viernes, 20 de junio de 2014

LOS BESOS QUE NOS DIMOS

Hola a todos.
Ha pasado algún tiempo desde que hice una entrada en este blog y ha pasado aún más tiempo desde que subí el último trozo de Los besos que nos dimos. 
Hoy, vamos a seguir indagando en la relación entre Faith y Philip a través de los recuerdos de ella.

                             Faith permaneció todo el día siguiente en casa de lady Olivia, sin querer marcharse. Domenica permaneció a su lado y logró convencerla de que salieran a dar un paseo por el jardín. Faith tuvo que aceptar, obligada, en parte, por lady Bathseba. La pobre mujer había envejecido treinta años de golpe. Era ya de noche y hacía algo de frío, pero Faith llevaba días sintiendo frío dentro de su cuerpo. En su corazón...
-Estás siendo muy fuerte-la alabó Domenica.
-No soy fuerte-replicó Faith.
-Te has venido abajo muchas veces. Pero logras levantarte y seguir adelante. Creo que yo no podría hacer eso.
-¿Estás enamorada de tu marido? ¡Lo siento! No quería decir eso.
-Me he hecho esa pregunta muchas veces. Sentí una gran envidia hacia ti porque amabas a Pip. Y él te amaba a ti. Yo deseaba eso para mi matrimonio. Por desgracia, no es así.
-Lo siento mucho.
                             Los bonitos ojos de color azul de Faith habían derramado muchas lágrimas a lo largo de aquellos días. Su hermoso rostro era la perfecta imagen del dolor que sentía.
                            Lady Charlotte acudió a visitar a lady Olivia y, al ver a Faith en el jardín, no dudó en acercarse a darle un abrazo a su nuera. Las dos mujeres estaban destrozadas por la pérdida de Philip. Lady Charlotte había perdido a su hijo dos veces. Pero aquella segunda vez era la definitiva. No volvería a ver a su querido Pip.
-Milady...-balbuceó Faith entre sollozos-Yo...
-No estás sola, mi querida hija-le aseguró lady Charlotte-Prefiero pensar que eres mi hija.
-Pero...
-Me tienes a mí. Nos necesitamos mutuamente, Faith. Hemos de ser fuerte porque sabemos que a Pip no le gustaría vernos así. Hundidas...Yo seré fuerte si tú eres fuerte, hija.
                          Depositó un beso sobre la helada frente de Faith.
                          En una de las casas que había en la calle alguien había empezado a tocar el piano. Se trataba de una melodía triste. Era el perfecto estado de ánimo en el que se encontraba toda la familia Carsington.
                            Los días seguirán pasando, pensó Faith. Yo terminaré acostumbrándome a estar sola en mi casa porque Domenica tendrá que irse. Mi familia vendrá a verme. No estaré sola mucho tiempo. Pero mi familia también se irá. Y yo volveré a quedarme sola. Sola...Sin Pip...Sin mi amado...No soy vieja para volver a enamorarme, pero mi corazón sólo le pertenece a un hombre. A Pip...
                          Lady Charlotte se apartó de ella.
-Voy dentro-le informó-Quiero saber cómo está Olivia.
-Está dormida-le explicó Domenica-Su madre está con ella.
-Lizzie ha querido venir, pero le he dicho que sería mejor que se quedara. No está para pasar toda una noche levantada. Las fuerzas le fallan.
-Lo comprendemos, señora-dijo Faith.
-Llámame Charlotte, por favor. Quiero pensar que eres mi hija. Sólo te tengo a ti.
                           Lady Charlotte se metió dentro de la casa de lord Benedict y de lady Olivia. El corazón de la dama estaba junto a la mujer que había estado a punto de perder a su única hija. Faith pensó en lord Benedict y en lo cerca que había estado de perder a su mujer.
                           Se quedó a solas en el jardín con Domenica. Faith notaba cómo los huesos de su cuerpo le dolían.
-No has comido casi nada desde que Pip cayó enfermo-le recordó Domenica-Y mucho me temo que llevas el mismo tiempo sin dormir.
-La enfermedad que se cebó con él duró poco-le contó Faith-Yo le cuidé mucho. Pero lo perdí. No pude hacer nada por él. Por salvarle la vida. Meningitis...El médico me comunicó que mi marido estaba enfermo de meningitis.
-Deberías comer algo. Y dormir un poco.
-No puedo dormir. No puedo comer.
-Intenta hacerlo. Piensa que vas a caer enferma.
-Sí...Pero...
-Será mejor que vayamos dentro. Que cojas tu capa. Y que nos vayamos.
                         Domenica abrazó con cariño a Faith.
                          Para la joven, la vida había perdido todo su sentido desde el día en el que Philip murió. Lo único que había deseado era hacerse vieja a su lado. Pero aquel deseo no se iba a hacer realidad.
                            Obligada por Domenica, Faith entró dentro de la casa de lord Benedict y de lady Olivia. Fuera, seguían sonando las notas tristes que alguien arrancaba al piano.
                            Alguien le puso la capa a Faith. La joven notó cómo le temblaban las manos al ponerse su sombrero. Lord Benedict le besó las manos y le agradeció el haberse preocupado tanto de su esposa.
-Por favor...-dijo Faith-Dígale a Olivia que deseo que se recupere pronto. Me gustaría hablar con ella.
                            Todos los miembros de la familia Carsington besaron a Faith en las mejillas. Lady Bathseba también bajó a despedirse de ella. Había dejado a lady Olivia en compañía de lady Charlotte. La joven seguía profundamente dormida.
-Lamento tener que irme-se excusó Faith.
-No importa, querida-le aseguró lady Bathseba-Eres humana. Necesitas descansar.
                 


                          Faith pensó en Philip y en las sonrisas tan cautivadoras que le dedicaba. Recordaba lo feliz que se sentía cuando estaban juntos. Cuando yacían juntos en la cama y él la abrazaba con fuerza. Recordaba los besos apasionados que se daban entonces. Recordaba cuando él entraba en el salón y la besaba con ternura.
-Alquilaremos un carruaje-le propuso Domenica cuando abandonaron el jardín-Es ya noche cerrada. No quiero que ningún demonio saltarín nos ataque.
-No pasaría nada-replicó Faith.
-Vámonos a casa.

jueves, 5 de junio de 2014

ROBERTA MACFARLANE

Hola a todos.
Hoy, me gustaría presentaros a un personaje muy querido para mí.
Se llama Roberta MacFarlane y es la protagonista de mi relato Nunca te enamores de un hombre lobo. 
Este relato nació en este blog como un modo de festejar Halloween y he subido al blog de María Esther, "Anescris", este mismo relato en una versión más extendida y con algunos cambios.
Mi intención al escribir este relato era contar una historia de hombres lobos tal y como eran reflejados en las películas de Lon Chaney, como un ser solitario y atormentado por una maldición.
Jason es el protagonista masculino de esta historia. Es un joven que vive atormentado por una maldición que afecta sólo a los varones de su familia. En las noches de Luna Llena, los varones MacFarlane se convierten en seres salvajes y bestiales.
Las mujeres MacFarlane son inmunes a la maldición. Jason y su hermana mayor, Elaine, se van a vivir con sus tíos Angus y Leslie al quedar huérfanos. Al haber tres jóvenes viviendo en la casa (Elaine y sus dos primas Raven y Roberta), se intenta mantener a las tres chicas al margen de lo que está pasando realmente.
Roberta tiene diecisiete años. Se trata de una muchacha de carácter alegre. Le gusta mucho hablar, aunque no es chismosa. Es inteligente. Roberta sospecha que hay algo raro en los hombres de su familia y trata de indagar.
Roberta se ha convertido en una muchacha muy hermosa. Y eso acaba llamando la atención de su primo Jason.
También es una joven muy familiar que adora a sus primos y a su hermana mayor, Raven.
He imaginado a Roberta con el rostro de la actriz Wynona Ryder.
Las dos comparten un físico muy similar. Con un cabello negro y largo...Con un rostro de facciones delicadas...
Juzgad vosotros si Wynona, en su caracterización como Jo March, y aunque hoy esté algo caída en desgracia por sus problemas con coger cosas ajenas, podría ser la perfecta Roberta MacFarlane.

miércoles, 28 de mayo de 2014

LOS BESOS QUE NOS DIMOS

Hola a todos.
He tardado en subir otro fragmento de Los besos que nos dimos.
Me hubiera gustado subir uno el domingo, pero no pude porque estuve todo el día fuera de casa.
Me he animado a subir poco a poco durante todos estos días los trozos que iban a subir más adelante. Considero que forman parte de la historia y nos permite conocer un poco más el día a día de Faith y de algunos miembros de su familia política, los Carsington.
En este fragmento, Faith y Domenica reciben malas noticias acerca de lady Olivia.

                         Faith permanecía sentada en el sofá mirando al vacío. La chimenea del salón estaba apagada.
                        Domenica se había ofrecido a leerle un libro en voz alta, con el fin de distraerla. Faith respondió encogiéndose de hombros.
                         Escogió la primera parte de una novela que Philip había comprado poco antes de caer mortalmente enfermo. Se llamaba Las ilusiones perdidas y su autor era un conocido escritor francés llamado Honoré de Balzac. Escuchar a Domenica leer en voz alta aquella novela desgarró el corazón de Faith.
                       Philip se la había comprado porque sabía que le gustaba mucho leer.
-He oído que el autor está proyectando escribir una segunda parte-le contó cuando le tendió la novela-Cuando salga a la venta, iré a París y te la compraré.
                         Ya nunca iría a comprarle aquella posible segunda parte. Una lágrima rodó por la mejilla de Faith. Intentaba no llorar porque Domenica le había dicho que Philip la estaba mirando. Desde algún sitio en el Cielo, Philip sabía que su mujer estaba llorando.
                           De pronto, una de las criadas entró muy nerviosa en el salón. Domenica dejó de leer. Faith se puso de pie de un golpe. En los últimos tiempos, en aquella casa sólo parecían ocurrir desgracias.
-¿Qué es lo que pasa?-le preguntó Faith.
-Señora Carsington, ha ocurrido algo terrible-respondió la criada-Ha venido el ama de llaves de lord Lisle. Lady Lisle ha intentado suicidarse.

                         Lady Olivia Carsington yacía acostada en su amplia cama con dosel. Sentada en una silla, su madre, lady Bathseba, lloraba amargamente. No entendía el porqué su única hija había intentado poner fin a su vida con una sobredosis de láudano.
                        Lord Peregrine, el marido de Olivia y conde de Lisle, sí sabía la verdad. El médico había sido muy sincero aquella terrible mañana con su esposa.
                         Lady Olivia sufría una anomalía en las trompas de Falopio. Por ese motivo, no podía quedarse embarazada. Una operación podría matarla. Lord Peregrine se inclinó sobre su mujer y depositó un beso en su frente. Acarició con la mano el cabello suelto de lady Olivia.
                       Unos golpes en la puerta sacaron a lord Peregrine de su estado de estupor. No había dicho nada desde que encontró a su mujer tirada en el suelo de su habitación.
                        Era la doncella personal de lady Olivia. La pobre mujer no paraba de llorar desde que entró en la habitación de su señora y la encontró tirada en el suelo.
                         Era un poco menor que lady Penélope, la madre de lord Peregrine. Fue asignada como doncella de lady Olivia cuando ésta era una adolescente. La vio convertirse en una hermosa mujer.
                       Toda la familia Carsington estaba reunida en aquellos momentos en el salón. Faith había hecho un gran esfuerzo al salir a la calle a visitar a la familia adoptiva de su marido. Domenica la había acompañado.
                      En aquellos momentos, lady Penélope, la madre de lord Peregrine, estaba a punto de acabar con la paciencia de Faith. Decía que su hijo había cometido un terrible error al casarse con una DeLacey, sobre todo, porque su mujer era incapaz de darle un hijo.
                    Domenica se percató de que Faith estaba a punto de darle un bofetón a lady Penélope. Faith se dijo así misma que debía de contenerse. No era el momento de protagonizar un escándalo en una casa que no era la suya.
-¿Estás escuchando?-le preguntó a Domenica con rabia mal contenida.
-Nunca vio con buenos ojos la boda de su hijo con su nuera-respondió la joven.
-Tengo la sensación de que Olivia, Pip y yo éramos unos intrusos en esta familia tan perfecta. No sé hasta qué punto está realmente enamorada lady Batsheba de su marido. Pero eso no tiene nada que ver con lo que ha intentado hacer Olivia esta mañana.
-Ha sido una locura.
-No importa que no puedan tener hijos. Se tienen el uno al otro. Peregrine está realmente enamorado de Olivia.
                         Faith se paseaba nerviosa de un lado a otro del salón. La idea de quitarse la vida había pasado alguna que otra vez por su mente durante el transcurso de aquellos terribles días. Pero no se sentía capaz de hacerlo.
                          A Pip no le habría gustado, pensó. Él quiere que yo sea fuerte.
-Voy a ver a Olivia-le comentó a Domenica.



                      Lord Peregrine se puso de rodillas junto a la cama donde yacía Olivia. La besó con cariño en la mejilla. El médico se había ido. Le había logrado salvar la vida a lady Olivia con un lavado de estómago. Parecía que estaba dormida.
                       Unos golpes en la puerta sobresaltaron a lady Batsheba.
-¿Puedo pasar?-preguntó Faith, entreabriendo la puerta.
-Pasa, querida-respondió lady Batsheba-Gracias por venir.
                        Faith entró en la habitación. Cerró suavemente la puerta. Contempló la figura de Olivia.
                        Tuvo la sensación de estar viendo a Philip instantes después de exhalar su último aliento. Estaba muy pálida y no se movía.
                         Conocía a todas las personas que se encontraban en la habitación. Los había visto el día de su boda con Philip. La habían visitado cuando perdió el niño que esperaba.
                        Estuvieron durante el velatorio de Philip. También acudieron al cementerio a darle el último adiós. Lady Batsheba estaba destrozada, pero, por lo menos, su hija seguía viva. Tenía esa suerte. El corazón de Faith no podía dejar de apoyar a aquella pobre madre que no entendía el porqué su única hija había intentado suicidarse. Faith había escuchado que lady Olivia era estéril y que había intentado quitarse la vida porque se sentía incapaz de asumir su esterilidad. De algún modo, Faith podía entender lo que lady Olivia sentía.
                         Había demostrado que podía concebir un hijo. Pero no sabía si el aborto le había dejado secuelas. Se acercó a lady Batsheba. La mujer recordaba los momentos de angustia que vivió cuando su hija y su yerno, siendo dos niños de nueve y trece años, se escaparon en busca de un mítico tesoro. Pero logró encontrarles sanos y salvos. Sin embargo, lo que había ocurrido era distinto. Su hija despertaría en cualquier momento y sólo Dios lo que pasaría desde ese momento.
-Lady Batsheba...-murmuró Faith.
-Dime-dijo la mujer.
                         Le costaba trabajo hablar.
-¿Cómo está Olivia?-inquirió Faith.
-No lo sé-contestó lady Batsheba-Está dormida. Pero despertará.
                        La dama rompió a llorar amargamente.

sábado, 24 de mayo de 2014

LOS BESOS QUE NOS DIMOS

Hola a todos.
Este fin de semana, espero, desearía terminar Los besos que nos dimos, mi fanfic de Toda una dama. 
Sólo quedan dos trozos. Éste que voy a subir hoy y el de mañana, que es el final.
Sin embargo, antes de ponerme manos a la obra con esta historia, me gustaría advertiros de que es posible que la alargue más adelante.
Es decir, que veamos más adelante más recuerdos de Faith de su vida en común con Philip. Que veamos cómo lucha por salir adelante, a pesar del dolor.
Pero eso lo veremos más adelante.
No puedo prometeros que estos dos últimos trozos sean más alegres. Pero sí pueden estar abiertos a la esperanza.
Si decido alargar un poco más la historia más adelante, como ponerle una especie de segunda parte, Domenica, la mejor amiga de Faith, seguirá siendo un importante apoyo para ella.
Y es en este fragmento donde Domenica le da buenos consejos a Faith.

                          Al día siguiente, Faith logró salir de su habitación.
                          Su doncella entró y la instó a que se lavara.
-No puede permanecer encerrada por más tiempo, señora-le hizo ver.
                          Faith se lavó todo el cuerpo con una esponja que mojaba en el agua de la jofaina. Recordaba las veces que Philip y ella compartían baño en aquella bañera de porcelana portátil. Se metían desnudos en el agua. Se lavaban el uno al otro. Y también se besaban. El uno recorría con la lengua el cuerpo del otro. Se acariciaban mutuamente con las manos y con los labios. Se abrazaban con fuerza.
                         La doncella ayudó a Faith a ponerse su vestido negro. Faith tenía la sensación de que no volvería a vestir nunca más con un color claro. O con un color más fuerte...Debería de llevar siempre luto.
                         No quiso desayunar porque no tenía hambre.
                         Bajó al salón. Llevaba su rubio cabello recogido en un estrecho moño.
                         Domenica estaba sentada en el sofá cuando vio entrar a Faith. Estuvo a punto de lanzar un grito de terror porque le pareció que su mejor amiga había envejecido veinte años.
-Entiendo que estés mal porque tu marido acaba de morir-afirmó mientras la hacía sentarse a su lado-Pero tú todavía estás viva. ¡Estás viva, Faith! Y dudo mucho que Pip quiera verte en el estado en el que estás.
-Me he levantado de la cama-le recordó su amiga.
-Pero no es suficiente. Me hago cargo de que la muerte de tu marido está muy reciente. Pero...
-¿Pretendes que me vaya a una fiesta de las que se celebran en Almacks con el cadáver de Pip todavía caliente?
                      Domenica negó moviendo la cabeza.
                      Había una gran diferencia entre su matrimonio y el matrimonio de Faith y Philip.
                      Faith y Philip se amaban. Y ella, en cambio, sentía que ya no amaba a su marido. Él había matado todo el amor que le profesaba.
-No se trata de eso-contestó Domenica, con paciencia-Se trata de otra cosa. Que tú misma cojas fuerzas para seguir adelante.
-¿Y cómo quieres que lo haga?-le preguntó Faith con desamparo-Cuando me casé con Philip, me veía a mí misma envejeciendo a su lado. Cuidando de nuestros nietos. Pero no tendremos hijos porque perdí a nuestro bebé. Y Pip ya no está. ¡Dime cómo me enfrento a la vida si he perdido mi razón de vivir!
-Tienes a tu familia, que te quiere. Tus padres y tus hermanas están sufriendo por ti y sé que son capaces de venir aquí a Londres a estar contigo. Tienes a lady Charlotte y lord Darius. Lady Charlotte, la pobre, está destrozada. Pero está luchando por sacar fuerzas de donde no las tiene con tal de ayudarte.
-Recibí una nota suya. Me la envió su madrastra, Lizzy. No entiendo cómo esa mujer puede todavía conservar sus fuerzas.
-Tu padre es clérigo. Dirá que es la Voluntad de Dios. Se acata. Pero...¡Cuán difícil puede resultar entenderla! Todos nos morimos antes o después. Pero siempre uno se hace muchas preguntas cuando muere alguien tan joven.
                       Era lo mismo que repetía la anciana Lizzy durante el velatorio de Philip.
                       Faith tenía los ojos secos de tanto llorar. En el fondo de su corazón, sabía que Domenica tenía razón.
-No puedo salir a la calle-se asustó.
                        No era por el miedo al qué dirán.
                        Era porque no se sentía capaz de salir a la calle sin tener a Philip a su lado.
-Cuando estés preparada, saldrás a la calle-le aseguró Domenica.
-Mi duelo todavía no ha terminado-afirmó Faith-Te ruego que me dejes con mi duelo. Mis ojos están secos. Pero mi corazón todavía llora a Pip.
-Lo entiendo.
                        Faith no podía olvidar los besos que Philip le robó la primera vez que bailó con él, durante una fiesta en Almacks.
                        Todo lo que había alrededor de Philip era especial. Había logrado sobrevivir cuando era un recién nacido débil y enfermizo. Pero el Destino parecía haberle alcanzado.
                         Los dos años que habían pasado juntos habían sido los más felices de la vida de Faith. Unos años repletos de amor y de complicidad...
-Siempre amaré a Pip-afirmó-Ningún hombre podrá sustituirlo en mi corazón.
-Lo sé-le aseguró Domenica.
                         Philip ya no estaba. Pero sí estaba ella. Debía de convivir con la soledad. Debía de aprender a vivir con sus recuerdos.
                         Le resultaba todo aquello demasiado duro. Domenica estaba segura de que Faith lograría superar aquella terrible pérdida. Pero era cuestión de tiempo.
-No te dejaré-le prometió a Faith.



martes, 20 de mayo de 2014

EL VAMPIRO

Hola a todos.
Hacía mucho que no subía un nuevo fragmento de esta historia.
He podido escribir un trocito más y me gustaría compartirlo con vosotros.
En este fragmento de El vampiro, Lizzie va a visitar a Daisy Maning, la joven que fue atacada. La chica le hace una revelación que la dejará muda.

                          Lizzie hizo en el carruaje el trayecto hasta la casa de los Maning.
                         Hacía días que no veía a Devlin. Su marido se había marchado al campo con su cuñada Sarah con la excusa de que la chica necesitaba recuperarse.
                         Lizzie echaba de menos su trabajo en la Academia porque la hacía estar ocupada y no pensar en todo lo que no debía de pensar. Enseñaba a las chicas a caminar erguidas. A comportarse con rectado. Lo que debían de decir. Lo que no debían de decir. Daisy había sido una de sus alumnas más obedientes y todo lo que le había pasado era el fruto de una atroz pesadilla.
                       El carruaje se detuvo ante la mansión.
-Hemos llegado, Excelencia-le indicó el cochero.
                       Fue él el que le abrió la portezuela a Lizzie. La ayudó a descender del carruaje.
                      Se sentía incómoda en su papel de vizcondesa de Strathmore. Mucha gente había criticado a Devlin por haberse casado con una muerta de hambre. La pérdida del bebé que Lizzie esperaba había sido la gota que había colmado el vaso. De pronto, se daba cuenta de que no estaba enamorada de su marido.
-Es usted una tonta-pareció escuchar a Annabelle, una de sus alumnas. Su alumna más rebelde, recordó Lizzie con tristeza-¿Cómo se casa con un hombre sin amarle?
                     El rubio cabello de Daisy estaba recogido en una trenza. Lizzie lo observó cuando entró en el salón donde la chica la estaba esperando. La invitó a tomar asiento a su lado en el sofá. Dieron cuenta cada una de una taza de té.
-¿Es verdad lo que he oído?-interrogó Daisy a Lizzie en cuanto la criada se retiró-A Sorscha...-Seguía llamando a Sarah por el nombre que le puso Ginny, la mujer que la crió-¿También ese ser ha atacado a Sorscha?
-Por desgracia...-contestó Lizzie-También la ha atacado.
-¡Oh, Dios mío! Quint lo sabe y quiere matarle.
-¿Qué has dicho?
                    Los ojos de Daisy reflejaban una tranquilidad que inquietó a Lizzie.
                    En un primer momento, Lizzie pensó que había escuchado mal porque, hasta donde ella recordaba, Quint había muerto. Pero, ¿cómo estaba vivo aquel hijo de perra? Sabía que se había acercado a Daisy con la excusa de que estaba buscando a su cachorro perdido. Pero no le hizo nada a Daisy. ¿Acaso podía ser él el autor de los ataques?
-Quint está muerto-le recordó Lizzie-No puede estar vivo. Yo misma vi cómo moría. Te lo has debido de imaginar.
-Quint está vivo y viene a verme-insistió Daisy-Sobrevivió a la herida que le causó su esposo, Excelencia. Fue una herida superficial. Escapó cuando su marido fue a reunirse con Sorscha.
-¿Me estás diciendo que Devlin dejó escapar con vida a ese malnacido?
-No es malo, Excelencia. Quint me ama.
                     Daisy cogió una de las pastas que había en el platito y le dio un mordisco.
                     Lizzie dio gracias a Dios porque estaba sentada en el sofá. De haber estado de pie, probablemente, habría caído desplomada al suelo. Devlin no le estaba siendo de gran ayuda desde la trágica muerte de su hijo no nato. Su marido pasaba más tiempo fuera de casa que con ella. ¡Y ni siquiera había podido acabar con uno de sus peores enemigos!
-¿Desde cuándo os veis?-quiso saber Lizzie con un hilo de voz.
                    Todo había empezado desde su encuentro en la Academia. A Daisy le parecía mucho más apuesto que el hombre con el que su padre había pensado en casarla.
                      Le contó a Lizzie que Quentin, su prometido, aquel hombre de cuarenta años, la había besado. Y que ella había sentido un asco inmenso cuando lo hizo.
                     Fue Quint quien la enseñó a besar. Él le había dado su primer beso de amor. Y no había sido el primer beso que le había dado.
-¡Daisy, me niego a seguir escuchándote!-protestó Lizzie, con el estómago encogido.
-Usted no ha estado enamorada-le replicó la chica-No ama a su marido y se le nota.



                       Daisy bebió un sorbo de su taza de té.
                       Le contó a Lizzie que todos los besos que le había dado a Quint habían sido dulces y sinceros. Que lo amaba con todo su ser.
-En cuanto esto haya pasado un poco, huiremos juntos a Gretna Green-le confesó a su antigua profesora-Quint no quiere irse sin saber quién me atacó. Puedo asegurarle que él no tiene nada que ver con los ataques. Estaba hablando con su marido cuando fui atacada.
                     Quint había ido a verla cuando se despertó tras el ataque. Había llenado su cara de besos cuando estuvieron juntos y a solas. Y le juró que encontraría al culpable. Lizzie apretó los puños con rabia. Si Quint estaba vivo, ¿cuántos enemigos de la familia Knight podían estar vivos?
-¿Es cierto que a la duquesa la violaron?-inquirió Daisy.
-¿Qué estás diciendo?-se asustó Lizzie.
-Hablo de la duquesa de Hawkscliffe. Quint me contó que vio a un hombre jactándose en una taberna cerca del Támesis. Decía que, a pesar de ser la esposa de un duque, él fue el primero en catar los favores de lady Belinda. Quint dice que ese hombre afirmaba haberla violado. Aunque no lo dijo exactamente.
-No hace falta que digas nada. ¡Dios mío!
                        Lizzie sentía cómo le iba a estallar la cabeza. Daisy llevaba puesto un vestido de color azul claro. Hacía algún tiempo que llevaba vestidos largos. Su rostro estaba sereno. Pero Lizzie creía que estaba viendo a un ser sobrenatural. La tranquilidad con la que le estaba hablando Daisy la estaba asustando.
                       Entonces, le dio el golpe de gracia cuando le confesó que, apenas un día antes, se había entregado a Quint.
-Salí a escondidas ayer por la noche-le confesó a la atónita Lizzie-Nos encontramos en Rotten Row. Nadie me vio salir. Y nadie se dio cuenta de que me había ido porque Quint me acompañó a casa antes del amanecer.
-¿Te has vuelto loca?-gritó Lizzie, histérica.
                      Daisy le contó lo ocurrido la noche antes en Rotten Row. Cómo ella y Quint se habían encontrado. Cómo habían empezado a besarse y se habían dado cuenta de que no podían parar. Cuando se quisieron dar cuenta, la ropa había desaparecido de sus cuerpos. Daisy le devolvía beso por beso. Él no podía parar de besarla. De abrazarla. De recorrer su cuerpo con las manos. De recorrer cada centímetro de su piel con los labios.
-No me arrepiento de lo que hice-afirmó Daisy-Volvería a hacerlo.
                      Lizzie se puso de pie, visiblemente agitada. Deseaba ponerse a romper cosas porque estaba a punto de sufrir un ataque de nervios. ¿Acaso Daisy no había pensado en las consecuencias de sus actos?
-Cuando se enamore de verdad, hable conmigo-le exhortó la joven.
                      Se puso de pie también. Lizzie la miraba casi con miedo porque Daisy siempre había sido la más aplicada de sus alumnas. La más tranquila...Nunca se metía en líos, al contrario que sí hacían su cuñada Sarah y Annabelle.
                       Daisy aún conservaba en sus labios el sabor de los besos que le había dado Quint la noche antes en Rotten Row. La había besado muchas veces cuando la desvirgó porque le hizo daño. El miserable que la atacó no se llevó su virtud. Pero sí había despojado a Daisy de la inocencia que siempre había tenido. La había vuelto más cínica.
                      Le dio un abrazo a la temblorosa Lizzie.
-Hable con alguien de la familia Knight-le aconsejó-Investigue los nombres de sus posibles enemigos. Personas que crean muertas, pero que, en realidad, estén vivas y a la espera de atacar de nuevo.
-No puede ser-murmuró Lizzie-Los ataques...Tu confesión...
-Lo siento mucho, Excelencia.
-No sé qué pensar. ¡Te juro que no sé qué pensar!
                          Lizzie decidió que era la hora de irse. Pero no quería marcharse sin saber una cosa. Buscó sus guantes. Se los puso con las manos temblorosas. Le costaba trabajo mantenerse de pie.
-¿Te dijo ese hombre cómo se llamaba?-interrogó a Daisy-Hablo de Quint. ¿Te dijo cómo se llamaba el hombre que vio en la taberna?
-Creo que alguien le llamó Dolph-contestó la chica-Quint no está muy seguro.

lunes, 19 de mayo de 2014

LOS BESOS QUE NOS DIMOS

Hola a todos.
Hoy, Faith recordará uno de los momentos más dolorosos de su matrimonio con Philip.

                      Faith sabía lo que era perder un hijo. 
                      Faith perdió el hijo que esperaba de Philip. Intentaba no pensar en eso, pero perdió el niño que esperaba. Ahogó un sollozo.
                      Ella estaba embarazada de casi cuatro meses cuando se cayó rodando por las escaleras.Fue un accidente, pensó Faith con rabia.
                      Era un hijo muy deseado tanto por ella como por Philip. Ahora, los dos están juntos, pensó Faith cuando estaba sentada en la cama contemplando la salida del Sol. Cuando supo que estaba embarazada, se sintió la mujer más feliz del mundo. Lady Charlotte fue la segunda persona que se enteró. Philip y Faith fueron a contárselo. Todavía recordaba el grito de júbilo que lanzó aquella comedida dama cuando supo que iba a ser abuela. 
                      Pero perdió el niño que esperaba. El médico se lo confirmó en cuanto se quedaron a solas. Faith lloró hasta que se quedó seca por dentro. Podía entender el sufrimiento de Olivia. No podía tener hijos. Y ella había sufrido un aborto. Recordaba los planes que hizo cuando tuvo la primera falta. Lord Darius tardó algunos días en enterarse. En cambio, la madrastra de lady Charlotte, la anciana Lizzy, le dijo a Faith que ella tejería una mantita para el futuro bebé. 
                      Recordaba los dolorosos días que siguieron a su convalecencia. Philip no se separaba de su lado. Lady Charlotte y lord Darius fueron a verla. Los ojos de lady Charlotte estaban hinchados de tanto llorar. 
-Lo siento mucho-le dijo la mujer, con la voz quebrada. 
                    Faith nunca supo si el feto que había abortado era de un niño o si era de una niña. El médico no se lo dijo. 
                    Pero eso ya poco importaba. El niño que pudo haber tenido no estaba a su lado consolándola tras la muerte del hombre que lo había engendrado. 
                   Tanto Philip como su pequeño no estaban a su lado. Faith no sabía cómo encarar el futuro en soledad. Estaba asustada y destrozada. No sabía si podría seguir adelante con Philip. 
-¿Cómo es posible que un hombre tan joven se haya ido y yo, que soy tan vieja, siga aquí?-se había lamentado Lizzy en el cementerio. 
                   Unos golpecitos en la puerta sacaron a Faith de su ensimismamiento. 
-¿Está despierta, señora?-le preguntó su doncella al otro lado de la puerta. 
                     Faith no respondió. 
                    Sólo quería estar sola. Deseaba llorar en soledad su pesar. 
-¿Está enferma?-preguntó de nuevo la doncella. 
-No...-respondió Faith, casi obligada. 
-¿Quiere que la ayude a vestirse? 
-No...
-¿Va a desayunar?
-No tengo hambre. 
                     Era verdad. Faith no tenía hambre. Estaba convencida de que no volvería a comer nunca más. 

 
                     Se secó las lágrimas que rodaban por sus mejillas. 
                     Recordaba cómo Philip la abrazó cuando el médico le comunicó la mala noticia. En aquellos momentos, a pesar del gran dolor que experimentaba, Faith se sintió apoyada. Se sintió amada. 
                      Pero Philip se había ido para no volver nunca. Igual que su pequeño...

domingo, 18 de mayo de 2014

LOS BESOS QUE NOS DIMOS

Hola a todos.
Hoy, me he animado a subir otro trocito de Los besos que nos dimos. 
Los recuerdos siguen presentes en la mente de Faith.
En esta ocasión, recuerda cuando conoció a Philip.

                          A Faith le gustaba salir a dar un paseo por Hyde Park.
                          Desde que Philip enfermó, no había vuelto a pasear por aquel parque tan grande como el más inmenso de los bosques. Solía pasear con Philip. Sin embargo, Faith no se sentía capaz de volver a salir a dar un paseo por Hyde Park. Recordaba cuando caminaba orgullosa y cogida del brazo de Philip por la orilla del lago Serpentine. Entonces, era una mujer feliz. Acababa de contraer matrimonio con el hombre más maravilloso del mundo. Se sentía capaz de enfrentarse al mundo por amor.
                      Fue en Hyde Park donde Philip y Faith se conocieron.
                      Ella lo recordaba con el más mínimo detalle.
                       La mujer en cuya casa se hospedaba, su patrocinadora, no la dejaba salir nunca sola.
                     Le asignó una doncella que la acompañaba a todas partes.
                       El tener una doncella era algo que incomodaba a Faith. Siempre se había vestido y había cepillado su cabello ella misma.
                       Pero, cuando vivía en su casa, su padre tampoco la dejaba salir sola a ningún sitio. Entonces, Faith salía acompañada por alguna de sus hermanas menores.
                        Faith y su doncella estaban paseando por Rotten Row. Su doncella no paraba de parlotear. Faith trataba de no bostezar para disimular su aburrimiento. De haber ido sola, se habría sentado a orillas del Lago Serpentine. Se habría quitado los zapatos. Habría podido meter los pies en el agua.
                       No se dio cuenta de que un caballo venía en dirección hacia ella y su doncella.
                       De pronto, notó cómo su doncella tiraba de su brazo. Faith fue apartada del lugar por donde estaba caminando. Un caballo de color castaño se alzó sobre sus patas traseras. Era un alazán, pero Faith no podía admirar su raza. Tenía el corazón en la garganta.
                       El jinete logró dominar al caballo. Desmontó de un ágil salto.
                       Se acercó a Faith y a su doncella.
-¿Se encuentra bien, señorita?-preguntó, dirigiéndose a Faith.
-Sí...-respondió la joven.
                        El jinete se disculpó con ella.
-Le ruego que me perdone-se excusó.
-No ha sido culpa suya-le aseguró Faith-Iba distraída y no me he dado cuenta.
                      El jinete era un hombre realmente atractivo. Era imposible no apartar la vista de él.
                      Cogió la mano de Faith y se la besó con respeto.
                      También él había quedado impresionado con ella.
                      La había visto a lo lejos. Quiso acercarse para conocerla mejor y no era su intención hacerle daño.
                      De cerca, era todavía más hermosa. Aquel cabello de color rubio dorado y ondulado que llevaba escondido debajo de un sombrero algo pasado de moda. Cuyos mechones se escapaban del sombrero.
                      Aquellos ojos de color azul...Su piel blanca como la leche...
-Permítame que me presente-dijo-Mi nombre es Philip Carsington.
                       Faith se presentó también. Aquel hombre tenía los ojos más bellos que jamás había visto. Además, era un hombre increíblemente alto. A su lado, Faith se sentía como una enana.
                      Sus facciones eran atractivas. Era un hombre joven y robusto. Pero también era un hombre galante. Un caballero de verdad, pensó Faith con admiración. Sin embargo, aquel encuentro duró relativamente poco tiempo. El jinete tenía algo de prisa. Uno de sus primos, un tal Peregrine, le estaba esperando. Más que su primo carnal era el marido de su prima, lady Olivia. Irían juntos al Pall Mall, el Club de Caballeros del que ambos eran socios.
-¿Le gusta pasear por Hyde Park?-le preguntó a Faith.
-Suelo venir aquí muchas tardes-respondió la joven.
-Entonces, no me cabe la menor duda de que volveremos a vernos.
                     Volvió a montar en su caballo. Pero, antes de hacerlo, volvió a besar a Faith en la mano.
                     Ella le vio alejarse poco a poco. Tuvo la sensación de que, efectivamente, volvería a verle.
-¿Ha dicho que se apellida Carsington?-se interesó la doncella-Es que ese apellido es muy famoso en todo Londres.
-Yo he oído hablar de los DeLacey-contestó Faith-Son una pandilla de rufianes, según mi patrocinadora. Pero yo creo que son, más bien, unos supervivientes natos.
-En los Carsington hay quienes no son Carsington. No sé si me explico. La hija de lord Benedict, en realidad, no es hija suya. Ella tenía diez años cuando su madre se casó con él. Lady Bathseba era viuda. Lady Olivia es la hija de su primer marido. Lo que hizo lord Benedict fue adoptarla cuando se casó con lady Bathseba. No tuvieron hijos.
-Eso no es nada malo. Muchas mujeres viudas rehacen sus vidas. Vuelven a casarse.
-Pero ella es una DeLacey. ¡Por Dios! La sangre de esa familia está contaminada. Y eso no fue lo peor.
-No fue lo peor. No sé si volveré a ver a lord Philip. Me gustaría conocerle mejor. Me ha agradado. ¡Es muy apuesto!
                         Su doncella arqueó una ceja con gesto interrogante.
-Cometerá un error si se decide a involucrarse con ese hombre, señorita-le advirtió.
-Lo que sí que será un error será el no volver a verle-replicó Faith.
                       Su doncella pensó que se había vuelto loca.



                    Faith recordaba todo esto acostada en su cama.
                   No podía conciliar el sueño. No podía dejar de pensar en que Philip ya no estaba con ella. Y nunca más volvería a estar con ella.