martes, 24 de diciembre de 2013

"EL PRIMER BESO DE AMOR", DE LORD BYRON


Hola a todos. 
Ya sé que había prometido que estaría sin dar señales de vida en ninguno de mis blogs hasta después de Reyes. 
Sin embargo, antes de empezar con los preparativos de la cena de hoy, Nochebuena, una noche para estar con los seres queridos, para cantar villancicos, de celebración y de alegría, he querido compartir con vosotros este poema. 
Se llama El primer beso de amor y su autor es lord Byron, uno de los poetas más célebres de Inglaterra a principios del siglo XIX. 
Famosa es su escandalosa vida y su amistad con otro poeta con el que compartió toda clase de vivencias a cual más escandalosa, como lo es Percy B. Shelley, así como también es conocida su historia de amor con la hermanastra de Mary, pareja de Shelley, la autora de la famosa y aterradora novela Frankenstein. 
Aquí os dejo con este poema. 
¡Ojalá disfrutéis de una noche llena de paz, de alegría y de felicidad! 

Ausente con tus ficciones de endebles romances,
Aquellos harapos de falsedad tejidos por la locura;
Dadme el espíritu fugaz con su débil resplandor,
O el arrebato que habita en el primer beso de Amor.
Si, poetas, vuestros pechos con fantasías brillarán,
Aquella pasión en la arboleda danzará con ardor;
Y de la bendita inspiración vuestros sonetos fluirán,
¿Pero podrán alguna vez saborear el primer beso de amor?
Si Apolo debe rehusar su asistencia,
O las Nueve dispuestas están a tu servicio;
No las invoquéis, decidle adiós a las Musas,
Y prueba el efecto del primer beso de amor.
Los odio, y odio vuestras frías composiciones,
Aunque el prudente me condene,
Y el intolerante lo repruebe;
Yo abrazo las delicias que brotan del corazón,
Cuyos latidos y alegría son el primer beso de amor.
Vuestros pastores y sus rebaños, aquellos temas fantásticos,
Tal vez puedan divertir pero nunca conmoverán.
Arcadia se despliega como un sueño de bello color,
¿Pero cómo podría compararse con el primer beso de amor?
¡Oh, cesad de afirmar que el hombre, desde que surgió
Del linaje de Adán, ha luchado contra la miseria!
Algunas parcelas del Cielo vibran en la Tierra,
Y el Edén resurge con el primer beso de amor.
Cuando los años hielen la sangre, cuando nuestros placeres pasen,
(Flotando durante años en las alas de una paloma)
El recuerdo más amado será siempre el último,
Nuestro monumento más dulce, el primer beso de amor.




sábado, 21 de diciembre de 2013

UN CABALLERO PERFECTO

Hola a todos.
En el fragmento de hoy, Charles y Martha siguen viéndose.
Algo empieza a nacer entre ellos.

                           El castillo de los Lennox todavía estaba de pie.
                           Martha y Charles se encontraron de nuevo junto al castillo.
                            Era ya tarde y había pasado ya la hora del té. Martha había salido de su casa poniendo una excusa.
                           Charles era consciente de que le estaba pidiendo demasiado a Martha y que la joven estaba arriesgando mucho por ayudarle.
                            Le estrechó la mano cuando la vio llegar y se la llevó a los labios.
-Mi familia acabará enterándose de que me estoy viendo con usted-se inquietó Martha-No creo que me lo perdonen nunca. Seré franca con usted, Charles. Mi prima le odia. Sé que no tiene motivos para odiarle. Pero piensa que usted es el culpable de la muerte de su marido.
-No es la única que me culpa de ello-se lamentó Charles.
-Fue un accidente. Deje de torturarse por eso.
-Tony era mi hermano, Martha. Debí de haber hecho algo más por él. Aún a costa de haber muerto con él.
                           Martha paseó nerviosa. Charles se puso a su lado para caminar. La suave brisa que soplaba movía la falda del vestido de Martha.
-Es demasiado amable conmigo-afirmó Charles-Y no creo que me lo merezca.
                         Martha pensó que su vida había cambiado desde que Daphne se comprometió con Anthony. El día de su boda, su prima parecía una Princesa sacada de un cuento de hadas.
-Ocurrió algo ese día-observó Martha-Puede contármelo.
-No se lo creería-admitió Charles.
                     El vestido que llevaba puesto Martha aquel día era de color blanco. Había algo en ella que le parecía a Charles casi angelical. Pero era humana. Con aquel cabello de color negro recogido en un moño... Martha era una especie de ángel y de mujer a la vez.



-Me temo que le da miedo decírselo a Daphne-observó Martha-Teme que ella no le crea. Tony le dijo algo antes de caer al agua. Algo relacionado con su matrimonio con mi prima, ¿no es así?
                       Charles se acercó a Martha y le dio un beso en la frente.
-Mi hermano no era ningún Santo-admitió el joven-El matrimonio no cambió nada a Tony. Seguía con su vida de juergas y de mujeres. Daphne lo sabía. Pero prefería tener los ojos cerrados. Cuando se quedó embarazada, pensó que aquel niño haría cambiar a Tony. De la misma manera que había creído que el matrimonio le haría cambiar. No fue así.
-Recuerdo cuando Daphne anunció que estaba embarazada-comentó Martha-Todos nos alegramos muchísimo por ella. Pero...Tony...A él no le vi tan ilusionado como lo estaba ella.
                      Muchas ideas pasaron por la mente de la chica. Buscó respuesta en los ojos de Charles.
-Dígame la verdad, por favor-le imploró.
-Tony me citó a orillas del riachuelo porque estaba furioso y necesitaba desahogarse con alguien-relató Charles-No quería ser padre y no estaba enamorado de Daphne. Cuando se casó con ella, lo hizo por dos motivos. Daphne era una joven decente y se resistía a convertirse en su amante. Además, estaba su dote. Tu tío, que en paz descanse, era uno de los hombres más ricos de Escocia. Tony tenía deudas de juego. Cuando unos matones amenazaron a nuestra madre, ésta decidió que no quería seguir ayudándole económicamente.
-¡Eso nunca se lo contó a mi prima!
-Tony no soportaba más a Daphne porque decía que, desde que se quedó embarazada, había perdido todo el deseo que sentía por ella. Además, Daphne y él no hacían gran cosa en la cama. Tu prima estaba muy enamorada de él. Pero...Tony tenía una amante en Edimburgo. Pensaba enviar a Daphne a la casa solariega que nuestra familia tiene en las afueras de Mallaig. Y él se quedaría a vivir en Edimburgo. Iría a verla de vez en cuando, pero no quería preocuparse por ella. Ni por ella...Ni por el bebé...
-¡Cielo Santo!
-Yo me enfadé con Tony y discutimos. Siempre fue un irresponsable. Pero lo que pensaba hacerle a tu prima era una canallada. Tony resbaló y cayó al río. El resto ya lo sabes.
                     Martha estaba conmocionada. Daphne había idealizado el recuerdo de su amado esposo. Pero jamás se había sincerado con nadie acerca de cuál era la verdadera relación que mantenía con él. Prefería pensar que su marido había muerto amándola. Charles se dio cuenta de que Martha estaba aturdida. La envolvió en un abrazo protector.
                     Se separaron. Los ojos de color negro de Martha se posaron sobre sobre los ojos de Charles.
-Daphne tiene que saberlo-dijo la joven.
                     Charles acarició con la mano la cara de Martha. Se sentía extraño al tener sus brazos rodeando la cintura de la chica.
-Martha...-susurró Charles.
                        Casi sin darse cuenta, sus labios se posaron sobre los labios de la joven. Martha se sorprendió. Era algo que no se había esperado. Mi primer beso, pensó Martha. Charles la besó con suma dulzura. Con ternura...Se separaron. Martha estaba toda ruborizada. Charles no se atrevía a mirarla a los ojos.
-Lo siento mucho-se excusó el joven.
-No pasa nada-contestó Martha.
-Martha...Yo...
-Le ruego que no siga, Charles. Se lo repito. No pasa nada.
                    Martha se alejó casi corriendo de él.

viernes, 20 de diciembre de 2013

UN CABALLERO PERFECTO

Hola a todos.
El fragmento de hoy de Un caballero perfecto es un poco más corto que de costumbre.
Al tratarse de un relato más bien corto, espero que haberlo terminado la semana que viene.

                       Martha se despertó en mitad de la noche al escuchar el sonido de unas piedrecitas golpeando la ventana de su habitación.
                        Se puso de pie de un salto. Se acercó corriendo a la ventana y abrió los cristales.
-¿Quién anda ahí?-preguntó casi a gritos.
                        Bajó la vista. Se fijó en que Charles estaba en el jardín. Martha se preguntó si aquel joven se había vuelto loco.
-No se asuste, Martha-respondió Charles-He venido para hablar con usted. Lamento que tenga que ser a estas horas de la noche.
-Voy a tener que rogarle que se vaya-le pidió Martha, nerviosa-Va a conseguir que toda mi familia se levante.
-¿Ha hablado ya con Daphne?
-Intento hablar con ella. Pero tiene que hacer un esfuerzo en entenderla. Está destrozada. Yo me solidarizo con usted. Pero también pienso en ella.
-Lo sé, Martha. Y le ruego que me perdone por venir a molestarla.
-Le aseguro que estoy haciendo todo lo que puedo.
                     Martha se apartó de la ventana al escuchar ruidos de pasos en el pasillo.
-¿Con quién estás hablando, hermana?-oyó preguntar a Bárbara.
                    Martha se apartó de la ventana. Fue corriendo a acostarse.
                    Bárbara entró en la habitación de su hermana menor. Venía atándose la bata.
-Te he oído hablar con alguien-dijo la joven-¿Con quién era?
-Con nadie...-contestó Martha.
                     Barbará frunció el ceño. Había oído el sonido de las piedrecitas golpeando un cristal. Y había oído también la voz de su hermana hablando con alguien.
-¿Quién ha venido?-inquirió Bárbara-Me lo puedes contar. Puede que algún joven caballero esté interesado en ti. Pero no me agrada que venga a rondarte en mitad de la noche.
-Eran unos gamberros-contestó Martha, sintiéndose mal por estar mintiéndole a su hermana-Se han ido ya. Cuando me he asomado, ya no estaban. Además...Nadie me corteja.

jueves, 19 de diciembre de 2013

UN CABALLERO PERFECTO

Hola a todos.
Hoy, el fragmento de Un caballero perfecto es un poco más corto que de costumbre.
Vamos a ver cómo Martha intenta interceder por Charles ante Daphne.

                       Martha bordaba un mantel que formaría parte del ajuar de bodas de Bárbara.
                       Toda la familia estaba reunida en el salón. Henry estaba leyendo el periódico. Cynthia estaba tejiendo una manta. Bárbara estaba leyendo un libro. Y Daphne miraba con tristeza la chimenea encendida.
                          Pero Martha estaba pensativa.
                         ¿Qué puedo hacer?, se preguntó así misma. ¿Qué le digo yo a mi prima sin herirla?
-El tiempo cura todas las heridas-comentó en voz alta.
-Te equivocas-replicó Daphne-Hay heridas que nunca cura el tiempo. El dolor nunca se va.
-¿Por qué dices eso?-se interesó Henry.
-Me preocupo por Daphne, papá-contestó Martha-No puede vivir toda la vida atormentada por el dolor y por la rabia. No es bueno para ella. Y me apena verla sufrir.
-He perdido a mi marido y he perdido a mi hijo-le recordó su prima-No me pidas que deje de sufrir. ¡No puedo!



                     Martha se sintió frustrada. Le iba a costar mucho trabajo intentar ayudar a Charles. Pero también quería ayudar a su prima. Daphne estaba destrozada. Pero Charles no tenía la culpa de la pérdida de su hijo. Y también pensaba que estaba culpando a Charles sin conocer lo ocurrido realmente aquella funesta tarde. ¿Acaso había intentado hablar con él después del funeral de Anthony? Daphne ya había decidido juzgar a Charles. Y le había declarado culpable por la muerte de su marido. Y por el aborto que había sufrido.
                    Cynthia miró a su sobrina.
-No llores, querida-le pidió-Pero Martha tiene razón. Tienes que empezar a dejar atrás el pasado.
-Tía Cynthia...-balbuceó Daphne.
                   El mayordomo hizo acto de presencia en el salón. Portaba un ramo de flores que venía a nombre de la señorita Bárbara Kendix.
-¡Son preciosas!-exclamó Martha al ver las flores.
                   El mayordomo le tendió el ramo a Bárbara.
-Son margaritas-observó Daphne-¡Tus flores favoritas, prima!
-¡Me las ha regalado lord Dennison!-se entusiasmó Bárbara.

                      La familia dio cuenta de un souffle de chocolate como postre a la hora de la cena. El rostro de Bárbara estaba iluminado.
-Prima, tienes que estar bien cuando yo me case con lord Dennison-le advirtió a Daphne-Quiero que seas mi dama de honor junto con Martha. ¡Y quiero que bailes el vals! Eres una excelente bailarina. Lord Dennison querrá casarse conmigo lo antes posible. Lo sé. El ramo de margaritas que me ha enviado es una señal de ello.
-Espero que tengas razón-admitió Cynthia-No tengo nada que objetar en contra de ese hombre. Me parece un partido excelente. Pero no me gusta que esté dando largas a poner fecha para la boda.
-Una boda es una señal de futuro-afirmó Martha.
-Se abre un futuro esperanzador para mí-sonrió Bárbara.
-Y tiene que abrirse un futuro esperanzador para todos.
-Prima...-murmuró Daphne.
                  En aquel momento, la criada irrumpió en el comedor. Le dijo a Martha que debía de salir fuera. La chica se puso de pie y salió con ella.
                  La criada le tendió una carta.
-Me la ha entregado un caballero-le informó-Es muy elegante. Pero le he visto muy triste.
-Gracias...-dijo Martha.
                   La criada se retiró. Martha se sentó en un escalón de la escalera. Rasgó el sobre que contenía la carta. Lo abrió. Extrajo la carta. La leyó.
                   Se ha vuelto loco, pensó Martha asombrada. ¡Está loco!

                    Le agradezco de corazón que quiera ayudarme, señorita Kendix. 
                   Confío plenamente en usted. 
                   No quiero contarle todo lo que estoy pasando. Sufro todos los días. Intento no pensar en nada. 
                    Pero no hago otra cosa más que recordar. Me cuesta trabajo conciliar el sueño por las noches. Sufro pesadillas. 
                    Quiero abandonar el país y tratar de olvidar. Pero no puedo hacerlo. 
                    Antes, quiero conseguir el perdón de su prima. Es ella quien tiene que dejar que siga adelante. Su perdón me hará libre. 
                   Pero soy consciente de que es muy difícil de conseguir. 
                      

miércoles, 18 de diciembre de 2013

UN CABALLERO PERFECTO

Hola a todos.
Hoy, seguimos con un nuevo trozo de Un caballero perfecto. 
Seremos testigos de un nuevo encuentro entre Charles y Martha. ¡Vamos a ver qué pasa!

                              Martha se dirigió al pabellón de caza de los duques de Montrose. Llevaba consigo una nota de Charles en la que la citaba allí.
                              Se encontrarían fuera del pabellón.
                             Cuando Martha llegó, Charles la estaba esperando desde hacía poco tiempo. De algún modo, el joven pensaba que la prima de su cuñada le ayudaría a arreglar las cosas con ella. Sin embargo, intuía que Martha tenía miedo de acabar metida en un buen lío.
                        Charles se acercó a ella. Le cogió la mano. Se la besó. Sentía que Martha podía ser una pieza clave en su vida. En el caos en el que que se había convertido su vida. Caminaba sin rumbo fijo. Sin saber qué hacer.
-Seré breve-le dijo Charles en cuanto la vio llegar-Necesito que le hable a Daphne de mí.
-Está perdiendo su tiempo-le aseguró Martha.
-No le estoy pidiendo que me arregle un encuentro con ella. Tan sólo quiero que le hable de mí.
-Le sugiero que le dé tiempo a mi prima, señor Woolf. No va a conseguir nada de ella.
                          Charles se dijo así mismo que Martha tenía razón. Daphne estaba rota en todos los aspectos. Y él estaba obrando de un modo muy egoísta al perseguirla para conseguir su perdón. Pero no podía hacer otra cosa.
                        Había intentado beber para olvidar. Sin embargo, era inútil. A la resaca del día siguiente, se le unían los recuerdos.
                         No estaba hecho para beber como bebía Anthony. Su propio hermano se lo había advertido.
-Me dice que siga con mi vida-dijo Charles con gesto apesadumbrado-¡Pero es inútil! Si cierro los ojos, puedo ver cómo la corriente se lleva a mi hermano.
                        Se fijó en Martha. Aquella chica estaba arriesgando mucho al acudir a su encuentro para ayudarle y aconsejarle. Sentía que podía confiar en ella.
                       Recordó cuando la conoció y la trató en Glencoe. Le había parecido una joven serena. Que no se sobresaltaba con nada. Era inteligente. Y también era hermosa.



                     Martha era la representación de lo que debía de ser la bondad. La pureza...Y, aún así, quería ayudarle.
-Le hablaré a Daphne de usted-decidió la joven.
-¿Haría eso por mí?-se maravilló Charles.
                      Martha asintió.
-Es usted digno de lástima-observó-Ha sufrido mucho. Quizás...Ha sufrido igual que mi prima.
-Martha...-balbuceó Charles, maravillado-Yo...¡No sé qué decir!
                       Martha esbozó una trémula sonrisa.
-Intente ser fuerte-le sugirió-No puedo pedirle más.
                        Martha se puso en la piel de Charles y tuvo la sensación de que no sería capaz de superar la muerte de Bárbara. Sobre todo, si se culpaba así misma de su muerte. Charles había perdido a su hermano mayor. Debía de vivir con aquel peso sobre sus hombros. Pero estaba convencida de que él no había tenido la culpa.
                      Sentía sobre sí la mirada de Charles. Casi sin darse cuenta, se puso roja como la grana.
-Tengo que irme-le anunció.
                     Se acercó a Charles y, movida por un impulso, le dio un beso en la mejilla.
-Ya le contaré mis progresos-le comunicó.
                    Charles la vio alejarse con gesto maravillado.
-Adiós...-murmuró-Suerte...
                    Martha era un poco menor que Daphne. Su cabello de color negro lo llevaba recogido en un moño. Cuando la conoció, su rostro estaba iluminado por una sonrisa amplia y encantadora. Le había recordado a un hada.

martes, 17 de diciembre de 2013

UN CABALLERO PERFECTO

Hola a todos.
En el fragmento de hoy de Un caballero perfecto, la certeza de que Charles sigue en la isla incomoda mucho a Martha.
¡Vamos a ver lo que pasa!

                        Las tres primas estaban en el salón dando cuenta de una taza de té cada una. Bárbara y Martha habían decidido ocultarle a Daphne que Charles seguía en la isla. Era lo mejor para todos.
                         Bárbara estaba emocionada. Martha pensó que su hermana estaba excesivamente emocionada. Estaba preparando su ajuar de bodas. Su sonrisa era, en opinión de Martha, falsa.
-Estoy muy contenta-afirmó Bárbara-Mi vestido de novia será de color blanco. Sólo me falta fijar la fecha de la boda. Pero eso depende de lord Dennison. ¡Y llevaré un ramo de azahar!
-¿Y qué dice él?-inquirió Martha.
-Está ocupado. Piensa que es uno de los hombres más ricos de toda Gran Bretaña. Padre me ha buscado un buen marido.
-¿En qué está ocupado?-quiso saber Daphne.
-Os recuerdo a las dos que mi prometido es inglés-contestó Bárbara-Forma parte de la Cámara de los Lores. Tiene un escaño en el Parlamento. Viaja mucho a Londres. Y yo me quedo aquí. Y le espero. No puedo hacer otra cosa hasta que no estemos casados.
                     Martha frunció el ceño.
                     Bebió un sorbo de su taza de té.
                     Pensó en lo que había visto el día antes durante el paseo. El hombre que estaba en aquella casa en ruinas. Bárbara tenía razón. Era Charles. Martha estaba casi segura de que se trataba del cuñado de su prima.
                     Aún así, se resistía a creerse que Charles Woolf siguiera en la isla. Debió de haberse marchado cuando intentó hablar con Daphne. La noche anterior, Martha había dormido muy poco. Se había pasado toda la noche pensando en Charles. El cuñado de Daphne quería hablar con ella. Quería conseguir su perdón.
-¿En qué estás pensando, Martha?-le preguntó Bárbara-Tú vas a ser mi dama de honor.
                   Pero la aludida no estaba pensando en la boda de su hermana mayor. Tengo demasiadas cosas metidas en la cabeza, pensó Martha.
-Lo que nuestra Martha necesita es un pretendiente-opinó Bárbara-No hay muchos caballeros adinerados en esta isla. Ya tiene dieciocho años. No ha tenido una puesta de largo. Nunca ha sido cortejada. Lo que va a hacer padre es buscarte un buen marido. Ya lo ha hecho conmigo.
-Es cierto-corroboró Daphne-No he visto todavía a ningún caballero venir a verte. No ha tenido la oportunidad. Y me da mucha pena. Perdona que te hable así. Pero es cierto. Es una especie de prisionera en esta isla. No es justo para ella.
-No me importa-afirmó Martha-¡De verdad!
                    Unos pocos caballeros apenas habían besado su mano.
                     Miró a Bárbara. Su hermana poseía una belleza impresionante. Por eso, había logrado captar la atención de lord Dennison. Cuando aquel hombre iba a casa a visitarla, se comportaba con corrección. La saludaba dándole un beso en la mejilla. Siempre traía algún detalle para ella. Una vez, se atrevió a besarla en los labios. Fue un beso suave. Bárbara le confesó a Daphne que no había sentido nada.
-Te tiene que importar-insistió Bárbara-Piénsalo bien, hermanita. Eres lo que todo un caballero desea como esposa. Eres recatada. Eres sumisa. Eres virtuosa. Te comportas con corrección en todo momento. ¡Nosotras te admiramos!
-Ya...
-¿Te parece poco? Además, padre piensa darte una buena dote.



               Bárbara cogió una pasta que había en un platito. Le dio un mordisco. Bárbara echó un terrón de azúcar a su taza de té. Lo removió.
-¿Tú estás contenta con tu compromiso?-le preguntó Martha-¿Estás enamorada de lord Dennison? Padre no está aquí. A mí me lo puedes contar.
-Es un hombre rico y honorable-respondió Bárbara-Pienso que podría ser muy feliz a su lado.
-¿Y qué pasa con el amor?
                   Daphne bebió un sorbo de su taza de té mientras escuchaba hablar a sus primas. No tenía hambre. Se le había cerrado el estómago. Su vientre estaba vacío. Ya no crecería ningún bebé en su interior. Todos los planes que tenía al lado de Anthony. Envejecer juntos. Eso nunca ocurriría.
-Vamos a cambiar de tema-sugirió Bárbara.
-No me has contestado-le recordó Martha.
                  Su hermana mayor la ignoró.
-Hace mucho frío-comentó-¿Está la puerta abierta? La chimenea está encendida. ¿Por qué no viene la criada a darle fuelle para avivar el fuego?
                  Martha respiró hondo. Esperaba la reacción de Bárbara.
                  También ella sentía frío.
                  Pensó en lo que había visto en la casa abandonada. Quiso convencerse así misma que había sido fruto de su imaginación. Sin embargo, sabía que eso no era cierto. Había alguien viviendo en aquella casa abandonada. Y ese alguien podía ser Charles.
-Debería dormir más-comentó Martha en voz alta-Veo cosas raras. Es sólo eso. Nada más...Cosas... Que...Que no debería ver. Y eso...
-¿Qué estás diciendo?-indagó Bárbara.
                 Martha respiró hondo.
                 Recordó la conversación que había mantenido con Bárbara.
                 Charles Woolf podía estar viviendo en la isla. Quería conseguir a toda costa el perdón de Daphne. Si intentaba hablar con su prima, sería nocivo para ésta. Daphne debía de dejar atrás su pasado.
                    Daphne tuvo la sensación de saber a lo que se estaba refiriendo su prima. De algún modo, pensaba lo mismo que pensaba ella. Había alguien viviendo en la casa abandonada. Alguien que se parecía mucho a su cuñado Charles.
                   Henry y Cynthia entraron en el salón. Venían de hacer una visita a unos amigos. Martha cogió una pasta. Le dio un mordisco. Pero, en realidad, no tenía mucha hambre. Removió su taza de té. Le temblaban las manos.
-Hola, mamá-saludó.
-¡Un grupo encantador!-exclamó Henry sonriente.
-Os veo entretenidas-observó Cynthia-¿De qué estáis hablando?
-De nada en concreto...-contestó Daphne-De cualquier tema...Por lo menos...No pienso. No pienso en nada. En...Todo lo que me ha pasado. Es muy duro. Y...
-¡Oh, Daphne!-exclamó Bárbara-¡No estés triste! No me gusta verte llorar.
                     Abrazó a su prima. Le dio un beso en la mejilla. Le dolía ver triste a Daphne.
                     Cynthia se sentó en el sofá.
-Tenemos que hacer algo para animarnos-propuso Henry-No quiero ver caras largas en esta casa. Estamos muy tristes.
                 Martha se ofreció a tocar el arpa. Conocía una melodía que era bastante alegre. Antes de ponerse de pie, se inclinó sobre Daphne. Le dio un beso en la mejilla intentando animarla.
                   Poco después, mientras interpretaba una pieza con el arpa, una extraña sensación se apoderó de Martha.
                    Se le puso la piel de gallina.
                   Tuvo el presentimiento de que alguien la estaba mirando. Se dijo así misma que era sólo imaginación suya. Pero, por el rabillo del ojo, creyó ver algo a través del cristal de la ventana del salón. Ahogó un grito. Dejó de tocar el arpa de manera abrupta.
-¿Qué pasa?-inquirió Cynthia.
-Yo...-contestó Martha-He olvidado cómo sigue.
                 Le temblaba la voz.
-Voy a salir a tomar el fresco-anunció.
                   Agradeció el salir fuera.
                   Iba a descubrir lo que quería Charles.
                   Dio la vuelta hasta llegar a la parte trasera.
                   Entonces, le vio de pie frente a ella. Martha se acercó con paso firme hasta él. No entendía lo que quería. ¿Acaso no se daba cuenta de que su sola presencia le hacía daño a Daphne?



-Señorita Kendix, le juro que no es mi intención asustarla-le aseguró-Pero sólo quiero hablar con su prima. La muerte de Tony pesa sobre mi conciencia. Usted no sabe por lo que estoy pasando. Mi familia me repudia. La gente que conocía me ha dado la espalda. Todo el mundo piensa que soy el culpable de la muerte de Tony. Y, quizás, tienen razón. No pude salvarle la vida.
-Debería marcharse lejos, señor Woolf-le sugirió Martha-Podría empezar de cero en otra parte.
-¿Y cree que eso me ayudaría?
-Debería de pasar página y seguir adelante con su vida. Yo no puedo hacer más nada por usted que aconsejarle.
-Me iré, de acuerdo. Pero quiero hablar con Daphne antes. Intente que ella acceda a hablar conmigo, señorita Kendix.
                     Martha negó con tristeza.
                     Veía dolor reflejado en los ojos de Charles. Aquel hombre estaba viviendo un auténtico calvario.
                      Se sentía muy solo.
                      Charles sufría pesadillas. Veía una y otra vez a Anthony siendo arrastrado por la corriente. Luchaba por llegar hasta él. Pero sólo podía ver cómo la corriente se llevaba a su hermano. Cómo lo alejaba de él.
-La muerte de Tony fue un accidente-afirmó Charles-Es cierto que discutíamos mucho. Pero yo lo quería. Para mí, era un héroe. Deseaba ser como él.
-Tengo una hermana mayor, señor Woolf-dijo Martha-Sé lo que siente.
-Me gustaría haber muerto yo en lugar de Tony. Mi hermano tenía toda la vida por delante. Iba a ser padre. Y amaba a su mujer.
-A veces, no entendemos el porqué la vida nos somete a duras pruebas-Martha suspiró hondo-Sólo sabemos que debemos de estar preparados para hacerle frente.
                     Charles cogió las manos de la joven y se las besó con reverencia.
-Llámeme Charles-le pidió-Y yo la llamaré a usted Martha.
                      De pronto, las mejillas de la chica se tiñeron de un rojo intenso.

lunes, 16 de diciembre de 2013

UN CABALLERO PERFECTO

Hola a todos.
Hoy, me gustaría compartir con vosotros un nuevo fragmento de Un caballero perfecto. 
Toda la familia se esfuerza en ayudar a Daphne en el peor momento de su vida. Y Martha empieza a sentir que Charles no se ha ido de la isla.

                     Varios días después, Martha y su madre, Cynthia, sacaron a Daphne de su encierro.
                     Pasaron por delante de una casa.
                     Se encontraba algo lejos de donde se agrupaban las casas.
                     Se trataba de una casa ya vieja.
-No recuerdo haber estado nunca en este lugar-comentó Cynthia.
-Yo solía venir aquí a pasear-recordó Daphne.
-Hacías mal. Pudo haberte pasado cualquier desgracia.
-Las desgracias ya se han cebado sobre mí, tía Cynthia. Es imposible que me pase algo peor.
                     Hasta donde Martha recordaba, no vivía nadie en ella. Pero creyó atisbar una figura masculina en el interior de la casa. Y la figura masculina era muy parecida a Charles, el cuñado de Daphne. ¿Acaso era cierto lo que le había dicho Bárbara? ¿Charles Woolf aún no había abandonado Inchmurrin?
                    Un escalofrío recorrió la columna vertebral de Martha. Si Daphne se encontraba con Charles, sería peor. Se sorprendió así misma apretando el brazo de Cynthia. Debió de hacerle daño porque su madre se quejó. Daphne caminaba apoyada en el brazo de su tía.
-¿Qué te pasa?-inquirió la mujer.
-He creído ver a un hombre dentro de esa casa-contestó Martha-Es una tontería.
-¿Vive alguien allí?-quiso saber Daphne-Podríamos ir a saludarle.
-En esa casa no vive nadie-contestó Cynthia-Desde hace muchos años, está deshabitada.
-¿Estás segura, tía Cynthia? A lo mejor, se ha mudado alguien allí. Eso no lo sabes. Podríamos acercarnos. Dices que tengo que empezar a hablar con la gente. A salir de mi encierro. Y yo me asfixio en este lugar.
-En esa casa no vive nadie desde hace años. De haberse mudado alguien a ella, nos habríamos enterado, querida. No vivimos precisamente en Glasgow. Las noticias vuelan. Sobre todo, en un sitio como Inchmurrin.
             


-¡Quiero volver a casa!-pidió Daphne.
-¡Vámonos!-la apoyó Martha.
                  Charles no podía aparecerse de nuevo ante su prima.
-Está bien-cedió Cynthia.
-Bárbara y el tío Henry nos estarán esperando, tía Cynthia-añadió Daphne-Estarán preocupados. El cielo está cubierto de nubes. Y podría empezar a llover de un momento a otro.
-Daphne tiene razón-corroboró Martha.
-Lo que pasa es que tenéis miedo-opinó Cynthia-Creéis que hay alguien viviendo en esa casa. Y yo no lo creo. Pero...Bueno...Demos media vuelta. No quiero que Daphne y tú cogáis frío. Vamos.
                     Dieron media vuelta. Martha respiró aliviada.
-Estás muy blanca, prima-observó Daphne-¿Qué tienes?
-No es nada-contestó Martha-Estoy bien.
                   Se atrevió a mirar hacia atrás. Vio de nuevo aquella figura de hombre. Y creyó adivinar las facciones del rostro. Charles, murmuró Martha. Volvió a apretar el brazo de Cynthia.
                   Su madre pensó que Martha era una joven demasiado impresionable. Nunca había salido de aquella isla. Sólo lo hizo cuando Daphne se casó con Anthony. Nunca había tenido una puesta de largo en Edimburgo. Sólo había asistido a dos fiestas. La fiesta de compromiso de Daphne y Anthony...Y el banquete nupcial cuando la pareja contrajo matrimonio. Habían sido dos eventos espectaculares. La madre de Anthony corrió con todos los gastos. A pesar de que había protagonizado numerosos escándalos, con duelos incluidos, el matrimonio Woolf sentía verdadera adoración por su hijo mayor.
                    La desgracia de Daphne le había impedido a Martha disfrutar de su puesta de largo. El periodo de luto por la muerte de Anthony terminaría en unos meses. Y Martha podría viajar a Edimburgo.
                    Pero Daphne seguía destrozada.
                    Lloraba.
                   Lloraba a su marido.
                   Lloraba a su hijo no nato. Lloraba su vida truncada. Los sueños que nunca se harían realidad.
                   Daphne se percató de lo desencajada que estaba Martha. Se inquietó. Pensó que su prima se asustaba con demasiada facilidad. Siempre había sido muy sensible. Daphne la admiró por ello. Ella ya estaba curada de espanto. Le cogió la mano.
-Hay alguien en esa casa-dijo Martha.
-No hay nadie-le aseguró Daphne.
-Puede que me lo haya imaginado. No quiero que sufras, prima.
-Es posible. Martha...Descansa. No duermes. Te pasas la noche en vela cuidándome. Y eso no es bueno para ti. Ni para ti ni para nadie, prima. Hazme caso. Yo me encuentro un poco mejor.
-Tu prima tiene razón-intervino Cynthia-En cuanto lleguemos a casa, te acuestas. Y duermes.
                    Llegaron a casa. Bárbara se ofreció a acompañar a Martha a su habitación. Nada más entrar en ella, Bárbara le tendió una nota. Se la había entregado la criada.
-Ese hombre no se rinda-bufó Bárbara-Una de las dos tendrá que ir a hablar con él antes o después.
-¿A qué te refieres?-inquirió Martha.
-Léelo.
                  Martha se sentó en la cama. Sus sospechas quedaron confirmadas al leer aquella carta:

                   Mi querida señorita Kendix:

                  No soy quién para escribirle esta nota. 
                 Pero necesitaba hacerlo. 
                 No pienso abandonar Inchmurrin. Preciso hablar con Daphne lo antes posible. No merezco su perdón. 
                 Ante sus ojos, soy el culpable de la muerte de su marido. Quizás, tenga razón. 
                 Aún así, necesito hablar con ella. Contarle lo que ocurrió aquel día. Juro por Dios que luché por sacar a Tony del agua. Era mi hermano. Y lo adoraba. 

                   Martha y Bárbara intercambiaron una mirada cargada de nerviosismo. No lo he imaginado, pensó Martha. Charles Woolf se había quedado a vivir en Inchmurrin.
-He creído verle esta tarde en una casa abandonada-le confió a Bárbara.
-¿Y él te ha visto?-la interrogó su hermana mayor-¿Ha visto a Daphne?
-No...
-¡Pues será mejor que no se atreva a pisar esta casa! ¡Por el bien de nuestra prima! Sé prudente, hermanita. Ese hombre es capaz de acercarse a ti. Y todo para poder hablar con Daphne. Lo que menos le conviene es tenerle delante. Le hace sufrir. Y tiene que recuperarse. Volver a ser como era antes.
-Lo tendré en cuenta.