pasar el resto de sus vidas juntos.
                      ¿Qué le quedaba ahora? No le quedaba nada. Estaba sola.



-En el fondo, Pip no se ha ido-le aseguró Domenica.
-¿Qué quieres decir?-inquirió Faith.
-Pip sigue estando presente en tu vida. Mientras lo recuerdes con amor. Pip nunca se irá de tu lado mientras sigas pensando en él.