sábado, 24 de enero de 2015

LO MÁS DISPARATADO

Hola a todos.
Aquí os traigo un fragmento de lo más disparatado que jamás he escrito.
Juzgad vosotros mismos.

                                    Judith pensaba que las cosas no podían ir a peor.
                                    Hasta que presenció aquel beso dado en mitad del pasillo.
                                    En realidad, no había sido sólo un beso. Había sido más de un beso.
                                    Sin embargo, Theodosia no pensaba contárselo. Bastante tenía con ser consciente de lo que había hecho. Y de con quién lo había hecho. Lo peor de todo era que ni siquiera había pensado en Evan.
-¿Se ha vuelto loca, señorita Theodosia?-le espetó a la joven cuando entraron en su alcoba.
                                   La aludida parecía estar en una nube. Por un lado, sabía lo que acababa de pasar. Por el otro lado, no se terminaba de creer lo que acababa de pasar.
-Ya sé lo que me vas a decir-contestó Theodosia con voz trémula-Soy una mujer casada. Las mujeres casadas no andan besándose con hombres que no son su marido.
                                Se sentó en la silla del tocador. Sentía que se iba a desmayar de un momento a otro.
-¡Las mujeres casadas no andan besándose con hombres que ni siquiera pertenecen a la dimensión en la que viven!-casi gritó Judith, visiblemente alterada-¡Por el amor de Dios, señorita! ¡A saber de qué revista de ésas que traje de la dimensión la que estuve viene!
-No ha pasado nada-le recordó Theodosia, intentando mantener la calma-Además, pronto, encontrarás la manera de devolverlo al lugar del que viene.
-Debería de ser encerrado en el desván. No creo que nadie se crea la patraña de que hay un misionero chino en la isla que quiere que sus padres sean los benefactores de la misión en la que está en algún lugar de China.
-Evan no me lo perdonará. Como se entere, nunca me lo perdonará.



                              Theodosia meneaba la cabeza en sentido negativo. Sentía un agudo dolor.
-Esto no tiene nada que ver con el señorito Evan, señorita-le aseguró Judith.
                            Se trata de mantener a salvo mi cordura, pensó Theodosia. Él no es real. ¡Esto que está pasando no puede ser verdad!

viernes, 23 de enero de 2015

MI HISTORIA MÁS DESCABELLADA

Hola a todos.
Hace algún tiempo, empecé a escribir la que es posiblemente mi historia más disparatada y estoy hablando en serio.
Se trata de un fanfic de una serie de anime y es tal el pudor que me da hablar de esta historia debido a absurdo de su argumento que no voy a daros ninguna pista acerca de qué anime se trata.
Os cuento el argumento.

Todo empieza a mediados del siglo XIX en una isla inglesa. Lady Theodosia es una joven aristócrata recatada y pudorosa que contrae matrimonio con el apuesto Evan, del que está prendada que era una niña con el que se marcha a Londres. Sin embargo, a pesar de lo mucho que ambos se esfuerzan, el matrimonio es un fracaso y Evan se marcha a Egipto para participar en unas excavaciones dejando a Theodosia sola. La joven, con el ánimo por los suelos, retorna a la casa de sus padres en una tranquila isla inglesa.
Judith es la dama de compañía y la mejor amiga de Theodosia. Ha estado a su lado desde siempre. Sin embargo, Judith oculta un secreto. Desciende de una estirpe de brujas. Entre los poderes que sus tías abuelas, quienes le han enseñado todo lo que sabe, está el viajar de una dimensión a otra, coger objetos de otras dimensiones y hacer hechizos sobre ellos que duran poco tiempo. Judith va a hacer su primer viaje interdimensional y, decidida a curar la tristeza de Theodosia, la invita a presenciarlo. En su viaje, llega hasta nuestros días, y, a oscuras, coge unas cuantas revistas, que resultan ser mangas, y regresa. Por curiosidad, decide hacer un hechizo para traer a la vida a uno de los dibujos que aparecen en los mangas. El hechizo funciona, pero, luego, Judith no sabe qué hacer para devolverle de vuelta a su lugar. Incapaz de devolverle, tiene que quedarse allí hasta que logre recordar cómo hacerle desaparecer y una atónita Theodosia se encargará de que intente pasar desapercibido entre los vecinos de la isla y entre la propia familia de ella. Todo ello parece sencillo en medio de semejante desastre. Pero...Las cosas pueden ir a peor.

Cuando pueda, me gustaría reescribirlo. Aunque me dé verdadero pudor por lo disparatado de la historia.

lunes, 19 de enero de 2015

CERCA DEL MANANTIAL

Hola a todos.
Aquí os traigo un nuevo fragmento de mi relato Cerca del manantial. 
Dios mediante, me gustaría terminar esta historia a lo largo de este mes porque siento que ya toca.
Veamos lo que le pasa hoy a Alicia.

                                   Había escuchado en algún lugar que las flores podían ayudar a levantar el ánimo a una persona que estaba triste. Alicia estuvo cortando unas cuantas rosas del jardín. Las colocó en un jarrón que había llenado previamente de agua. Rebeca permanecía sentada en su sillón favorito mirando la chimenea apagada. A pesar de que ya no tenía fiebre, era evidente que la tristeza que la embargaba no la abandonaba.
-¿Cuándo dejará de dolerme?-le preguntó con tristeza a su prima.
-No lo sé, Rebe-respondió Alicia con tristeza similar-No creo que pueda soportar el perder al hombre que amo.
                             El recuerdo de Carlos golpeó la mente de Alicia. Carlos...
                             No lograba quitarse de su cabeza lo ocurrido entre ellos en la ensenada. Su primer beso...
                            El coquetear con los hombres era algo que se le daba a las mil maravillas a Rebeca. En cambio, Alicia siempre había sido la más retraída de las dos. Su padre y su madre la habían sobreprotegido mucho. El vivir en una isla como Montaña Clara había contribuido a forjar su carácter. Pero Alicia era feliz viviendo allí. Habría sido más feliz de no haber conocido nunca a Carlos.
                          Y, sí, había coqueteado con él.
-Ese joven que fue a buscar al doctor Germán te gusta-observó Rebeca-No hace falta que lo niegues. Lo noto en tus ojos.
                         Alicia miró atónita a su prima. Se acercó a ella para sentarse en el brazo del sillón.
                        Rebeca la conocía mejor de lo que había pensado. Podía adivinar lo que pensaba.
                         Cogió la mano de su prima y se la besó.
-¿En qué lo notas?-le preguntó a Rebeca-A lo mejor...No te agrada.
                          Rebeca esbozó una sonrisa triste. Se veía reflejada en Alicia.
                         Los ojos le brillaron a su prima en cuanto mencionó a aquel joven. ¿Cómo se llamaba? No lo recordaba.
-Tía Anabel tiene razón-respondió Rebeca-No puedes tenerle miedo al amor. El hecho de que yo esté sufriendo no significa nada. Amaré siempre a Lucas. Y viviré con el recuerdo de los buenos momentos que he vivido con él.
-No sé si tendré tanta suerte con Carlos-se lamentó Alicia-Me da miedo que le pueda pasar alguna desgracia.
                            Su padre había muerto y su madre había quedado hundida, pero había logrado superar aquella terrible pérdida. Lucas estaba también muerto y Rebeca se estaba muriendo de dolor. Carlos podía correr la misma suerte. Podía ocurrirle alguna desgracia. Y ella se quedaría sola y destrozada. No se sentía capaz de correr aquel riesgo.



                                  Rebeca adivinó lo que su prima estaba pensando.
-A ti no te pasará lo mismo que me ha pasado a mí-le aseguró.
-Eso no lo sabes-le replicó Alicia.
                                Se puso de pie y se alejó del sillón en el que se encontraba sentada Rebeca.
                               No quería amar a Carlos. No podía enamorarse de él sólo para perderlo a continuación. No era tan fuerte como lo eran doña Anabel y Rebeca.
                              Su corazón no lo soportaría.
-Carlos está cansado de luchar-observó Rebeca-Lucas prefirió irse al frente a pelear en lugar de tenerme entre sus brazos. Carlos prefiere sentar cabeza. Se quedará a vivir aquí si tú así lo quieres. Tan sólo debes de darle una oportunidad.
-No puedo-se lamentó Alicia-No puedo hacer eso que me pides.

jueves, 15 de enero de 2015

CERCA DEL MANANTIAL

Hola a todos.
Aquí os traigo un nuevo fragmento de mi relato Cerca del manantial. 
Aunque sea corto, prefiero avanzar así, poco a poco, hasta llegar al final, que es lo que está pidiendo.
¡Vamos a ver lo que ocurre hoy entre Carlos y Alicia!

                                    Alicia salió sola de su casa al día siguiente con la excusa de que iba a por agua al manantial.
-No necesito llevar compañía conmigo-le dijo a su madre-Rebeca necesita descansar. Yo no pienso salir de la isla. Mi doncella y tú os podéis quedar con Rebe. Y cuidarla, que es lo que necesita.
                                Alicia no fue directamente al manantial. Se dedicó a pasear por la isla, intentando no parecer tan descarada. Estaba sorprendida de su propia audacia en lo que se refería a Carlos. Las mujeres decentes no van por ahí buscando a hombres, pensó Alicia.
-Buenas tardes...-la saludó una voz joven y masculina cuando pasaba por la ensenada.
                            Alicia estuvo a punto de caerse al escuchar aquella voz. Era Carlos.
                            Estaba sentado en el suelo, jugando con una diminuta musaraña canaria. Sin embargo, se puso de pie cuando vio a Alicia. Se acercó a ella.
-Hace días que no le veo-le recriminó la joven cuando llegó a su altura.
                           Carlos le cogió la mano y se la besó.
                           Había intentado mantener con Alicia las distancias porque sabía que la joven no tenía la cabeza puesta en romanticismos cuando Rebeca cayó enferma. Había descubierto que Alicia era una joven que se preocupaba por su familia.
                       Al caer Rebeca enferma, Alicia se olvidó de todo y se preocupó en cuidarla. En devolverle la salud. Pero, ahora, Rebeca estaba de nuevo bien.
-¿Cómo está su prima?-quiso saber Carlos.
                        Entonces, Alicia hizo algo que le dejó sin habla.
                        Le estampó un beso en la mejilla.
-Es mi manera de darle las gracias-contestó la joven-Usted fue a Arrecife a buscar al doctor Germán. De no ser por usted, mi prima estaría muerta.
-En ese caso, no me dé las gracias a mí-replicó Carlos, ruborizándose-Déselas al doctor Germán. Él fue el que le salvó la vida a su prima. Yo no hice nada.
-No conoce de nada a mi familia.
-Pero se preocupa usted por su madre y por su prima.
-Es lo que mi padre habría querido. Mi madre intenta ser fuerte y lo consigue. Rebe no está bien.
                               Le costaba trabajo pensar en Rebeca como una joven frágil. Una joven rota de dolor... Siempre había sido la más alegre. La más fuerte...
-¿Tiene familia?-le preguntó a Carlos.
-Tengo dos primos-respondió el joven.
-¿Acaso no les ve nunca?
-La verdad es que hace mucho tiempo que no les veo. Nunca estuvimos muy unidos que digamos.
                             Era la primera vez que Carlos le hablaba a Alicia de su vida familiar. Fue una sensación amarga. Sin embargo, se sintió cómo hablando de su familia con aquella joven.
                            Era cierto que casi no la conocía. Pero, a pesar de todo, sentía en su interior el deseo de protegerla.



                              Sin darse cuenta de lo que estaba haciendo, Carlos se fue acercando cada vez más a Alicia.
                               Cuando la joven quiso darse cuenta, los labios de Carlos estaban posados sobre sus labios. Y, para su sorpresa, acabó correspondiendo a aquel beso que estaba cargado de dulzura.

miércoles, 14 de enero de 2015

CERCA DEL MANANTIAL

Hola a todos.
Aquí os traigo un nuevo fragmento de mi relato Cerca del manantial. 
En esta ocasión, seguimos muy de cerca a nuestra protagonista, a Alicia.
Me encantaría poder terminar esta historia a lo largo de todo este mes.
De momento, vamos a centrarnos en lo que le ocurre a Alicia.

                                Por lo general, lo que más le gustaba del desayuno a Alicia es poder dar cuenta de su taza de leche caliente con gofio. El gofio consiste en harina no cernida de cereales tostados y su apariencia es similar a la harina blanca, pero con un color más amarillento.
                              Sin embargo, Alicia no tenía hambre. La noche anterior, había dormido muy poco. Le sorprendió ver a Rebeca sentada a la mesa del desayuno.
                             Su prima tampoco tenía hambre. Doña Anabel le dio un mordisco a su tostada untada con mermelada de frambuesa. Miró a su hija y a su sobrina con preocupación.
-Si no comes, acabarás enfermando tú también-le aseveró a Alicia.
-¡Tengo hambre!-mintió la chica.
                             Rebeca trató de disimular una sonrisa. Su prima no podía engañarla.
-Me temo que el amor también ha llegado a tu vida-observó con tristeza.
                            Al escuchar aquellas palabras, Alicia se puso roja como la grana.
                            Rebeca le dio un beso en la mejilla.
                            Alicia no quería pensar en Carlos. Hacía ya varios días que no le veía. Se decía así misma que quería verle porque debía de darle las gracias. Había ido a buscar al doctor Germán a Arrecife y éste había curado a Rebeca.
                          Su prima se encontraba mejor gracias a él. Alicia no quería pensar en que pudiera estar enamorada de Carlos.
-Enamorarse es sólo una fuente de problemas-replicó la chica-No olvido lo que acabas de pasar.
-Lucas está muerto-se lamentó Rebeca.
                           Luchó por no echarse a llorar al pensar que nunca más volvería a ver a su amado Lucas. Doña Anabel se puso nerviosa.




-Y lo que tienes que hacer es empezar a pensar en otra cosa-sugirió doña Anabel, dirigiéndose a su sobrina-A Lucas no le gustaría verte en ese estado. Tienes que empezar a mirar hacia delante. Aunque te cueste trabajo. Sé lo que es perder al hombre que amas.
                           Rebeca suspiró hondo.
-¿Tú querías a mi padre?-se asombró Alicia.
-Puede que sea algo seca, pero yo quería muchísimo a tu padre y él, a su vez, también me quería del mismo modo-contestó doña Anabel-Puedo entender por lo que está pasando tu prima. Pero eso no significa que tú también vayas a sufrir, hijita. Tienes derecho a enamorarte. Y el mundo está plagado de buenos hombres.
-No creo que pueda ser capaz de entregar mi corazón a un hombre en estos momentos.
-No seas cobarde en lo que se refiere al amor, hijita.

lunes, 12 de enero de 2015

UN CABALLERO PERFECTO

Hola a todos.
Aquí os traigo un pequeño fragmento de mi relato Un caballero perfecto. 
Charles no oculta su deseo de convertir a Martha en su esposa. Y Bárbara parece tomar una decisión.
¡Vamos a ver lo que pasa!

                                    Desde la tarde en la que Charles habló con Bennet, algo cambió en él.
                                    Todas las tardes, iba a buscar a Martha a su casa para salir a dar un paseo. Los padres de la joven eran los primeros que estaban sorprendidos.
                                    De algún modo, Charles ya no sentía miedo ni de nada ni de nadie.
                                    Y pregonaba a los cuatro vientos que era Martha el amor de su vida.
                                    La mujer con la que quería pasar el resto de su vida. Hacerse viejo a su lado.
                                    Sin embargo, no se olvidaba de las Woolf. Ante los ojos de la sociedad, seguía siendo miembro de aquella familia. El negocio de construcción de mister Woolf todavía no había sido vendido. Sin embargo, se encontraba en la quiebra.
                                   Charles se hizo cargo de él. Mientras, tanto mistress Woolf como sus hijas se iban acostumbrando poco a poco a vivir en aquella isla.
                                   Phoebe echaba de menos su vida en Londres. Y Lauren no se sentía cómoda sabiendo que Charles no era realmente su hermano.
                                  Las dos echaban de menos la temporada social en Londres. Sin embargo, sufrían al pensar que sus posibilidades de hacer un buen matrimonio se habían esfumado. Tanto Phoebe como Lauren estaban confusas. Era Charles quien se estaba encargando de sacarlas adelante. El mismo Charles al que ambas habían despreciado en el pasado.
                               Y les dolía pensar que su adorado Anthony había sido quién había llevado a la familia a la ruina.
                   
                               Ver a Martha y a Charles paseando juntos se les hacía raro a Daphne y a Bárbara. Especialmente, se le hacía raro a Daphne. Bárbara, en cambio, tenía la mente puesta en otra parte. Daphne estaba más tranquila.
                            Poco a poco, había ido recuperando algo de peso. El color había regresado a sus mejillas. Todas las lágrimas que había derramado por Anthony habían sido una pérdida de tiempo por un hombre que nunca la había querido. Y también había sido una pérdida de tiempo haber odiado a Charles cuando éste sólo quería ayudarla.
                         También ellas habían salido a pasear. Estaban muy cerca de donde estaban Charles y Martha. Pero procuraban no molestar. Daphne se sentía rara.
                          Era feliz viendo que Martha era feliz.
-No me quiero casar-anunció Bárbara de improviso.
-¿Qué estás diciendo?-le preguntó Daphne, mirándola con asombro.
-Si mi vida conyugal se va a parecer a esto, prefiero no casarme. Hace semanas que ni veo a mi prometido ni sé nada de él. Y sospecho que me mintió cuando me dijo que se iba a Edimburgo. Puede que esté en las Highlands. No lo sé.
                         La voz de Bárbara estaba a punto de quebrarse. Pero la joven estaba bastante entera.
-Me temo que mi padre se llevará un disgusto cuando se lo cuente-se lamentó Bárbara.
-¿Qué sientes por tu prometido?-quiso saber Daphne.
-Pensé que podía llegar a quererle. Pero él no me quiere. Y yo no quiero estar atada a un hombre que jamás me querrá y al que nunca llegaré a querer. Sería un suplicio para mí. Yo quiero ser como Martha. Yo quiero casarme por amor con un hombre que me ame de verdad.
                          En aquel momento, Charles y Martha se detuvieron.
                          Ajenos a la presencia de Daphne y de Bárbara, la pareja se fundió en un beso cargado de amor y de pasión a partes iguales.
                          Los ojos de Daphne se llenaron de lágrimas al presenciar aquella escena. Podía entender lo que decía Bárbara. Su prima pedía ser amada.
-Te entiendo-afirmó Daphne-Me casé con Anthony porque estaba enamorada de él. Pensaba que mi amor era correspondido por su parte. Me equivoqué.
-Todos hemos cambiado en este tiempo-observó Bárbara-Ya no odias a tu cuñado.

 

                                     Era verdad. Daphne ya no sentía odio alguno hacia Charles. Tenía la sensación de que toda su vida había sido un completo desperdicio. En el fondo, se alegraba de saber que Charles amaba a su prima Martha. La muchacha siempre había sido como una hermana pequeña. Merecía ser feliz y Charles podía hacerla feliz.
-Es un buen chico-opinó Daphne con sinceridad-Es honesto. Y gentil...

sábado, 10 de enero de 2015

CERCA DEL MANANTIAL

Hola a todos.
Aquí os traigo un nuevo fragmento de mi relato Cerca del manantial. 
Es bastante cortito.
A lo largo de este año, me gustaría terminar, además de este relato, mis relatos Un caballero perfecto y Aprendiendo a amarte. Aunque es más que probable que este año acabe Cerca del manantial y Un caballero perfecto. 
Este fragmento está centrado en el personaje de la protagonista, Alicia.
¡Vamos a ver lo que le ocurre!

                                Por primera vez desde que Rebeca cayó enferma, Alicia se acostó en su cama.
-Tu prima va a estar bien atendida, cariño-le prometió su madre, doña Anabel, cuando fue a arroparla.
-Despiértame si se pone peor-le pidió Alicia-Rebe necesita que estemos pendientes de ella.
-Tu prima nunca debió de haberse enamorado de un soldado. Es igual que tu padre. Igual que tu tío...
                         Doña Anabel salió de la habitación de su hija.
                         Alicia permaneció acostada en su cama. A pesar de lo cansada que estaba, no tenía sueño. Tenía demasiadas cosas en las que pensar.
                         Pensó en Carlos. Hacía varios días que no le veía.
                        Le echaba de menos. Le gustaba mucho hablar con él.
                        Y no sólo le gustaba hablar con él. También le gustaba hablar con Carlos. Se sentía a gusto con él. Se sentía cómoda.
                        Es algo más, pensó Alicia maravillada. No sabía qué podía ser.
                        En el fondo, sí sabía de qué se trataba. Pero le daba mucho miedo admitirlo en voz alta.
                        ¿Acaso no estaba viendo cómo Rebeca estaba sufriendo por culpa de la ausencia de Lucas? ¿Acaso quería terminar sufriendo igual que estaba sufriendo Rebeca?
                        Enamorarse de Carlos. Admitir que estaba enamorada de Carlos podía equivaler a sufrir por amor. Alicia debía de mantenerse suerte porque Rebeca la necesitaba.
                        Además, posiblemente, Carlos no tardaría mucho tiempo en irse de Montaña Clara. La dejaría sola.



                          Finalmente, se quedó dormida. Sin embargo, el sueño de Alicia fue intranquilo. Muchas cosas pasaron por su mente. Pensó en la tragedia que había ocurrido en Arrecife. En el drama de amor que estaba viviendo Rebeca. En el amor que empezaba a sentir hacia Carlos.