Hola a todos.
Después de muchísimo tiempo sin poder avanzar en esta historia, he podido darle un pequeño empujón.
En esta ocasión, asistiremos a un encuentro entre Clarissa y Devin.
Más adelante, cuando pueda, os daré más noticias acerca de este relato.
De momento, espero que os guste este fragmento.
ENTRADA ELIMINADA.
POR FAVOR, DISCULPEN LAS MOLESTIAS.
GRACIAS.
Blog de novela romántica en particular y de todo un poco en general. El blog de mis fanfics.
domingo, 31 de agosto de 2014
lunes, 18 de agosto de 2014
UN CABALLERO PERFECTO
Hola a todos.
Ni me acuerdo del tiempo que hace que no subo ningún fragmento nuevo de esta historia.
Es una de las muchas historias que tengo pendientes. Está sin acabar y no sé cuándo la acabaré porque otros proyectos ocupan mi tiempo.
Pero pienso acabarla en cuanto pueda. ¡Lo prometo!
De momento, he podido escribir dos fragmentos.
El primer fragmento lo pienso subir ahora mismo. El otro fragmento lo subiré, espero, a lo largo de esta semana.
"Una brisa suave" es la blog novela que pienso terminar. Es el proyecto que ocupa todos mis pensamientos y mis energías en estos momentos.
Os ruego que tengáis un poco de paciencia.
De momento, os dejo un fragmento en el que Bárbara acude a merendar a la casa donde vive Charles con su familia.
Bárbara acudió a tomar el té a la casa de Charles al cabo de varios días.
Saludó a Lauren besándola en ambas mejillas.
Fue la propia Lauren quien sirvió el té que había preparado. También había preparado magdalenas para acompañar el té.
-Tienen muy buen aspecto las magdalenas-la alabó Bárbara-¡Seguro que están deliciosas!
La joven cogió una magdalena y le dio un mordisco.
En su opinión, estaba bastante sosa. Le faltaba algo de azúcar.
La casa estaba más limpia. Tanto Phoebe como Lauren estaban decorando la casa a su gusto. Charles ya había reparado los desperfectos que tenía.
-Se ha revelado como un hombre muy trabajador-comentó Lauren-En realidad, siempre ha sido muy trabajador.
-Te noto un poco triste-observó Bárbara.
Lauren suspiró con tristeza. Su habitación le parecía fea y oscura.
En ocasiones, Lauren sentía que odiaba a Anthony. Le culpaba por haberlas arruinado. Debían de depender de Charles para todo. Lauren casi no se atrevía ni a mirarle a la cara después del modo tan abominable con el que lo habían tratado.
-Debería de habernos echado a la calle-se lamentó la joven-Fuimos muy crueles con él.
Le habían culpado de la muerte de Anthony. Lauren tuvo que admitir que Anthony había sido el único responsable de su muerte. Había sido un mal marido para Daphne. Y habría sido un pésimo padre para el hijo que ésta iba a darle.
-¿Dónde está mi cuñada?-inquirió Lauren-Me gustaría mucho verla.
-Se ha quedado en casa-contestó Bárbara-Mi madre quiere enseñarle a bordar bainica. Piensa que Daphne necesita entretenerse con algo.
Lauren se inclinó a darle la razón. Phoebe había empezado a coser las cortinas.
Las cortinas que había en aquella casa estaban rotas. Antes o después, habría que contratar al personal de servicio.
-¿Y cómo estás tú?-quiso saber.
Bárbara estaba algo preocupada. Hacía semanas que no tenía noticias de su prometido. Lo último que sabía de él era que se encontraba en Plockton, en las Tierras Altas de Escocia. Tenía un castillo allí. Pasaba mucho tiempo en el castillo. Bárbara deseaba conocer aquel lugar.
Se encogió de hombros.
-Bueno, como ya sabrás, soy una mujer prometida-contestó Bárbara-Pero me temo que no te lo han contado. Mi padre me ha prometido en matrimonio con un excelente partido. Yo estoy muy ilusionada con la boda. Pienso que le podría hacer muy feliz. Y que él podría hacerme muy feliz a mí.
Lauren la abrazó.
-¡Me alegro muchísimo por ti!-exclamó.
Sus palabras sonaron sinceras. Sin embargo, Bárbara estaba pensativa. Daphne se había casado con Anthony perdidamente enamorada de él y su matrimonio había sido un desastre. Ella no estaba enamorada de su prometido. ¿Significaba eso que iba a ser feliz en su matrimonio? Su futuro marido tampoco la amaba.
No se hacía ilusiones.
-Bárbara...-llamó una voz a la joven-¡Qué sorpresa! ¡No esperaba verte por aquí! Me alegro de que le estés haciendo compañía a Laurie.
Era Charles.
Bárbara se fijó en que estaba sucio. Se pasaba todo el día arreglando cosas.
-No puedo dejar de visitar a una amiga-afirmó.
Se puso de pie.
-Además, lo que más necesita Laurie en estos momentos es una amiga-añadió Bárbara.
Besó a Charles en las mejillas.
-Eres bienvenida a esta casa-le dijo el joven.
-Te lo agradezco-dijo Bárbara.
Ni me acuerdo del tiempo que hace que no subo ningún fragmento nuevo de esta historia.
Es una de las muchas historias que tengo pendientes. Está sin acabar y no sé cuándo la acabaré porque otros proyectos ocupan mi tiempo.
Pero pienso acabarla en cuanto pueda. ¡Lo prometo!
De momento, he podido escribir dos fragmentos.
El primer fragmento lo pienso subir ahora mismo. El otro fragmento lo subiré, espero, a lo largo de esta semana.
"Una brisa suave" es la blog novela que pienso terminar. Es el proyecto que ocupa todos mis pensamientos y mis energías en estos momentos.
Os ruego que tengáis un poco de paciencia.
De momento, os dejo un fragmento en el que Bárbara acude a merendar a la casa donde vive Charles con su familia.
Bárbara acudió a tomar el té a la casa de Charles al cabo de varios días.
Saludó a Lauren besándola en ambas mejillas.
Fue la propia Lauren quien sirvió el té que había preparado. También había preparado magdalenas para acompañar el té.
-Tienen muy buen aspecto las magdalenas-la alabó Bárbara-¡Seguro que están deliciosas!
La joven cogió una magdalena y le dio un mordisco.
En su opinión, estaba bastante sosa. Le faltaba algo de azúcar.
La casa estaba más limpia. Tanto Phoebe como Lauren estaban decorando la casa a su gusto. Charles ya había reparado los desperfectos que tenía.
-Se ha revelado como un hombre muy trabajador-comentó Lauren-En realidad, siempre ha sido muy trabajador.
-Te noto un poco triste-observó Bárbara.
Lauren suspiró con tristeza. Su habitación le parecía fea y oscura.
En ocasiones, Lauren sentía que odiaba a Anthony. Le culpaba por haberlas arruinado. Debían de depender de Charles para todo. Lauren casi no se atrevía ni a mirarle a la cara después del modo tan abominable con el que lo habían tratado.
-Debería de habernos echado a la calle-se lamentó la joven-Fuimos muy crueles con él.
Le habían culpado de la muerte de Anthony. Lauren tuvo que admitir que Anthony había sido el único responsable de su muerte. Había sido un mal marido para Daphne. Y habría sido un pésimo padre para el hijo que ésta iba a darle.
-¿Dónde está mi cuñada?-inquirió Lauren-Me gustaría mucho verla.
-Se ha quedado en casa-contestó Bárbara-Mi madre quiere enseñarle a bordar bainica. Piensa que Daphne necesita entretenerse con algo.
Lauren se inclinó a darle la razón. Phoebe había empezado a coser las cortinas.
Las cortinas que había en aquella casa estaban rotas. Antes o después, habría que contratar al personal de servicio.
-¿Y cómo estás tú?-quiso saber.
Bárbara estaba algo preocupada. Hacía semanas que no tenía noticias de su prometido. Lo último que sabía de él era que se encontraba en Plockton, en las Tierras Altas de Escocia. Tenía un castillo allí. Pasaba mucho tiempo en el castillo. Bárbara deseaba conocer aquel lugar.
Se encogió de hombros.
-Bueno, como ya sabrás, soy una mujer prometida-contestó Bárbara-Pero me temo que no te lo han contado. Mi padre me ha prometido en matrimonio con un excelente partido. Yo estoy muy ilusionada con la boda. Pienso que le podría hacer muy feliz. Y que él podría hacerme muy feliz a mí.
Lauren la abrazó.
-¡Me alegro muchísimo por ti!-exclamó.
Sus palabras sonaron sinceras. Sin embargo, Bárbara estaba pensativa. Daphne se había casado con Anthony perdidamente enamorada de él y su matrimonio había sido un desastre. Ella no estaba enamorada de su prometido. ¿Significaba eso que iba a ser feliz en su matrimonio? Su futuro marido tampoco la amaba.
No se hacía ilusiones.
-Bárbara...-llamó una voz a la joven-¡Qué sorpresa! ¡No esperaba verte por aquí! Me alegro de que le estés haciendo compañía a Laurie.
Era Charles.
Bárbara se fijó en que estaba sucio. Se pasaba todo el día arreglando cosas.
-No puedo dejar de visitar a una amiga-afirmó.
Se puso de pie.
-Además, lo que más necesita Laurie en estos momentos es una amiga-añadió Bárbara.
Besó a Charles en las mejillas.
-Eres bienvenida a esta casa-le dijo el joven.
-Te lo agradezco-dijo Bárbara.
jueves, 14 de agosto de 2014
TE ESPERARÉ SIEMPRE
Hola a todos.
Hoy, me gustaría compartir en este blog el relato con el que el año pasado participé en la Antología que organizó Dulce, la administradora de "El Club de las Escritoras", al que pertenezco, con la que quiso celebrar el Día de San Valentín.
Y lo logró. Pasión y amor es una Antología compuesta de treinta y dos relatos cargados de romanticismo y de dulzura.
¡Lo recomiendo!
El relato con el que participé se llamaba Te esperaré siempre.
Es una historia de amor que transcurre en el siglo XIX.
Espero que os guste.
Hoy, me gustaría compartir en este blog el relato con el que el año pasado participé en la Antología que organizó Dulce, la administradora de "El Club de las Escritoras", al que pertenezco, con la que quiso celebrar el Día de San Valentín.
Y lo logró. Pasión y amor es una Antología compuesta de treinta y dos relatos cargados de romanticismo y de dulzura.
¡Lo recomiendo!
El relato con el que participé se llamaba Te esperaré siempre.
Es una historia de amor que transcurre en el siglo XIX.
Espero que os guste.
TE ESPERARÉ SIEMPRE
Había crecido escuchando la historia de sus antepasados.
Natalie Jackson vivía con sus padres en la isla de Ramsey, en el suroeste de
Gales. Era la menor de tres hermanas. Corría el año 1701. Su piel era blanca
como la leche y suave al tacto. Poseía un largo cabello de color plateado, como
un rayo de Luna. Y sus ojos eran de color verde musgo. Su gran belleza, unida a
su gran dote, la había convertido en todo un trofeo a conseguir a manos de
ciertos caballeros. Natalie tenía fama de ser una joven fría como el hielo. Los
caballeros acudían a verla atraídos por su belleza. Pero se veían rechazados
por ella. Le escribían versos copiados. Le hacían costosos regalos. Iban a
visitarla a su casa en la isla sólo para ser rechazados por Natalie.
Todo eso
cambió cuando conoció al teniente Wulfgar Norton. No era un aristócrata, sino
un simple squire (terrateniente
inglés) que había hecho carrera en el Ejército. Wulfgar había oído hablar de
Natalie y de su ya legendaria frialdad. Se propuso conquistarla a cualquier
precio. Wulfgar tenía una merecida fama de libertino y de pendenciero. Había
recibido una esmerada educación que le hacía ser bien recibido a las casas más
importantes de Gales. Sus ojos eran de color gris como el acero. Su piel estaba
tostada por el Sol. Y su cabello era negro como la noche. Creyó que Natalie
sería como las otras jovencitas de voz dulce y modales recatados que había
conocido.
No tardó
mucho en darse cuenta de su error.
Fue a
visitarla a su casa en la isla de Ramsey y se podría decir que aquel primer
encuentro fue un flechazo en toda regla.
Wulfgar se
convirtió en un visitante asiduo de la casa de los Jackson. Se había enamorado
de la hermosa Natalie. Una intensa pasión fue creciendo poco a poco entre ellos
a medida que Wulfgar visitaba la casa de los Jackson. Pero éstos se enteraron
de la mala fama que tenía Wulfgar y le prohibieron que fuera a visitar a su
hija.
Sin
embargo, Natalie no estaba dispuesta a renunciar a él. Y Wulfgar tampoco quería
dejar de verla.
Se veían a
escondidas entre los brezales cercanos a la casa de los Jackson. Sus miradas se
lo decían todos. Las palabras que pronunciaban sonaban vacías. Hablaron de
fugarse. Pero no les dio tiempo.
A Wulfgar
le llegó una carta en la que le comunicaban que tenía que partir rumbo a
España, que estaba sumida en una profunda Guerra Civil tras la muerte sin
herederos del Rey Carlos II. El nieto del Rey de Francia, Felipe de Anjou, y el
Archiduque Carlos se disputaban el trono de España. Inglaterra tomó partido por
el Archiduque.
Wulfgar y
Natalie se vieron por última vez en los brezales. Y vivieron su primera y única
noche de amor el uno en brazos de la otra. Se besaron de manera más apasionada
que de costumbre. Desnudo él y ella cubierta por su camisola, cayeron al suelo.
Se besaron muchas veces. Se abrazaron con fuerza. Se prodigaron muchas caricias. Y todo para
separarse al día siguiente. Se abrazaron por última vez antes de que Wulfgar
partiera. Natalie le juró que le esperaría siempre. Era un 14 de febrero del
año 1702 y Natalie, al ver que Wulfgar se alejaba de ella, supo que se había
llevado consigo su corazón.
Un mes
después, a Natalie no le había llegado todavía el periodo. Y vomitaba todo
cuanto caía en su estómago. Sus padres no tardaron en darse cuenta de que
Natalie estaba esperando un hijo. Y que el padre de ese hijo estaba combatiendo
en algún lugar de España. Lo peor de todo era que se trataba del rechazado
Wulfgar Norton.
A pesar de
las súplicas de Natalie, sus padres apalabraron su matrimonio con lord Arthur
Alexander, hermano menor del vizconde de Lawless. Lord Arthur tenía más de
sesenta años. Estaba muy enfermo. Conocía a Natalie desde que era una niña. No
harían nunca vida conyugal. Pero, aún así, el bebé que esperaba la joven no
sería un bastardo. Con el corazón destrozado, Natalie accedió a casarse con
lord Arthur.
Natalie se
fue a vivir con él a su residencia situada en Llangefni. Por suerte, su
embarazo aún no se notaba. Natalie se obligó así misma a querer a su esposo.
Era un buen hombre. Le gustaba hablar largo y tendido con ella sobre cualquier
tema. Nunca quiso indagar en el asunto del padre del bebé que estaba esperando.
Finalmente,
le llegó a Natalie la hora de dar a luz. Fue un parto largo y doloroso. El
fantasma de Wulfgar no dejaba de acosarla. A la caída del Sol, vino al mundo el
hijo que había engendrado con su amado. Fue un hermoso niño.
Recibió el
nombre de Arthur. El hombre lo quería muchísimo, pese a que no lo había
engendrado. Poco a poco, se fue apagando. Antes del primer cumpleaños del niño,
lord Arthur murió. Natalie lloró con sinceridad la muerte de su esposo.
Después de
eso, Natalie confió en que Wulfgar regresara algún día a buscarla. Le
confesaría la verdad. Cuando se separaron, había hecho el voto de que le
esperaría siempre. Un voto que se había visto brevemente roto para que el niño
que iba a tener no fuera un bastardo. Aún así, no pudo evitar las habladurías
con respecto a su inesperado matrimonio con lord Arthur. Los años fueron
pasando. Su hijo iba creciendo. Era un niño travieso e inquieto.
Por
desgracia, Wulfgar nunca regresó a buscarla. Un día, le llegó una carta a
Natalie. Su amado había muerto durante la batalla de Almansa. En ese mismo
instante, Natalie cayó desmayada al suelo. Había perdido toda la ilusión por la
vida. Empezó a dejarse morir desde ese mismo instante.
Al año
siguiente, casualmente, otro 14 de febrero, Natalie murió. Fue enterrada al
lado de lord Arthur en el cementerio de Llangefni.
El
verdadero origen del joven Arthur Alexander salió a la luz gracias a una carta
que le escribió su madre antes de morir y que le fue entregada cuando se hizo
mayor.
Desde
entonces, corría en su familia la leyenda de que todo aquel que se enamoraba
veía truncado su amor de un modo trágico.
Hester
Blackwood era descendiente directa de Wulfgar Norton y de Natalie Jackson.
Vivía en un magnífico bungalow situado en pleno centro de Colombo, la capital
de Ceilán junto con sus padres y su prima Erin.
A sus
diecisiete años, Hester se había convertido en una joven hermosa e inteligente.
Era alta y rubia. Su piel era blanca como la leche. Seguía los consejos de su
institutriz, que le decía que debía de salir a la calle protegiéndose del Sol
con una sombrilla.
Hester había nacido y había
crecido en Ceilán y había recibido una esmerada educación. Erin se había ido a
vivir con sus tíos tras la muerte de su padre. Era natural del un pequeño
pueblo de Kansas.
Erin y Hester eran hijas únicas.
De modo que Hester consideraba a su prima como su hermana mayor. La muchacha
era tan coqueta como lo podía ser las chicas con las que se relacionaba, todas
ellas miembros de la colonia británica de la ciudad. El padre de Hester era el
hermano menor del barón de Clements y, gracias a su tesón, había llegado a ser
el dueño de una importante empresa de exportación e importación.
Para ser
sinceros, Erin se había vuelto una amargada. No había logrado ser feliz. Y
creía que nadie tenía derecho a serlo. Muchas noches, se quedaba dormida
mientras lloraba amargamente.
Los que conocieron
a Erin en su pueblo en Kansas la definían como una joven de gran temperamento.
Tenía un genio muy vivo. Era muy bella y seductora. Pero, al mismo tiempo,
pecaba de ingenua. Un próspero y apuesto ranchero se fijó en ella. Erin era,
por aquel entonces, rebelde y apasionada. Llevaba de cabeza a su padre, el cual
no sabía cómo controlarla. El hombre se había casado con la única hermana de la
señora Blackwood. Para su sorpresa, encontró a Erin medio desnuda en el granero
en compañía de aquel ranchero. Algo se quebró dentro de Erin cuando su padre le
recriminó su comportamiento, ya que su amado era un hombre que estaba a punto
de casarse con otra mujer.
El padre de
Erin falleció a los pocos días. La joven decidió irse a vivir con sus tíos a
Colombo. Se juró así misma que ningún hombre volvería a hacerle daño.
Todos los pretendientes que tenía eran
rechazados una y otra vez por ella hasta que perdían todo su interés. Erin
afirmaba que los hombres sólo querían una cosa de las mujeres y prevenía a Hester
contra ellos. La muchacha confiaba ciegamente en los consejos que le daba su
prima. Las amigas de Hester, en cambio, se reían de Erin. La veían como una
solterona amargada. Le decían a Hester que su prima estaba celosa de ella
porque la veía feliz. Hester no quería pensar nada malo de Erin, que tenía ya
veintidós años.
Entonces,
Hester se enamoró de un joven cingalés y fue correspondida por él. No le contó
nada a Erin. Patrick era un joven que trabajaba como talabartero. Se había
convertido al cristianismo años antes. Al morir sus padres, fue acogido por un
sacerdote metodista. Lo bautizó. Y le puso el nombre de Patrick.
El joven y Hester se enamoraron
nada más cruzarse sus miradas cuando Patrick le entregó al señor Blackwood la
silla de montar que le había encargado que hiciera para Erin.
Tal y como
hizo su antepasada, Hester empezó a verse a escondidas con Patrick. Se
encontraban a orillas del lago Beira. Hester decía que iba a ver a sus amigas y
corría al encuentro con su amado, sabedora de que, de pie junto al lago, la
estaría esperando. Patrick era alegre y siempre estaba de buen humor. Él le
hacía pequeños regalos a Hester que ella escondía para evitar que Erin los
viera. Patrick le regalaba ramitos de flores silvestres. Una vez, le colocó una
flor en el pelo que Hester llevó puesta durante días. Sabían que nada escapaba
de la mirada crítica de Erin. Si comían a orillas del lago, Hester se obligaba
así misma a sentarse a la mesa a la hora de cenar y comer sólo para disimular.
Las primeras veces que Hester y Patrick se vieron, los dos se quedaron callados
y no sabían de qué hablar. Él le contaba cómo fabricaba las sillas de montar. Y
ella le hablaba de las aburridas fiestas a las que iba.
Patrick
estaba cada vez más enamorado de Hester. Su carácter bondadoso y alegre la fue
conquistando cada vez más. Cuando estaban juntos, Hester podía ser ella misma y
afloraba su verdadera personalidad. En el fondo, era muy apasionada. Y Patrick
estaba despertando en su interior sentimientos nunca antes experimentados.
Mientras
mojaban sus pies desnudos en el lago, Patrick se atrevió a cogerle la mano a
Hester. Otro día, sus dedos se atrevieron a tocar el pelo rubio de la muchacha.
Una tarde, los labios de Patrick rozaron suavemente por primera vez los labios
de Hester.
Se besaron
en muchas ocasiones a partir de ahí. Los besos que se daban empezaron a ser más
apasionados. Se juraron amor eterno. Hicieron muchos planes para el futuro.
Hester creía que su familia acabaría aceptando a Patrick.
Por
desgracia para ambos no fue así. ¿Cómo un talabartero cingalés podía aspirar a
la mano de la hija de un importante hombre de negocios inglés? El muchacho fue
expulsado de la casa de los Blackwood. Erin se enfadó muchísimo con Hester. Le
prohibió tajantemente que volviera a ver a Patrick y sus tíos la apoyaron.
Hester se sintió más sola que nunca.
Una noche,
durante una fiesta, Hester se escabulló. Como siempre, Patrick la estaba
esperando a orillas del lago. Hester había pasado las dos últimas noches
llorando inconsolablemente. A pesar de todo, la habían dejado ir a la fiesta. Su
corazón le gritaba que era una cobarde por no rebelarse. Estaba repitiendo la
historia de su antepasada Natalie.
Sería la
última vez que se vieran a orillas del lago porque Hester así se lo juró así
misma.
Patrick
insistió en que huyeran juntos muy lejos de Colombo. Hester rompió a llorar
amargamente. Patrick sintió que su corazón se rompía. A pesar del amor que se
profesaban, Hester estaba asustada. Aún
así, Patrick se juró así mismo que no iba a renunciar a ella.
Era un 14
de enero del año 1854.
Con las
manos, Patrick secó las lágrimas que rodaban por las mejillas de Hester. Le
acarició el pelo rubio muy claro. Le susurró que siempre la amaría.
-¿Por qué la vida se empeña en separarnos?-se lamentó
Hester.
-No lo sé-suspiró Patrick-Sólo sé que te amo.
Abrazó con
cariño a Hester. La besó en la frente. La besó en las mejillas. La besó con
pasión en los labios. Y fue en aquel momento cuando empezó a llover.
Había una
casita cerca del lago. Estaba abandonada desde hacía muchos años. Patrick la
había descubierto algún tiempo atrás.
Fue una
noche llena de amor y de pasión.
La lluvia
era cada vez más fuerte. Todavía era la época del monzón. La oscuridad inundaba
la casita y sólo se veía iluminaba con la luz brillante del relámpago. Patrick
y Hester se miraron con deseo. El joven luchaba contra la pasión que sentía por
ella. Se acercaron lentamente sin darse cuenta de lo que estaban haciendo.
Hester estaba temblando cuando Patrick rodeó su cintura con los brazos. Hester
supo lo que iba a pasar y, a pesar de sus temores, besó con suavidad los labios
de Patrick.
Él la besó
de nuevo. Pero el beso que le dio fue mucho más largo y mucho más apasionado
que el anterior.
Casi sin
darse cuenta, las ropas de ambos fue cayendo poco a poco al suelo. Ya desnudos,
Patrick alzó en brazos a Hester. La condujo hasta el estrecho jergón. La
depositó allí con delicadeza.
Volvieron a
besarse con ansia y empezaron a acariciarse el uno al otro. Patrick estaba muy
excitado y deseaba poder fundirse con Hester. Mientras, Hester estaba nerviosa,
pero también estaba deseosa de unirse a Patrick. Ser uno.
Se besaron
en muchas ocasiones. Los besos que se dieron fueron apasionados. Pero también
fueron besos llenos de amor. Besos cargados de ternura…Patrick y Hester eran
vírgenes, pero los dos actuaban movidos por el deseo. Patrick llenó de besos
cada centímetro de la piel de la muchacha.
La boca del
joven se deslizó sobre el cuello de Hester. Llenó de besos sus pechos. Recorrió
con su lengua el vientre de Hester. Llegó a besar sus piernas. La piel de
Hester ardía en contacto con la piel de Patrick. Entonces, el joven se
introdujo poco a poco en su interior.
Esa noche,
mientras la lluvia caía fuera, Patrick y Hester tomaron posesión el uno del
otro, sabiendo que aquello tenía que pasar porque sentían que habían nacido
para estar juntos. Aquella noche, se convirtieron en uno solo ser.
Fue la
primera vez para ambos. Y había sido su primera vez junto con el ser amado. Que
siempre amarían.
Todo
terminó. Pero seguía lloviendo. Permanecieron en aquel estrecho jergón
acostados. Besándose una y otra vez.
Al día
siguiente, se vistieron mientras recordaban lo ocurrido durante la noche. Hester
sintió que se le rompía el corazón al pensar que no volvería a ver a Patrick.
-Tengo que viajar a Madras-le contó Patrick-Pero volveré en
un mes.
-¿Qué me quieres decir con eso?-inquirió Hester.
-Te estaré esperando aquí. Junto al lago…Cuando regrese
dentro de un mes, vendré al lago. Y te estaré esperando aquí. Si no vienes,
entonces me iré.
-¡No me pidas que haga eso! No voy a ir. Tú lo sabes. Mi
familia…Mi prima… Ellos no aprueban que estemos juntos. Y yo…¡Soy una cobarde!
Nuestro amor es imposible.
-No puede ser imposible cuando tú y yo nos amamos, Hester.
-Patrick…
-En un mes, habré vuelto y te estaré esperando.
Hester lo
besó con pasión y salió corriendo de la casita. Por suerte para ella, ni sus
padres ni Erin se habían percatado de su ausencia.
Nadie supo
que Hester había perdido su virginidad la noche de la tormenta. El periodo le
vino a la muchacha en su fecha correspondiente. Eso la destrozó. Le habría
gustado ser como Natalie. Haber tenido un hijo de su verdadero amor.
A
escondidas, Hester lloraba. Se preguntaba si sería capaz de escaparse de casa.
De empezar una nueva vida al lado de Patrick. Vivía atormentada por las dudas.
Presenció durante aquellos meses las visitas que Erin recibía de sus
pretendientes. Pero ésta seguía rechazándolos a todos. Hester se preguntaba el
porqué su prima era tan cruel con aquellos jóvenes. Era obvio que sentían algo
por ella. Pero Erin no quería saber nada de ninguno de ellos.
Estaba
convencida de que Hester le había hecho caso y había olvidado ya a aquel joven
cingalés.
El día 13
de febrero, Hester estaba sentada en el salón. Estaba bordando un pañuelo para
su ajuar de bodas. Erin estaba leyendo un libro en voz alta. Su madre, sentada
a su lado, estaba liando un ovillo de lana.
Hester no
dejaba de pensar en lo mismo. Patrick regresaría al día siguiente. Tenía que
tomar una decisión. No prestaba atención a lo que Erin estaba leyendo. Fuera,
había empezado a caer una ligera llovizna. Hester no se fijó en cómo estaba
bordando. Sabía que Patrick iría a esperarla a orillas del lago Beira. Pero
Hester estaba demasiado asustada como para tomar una decisión. Recordaba
demasiado bien la noche de amor que habían vivido. Los votos y las promesas de
amor eterno que se habían hecho mientras estuvieron juntos en aquella casita.
¿Qué puedo hacer?, se preguntó Hester.
-No me estás prestando atención-le recriminó Erin.
-Discúlpame, prima-se excusó Hester-Estaba pensando en otra
cosa.
-Espero que se trate del bordado.
-Te está quedando bien el pañuelo, hijita-la aduló la señora
Blackwood.
Hester no
la escuchó. El ceño fruncido de Erin…Los falsos halagos de su madre…Cerró los
ojos con fuerza.
Al día
siguiente, Hester se encerró en su habitación. Miró por la ventana en busca de
una señal. La ciudad seguía con su ritmo de vida normal. Y Patrick estaba a
punto de llegar.
Era un 14
de febrero. Aquel día, pero muchos años antes, Wulfgar y Natalie se habían
separado para siempre.
Hacía Sol
aquel día. Hester se había puesto un vestido de color negro. Había metido algo
de ropa en una maleta. Abandonó su casa sin ser vista. Le latía muy deprisa el
corazón. Mientras se dirigía al lugar de la cita, Hester había sentido terror.
Pero se había obligado así misma a seguir caminando. Paseaba por la orilla del
lago Beira. Se sentó en el suelo y se preguntó si Patrick acudiría a la cita.
El agua del lago le pareció más cristalina que nunca. Ni una sola nube cubría
el cielo. En aquel momento, Hester sintió cómo alguien le tapaba los ojos.
Aquel gesto la sobresaltó.
-¿Quién es?-inquirió.
La mano se
apartó de sus ojos y Hester se dio la vuelta para ver quién era. El corazón
empezó a brincar muy deprisa dentro de su pecho. ¡Era Patrick! ¡Había cumplido
su promesa! El joven sonreía radiante al ver que Hester había acudido a su
cita.
-Sabía que vendrías-se emocionó Patrick-Sabía que lucharías
por nuestro amor.
Hester
sintió cómo las lágrimas corrían por sus mejillas. No podía articular palabra.
Pensaba que todo lo que estaba pasando era producto de su imaginación. De algún
modo, al triunfar su amor, también había triunfado el amor entre Wulfgar y
Natalie.
Un gritito
de alegría se escapó de la garganta de Hester. Llenó de besos el rostro de
Patrick. Sus labios se encontraron y se fundieron en un beso largo y
apasionado. Un beso cargado de promesas que se cumplirían. Un beso lleno de
esperanza en el futuro que les aguardaba.
Hester
pensó en Natalie. De algún modo, ella y Wulfgar habían vuelto a estar juntos.
Ella y Patrick serían felices y, de aquel modo, honrarían a sus antepasados.
Nunca más volverían a separarse.

FIN
domingo, 10 de agosto de 2014
EL VAMPIRO (LA CONVERSIÓN DE LORD RUTHVEN)
Hola a todos.
Hacía mucho que tiempo que no avanzaba en mi fanfic El vampiro.
Todos los vampiros tienen un origen. Lord Ruthven no es una excepción. En esta escena, vemos cómo lord Ruthven deja de ser mortal para convertirse en vampiro.
Espero que os guste.
Corría el año 1800.
Había salido a dar un paseo a caballo. Recordaba que era un día en el que el cielo estaba cubierto de nubes negras. Pero eso no le importó. Le gustaba sentir el viento golpeándole en la cara cuando montaba a lomos de su alazán favorito.
Entonces, le salió al paso una mujer.
La reconoció en el acto.
La había visto muchas veces paseando por el bosque sola de noche. O cuidando del jardín que tenía de rosas. Se llamaba Madeline y hacía unos meses que había llegado a Bath. Se sabía que era la sobrina de la vieja Lavinia, la vecina de su familia. Una anciana viuda sin hijos...La llegada de Madeline pilló a todo el mundo por sorpresa. Se decía que había estado viviendo en Londres. Pero que, por algún motivo, había sido desterrada a Bath.
Entonces, lord Ruthven se llamaba Tristan Saint Johns. Era el conde de Saint Johns. Tenía un hermano que era menor que él. Su madre había muerto no hacía mucho. Y debía de hacerse cargo de sus tierras.
La relación que mantenía con su padre era mala. Tristán sólo quería estar en Londres, disfrutando de la gran vida que se daba allí.
En una ocasión, logró robarle un beso a Madeline. Lo cierto era que sentía una gran atracción por aquella joven. Le parecía que era muy enigmática. Y que, al mismo tiempo, poseía una belleza casi sobrenatural.
Ocurrió una tarde en que fue a visitar a la vieja Lavinia con una excusa de la que ni se acordaba. Era un día en el que el cielo estaba cubierto de nubes negras. Madeline estaba en el jardín, cuidando de sus rosas.
-Buenas tardes...-la saludó-Veo que es usted enemiga del Sol.
-¿Por qué dice eso?-le preguntó ella, casi asustada.
-Nunca se la ve paseando por la calle cuando hace Sol.
-Tengo la piel muy delicada. No puede darme de manera directa la luz del Sol.
Y fue, en aquel momento, cuando Tristán aprovechó la ocasión para robarle un beso a Madeline.
Pero...
Madeline no parecía la misma cuando Tristán la vio en el bosque.
Desmontó a su alazán. Unas finas gotas de lluvia empezaron a caer en aquel momento. Madeline llevaba puesto un vestido de color negro que se ceñía a su cuerpo. Empezó a mojarse poco a poco y el vestido se ceñía aún más. Revelaba las curvas de su cuerpo. Su cabello estaba suelto.
Tristán se sintió atraído de un modo casi violento hacia Madeline y comenzó a caminar en dirección hacia ella. De pronto, se olvidó de que estaba lloviendo cada vez con más fuerza. Había algo en Madeline que le había hechizado y no sabía lo que era.
Madeline empezó a dar vueltas sobre sí misma. Daba saltitos y Tristán la oyó reírse. Su risa era muy rara. La falda de su vestido de color negro se ondeó. Se agitó al viento su larga melena de color castaño. Parecía que estaba cantando una canción que se le metió a Tristán en la cabeza. Una canción ininteligible...Pero...
Podía entenderla.
En aquel momento, Madeline se detuvo.
-Tú me servirás-le dijo a Tristán.
Los ojos de Madeline se clavaron en los ojos de Tristán. De pronto, el conde de Saint Johns tuvo la sensación de que aquellos ojos no tenían vida. Y eso le inquietó.
Un extraño presentimiento pasó por la mente de Tristán.
Poco a poco, Madeline empezó a caminar hacia él. Pensó en salir corriendo. Esto no es normal, piensa.
Se siente como un idiota. Había estado con miles de mujeres a lo largo de su vida. Había visitado los peores antros de Londres.
Madeline podía ser una solterona un tanto extravagante. Pero estaba convencido de que era virgen. No había sido todavía cortejada por nadie. Los hombres decían de ella que les inspiraba terror. Tristán creía que estaban exagerando. Madeline no podía infundar miedo alguno en los hombres.
-¿Para qué te serviré?-quiso saber Tristán.
-Tengo hambre-contestó Madeline.
-No te entiendo.
-Lo entenderás enseguida. Eres muy apuesto. Nunca he conocido a un hombre como tú.
-No te visitan los hombres de por aquí.
-Me conocen demasiado bien.
Entonces, Madeline posó sus labios sobre los labios de Tristán.
Los labios de Madeline estaban fríos. Eran unos labios que estaban muy fríos. Tristán quiso apartarse de ella. Pero no pudo.
No quiso apartarse de ella.
Fue Madeline la que se desnudó. Fue Madeline la que desnudó a Tristán. Los labios de Madeline volvieron a apoderarse de los labios de Tristán. La lengua de la joven invadió la boca del conde de Saint Johns. Él se sintió aturdido. Tenía la sensación de que volvía a ser un adolescente virgen.
Los dedos de Madeline acariciaron el cabello de Tristán. Sus brazos rodearon el cuello de él.
La lluvia era cada vez más intensa, pero Tristán parecía estar ajeno a la lluvia que caía sobre él mientras tenía la sensación de que el alma se le estaba escapando de su cuerpo. Le aturdía el comportamiento de Madeline. Parecía que ella tenía experiencia. Parecía que ella sabía más que él en las artes amatorias. ¡Si Tristán había estado con miles de mujeres a lo largo de su vida!
De pronto, Tristán notó que algo raro le estaba pasando. Sentía dolor en su cuello. Sentía cómo la sangre manaba del interior de una de las venas de su cuello. No sabía qué estaba pasando. Sólo sentía que la cabeza le daba vueltas. Y que él se sentía cada vez más débil.
Unos colmillos...
Madeline tenía colmillos y le había dado un mordisco en el cuello. Estaba bebiendo de su sangre.
De pronto, vio cómo Madeline se hacía una herida con la uña en la muñeca. Tristán pensó que estaba delirando por la pérdida de sangre.
-Bebe-le ordenó Madeline.
Y Tristán se vio obligado a beber de la sangre que brotaba del interior de la muñeca de Madeline. Pero estaba muy cansado.
Fue, entonces, cuando Tristán perdió el sentido. Cuando regresó en sí, se encontraba en el interior de una cabaña. Le habían acostado sobre un incómodo camastro.
-Ya ha vuelto en sí-exclamó una voz.
Fue la primera vez que vio a Igor.
Fue Igor quien le encontró inconsciente en el bosque. Estaba completamente desnudo y tenía una herida de mordisco en el cuello. Igor debió de adivinar lo que había pasado.
-Le han convertido-le advirtió-Ya no puede volver a su vida de antes. Sólo hay una manera de que viva.
-No entiendo lo que quieres decir-dijo Tristán, sintiendo su voz ronca.
-Ella le ha convertido. Y le ha hecho renacer como un no muerto.
-Un no muerto...
Tristán pensó que estaba soñando. Pero notaba su piel más pálida. Y la sentía fría.
Igor le tendió un espejo de mano. Tristán ahogó un grito cuando no vio su cara reflejada en el cristal de aquel espejo. Y sentía una gran sed.
Igor le tendió una taza. Al beber un sorbo, Tristán advirtió que el líquido que contenía la taza era espeso y caliente. ¡Estaba bebiendo sangre!
Fue en aquel momento cuando lo entendió todo. Tristán Saint Johns había muerto. Y surgió lord Ruthven.

Hacía mucho que tiempo que no avanzaba en mi fanfic El vampiro.
Todos los vampiros tienen un origen. Lord Ruthven no es una excepción. En esta escena, vemos cómo lord Ruthven deja de ser mortal para convertirse en vampiro.
Espero que os guste.
Corría el año 1800.
Había salido a dar un paseo a caballo. Recordaba que era un día en el que el cielo estaba cubierto de nubes negras. Pero eso no le importó. Le gustaba sentir el viento golpeándole en la cara cuando montaba a lomos de su alazán favorito.
Entonces, le salió al paso una mujer.
La reconoció en el acto.
La había visto muchas veces paseando por el bosque sola de noche. O cuidando del jardín que tenía de rosas. Se llamaba Madeline y hacía unos meses que había llegado a Bath. Se sabía que era la sobrina de la vieja Lavinia, la vecina de su familia. Una anciana viuda sin hijos...La llegada de Madeline pilló a todo el mundo por sorpresa. Se decía que había estado viviendo en Londres. Pero que, por algún motivo, había sido desterrada a Bath.
Entonces, lord Ruthven se llamaba Tristan Saint Johns. Era el conde de Saint Johns. Tenía un hermano que era menor que él. Su madre había muerto no hacía mucho. Y debía de hacerse cargo de sus tierras.
La relación que mantenía con su padre era mala. Tristán sólo quería estar en Londres, disfrutando de la gran vida que se daba allí.
En una ocasión, logró robarle un beso a Madeline. Lo cierto era que sentía una gran atracción por aquella joven. Le parecía que era muy enigmática. Y que, al mismo tiempo, poseía una belleza casi sobrenatural.
Ocurrió una tarde en que fue a visitar a la vieja Lavinia con una excusa de la que ni se acordaba. Era un día en el que el cielo estaba cubierto de nubes negras. Madeline estaba en el jardín, cuidando de sus rosas.
-Buenas tardes...-la saludó-Veo que es usted enemiga del Sol.
-¿Por qué dice eso?-le preguntó ella, casi asustada.
-Nunca se la ve paseando por la calle cuando hace Sol.
-Tengo la piel muy delicada. No puede darme de manera directa la luz del Sol.
Y fue, en aquel momento, cuando Tristán aprovechó la ocasión para robarle un beso a Madeline.
Pero...
Madeline no parecía la misma cuando Tristán la vio en el bosque.
Desmontó a su alazán. Unas finas gotas de lluvia empezaron a caer en aquel momento. Madeline llevaba puesto un vestido de color negro que se ceñía a su cuerpo. Empezó a mojarse poco a poco y el vestido se ceñía aún más. Revelaba las curvas de su cuerpo. Su cabello estaba suelto.
Tristán se sintió atraído de un modo casi violento hacia Madeline y comenzó a caminar en dirección hacia ella. De pronto, se olvidó de que estaba lloviendo cada vez con más fuerza. Había algo en Madeline que le había hechizado y no sabía lo que era.
Madeline empezó a dar vueltas sobre sí misma. Daba saltitos y Tristán la oyó reírse. Su risa era muy rara. La falda de su vestido de color negro se ondeó. Se agitó al viento su larga melena de color castaño. Parecía que estaba cantando una canción que se le metió a Tristán en la cabeza. Una canción ininteligible...Pero...
Podía entenderla.
En aquel momento, Madeline se detuvo.
-Tú me servirás-le dijo a Tristán.
Los ojos de Madeline se clavaron en los ojos de Tristán. De pronto, el conde de Saint Johns tuvo la sensación de que aquellos ojos no tenían vida. Y eso le inquietó.
Un extraño presentimiento pasó por la mente de Tristán.
Poco a poco, Madeline empezó a caminar hacia él. Pensó en salir corriendo. Esto no es normal, piensa.
Se siente como un idiota. Había estado con miles de mujeres a lo largo de su vida. Había visitado los peores antros de Londres.
Madeline podía ser una solterona un tanto extravagante. Pero estaba convencido de que era virgen. No había sido todavía cortejada por nadie. Los hombres decían de ella que les inspiraba terror. Tristán creía que estaban exagerando. Madeline no podía infundar miedo alguno en los hombres.
-¿Para qué te serviré?-quiso saber Tristán.
-Tengo hambre-contestó Madeline.
-No te entiendo.
-Lo entenderás enseguida. Eres muy apuesto. Nunca he conocido a un hombre como tú.
-No te visitan los hombres de por aquí.
-Me conocen demasiado bien.
Entonces, Madeline posó sus labios sobre los labios de Tristán.
Los labios de Madeline estaban fríos. Eran unos labios que estaban muy fríos. Tristán quiso apartarse de ella. Pero no pudo.
No quiso apartarse de ella.
Fue Madeline la que se desnudó. Fue Madeline la que desnudó a Tristán. Los labios de Madeline volvieron a apoderarse de los labios de Tristán. La lengua de la joven invadió la boca del conde de Saint Johns. Él se sintió aturdido. Tenía la sensación de que volvía a ser un adolescente virgen.
Los dedos de Madeline acariciaron el cabello de Tristán. Sus brazos rodearon el cuello de él.
La lluvia era cada vez más intensa, pero Tristán parecía estar ajeno a la lluvia que caía sobre él mientras tenía la sensación de que el alma se le estaba escapando de su cuerpo. Le aturdía el comportamiento de Madeline. Parecía que ella tenía experiencia. Parecía que ella sabía más que él en las artes amatorias. ¡Si Tristán había estado con miles de mujeres a lo largo de su vida!
De pronto, Tristán notó que algo raro le estaba pasando. Sentía dolor en su cuello. Sentía cómo la sangre manaba del interior de una de las venas de su cuello. No sabía qué estaba pasando. Sólo sentía que la cabeza le daba vueltas. Y que él se sentía cada vez más débil.
Unos colmillos...
Madeline tenía colmillos y le había dado un mordisco en el cuello. Estaba bebiendo de su sangre.
De pronto, vio cómo Madeline se hacía una herida con la uña en la muñeca. Tristán pensó que estaba delirando por la pérdida de sangre.
-Bebe-le ordenó Madeline.
Y Tristán se vio obligado a beber de la sangre que brotaba del interior de la muñeca de Madeline. Pero estaba muy cansado.
Fue, entonces, cuando Tristán perdió el sentido. Cuando regresó en sí, se encontraba en el interior de una cabaña. Le habían acostado sobre un incómodo camastro.
-Ya ha vuelto en sí-exclamó una voz.
Fue la primera vez que vio a Igor.
Fue Igor quien le encontró inconsciente en el bosque. Estaba completamente desnudo y tenía una herida de mordisco en el cuello. Igor debió de adivinar lo que había pasado.
-Le han convertido-le advirtió-Ya no puede volver a su vida de antes. Sólo hay una manera de que viva.
-No entiendo lo que quieres decir-dijo Tristán, sintiendo su voz ronca.
-Ella le ha convertido. Y le ha hecho renacer como un no muerto.
-Un no muerto...
Tristán pensó que estaba soñando. Pero notaba su piel más pálida. Y la sentía fría.
Igor le tendió un espejo de mano. Tristán ahogó un grito cuando no vio su cara reflejada en el cristal de aquel espejo. Y sentía una gran sed.
Igor le tendió una taza. Al beber un sorbo, Tristán advirtió que el líquido que contenía la taza era espeso y caliente. ¡Estaba bebiendo sangre!
Fue en aquel momento cuando lo entendió todo. Tristán Saint Johns había muerto. Y surgió lord Ruthven.

sábado, 9 de agosto de 2014
CERCA DEL MANANTIAL
Hola a todos.
Hoy, seguimos con un nuevo fragmento de Cerca del manantial.
El fragmento de hoy es todavía más corto que el fragmento de ayer.
Rebeca sufre una recaída en su enfermedad.
Alicia pasó un paño empapado en agua fría por la frente de Rebeca. Su prima tenía mucha fiebre. Sentía que le iba a estallar la cabeza.
-Tu prima no va a tener un buen final-se lamentó Anabel-¡Lo vengo diciendo desde hace mucho tiempo!
Alicia no quería pensar en la posibilidad de que Rebeca muriese.
-Buenas tardes...-saludó un hombre de unos sesenta años, de pie ante el umbral de la entrada a la habitación de Rebeca-¿Ésta es la paciente?
-¿Quién es usted?-inquirió Anabel.
-Soy el doctor Germán.
-No hay ningún médico en la isla.
-Me han avisado de que venga aquí. Vengo de Arrecife. Me han avisado de que una joven de Montaña Clara se encuentra enferma.
El médico se hizo cargo de la situación. Traía un maletín consigo. Extrajo un estetoscopio y oscultó a Rebeca.
Le cogió la muñeca para tomarle el pulso. El corazón de Alicia pareció detenerse. El rostro del médico indicaba malas noticias. Y acertó.
Rebeca sufría fiebre cerebral. La angustia que experimentaba ante la ausencia de Lucas y la falta de noticias de éste se manifestaba a través de su cuerpo. Se sentía mal por ello.
Hoy, seguimos con un nuevo fragmento de Cerca del manantial.
El fragmento de hoy es todavía más corto que el fragmento de ayer.
Rebeca sufre una recaída en su enfermedad.
Alicia pasó un paño empapado en agua fría por la frente de Rebeca. Su prima tenía mucha fiebre. Sentía que le iba a estallar la cabeza.
-Tu prima no va a tener un buen final-se lamentó Anabel-¡Lo vengo diciendo desde hace mucho tiempo!
Alicia no quería pensar en la posibilidad de que Rebeca muriese.
-Buenas tardes...-saludó un hombre de unos sesenta años, de pie ante el umbral de la entrada a la habitación de Rebeca-¿Ésta es la paciente?
-¿Quién es usted?-inquirió Anabel.
-Soy el doctor Germán.
-No hay ningún médico en la isla.
-Me han avisado de que venga aquí. Vengo de Arrecife. Me han avisado de que una joven de Montaña Clara se encuentra enferma.
El médico se hizo cargo de la situación. Traía un maletín consigo. Extrajo un estetoscopio y oscultó a Rebeca.
Le cogió la muñeca para tomarle el pulso. El corazón de Alicia pareció detenerse. El rostro del médico indicaba malas noticias. Y acertó.
Rebeca sufría fiebre cerebral. La angustia que experimentaba ante la ausencia de Lucas y la falta de noticias de éste se manifestaba a través de su cuerpo. Se sentía mal por ello.
viernes, 8 de agosto de 2014
CERCA DEL MANANTIAL
Hola a todos.
Hoy, os traigo un nuevo fragmento de mi relato Cerca del manantial.
Lo cierto es que el fragmento de hoy es más pequeño que de costumbre por falta de tiempo.
Aún así, espero de corazón que os guste.
Rebeca terminó de escribir la carta.
La releyó de nuevo. La leía y la volvía a leer. Era una carta que le había escrito a Lucas.
El cabello de Rebeca era de color rojo oscuro. En aquel momento, lo llevaba suelto.
Sus ojos se llenaron de lágrimas. Recordaba cómo Lucas la había cortejado. Recordaba cómo ella había coqueteado con él en un esfuerzo por captar su atención. Y recordaba cada uno de los besos que le había dado.
Su tía Anabel debía de pensar que era una perdida. Pero Rebeca no se había entregado a Lucas, por lo que mantenía su virginidad intacta.
En aquel momento, su prima Alicia entró en la habitación para cepillar su cabello y recogérselo en un moño. Rebeca se puso de pie y Alicia la envidió.
Rebeca era una joven alta y esbelta. Sus mejillas siempre estaban sonrosadas. Y se le formaban dos curiosos hoyuelos en las mejillas cuando sonreía, lo cual siempre ocurría cuando Lucas estaba en Montaña Clara. Pero Lucas se había ido. Y Rebeca no había vuelto a sonreír.
Alicia la abrazó cuando se dio cuenta de que su prima estaba llorando.
-Sé que Lucas ha muerto-afirmó Rebeca-Mientras le escribía esta carta, me asaltó una visión. Le vi tirado en el suelo, en mitad del desierto. Estaba sangrando. Y sus ojos y su boca estaban abiertos de una manera espantosa. Y...
-¡Basta!-le ordenó Alicia, asustada-¡No sigas hablando, Rebe!
-Lucas ha muerto, Ali. ¡Mi corazón me lo dice!
-Tu corazón debería de pensar todo lo contrario.
A petición de Alicia, Rebeca aceptó salir a dar un paseo con su prima.
-¡No es justo que te ocupes de mí!-protestó Rebeca-Soy más mayor que tú. Y estás enamorada. Deberías disfrutar de tu primer amor.
-¿Qué estás diciendo?-se asombró Alicia.
-Te vi con ese joven en el manantial. Hay algo entre vosotros.
-¡Casi no le conozco!
-¿Tú no crees en el amor a primera vista? ¡Pues yo sí creo en el amor a primera vista! Fue así como me enamoré de Lucas. Fue amor a primera vista. Y a ti te ha pasado lo mismo.
Dieron un paseo por El Llano de Aljibe. Rebeca todavía no podía mantenerse de pie por sí misma.
-¿Por qué no hay un médico permanente en este lugar?-se preguntó Alicia en voz alta.
Rebeca sentía que todo le daba vueltas.
-Llévame de vuelta a casa-le pidió a su prima.
Hoy, os traigo un nuevo fragmento de mi relato Cerca del manantial.
Lo cierto es que el fragmento de hoy es más pequeño que de costumbre por falta de tiempo.
Aún así, espero de corazón que os guste.
Rebeca terminó de escribir la carta.
La releyó de nuevo. La leía y la volvía a leer. Era una carta que le había escrito a Lucas.
El cabello de Rebeca era de color rojo oscuro. En aquel momento, lo llevaba suelto.
Sus ojos se llenaron de lágrimas. Recordaba cómo Lucas la había cortejado. Recordaba cómo ella había coqueteado con él en un esfuerzo por captar su atención. Y recordaba cada uno de los besos que le había dado.
Su tía Anabel debía de pensar que era una perdida. Pero Rebeca no se había entregado a Lucas, por lo que mantenía su virginidad intacta.
En aquel momento, su prima Alicia entró en la habitación para cepillar su cabello y recogérselo en un moño. Rebeca se puso de pie y Alicia la envidió.
Rebeca era una joven alta y esbelta. Sus mejillas siempre estaban sonrosadas. Y se le formaban dos curiosos hoyuelos en las mejillas cuando sonreía, lo cual siempre ocurría cuando Lucas estaba en Montaña Clara. Pero Lucas se había ido. Y Rebeca no había vuelto a sonreír.
Alicia la abrazó cuando se dio cuenta de que su prima estaba llorando.
-Sé que Lucas ha muerto-afirmó Rebeca-Mientras le escribía esta carta, me asaltó una visión. Le vi tirado en el suelo, en mitad del desierto. Estaba sangrando. Y sus ojos y su boca estaban abiertos de una manera espantosa. Y...
-¡Basta!-le ordenó Alicia, asustada-¡No sigas hablando, Rebe!
-Lucas ha muerto, Ali. ¡Mi corazón me lo dice!
-Tu corazón debería de pensar todo lo contrario.
A petición de Alicia, Rebeca aceptó salir a dar un paseo con su prima.
-¡No es justo que te ocupes de mí!-protestó Rebeca-Soy más mayor que tú. Y estás enamorada. Deberías disfrutar de tu primer amor.
-¿Qué estás diciendo?-se asombró Alicia.
-Te vi con ese joven en el manantial. Hay algo entre vosotros.
-¡Casi no le conozco!
-¿Tú no crees en el amor a primera vista? ¡Pues yo sí creo en el amor a primera vista! Fue así como me enamoré de Lucas. Fue amor a primera vista. Y a ti te ha pasado lo mismo.
Dieron un paseo por El Llano de Aljibe. Rebeca todavía no podía mantenerse de pie por sí misma.
-¿Por qué no hay un médico permanente en este lugar?-se preguntó Alicia en voz alta.
Rebeca sentía que todo le daba vueltas.
-Llévame de vuelta a casa-le pidió a su prima.
jueves, 7 de agosto de 2014
CERCA DEL MANANTIAL
Hola a todos.
Hoy, os traigo un nuevo fragmento de mi relato Cerca del manantial.
Espero que os esté gustando.
Al día siguiente, Rebeca se sintió mejor y quiso acompañar a Alicia al manantial cuando su madre le dijo que tenía que ir por agua.

Alicia y Rebeca se alejaron del lado de Carlos. Rebeca miró ansiosa a su prima.
-¿Te has visto a solas con él?-le preguntó.
-Cuando nos conocimos-respondió Alicia.
-Espero que no vuelvas a verle a solas. Estaría mal.
Hoy, os traigo un nuevo fragmento de mi relato Cerca del manantial.
Espero que os esté gustando.
Al día siguiente, Rebeca se sintió mejor y quiso acompañar a Alicia al manantial cuando su madre le dijo que tenía que ir por agua.
-Lo que tienes que hacer es guardar reposo-le exhortó Alicia a su
prima.
-Y yo quiero hacer mi vida normal-insistió Rebeca-Llevo mucho
tiempo encerrada en esta casa. Me desespero.
-Está bien.
A Alicia no le quedó más remedio que ceder.
Las dos se dirigieron al manantial. Estaban las dos
solas cuando llegaron. Alrededor del manantial crecía la maleza. De pronto, Rebeca
tuvo la sensación de que ni ella ni Alicia estaban solas.
-Alguien nos está observando-le comentó a su prima.
-¿A qué te refieres?-inquirió Alicia-Yo no veo a nadie.
De pronto, Carlos surgió como de la nada. Las dos jóvenes,
al verle, se sobresaltaron. Carlos se sintió cohibido al ver que Alicia no
estaba sola.
-Disculpad-se excusó el joven-No sabía que teníais compañía.
-¿Es él?-inquirió Rebeca en voz baja dirigiéndose a Alicia.
-Sí...-contestó la chica.
Rebeca se apoyó en su prima porque aún se sentía muy débil
como para caminar.
Alicia la ayudó a sentarse en una roca. Pensó que Rebeca
había cometido una locura al acompañarla.
-Éste es Carlos, un buen amigo mío-le contó a la joven-Lo conocí
cuando vine una vez por agua a este mismo lugar. ¿Te acuerdas que te lo conté?
Alicia se dio la vuelta. Llenó su cántaro de barro con el agua del
manantial.
Notó cómo le temblaban las manos. Carlos ejercía aquel efecto
sobre ella. Se puso de pie. Se dio la vuelta para mirarle.
-Ésta es mi prima Rebeca-le contó al joven.
-Es honor conocerla, señorita-la saludó Carlos.
Le dedicó una cortés reverencia. Rebeca lo miró con curiosidad.
-Siempre es agradable conocer a los amigos de mi prima-afirmó.
Alicia se sintió también cohibida. Pero se dijo que era
bueno que Carlos y Rebeca se conocieran. Se dijo así misma que le preguntaría a
su prima a solas qué le había parecido. Rebeca le expondría su opinión con
total confianza.
-Tenemos que irnos-le dijo-Rebe no puede estar fuera de casa mucho
tiempo.
-Espero volver a veros en otra ocasión-le aseguró Carlos.
No lo dijo. Pero Alicia sospechó que el joven quería verla
a solas.
Alicia y Rebeca se alejaron del lado de Carlos. Rebeca miró ansiosa a su prima.
-¿Te has visto a solas con él?-le preguntó.
-Cuando nos conocimos-respondió Alicia.
-Espero que no vuelvas a verle a solas. Estaría mal.
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