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jueves, 17 de septiembre de 2015

MICRORRELATO: "MISTRESS TAYLOR"

Hola a todos.
Aquí os traigo un nuevo intento de escribir un microrrelato.
Esta vez, sería un "one shot" muy pequeño de una de las novelas más famosas de Lisa Kleypas, Donde empiezan los sueños. 
Tengo un "fanfic" de esta novela a punto de que vea la luz, pero, de momento, os dejo con este "one shot".
Ambos tienen a la misma pareja protagonista, una pareja que, en la novela, pasa demasiado de puntillas y que debía de tener su propia historia debido a la química y a la pasión que ambos desprenden y que no demuestran más que en la escena en la que ambos se miden (preciosa, por cierto).
Son Elizabeth, la hermana de Zachary, y Jason, el primo de Holly.
Mistress Taylor es el nombre de este microrrelato, que deseo sea de vuestro agrado.

MISTRESS TAYLOR

ISLA DE BUCK AIT, EN EL RÍO TÁMESIS, 1857

               Han pasado veintiséis años. 
                       Veintiséis años en los que me he convertido en mistress Taylor. El amor que siento hacia mi marido ha ido creciendo con el paso de los años. Sólo nos tenemos el uno al otro. Vivimos en esta casa que es nuestro hogar. Nos relacionamos con los pocos vecinos que tenemos.
                      La verdad es que no me importa. No he tenido más amiga en toda mi vida que Holly. Es mi cuñada.
                      En realidad, es lo más cercano que tengo a una hermana.
                       Antes de ser mi cuñada, me enseñó todo lo que una joven de buena cuna debe de saber. Aunque no soy de buena cuna.
                       Gracias a Holly, entré en la alta sociedad londinense. 
                      Jason ha desarrollado todo su potencial creativo aquí. De vez en cuando, viajamos a Londres.
                       Sinceramente, me aburro en Londres. Cuando era más joven, encontraba maravillosa aquella ciudad. Poder asistir al teatro. Ir a un baile en Almacks. Dar un paseo por Hyde Park. Yo he crecido cerca del muello. Mi hermano ha hecho de todos para sacarnos adelante a nuestra madre y a mí. Incluso, se ha dedicado al boxeo. ¡Al boxeo! No se lo ocultó a mi cuñada.
                       He trabajado como modista. Fantaseaba con la idea de ponerme uno de los lujosos vestidos que solía coser. Una fantasía que no me abandonaba nunca. Ni siquiera mientras curaba a mi hermano Zach cuando regresaba a casa tras haberse enfrentado a alguien en combate. Mi madre me decía que tenía la cabeza en las nubes. Quizás, tenía razón la pobre. O no...
                       Jason ha hecho la vista gorda con mi origen dudoso. Dice que eso no le importa. 
                      Tampoco le importa los orígenes humildes de mi madre y de mi hermano. No se casó conmigo por el dinero. Mi hermano me entregó una dote digna de una Reina. Parece que hemos dejado el pasado atrás. 
                        Lo único que me atormenta es el no haberle podido dar un hijo a Jason. No me he quedado embarazada en los veintiséis años que llevamos casados. Hace poco, llegué a pensar que podía darle, aunque fuera tardío, un hijo a Jason. Sin embargo, el médico me dio una noticia demoledora. Mi menstruación ha empezado a retirarse. Me estoy secando por dentro. 
                      Jason se sienta a mi lado en el sofá que hay en el saloncito mientras tejo una manta con la que cubrir nuestra cama. Dormimos en la misma habitación. 
                     Me dice que soy lo mejor que le ha dado la vida. Que no sabría vivir sin mí porque me necesita hasta para respirar. ¿Cómo puede hablarme así después de tanto tiempo casados? Me veo reflejada en sus ojos cuando le miro con adoración. Nuestra vida en Buck Ait es una vida tranquila. 
                      Zach, mi hermano, y Holly, mi cuñada, nos escriben largas cartas. Hace unos pocos años que mi madre falleció. La vida ha seguido su curso. Pero su ausencia sigue doliéndome mucho. 
-No veo a Zach ni a Holly ni a mis sobrinos-me lamento. 
                       Pero tengo a Jason a mi lado. 
                       Me parece algo extraordinario amarle.
                       Me parece algo extraordinario que todas las noches se una a mí en la cama para amarme.
                       En esos momentos, ya no parece que yo tenga cuarenta y seis años ni él parece que tenga cincuenta. Ya no me siento tan vieja.
                      Comienza a acariciar mi cuerpo con sus manos. Me mordisquea en el lóbulo de la oreja. Me besa en un hombro.
                       Vuelvo a sentirme joven. Mi cuerpo rejuvenece cuando estoy cerca de Jason. Mi amor por él ha ido creciendo con el paso de los años. Me aterroriza la idea de perderle.
                       Sus labios se apoderan de mis labios. Nos fundimos en un beso tras otro beso. Son besos largos. Nos damos besos apasionados.
                       Me susurra palabras de amor que sé que son sinceras.
                       Llena de besos mi cara. Recorre con su boca mi cuello. Su lengua lame mis pechos, que todavía son firmes.
                      Y disfruto cuando me estrecha entre sus brazos. Cuando me hace suya y nos fundimos en un solo ser.
                       ¿Cómo puedo amar tanto a una persona?

FIN


martes, 15 de septiembre de 2015

NO FUE UN ERROR

Hola a todos.
Me gustaría compartir con vosotros este "one shot", de la novela de Patricia Ryan, El hechizo del halcón. 
Cambio algunas cosas, como que está más centrado en la figura de Edmund, el marido de Martine, la protagonista de la novela.
Deseo de corazón que os guste.

NO FUE UN ERROR

                                No quiero que estés triste, mi amado Edmund. 
                                Yo nunca quise ser como mi madre. La vi consumirse poco a poco por culpa de un amor desdichado. Un amor que acabó matándola. 
                                Un amor del que yo fui su infausto fruto. Nunca fui reconocida por mi padre. Nunca le he visto ni sé quién es. 
                               A lo mejor, es bueno que muera porque desaparece de la faz de La Tierra todo rastro de la desgracia de mi madre. 
                               Estrude está loca. Siempre pensó que yo era la amante de Thorne, tu halconero. Es cierto que me sentí atraída por él cuando le vi en el puerto. El barco que me llevó desde mi querida Francia hasta Inglaterra acababa de atracar. Yo estaba aterrorizada. 
                               No quería saber nada de los hombres. Pero tampoco quería ingresar en un convento. Mi hermano me dijo que, si quería, podía casarme. Y escogió al mejor de los hombres como mi marido. 
                                No pasó nada entre Thorne y yo. Deseaba no estar sola porque me sentía terriblemente sola. Hasta que no te conocí, no sabía lo que era estar enamorada. Confundí durante un breve periodo de tiempo mis sentimientos hacia Thorne. 
                                Estrude ha matado a Thorne. Le ha atravesado el pecho con una flecha disparada por su ballesta. Y, luego, ha hecho lo mismo conmigo. Hace mucho tiempo que no veo a Thorne. Y me apena saber que no ha logrado su mayor anhelo, que era ser el dueño de sus propias tierras. Estrude ha enloquecido. 
                                Thorne murió en el acto. Yo llevo tres días agonizando. 
                                Nos casamos el 3 de abril del Año de Nuestro Señor 1140. 
                                Tu hermano Bernard era el heredero de vuestro padre, al ser el hijo mayor. Tenía que ocuparse de sus tierras en la baronía que había heredado. Tú tenías muy poco. Pero te conformabas porque nunca fuiste ambicioso, mi amor. 
                                Nos instalamos en la pequeña isla de De Montford, en el condado de Reading. Está en el río Támesis. Tienes allí una casa muy amplia. 
-Éste será nuestro hogar-me dijiste cuando entramos. 
-Tengo mucho miedo, señor-te confesé. 
-¿Cuándo vas a empezar a llamarme por mi nombre, Martine? Estamos casados. Olvida las formalidades. 
-Lo intentaré. 
                                    Me aterraba la idea de consumar mi matrimonio contigo. 
                                    Tú fuiste el único hombre que me ha besado. Me has enseñado a besar. Nunca me ha dado asco sentir tu lengua moviéndose en el interior de mi boca. Y yo quería beber de ti, mi adorado Edmund. 
-Te respetaré-me dijiste cuando salimos de la Iglesia nada más casarnos. 


                                Nuestra boda fue más bien sencilla. Tú no dejabas de ser el segundo hijo de un barón arruinado. 
                                Y yo era la hija bastarda de una dama de noble cuna. Acudieron pocos invitados a nuestra boda. 
                                 Reconozco que lo agradecí. 
-Me siento más unida a vos-te dije cuando llegué a vuestro lado, ante el Altar.
-Puedes tutearme, Martine-me pediste. 
-Aún no estamos casados. 
                                 Te miré a los ojos. Yo ya estaba enamorada de ti cuando nos casamos. Thorne hacía mucho tiempo que no ocupaba mis pensamientos. 
                                Me cogiste de la mano y un escalofrío placentero recorrió todo mi cuerpo. 
                                 La idea de mi noche de bodas era algo que me aterraba. Me prometiste que no intentarías consumar nuestro matrimonio hasta no estar instalados en nuestra casa. Mirabas más por mí que por ti. Los hombres sólo piensan en sí mismos. Thorne era como todos los hombres. Sólo buscaba su propio placer. Por eso, acudió a Estrude. 
                                 Tú, en cambio, cumpliste tu promesa. 
                                 Hicimos el amor por primera vez cuando nos instalamos. 
                                 ¿Cómo voy a olvidar esa primera noche cuando me llevaste en brazos hasta nuestra alcoba? Me desnudaste con sumo cuidado y yo te desnudé a mi vez. 
                                 No sentí miedo alguno. 
-Martine...-empezaste a hablar, pero te interrumpí. 
-No digas nada-te pedí. 
-Es nuestra primera vez. 
-¿Qué quieres decir?
-Yo nunca...
                                 No terminaste la frase porque llenaste de besos mi cara. Nos fundimos en un largo beso. Un beso que estuvo cargado de mucha pasión por mi parte. Y por la tuya...
                                Tu lengua recorrió el interior de mi boca sin descanso. Enlazabas un beso tras otro beso. No querías dejar de besarme. Y yo, a mi vez, sólo quería beber de tu saliva. 
                                Llenaste de besos mis pechos. 
                                 Te sentí más mío que nunca. 
                                 Llegaste a besar mi vientre. A hurgar con tu lengua en mi ombligo. A besar mi sexo con reverencia. 
                                 Me abrazaste con mucha fuerza. Sentí tu lengua lamiendo mi piel y yo me animé a lamer con mi lengua tu piel. 
-Quiero hacerlo-te dije. 
                                 No sentí pánico alguno cuando abriste suavemente mis piernas. Aferraste con firmeza mis caderas. Poco a poco, te fuiste metiendo en mi interior. Casi no sentí dolor cuando rompiste la barrera de mi virginidad. 
                                Fuiste tan dulce. Tan delicado...
                               ¿Lo recuerdas, Edmund? 
                                Y volviste a amarme cuando acabamos. 
                                Volviste a llenar de besos cada porción de mi piel. 
                                 Creí que me volvería loca de placer. Ya estaba loca de amor por ti. 
                                 No me dio nunca pudor alguno el mostrarme desnuda ante ti mientras tú te mostrabas desnudo ante mí. Valoré mi desnudez como algo mío. Que formaba parte de mí. Igual que tu cuerpo desnudo era algo tuyo. Y yo amaba todo lo que venía de ti. Te amo, Edmund. 
                                 Durante todos estos años que hemos estado casados, he deseado con todas mis fuerzas darte un hijo. Por desgracia, mi vientre debe de haberse secado antes de tiempo porque nunca he logrado engendrar un hijo. Nunca he sido madre y siento que te he fallado, amor mío. Nunca me lo has echado en cara. 
                                 Me decías que no pasaba nada. 
                                 Me abrazabas. 
                                 Me decías que me amabas. Que, al no tener hijos, me amabas más. 
                                 No debías de repartir tu corazón entre nuestro hijo y yo. Sólo tenías ojos para mí, mi amado. 
                                 Me ahorraste la vergüenza de mostrar las sábanas manchadas con mi sangre virginal a tus hombres. Es la costumbre, me dijo mi doncella. 
                                 Tras nuestra primera noche de amor, no enseñaste nada. Mi doncella entró en nuestra habitación y nos vio juntos. Yo me estaba lavando. Tú estabas sentado desnudo en nuestra cama. Vio la sangre manchando las sábanas. Guardó silencio. 
                                 Dijo que se las daría a una criada. Las lavaría. 
                                 Durante estos últimos años, hemos pasado todas las noches el uno en brazos del otro. Me has besado con pasión en los labios mientras yacíamos desnudos en nuestra cama, Edmund. 
                                 No olvides nunca esas noches de pasión. Son el mayor regalo que me han hecho. Me amaste por encima de todas las cosas. 
                                  Besabas con arrebato mi cuello. Llenabas de besos mis pechos. Los lamías. 
                                  Decías que eran el fruto más delicioso que jamás habías saboreado. 
                                 Tus palabras me halagaban. 
                                  Me acostumbré a dormir a tu lado. 
                                 Abrazándote. Y me acostumbré a despertarme cuando me besabas en la mejilla con suavidad. 
                                Quiero pensar que he sido una buena esposa para ti. Quiero recordar nuestros paseos por la isla. Nuestras conversaciones en el salón. Quiero recordar cada momento que he vivido a tu lado. Quiero que sepas que me has hecho la mujer más feliz del mundo. Y que muero feliz porque te he conocido. Y porque te he amado. 


                            FIN

jueves, 3 de septiembre de 2015

LA TENTACIÓN

Hola a todos.
Aquí os traigo el desenlace de mi "one shot" La tentación. 
A pesar de que es muy distinto de la obra en la que se basa, espero que os esté gustando.
¡Veamos cómo termina esta historia!

                                       Cada vez que beso a Damask en la mejilla cuando se retira a su habitación a dormir, un escalofrío recorre todo mi cuerpo.
                                       Mis tíos, Kate y yo nos quedamos en el salón un rato más. Mis tíos hablan con Kate.
                                        Ellos también desean verla casada y piensan en buscarle un marido antes de buscarle marido a Damask. Tanto mi hermana como yo se lo agradecemos. En mi fuero interno, me alivia saber que Damask no se va a casar. Por el momento...
-Mi prima quería casarse con el niño de los monjes de San Bruno-cuenta Kate-Damask estaba enamorada de él. Creo que piensa que es algo así como su viuda.
                                      Me horroriza escuchar a mi hermana hablar de ese modo.
                                      A veces, me niego a bailar con Damask en sus clases de baile porque me asusta sentir su cuerpo tan cerca de mi cuerpo.
                                       Mis labios ya han besado de forma accidental sus labios.
                                      He empezado a ir con frecuencia a la taberna que hay aquí, en View.
                                      Empecé a hacerlo cuando volví a besarla de manera accidental en los labios.
                                      Pienso que el vino que bebo me ayudará a no pensar en Damask como pienso. Pero, a pesar de que bebo una botella entera de vino, Damask sigue en mis pensamientos. Está ahí.



                                     La pimienta ya se usa en los platos que prepara nuestra cocinera. Se vende pimienta en algunos lugares de Inglaterra. La criada va a hacer la compra al mercado que se celebra en Reading.
-La pimienta se vende a muy buen precio-afirma cuando regresa-Dice el tendero que me la vendió que es muy buena. Que hace que los platos salgan más sabrosos. ¡Hay que usarla! ¡Ya verás qué platos te salen!
                                   Habla en la cocina. Se lo dice a la cocinera. Ésta la mira con cara de incredulidad.
-No me lo creo-afirma.
-Pruébalo-insiste la criada-Los señores estarán encantados.
                                 Nuestra dispensa se está llenando poco a poco de especies. La criada trae del mercado todas las semanas un frasco de especies nuevo.
                                  Mostaza...Azafrán...Clavo...Canela...Nuez moscada...

                                  No sabemos lo que nos pasa. Kate ya no sale a pasear con Damask y conmigo. Se ha dado cuenta de que ocurre algo raro entre nosotros. Dice que prefiere que estemos solos. No quiere interferir.
                                   Pero me aterra la idea de quedarme a solas con Damask. Ella, sin embargo, insiste en que debemos de salir a pasear.
-Quiero estar contigo un rato, Rupert-me dice-Ya sabes que adoro a Katie. Es como mi hermana mayor. Pero tengo más confianza contigo que con ella.
-No creo que esté bien-le replico.
                                Acabo cediendo. Quiero pensar que no ha ocurrido nada malo entre nosotros. Después de todo, somos primos. Es sólo que no dejo de pensar en Damask como una mujer. Y ella debería de ser como mi hermana menor.
                                 A pesar de que tenemos la misma edad.
                                 Damask afirma que es feliz cuando sale a pasear conmigo. Somos dos primos que hablan. Y somos buenos amigos. Eso es lo que somos.
-Me he dado cuenta de que eres un poco raro-observa una tarde-No vas a los burdeles.
                                  Enumera todas las cosas raras que dice que ve en mí. Nunca he cortejado a una mujer. Nunca me ha visto coqueteando con nadie. No tengo prometida. Estoy todavía soltero. No quiere pensar nada raro de mí.
                                 Me echo a reír. Damask se me queda mirando con expresión atónita. Afirma que tengo una risa muy agradable. Y añade, en voz baja, que tengo unos ojos preciosos. Se calla de pronto. No me mira. Se ha puesto roja como un tomate.
                                 Se establece un silencio tenso entre los dos. Damask piensa que ha hablado de más.
-¿Estás escuchando?-me pregunta en un momento dado.
                                 Me pide que escuche el silencio. Se pueden oír muchas cosas. Oigo el canto de un pájaro que está posado en la rama de un árbol. Veo una barca que pasa por el río Támesis.
                                  Regresamos a casa. Pero estos paseos se repiten todos los días. Algunas veces, nos acompaña la dueña de Damask. Otras veces, es Kate quién nos acompaña. Mi hermana habla de regresar a Londres. Le aterra la idea de quedarse a vestir Santos. Sin embargo, afirma que hay algo raro en la isla. Es algo que la impulsa a quedarse allí. Que nos retiene a todos allí. En el fondo, pienso, tiene razón.
                                   Le ocurre a Damask lo mismo que me pasa a mí. No puede conciliar el sueño por las noches.
                                   Ha perdido el apetito. Su mirada hurta mi mirada. No sabemos lo que nos está pasando. Sabemos que está mal. Una parte de ella, quiere serle infiel a Bruno, su amor platónico. Pero Bruno y ella nunca hablaron. Tan sólo se cruzaron unas cuantas veces la mirada.
                                   Bruno está muerto, por desgracia. Y yo, por suerte o por desgracia, estoy vivo. Kate me cuenta que Damask reza mucho últimamente. Y casi no menciona ya el nombre de Bruno.
-Creo que le ha olvidado-me cuenta mientras la ayudo a enrollar un ovillo de lana.
-¿En qué te basas para decir eso?-le pregunto.
-No habla tanto de él. Todas las noches, me nombraba a ese joven. Me alegro de no haberle conocido en persona.
                                  Me cuesta trabajo conciliar el sueño esta noche. ¿Qué es lo que me pasa?
                                  Prácticamente, he visto nacer a Damask, ya que sólo nos llevamos unos pocos meses de diferencia.
                                  Soy mayor que ella.
                                  Se supone que he de velar por su pureza. De la misma manera que velo por la pureza de mi hermana. Pero todo es distinto con Damask. Todo escapa a mi control.
                                    Siento que me voy a volver loco.
                                    Me siento sobre la hierba. La cabeza me da muchas vueltas. Me aterra volver a casa. Pienso que ella está dormida en su cama.
                                     Pienso una y mil cosas. Y todas esas cosas que pasan por mi cabeza me asustan. No son normales. No debo de pensar así de Damask. ¡No he de pensar así de ella! Siento unos pasos que se acercan a mí. Me doy la vuelta sobresaltado.
                                   Es ella.
-¿Qué estás haciendo aquí?-le pregunto.
-Tampoco puedo dormir-me responde.
                                   De pronto, siento que ella me pertenece. De la misma manera que yo le pertenezco. ¿Lo sabrá Damask?
                                  Estamos en uno de los senderos que hay en la isla cubiertos por árboles y matorrales.



-¿Dónde está Katie?-le pregunto de nuevo.
-Estaba profundamente dormida cuando me he ido-responde Damask-No he querido despertarla.
-Comprendo.
-¿Verdad que hace una noche preciosa, Rupert?
                               Ya no es necesario que nos digamos nada más.
                               Nos volvemos locos. Dejamos de ser personas. Nos volvemos animales. ¿Acaso no somos eso? ¿Animales?
                               No sé quién desnuda a quién.
                              Tan sólo soy consciente de una cosa.
                             Damask...
                              Amparados por las sombras de la noche...
                              Estrecho a Damask entre mis brazos. Por fin, puedo introducir mi lengua en el interior de su boca mientras nos besamos con verdadero ardor.
                                Por fin...
                                Lleno de besos el rostro de Damask y vuelvo a besarla con arrebato en la boca.
                                 Nos besamos una y dos y muchas veces en los labios. Damask se atreve a entrelazar su lengua con mi lengua. Bebe de mi saliva.
                                  Nos besamos muchas veces.
                                 Mis manos no dejan de acariciar el cuerpo desnudo de Damask.
                                 Beso una y otra vez su cuello, saboreando la suavidad de su piel. Su textura...
                                 Mi lengua recorre sin descanso sus pechos. Los lamo. Los chupo. Los beso con voracidad.
                                  Quiero probarlos. Quiero saborearlos.
-Damask...-me oigo a mí mismo susurra-Damask...Te amo.
-Yo también te amo, Rupert-me confiesa.
                                  Y mordisquea con avidez el lóbulo de mi oreja.
                                  Sólo somos nosotros dos.
                                  Somos dos personas que se aman en la oscuridad de la noche, entre los matorrales, bajo las ramas de los árboles y bajo las estrellas.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

LA TENTACIÓN

Hola a todos.
He encontrado, revolviendo entre mis papeles, este "one shot" de El milagro de San Bruno, de Philippa Carr (uno de los muchos seudónimos que usaba la tristemente desaparecida Victoria Holt).
Cambio muchas cosas de la historia. Se centra más en el personaje de Damask, la protagonista, pero el galán de la historia no es Bruno, sino su primo Rupert.
De hecho, es Rupert el narrador.
Lo he dividido en dos partes para que no resulte aburrido.
Mañana, subiré la parte final.
Deseo de corazón que os guste.


LA TENTACIÓN

ISLA DE VIEW, EN EL RÍO TÁMESIS, A SU PASO POR EL CONDADO DE READING, 1553

-¿Es verdad lo que está pasando en Londres, Rupert?-me pregunta mi prima Damask. 
                                    Nos encontramos dando un paseo por un sendero que hay cerca de la casa de mis tíos. 
-He oído algunos rumores acerca del carácter de la Reina-respondo. 
-Parece que el mundo se ha vuelto loco-se lamenta Damask. 
-La peste no llegará hasta aquí. No creo que la Reina se fije en una pequeña isla como View. Aquí no hay brujos. 
-Lo sé. 
                                     Fue la peste la que acabó con la vida de mis padres. Me quedé al cuidado de mi hermana menor, Kate. 
                                  Kate es una joven que nunca para quieta. Necesita estar ociosa. Damask, nuestra prima, es distinta. Sabe cómo comportarse. Su dueña la deja salir sola conmigo porque soy su primo. Pero no lo ve con buenos ojos. 
-¡Esperadme!-grita mi hermana, mientras viene corriendo hacia nosotros. 
                              Damask estuvo llorando durante días cuando le contamos la desgracia que se había cernido sobre la Abadía de San Bruno. Las tierras de mis tíos lindan con la Abadía. Damask conoce al niño que fue abandonado la mañana de Navidad allí. Habían colocado un Nacimiento con esculturas muy grandes. 
                              Una madre desnaturalizada colocó a su hijo recién nacido en la cuna donde dormía una escultura del Niño Jesús. 
                               Los monjes lo vieron al día siguiente. Pensaron que había ocurrido un milagro. Dios había convertido al niño de cerámica en un niño de verdad. Naturalmente, se quedaron con el pequeño. Le llamaron Bruno. 
                               Damask siempre ha sentido algo por Bruno. Ante sus ojos, le veía como un ser sobrenatural. De buena gana, se habría casado con él. 
                                La epidemia de peste nos destrozó la vida.
                                Mis padres murieron. Murieron varios monjes. Y Bruno acabó sucumbiendo a la enfermedad. Tenía catorce años. Cuando Bruno fue enterrado, fueron muchas las personas que quisieron de él un mechón de su cabello. Decían que era un Santo. 
                                A Bruno le enterraron calvo. 
                                Le raparon la cabeza. 
                                Kate y Damask conservan mechones de pelo de Bruno. Kate guarda su mechón de pelo en un cofrecito que tiene encima del tocador. Damask, por el contrario, guarda el mechón de pelo en su joyero. Ambas comparten habitación desde que llegamos a la isla. En Londres, dormían en habitaciones distintas. 
                                Es frecuente que salgamos a pasear. Por lo general, Kate y yo evitamos hablar de Bruno. Sabemos que es un tema que le duele a Damask mencionar. 
                               Y yo no quiero que sufra. 
                                Ha pasado un mes desde que llegamos a la isla. 
                                El primer día consistió en ordenar las ropas. Los criados se ufanaron en limpiar la casa. 
                                Desde que llegamos, hemos seguido una misma rutina. 
                                Nos levantamos temprano. Solemos desayunar los cinco juntos. Suelo sentarme a la mesa al lado de Damask. 
                                Me recuerdo a mí mismo que es mi prima. 
                                Ya tiene dieciocho años. Tiene la misma edad que tiene mi hermana. 
                                Mis tíos hablan durante el desayuno. 
-Damask tendría que haberse casado ya-opina mi tía. 
                                  Mi prima me mira de forma disimulada. Me dedica una de sus preciosas sonrisas. Yo le guiño un ojo. Y ella se ruboriza de manera visible. Ni mis tíos ni Kate parecen darse cuenta de nada. No sabemos el tiempo que vamos a permanecer aquí, en View. 
-Es Damask la que no quiere casarse-le recuerda mi tío a mi tía-Podría ingresar en un convento. 
-¿Ser yo monja?-se ríe Damask. 
-Eres una chica muy tranquila-contesta Kate, interviniendo. 
                                  Lo mismo ocurre a la hora de la comida. Me siento al lado de Damask a la mesa. 
                                  En el desayuno, me fijo en cómo bebe un sorbo de su tazón de leche caliente. 
                                  En la comida, me fijo en la manera en la que come. Tengo la sensación de que parece un pajarillo comiendo. 
                                   Aunque esté comiendo un cuenco de sopa caliente. Le gusta mucho la sopa. 
-Me miras mucho últimamente, Rupert-me indica Damask. 
                                   Nos sentamos juntos a la mesa a la hora de la cena. Se repite el mismo ritual. Mis tíos y mi prima Kate hablan de cualquier tema. Damask no habla mucho. 
                                    Y yo la miro. La miro de manera insistente. En contra de su voluntad, es incapaz de comer la porción de cordero asado que le han servido. Yo no tengo hambre. 
                                     Como mi porción de cordero asado con desgana. 
                                    No sé lo que me pasa con Damask. Sé que no es bueno lo que siento por ella. Me reprocho a mí mismo por mi comportamiento. No está bien lo que estoy haciendo. No está bien lo que me pasa. Estoy asustando a mi prima con mi proceder. 



                                      Ha pasado otro mes.
                                      Mis tíos suelen venir a la isla de View a pasar aquí el verano. Les gusta huir de Londres.
                                      Kate y yo les acompañamos desde que llegamos aquí. En otoño, regresaremos a Londres. Pero sospecho que a Damask no le gusta nada la ciudad.
                                     Una tarde, Kate, Damask y yo salimos a dar un paseo por uno de los senderos que hay en la isla. Tomamos asiento en uno de los bancos que han colocado recientemente allí. Son bancos de madera.
-¡Tengo muchísimas ganas de regresar a Londres!-exclama mi hermana.
-Preferiría quedarme aquí-le confiesa Damask.
-No soporto estar mucho tiempo en un sitio tan pequeño-admito-Aunque este sitio es muy bonito.
                                   Hace mucho tiempo que me cuesta trabajo conciliar el sueño. Me paso todas las noches en vela. El amanecer me sorprende.
                                    Estoy acostado en mi cama mirando al techo y sin poder sacarme a Damask de la cabeza.
                                     Mi hermana y ella comparten habitación. A pesar de sus diferencias, se han hecho muy amigas.
                                    Las oigo hablar por las madrugadas. Kate habla de las fiestas a las que ha asistido. Es un poco mayor que Damask y está preocupada porque todavía no se ha casado.
-Voy a esas fiestas a ver si encuentro un marido-le confiesa.
                                    Hay una pequeña capilla aquí, en View. Toda la familia acudimos allí a rezar los domingos. Incluso, viene un párroco desde Reading para oficiar la Misa los domingos a las doce del mediodía.
                                   Me he dado cuenta de que Damask casi no come. Su dueña se la lleva a ella y a Kate a un aparte.
-Debéis de tener cuidado con los hombres, niñas-les advierte.
-Yo no quiero tener ya cuidado con los hombres-replica mi hermana-¡Yo quiero casarme!
-¡Niña!
-Kate, no hables así-la regaña suavemente Damask.
                                     La dueña habla de los hombres. Es una mujer viuda y, por lo que me ha contado un criado, su matrimonio fue un verdadero desastre.
                                     Habla mal de todos los hombres. Tanto Damask como Kate la escuchan en silencio. Pero sospecho que no piensan lo mismo que ella.
                                     Rezamos todos juntos el rosario en el saloncito.
                                     No quiero mirar a Damask. La siento temblar. ¡Qué Dios me perdone!
                                     Intento no mirarla y sospecho que a ella le ocurre lo mismo que me ocurre a mí. No deja de mirarme por el rabillo del ojo. El rosario de madreperla que sujeta entre sus dedos se mueve de manera hipnótica.

martes, 1 de septiembre de 2015

LOS ÚLTIMOS DÍAS

Hola a todos.
El "one shot" que os traigo tiene que ver con la saga de novelas protagonizadas por la doctora Adelia Aguilar, personaje creado por la mente de la tristemente desaparecida escritora Ariana Franklin. En España, hemos podido leer dos de sus obras, Maestra en el arte de La Muerte y El laberinto de La Muerte. 
Este "one shot" está protagonizado por Allie, la hija de Adelia y de Rowley, su amante.
Este "one shot" no tiene nada que ver ni con la saga de novelas porque carece de su ambiente de misterio y es más bien triste.
Pero deseo de corazón que os guste.

LOS ÚLTIMOS DÍAS

LOCK ISLAND, EN EL RÍO TÁMESIS, 1190

-Te vas a poner bien, cariño-me dice mi madre-Bebe un poco. 
                            Mi pobre madre sólo sabe administrarme todas las medicinas que prepara. Intenta mantener la calma mientras busca en su cabeza algún remedio. Alguna medicina de la que le hablaron mientras estudiaba en la Universidad de Salerno. Cuando se trata de otras personas, mi madre se mantiene fría y serena. Pero es distinto cuando se trata de mí. 
                            Soy su única hija. 
                            Tengo dieciocho años. 
                            Un ataque al corazón acabó con la vida de mi padre. 
                           Y, ahora, una enfermedad que padezco desde que era pequeña está acabando poco a poco con mi vida. Mi corazón nunca ha funcionado bien. 
                            Cuando era pequeña, no podía salir a jugar, como sí lo hacían los demás niños. No podía subirme a los árboles. No podía correr. No podía saltar. Me cansaba enseguida. Sentía cómo le fallaban las fuerzas. He llegado a desmayarme en más de una ocasión. En los últimos tiempos, mi enfermedad ha empeorado. Mi madre ha advertido que los latidos de mi corazón son cada vez más débiles. La desesperación se ha apoderado de ella. 
                             Ha venido a verme un joven médico al que mi madre conoce muy bien. Se llama Simón, como el hombre al que mi madre considera como un padre. Viene de Nápoles. De hecho, es el hijo de ese Simón al que mi madre tanto quiere y del que tanto me ha hablado. Fue brutalmente asesinado por una pareja de sádicos un año antes de mi nacimiento. Por aquel entonces, mi madre ya conocía a mi padre. 
                            Simón es médico. Junto con mi madre, lucha para salvar mi vida. 
                             Yo sé que todos los esfuerzos que hace son inútiles. 
-Me voy a morir-le digo una tarde. 
-No te vas a morir-replica Simón. 
-Tengo mala cara. ¿No es así? 
                             Simón guarda silencio durante unos instantes. Luego, logra esbozar una sonrisa. Afirma que tengo un rostro muy bonito. Sé que intenta ser amable conmigo. 
                              Le agradezco su amabilidad. Me sería muy fácil enamorarme de él. Mi padre hablaba de empezar a buscarme marido en cuanto empezara a menstruar. 
                              Mi madre, naturalmente, se opuso a aquella sugerencia. Le hizo ver que los rigores de un parto me matarían. 
                              A lo mejor, no llegaba a sobrevivir a un embarazo. Nunca antes he pensado en tener un hijo. 
-Quiero salir a dar un paseo-le pido a Simon otra tarde-Hace Sol. 
                            Por suerte, vivimos en una isla muy pequeña. Mi madre se retiró a vivir aquí cuando murió mi padre. La llaman personas del condado de Reading, sitio al que pertenece esta isla, para que la atiendan. 
                           He amado. Pero eso no lo sabe mi madre. 
                          Mi amado era un hombre que estaba prohibido para mí. Su abuela fue amiga de mi madre cuando llegó a Inglaterra. Lo estaba criando ella cuando se conocieron. Mi amado era un hombre que sintió la llamada de Dios cuando era aún un niño. 
                           Fue un pecado terrible el que cometimos. Venía a verme con mucha frecuencia. 
                          Me brindaba un consuelo que necesitaba. 
-Me gustaría poder encontrar a la familia de mi madre-le conté una tarde. 
                            Estábamos sentados a la orilla del río Támesis. 
-¿Te ha contado tu madre algo de ella?-me preguntó. 
-La abandonaron a los pies del Vesubio nada más nacer-respondí-Una familia la encontró y se la llevó a casa. La criaron como una hija. Pero...Sé que le duele. 
-¿Le duele el haber sido abandonada?
-Sí...
-Podría ir a buscar a su familia. Pudo haber sido una familia pobre que no podía mantenerla. A veces...
-O pudo ser una mujer que pecó y la abandonó para tapar su vergüenza. Las dos lo hemos pensado. 
                               ¡Era tan agradable el poder estar con él! El poder abrirle mi corazón. No nos dimos cuenta del amor que estaba creciendo en nuestros corazones. Su vocación religiosa era sincera. Pero también estaba el amor que sentía hacia mí. 
                                Luchó por huir de aquel amor. Por no venir a verme, pero aquel sentimiento era más fuerte. 
                                Confieso que me entregué a él. Le entregué mi virginidad una noche. Mi madre estaba fuera, asistiendo a una mujer de la isla. Estaba muy enferma. Murió cerca del amanecer. 
                                 Mi amado vino a verme para no dejarme sola. Lo siguiente que recuerdo fue su cercanía. 
                                 El acariciar con mi mano su cara. 
-No está bien-murmuramos a la vez. 
                                  Lo siguiente que recuerdo fue que lo besé poniendo toda la pasión que sentía hacia él en aquel beso. Y recuerdo sus manos rodeando mi cuerpo. 
                                 No recuerdo cómo caímos sobre mi cama. Ni cómo acabamos desnudos el uno frente al otro. 
                                Sí recuerdo cómo llenó de besos mi cara. Cómo los besos que me daba en los labios eran cada vez más y más apasionados. Cómo lamió mi cuello con sensualidad. Cómo besó mis pechos con voracidad. 
                                 Y yo me estremecía de placer. De gozo...
                                 Rodeé su cuerpo con mis brazos para apretarme más contra él. 
                                No sentí apenas dolor cuando su cuerpo se introdujo dentro de mi cuerpo. Llevaba mucho tiempo soñando con aquel momento. 
                                Me abracé a él y me dejé llevar por las sensaciones que me embargaban. Placer... Mucho placer...
-El año pasado, apareció ahogado el cuerpo de un sacerdote aquí mismo, en la orilla-me contó Simón-Dicen muchas cosas sobre él. Que se suicidó. 
-¡Dios mío!-murmuré, sobrecogida. 
-El Padre Ulf, recuerdo que se llamaba. Un nombre muy curioso...Para un sacerdote, quiero decir. 
-¡No sigas hablando! 
                                 Mi amado apareció muerto dos días después de nuestra noche de amor. El dolor y los remordimientos fueron los que le llevaron a cometer aquella locura. Simón no sabe nada. No quiero que sepa nada. Muy pronto, mi amado y yo volveremos a estar juntos. 
-Quiero ayudarte-me asegura Simon-Quiero que te recuperes. Eres muy hermosa, Allie. Eres delicada. Y femenina...Serías la esposa perfecta para cualquier caballero. La esposa perfecta para mí...Y me gustaría poder casarme contigo. 
-¿Te has vuelto loco?-me escandalicé-¡No! 
                               Una parte de mí necesita ser amada. 
-Te ruego que lo pienses-contestó Simon. 
-No podría darte hijos sin morir en el parto-le recordé. 
-Buscaremos entre tu madre y yo una cura para tu enfermedad. Allie, te lo prometo. Todo irá bien. 
-Es tarde. Los dos lo sabemos. 
                                Tuve que sentarme sobre la hierba. Apenas había dado cuatro pasos. Y ya estaba agotada. Miré con angustia a Simon. 
                                 ¿Acaso es ciego? ¿No se da cuenta de nada?
                                 Simon...
                                 Se ha enamorado de mí. Esa idea me atormenta durante los días que siguen. 
                                 Pronto, deja de ser sólo una idea. Se convierte en una realidad. Simon me trae ramitos de flores silvestres. Me dice cumplidos. Lo comparo mentalmente con Ulf. Ulf me hablaba con el corazón. Simon me corteja con la insistencia de un trovador. 
                                Y yo quiero ser otra vez amada. No me quiero morir sin haber sido una vez más amada. ¿Acaso me he convertido en una ramera? 
                                 Me gustaría poder hablar de estos temas con mi madre. Pero me temo que le escandalizaría saber que su hija no es virgen. Y que siente atracción física hacia un hombre. 


-Tienes que comer más, hijita-me dice mi madre cuando me sirve un cuenco con caldo. 
                             Estoy acostada en mi cama. 
-¿Crees que soy una ramera, madre?-le pregunto. 
-¡Por supuesto que no!-responde mi madre con firmeza-Eres la criatura más decente y pura que existe en el mundo. No vuelvas a decir nunca más que eres eso, Allie. Es mentira. Lo sabemos las dos.  
-Piensas así porque soy tu hija. 
                             Soy demasiado vieja para casarme. Con diecinueve años, tendría que haberme casado hace mucho tiempo. Pero ningún hombre querría como esposa a una mujer que no puede tener hijos porque podría morir durante el embarazo. 
                                Para mi desgracia, no me quedé embarazada de mi amado. Mi regla bajó a la semana de enterrarle. Mi corazón se rompió al ver que ni me quedaría el consuelo de traer un hijo suyo al mundo. Me había quedado sin nada. 
                                Decido entregarme a Simon. Por lo menos, él tendrá un recuerdo mío para cuando yo ya no esté en este mundo. A pesar de que las fuerzas me fallan, logro escribirle una nota que se la hago llegar por mediación de la buena de Gyltha. 
                                 Aún vive esta pobre mujer que ha sufrido demasiado. Que siempre ha sido leal a mi madre. Que ha cuidado de mí con total abnegación. La abuela de mi amado...No sabe lo que hubo entre su nieto y yo. ¡Jamás lo sabrá! 
                             Simon y yo nos encontramos a la orilla del río Támesis. 
                             Los dos sabemos lo que va a pasar. 
-¿Te casarás conmigo después?-me pregunta. 
-Disfrutemos de la noche-le respondo. 
                             Ya no es necesario que sigamos hablando. 
                              Simon y yo yacemos desnudos sobre la hierba. 
                              No es capaz de dejar de besarme. Yo le devuelvo todos los besos que me da. Me siento muy cómoda cuando me abraza. Siento cómo me besa en el cuello y yo me aferro a su cuerpo. Siento su lengua lamiendo mis pechos. 
                               Le hago este regalo. Mi último regalo...
                               Simon se queda dormido. 
                               Pero yo permanezco despierta. De pronto, una luz blanca lo ilumina todo. 
                               Veo dos figuras masculinas que avanzan hacia mí. Reconozco esos rostros alegres y llenos de amor. Son los rostros de mi padre y de mi amado. 
-Vamos-me dicen-Llevamos esperándote mucho tiempo. 
                               Están juntos. 
                               Quieren que vaya con ellos. Miro a Simon. Permanece dormido. No pienso en nada mientras que les sigo hacia esa luz que me envuelve. 

FIN

miércoles, 17 de junio de 2015

ARGUMENTO DE "PLEAMAR"

Hola a todos.
Han pasado mucho tiempo desde que hice una entrada en este blog.
Por eso, he querido hacer esta entrada aquí. Para que le dé un poco el aire.
Os quiero contar el argumento de una de mis historias sin acabar.
Se trata de Pleamar. 
La acción transcurre en la isla de Tabarca, durante la década de 1880. Marina es una encantadora y dulce muchacha, hija de los marqueses de Astarloa, posiblemente, el matrimonio más rico y poderoso de toda la comarca. Samuel es, por el contrario, el hijo de los criados que están al servicio de los marqueses. Ambos se conocen desde que eran niños. Han jugado juntos y han crecido juntos. Pero deben de separar sus caminos debido a sus orígenes dispares. Por eso mismo, Marina se está dejando cortejar por un adinerado aristócrata y Samuel galantea a Aledis, una joven huérfana que trabaja como modista. Sin embargo, un sentimiento mucho más fuerte que los convencionalismos sociales les une, aunque ellos luchen por resistirse. ¿Qué harán?

 Os presento la isla de Tabarca, el precioso lugar donde tiene se sitúa esta historia.


martes, 24 de febrero de 2015

FOTO DE CÙ SÌTH

Hola a todos.
Hoy, me gustaría compartir con vosotros esta foto que he encontrado navegando por Internet de Cù Sìth. 
Este ser de la Mitología Escocesa juega un papel muy importante en una novela que escribí hace muchos años, El aullido. 
Una joven escocesa viuda, Meegan, está agonizando. Afirma haber escuchado aullar a este tenebroso ser dos veces y que, cuando escuche su tercer aullido, morirá. Senga, la hermana menor de Meegan, la cuida devotamente. Sin embargo, Senga se ha enamorado del joven Loch. Un amor que es correspondido. Sin embargo, Loch guarda un tenebroso secreto. Y está relacionado con el aterrador Cù Sìth. 
Este ser es de color verde. Tiene el tamaño de un toro. Y está cubierto por pelo de color verde. Sus patas se asemejan a las manos de un hombre. Y su cola es larga y enroscada. Vive en los páramos de Escocia y se mueven en línea recta, dejando sus pisadas por la nieve.
Sus aullidos pueden escucharse a kilómetros de distancia desde donde esté y cualquiera que le escuche, debe de ponerse a salvo porque, de lo contrario, morirá.
Se le considera una especie de Enviado de La Muerte, ya que se lleva las almas de los que fallecen tras escuchar sus aullidos.
Os dejo con una foto que he encontrado de él navegando por Internet.

martes, 3 de febrero de 2015

ESCENA ELIMINADA DE MI NOVELA "LO QUE CALLAMOS"

Hola a todos.
Aquí os traigo una escena eliminada de mi novela Lo que callamos. 
Deseo que os guste.
¡Vamos a ver lo que pasa!

                                  El verano de 1984 transcurrió para Martín y para María Catalina en una nube. Pasaban todo el día juntos. Se besaban mucho. Gracias a Martín, María Catalina aprendió a besar. Le devolvía a Martín todos los besos que se daban. Y Martín aprendió a besar como a María Catalina le gustaba. Lo último que quería era discutir con ella. Martín acariciaba a María Catalina por encima de la ropa, pero la chica se ponía tensa cuando él hacía eso.
-No lo hagas-le pedía-Tengo miedo.
-No tengas miedo-insistía Martín.
            Pero se contenía para no hacer enfadar a María Catalina.
            Martín pasaba muchas tardes ensayando. Sus amigos y él habían decidido formar una banda de rock. Los habitantes de Toralla estaban un poco hartos. La música que salía del garaje que habían alquilado se oía en toda la isla. Música infernal, decían algunos. Pero Martín se olvidaba del mundo cuando cogía su guitarra eléctrica. Cuando ponía la radio. Cuando escuchaba a sus grupos de rock favorito.

            Se oye comentar a las gentes del lugar
            Los rockeros no son buenos.
            Si no te portas bien
            Te echarás pronto a perder.

            María Catalina y sus amigas acudían al garaje donde ensayaba la banda.
-Martín no deja de mirarte-le apostillaba su amiga Alba.
            María Catalina se ponía roja. Mientras Martín tocaba la guitarra, no dejaba de mirarla. Eso la hacía sentirse halagada. Sin embargo, al chico le daba por hacer locuras. Como intentar estrellar su guitarra contra el suelo. Decía que lo había visto hacer en un grupo de rock que había ido a actuar a Aplauso.
-¡No hagas eso!-le gritaban las amigas de María Catalina.
-¿Tú sabes lo que cuesta una guitarra?-le regañaba Victoria.
-¡Ni idea!-contestaba Martín-Me la regaló un tío de mi vieja.
-Sí…-decía el chico que estaba a la batería-El que sufre demencia senil. ¿No?
-Ése mismo…
            María Catalina se preguntaba así misma qué era lo que había visto en Martín que le gustaba tanto. Ni ella misma lo sabía a ciencia cierta.

                             

martes, 30 de diciembre de 2014

ESCENA ELIMINADA DE MI NOVELA "LO QUE CALLAMOS"

Hola a todos.
Aquí os traigo un nuevo fragmento eliminado de mi novela Lo que callamos. 
Uno de los lugares donde pensé que podría transcurrir la acción, antes de decantarme por Madrid (lugar donde transcurre toda la historia definitivamente) fue la isla de Toralla, en la ría de Vigo.
La acción de esta escena transcurre en el bosquecillo que hay en la isla.

                               Se encontraban en el pequeño bosquecillo. Aprendieron a besarse. Martín era el primer chico al que María Catalina besaba. Pero no podían pasar mucho tiempo juntos.
-Tengo que hacer muchos deberes-le decía.
-¡Y qué importan los deberes!-se reía Martín.
            María Catalina le fulminaba con la mirada. Pero Martín la abrazaba riendo.
            Martín tampoco había besado a una chica antes de empezar a salir con María Catalina.
-Eres mi todo-le aseguraba.

 

lunes, 29 de diciembre de 2014

ESCENA ELIMINADA DE MI NOVELA "LO QUE CALLAMOS"

Hola a todos.
Aquí os traigo un nuevo fragmento eliminado de mi novela Lo que callamos. 
Es un fragmento muy cortito.
¡A ver qué os parece!

                  La primera que lo supo fue Victoria.
               María Catalina la llamó por teléfono aquella tarde, cuando se encerró en su habitación a repasar sus lecciones.
-¡Tía!-exclamó María Catalina cuando Victoria descolgó el teléfono-¡Martín me ha pedido que salga con él!
              Al otro lado del hilo telefónico, su amiga empezó a chillar.
-¡Cuéntamelo todo!-le exigió a María Catalina-¡Quiero saberlo con pelos y señales! Cuenta.

domingo, 28 de diciembre de 2014

ESCENA ELIMINADA DE MI NOVELA "LO QUE CALLAMOS"

Hola a todos.
En estos momentos, mi mayor deseo es terminar todas las historias que tengo a medias.
Lo que callamos es una novela que tengo que estoy corrigiendo.
Le he cambiado los nombres a los personajes en varias ocasiones, hasta que, al final, se han quedado con un nombre fijo.
Les he añadido escenas que me resultaban de relleno y que he quitado.
La acción transcurre en Madrid a lo largo de la década de 1980.
Habla de una relación de pareja en un tono bastante realista. Susana y Álvaro son los protagonistas. Ambos se dan cuenta de que están enamorados cuando van al instituto y empiezan a salir juntos. Sin embargo, Susana quiere cambiar la manera de ser de Álvaro. Trata de moldearlo a su manera. Y, a su vez, Álvaro guarda sus propios secretos y no quiere hablar de ellos con Susana.
En esta escena, aparecen los protagonistas llamándose María Catalina y Martín (a ella pensé en llamarla Daniela y Mónica).
Vemos una cita entre ellos.

                                    Hacia el mes de agosto, Martín llamó a María Catalina a su casa.
            La invitó a dar un paseo. María Catalina accedió y quedaron en verse a la tarde siguiente. Martín fue a buscarla muy puntual, a las seis de la tarde. María Catalina fue la que salió corriendo a recibirle. Intentaba disimular que no le estaba esperando.
-Hola, Martín-le saludó.
-¿Ya estás lista?-inquirió el chico.
-Sí…¿Nos vamos ya?
-Sí…¿Te apetece que vayamos al bosque? No nos alejaremos demasiado.
-Bueno…
            María Catalina se había cambiado de ropa hasta diez veces antes de decantarse por un pantalón pirata y por una camiseta que dejaba al descubierto un hombro. Martín pensó que María Catalina estaba realmente guapa aquella tarde. Se había puesto una cinta en la frente, siguiendo la moda.
-Me gustaría decirte una cosa-dijo Martín-Pero no sé por dónde empezar.
-Tú dirás-le invitó María Catalina.
            Martín notó que le faltaba el aliento. Había algunas personas en el bosque. Había una pareja que andaba buscando setas para la cena. Martín le dio un codazo a María Catalina. Le señaló a la pareja.
-¿Nos imaginas así dentro de algunos años?-quiso saber el chico.
-¿Cómo?-indagó María Catalina-¿Buscando setas?
-Pues sí…Buscando setas. Los dos juntos…Ya mayores…
            María Catalina se encogió de hombros. No le gustaba buscar setas. Se preguntó qué había querido decirle Martín con aquello.
-No me gustan las setas-contestó la chica-Las probé una vez. Me dan asco.
            Martín se sintió frustrado.
-No buscaremos setas entonces-le prometió.
            Quería decirle a María Catalina que ella le gustaba mucho. Sin embargo, no le salía la voz. No sabía cómo decirle lo mucho que ella le gustaba. Y se preguntaba si María Catalina sentiría lo mismo que él. En ocasiones, parecía que sus sentimientos eran correspondidos. Sin embargo, no tardaba en cambiar de opinión. Se asustaba al pensar en que María Catalina podía rechazarle.
            ¡Se volvería loco si María Catalina le rechazaba!
            Se detuvieron junto a un pino. No había nadie mirándoles. Casi sin darse cuenta de lo que estaba haciendo, María Catalina rozó con sus labios los labios de Martín. Éste, al darse cuenta, quiso ahondar en aquel beso. María Catalina se asustó al notar la boca de Martín sobre su boca. Se apartó de él. La sangre se agolpó en las mejillas de la chica.
-¿Por qué has hecho eso?-le preguntó Martín.
-Es el calor-respondió María Catalina-El calor me afecta a la cabeza. Se está haciendo tarde. ¿Me acompañas a casa?
-Sí, claro. Vamos.
-Gracias…

   

sábado, 6 de diciembre de 2014

EL VAMPIRO ENAMORADO

Hola a todos.
Me he animado, después de algún tiempo sin hacer entradas en ninguno de mis blogs, a subir aquí la versión extendida de uno de mis relatos.
Se trata de El vampiro enamorado. 
Con este relato participé el año pasado en la Antología de Relatos que se puede descargar gratis y que organizó el blog "Acompáñame".
Espero que os guste.
Hay mucho misterio en él.

                                    Esta historia ocurrió en la isla escocesa de Inchtavannach, en el año 1804.
               Grace Camdan era una joven que acababa de cumplir diecinueve años. Era una joven rubia. Tenía los ojos azules y poseía una figura esbelta. Vivía con sus padres y con su hermana mayor, quien estaba a punto de casarse.
                 Aquella noche, Grace salió. Era una noche clara y serena. Grace agradeció estar sola allí. Vio la Luna reflejada en el lago.
                 De pronto, oyó unos pasos. Grace pensó que era Hebe, quien la estaría buscando. Se dio la vuelta para hablar con ella. Sin embargo, no pudo decir nada.
                 No le había visto nunca antes. Era un hombre. Grace sintió un escalofrío recorriendo su columna vertebral. No se oía nada y Grace tembló. Se trataba de un joven alto y pálido, de mirada penetrante.
                 Grace se preguntó quién era.
-Hola, Grace-la saludó.
                   Tenía una voz ronca y profunda. Aquel joven parecía conocerla.
-¿Quién eres?-le preguntó.
                    El joven le sonrió de un modo extraño.
                    La marca de mordisco que tenía Grace en el cuello, lejos de mejorar, había ido creciendo. Se acercó a ella y la besó en los labios.
                   De pronto, Grace sintió que lo conocía. Los labios de aquel hombre estaban muy fríos. Son los labios de un muerto, pensó. Tuvo ganas de empezar a chillar. ¿Qué quería aquel desconocido de ella? Sin embargo, no era ningún desconocido.
-¿Cómo sabes mi nombre?-le preguntó.
-Porque eres mi compañera-respondió él.
-¿Soy tu compañera?
                   El joven le tendió la mano y Grace se la cogió. Tuvo la sensación de estar tocándole la mano a un muerto, estaba muy fría.
-Me llamo Frederick-se presentó él-Llevo esperándote toda una Eternidad. Cinco siglos...Te he encontrado.
                     Grace empezó a temblar con violencia. Aún así, caminó al lado de aquel joven.
-Frederick...-susurró-No te he visto antes.
-Estoy muerto, mi querida Grace. Pero te estaba esperando. Ven.
-¡No!
                     El corazón de Grace empezó a latir muy deprisa. Le parecía que estaba siendo víctima de una broma. Un muerto...Y la reclamaba como su compañera. Ella...
                    Los árboles le parecieron que estaban vivos. Una nube oscura tapó la Luna.
                    Oscuridad...
                    Los árboles estaban secos. Grace tuvo la sensación de que agitaban sus ramas amenazándola. Los troncos eran muecas crueles. No veía por donde caminaba. No sabía lo que iba a pasar. Pensó en salir corriendo. ¿Por qué no salía corriendo? Parecía que su voluntad la había abandonado. Un hombre que la reclamaba como su compañera. Un muerto que la reclamaba. Y ella le seguía dócilmente.
-¿Qué quieres de mí?-le preguntó.
-Sólo quiero tu amor, Grace-respondió Frederick-No te pido nada más.
-¡Déjame! No puedo darte nada.
-No te haré daño, Grace. Amáme.
                  Las lágrimas rodaron por las mejillas de la joven.
                  Tuvo la sensación de que iba a morir.
                  La niebla se cernió sobre la pequeña isla.
                  Grace ahogó un grito. Sintió cómo su corazón se le paraba.
                  Dios mío, pensó. De pronto, Frederick y ella se detuvieron. Frederick se colocó delante de ella. Grace se sintió cada vez más débil. Frederick la recostó sobre el suelo.
-Te haré como yo-le dijo.
-¿Y cómo eres tú?-le preguntó Grace.
-Vivo eternamente. La sangre me hace vivir eternamente.
-Sangre...
-Tu sangre...
-¡No!
                         Los besos que le dio Frederick fueron mucho más elocuentes que las palabras.
                         La ropa de Frederick desapareció. El vestido que llevaba puesto Grace desapareció. Las manos de aquel joven acariciaron su cuerpo. Sus labios también acariciaron su cuerpo. La frialdad se apoderó de Grace. El cuerpo de Frederick estaba helado. Grace pensó en gritar. Pero no sabía si quería huir de allí.
                        Cada beso que Frederick le daba, Grace también le besaba. Le besaba.
                        Se sentía débil y cansada entre sus brazos.
                        Y fue entonces cuando los dientes de Frederick se clavaron sobre el cuello de Grace. Al mismo tiempo, él se introducía en el cuerpo de ella. Bebió la sangre de la joven. Grace sintió cómo la oscuridad se apoderaba de ella. Una languidez extraña la dominó.
                      La encontraron al día siguiente. No se sabía si estaba viva o si estaba muerta. Tenía los ojos muy abiertos.

            Su prima Hebe estaba pasando una temporada con ellos.
                 Fue Hebe la primera en darse cuenta de una cosa. Grace tenía una extraña marca en el cuello. Se fijó en aquella marca una tarde, mientras daban un paseo.
-He pasado mala noche-le contó Grace-No he podido dormir.
-¿Qué te ha pasado?-quiso saber Hebe.
-Había alguien en mi habitación. No sé quién era.
-¿Se ha colado un desconocido en tu cuarto?
                 Grace recordaba haber sentido cómo unos labios se posaban sobre su cuello. Y, luego, alguien, un hombre, la besaba en la boca. rmal; l� r s � �A+ ormal; line-height: normal; orphans: auto; text-align: start; text-indent: 0px; text-transform: none; white-space: normal; widows: auto; word-spacing: 0px; -webkit-text-stroke-width: 0px;">-Tu sangre...
-¡No!
                         Los besos que le dio Frederick fueron mucho más elocuentes que las palabras.
                         La ropa de Frederick desapareció. El vestido que llevaba puesto Grace desapareció. Las manos de aquel joven acariciaron su cuerpo. Sus labios también acariciaron su cuerpo. La frialdad se apoderó de Grace. El cuerpo de Frederick estaba helado. Grace pensó en gritar. Pero no sabía si quería huir de allí.
                        Cada beso que Frederick le daba, Grace también le besaba. Le besaba.
                        Se sentía débil y cansada entre sus brazos.
                        Y fue entonces cuando los dientes de Frederick se clavaron sobre el cuello de Grace. Al mismo tiempo, él se introducía en el cuerpo de ella. Bebió la sangre de la joven. Grace sintió cómo la oscuridad se apoderaba de ella. Una languidez extraña la dominó.
                      La encontraron al día siguiente. No se sabía si estaba viva o si estaba muerta. Tenía los ojos muy abiertos.


            Su prima Hebe estaba pasando una temporada con ellos.
                 Fue Hebe la primera en darse cuenta de una cosa. Grace tenía una extraña marca en el cuello. Se fijó en aquella marca una tarde, mientras daban un paseo.
-He pasado mala noche-le contó Grace-No he podido dormir.
-¿Qué te ha pasado?-quiso saber Hebe.
-Había alguien en mi habitación. No sé quién era.
-¿Se ha colado un desconocido en tu cuarto?
                 Grace recordaba haber sentido cómo unos labios se posaban sobre su cuello. Y, luego, alguien, un hombre, la besaba en la boca.