Hoy, me gustaría compartir con todos vosotros un fragmento inédito de mi novela La mujer sin corazón.
A veces, como ya sabéis los que escribís, cuando se corrige una historia, se pueden borrar todo aquello que no nos gusta. Incluso, podemos llegar a borrar fragmentos enteros. Eso me ha pasado mientras corregía La mujer sin corazón.
Aquí os dejo con un fragmento de esta historia.
¡Ya me diréis qué os parece!
Mónica tenía la radio puesta de manera suave. Sonaba un
estilo musical que la joven acababa de descubrir llamado jazz. Le gustaba. Era
muy relajante. Un hombre tocaba el saxofón. Otro hombre tocaba el violonchelo.
Otro hombre daba golpes suaves en la batería. Alguna trompeta sonaba…Le gustó
la primera vez que puso la radio y lo escuchó. Era un poco más animado que el
blues. Su madre arqueó la ceja al escuchar la música. ¿Desde cuándo Mónica escuchaba algo que no era música clásica? ¿Dónde iba a ir a parar el vals si
todas las chicas decidían escuchar aquel estilo de música tan horrible? ¡Ni
siquiera se oían los violines! El gesto agrio de su progenitora hizo que Mónica se
riese.
-¡No le veo la menor gracia!-protestó la señora Fielding-Winter.
-¿Por qué has venido a verme?-la interrogó su hija.
-¡Porque estoy preocupada por ti! ¡Porque esto no es vida!
-Es la vida que he elegido llevar. Y me gusta. Soy feliz viviendo en este piso.
La señora Fielding-Winter estaba irritada. ¿Cómo podía echar a perder su vida Mónica?
Era una Fielding-Winter. Quizás, no pertenecía a la aristocracia. Pero sí eran una de las familias más ricas del país. El dinero debía de serlo todo para su hija. Pero, por lo que veía, desgraciadamente, no era así.
En Londres, había visto a unas cuantas chicas jóvenes
llevando vestidos que mostraban sus talones. Aquello era una indecencia y una
abominación. Y lo peor de todo era que Mónica participaba de aquella
inmoralidad. Quería un vestido como aquellos. Quería enseñar sus talones.
La señora Fielding-Winter se había resignado a la idea de que jamás cambiaría el mundo. Lo único
que tenía que hacer era resignarse. Pero no podía. El mundo era ahora un lugar
habitado por mujeres que llevaban vestidos cortos, conducían coches, salían con
chicos y vivían y trabajaban sin depender de los hombres. Ya nadie quería ser
cortejado ni bailar el vals.
-Hablas de vivir sola en esta ciudad. Dices que
quieres tener un trabajo para cuidar de ti.
-Ya tengo ese trabajo-le recordó Mónica.
La joven bufó. Creía que la visita de su madre había sido un
error.
La señora Fielding-Winter no se detendría hasta que no se saliera con la suya. Es decir, hasta que Mónica no hubiese vuelto a casa.
Me gusto tienes una trama muy bella y redactas muy bien te mando un beso y animo
ResponderEliminar¡Muchas gracias, Citu!
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