miércoles, 2 de septiembre de 2015

LA TENTACIÓN

Hola a todos.
He encontrado, revolviendo entre mis papeles, este "one shot" de El milagro de San Bruno, de Philippa Carr (uno de los muchos seudónimos que usaba la tristemente desaparecida Victoria Holt).
Cambio muchas cosas de la historia. Se centra más en el personaje de Damask, la protagonista, pero el galán de la historia no es Bruno, sino su primo Rupert.
De hecho, es Rupert el narrador.
Lo he dividido en dos partes para que no resulte aburrido.
Mañana, subiré la parte final.
Deseo de corazón que os guste.


LA TENTACIÓN

ISLA DE VIEW, EN EL RÍO TÁMESIS, A SU PASO POR EL CONDADO DE READING, 1553

-¿Es verdad lo que está pasando en Londres, Rupert?-me pregunta mi prima Damask. 
                                    Nos encontramos dando un paseo por un sendero que hay cerca de la casa de mis tíos. 
-He oído algunos rumores acerca del carácter de la Reina-respondo. 
-Parece que el mundo se ha vuelto loco-se lamenta Damask. 
-La peste no llegará hasta aquí. No creo que la Reina se fije en una pequeña isla como View. Aquí no hay brujos. 
-Lo sé. 
                                     Fue la peste la que acabó con la vida de mis padres. Me quedé al cuidado de mi hermana menor, Kate. 
                                  Kate es una joven que nunca para quieta. Necesita estar ociosa. Damask, nuestra prima, es distinta. Sabe cómo comportarse. Su dueña la deja salir sola conmigo porque soy su primo. Pero no lo ve con buenos ojos. 
-¡Esperadme!-grita mi hermana, mientras viene corriendo hacia nosotros. 
                              Damask estuvo llorando durante días cuando le contamos la desgracia que se había cernido sobre la Abadía de San Bruno. Las tierras de mis tíos lindan con la Abadía. Damask conoce al niño que fue abandonado la mañana de Navidad allí. Habían colocado un Nacimiento con esculturas muy grandes. 
                              Una madre desnaturalizada colocó a su hijo recién nacido en la cuna donde dormía una escultura del Niño Jesús. 
                               Los monjes lo vieron al día siguiente. Pensaron que había ocurrido un milagro. Dios había convertido al niño de cerámica en un niño de verdad. Naturalmente, se quedaron con el pequeño. Le llamaron Bruno. 
                               Damask siempre ha sentido algo por Bruno. Ante sus ojos, le veía como un ser sobrenatural. De buena gana, se habría casado con él. 
                                La epidemia de peste nos destrozó la vida.
                                Mis padres murieron. Murieron varios monjes. Y Bruno acabó sucumbiendo a la enfermedad. Tenía catorce años. Cuando Bruno fue enterrado, fueron muchas las personas que quisieron de él un mechón de su cabello. Decían que era un Santo. 
                                A Bruno le enterraron calvo. 
                                Le raparon la cabeza. 
                                Kate y Damask conservan mechones de pelo de Bruno. Kate guarda su mechón de pelo en un cofrecito que tiene encima del tocador. Damask, por el contrario, guarda el mechón de pelo en su joyero. Ambas comparten habitación desde que llegamos a la isla. En Londres, dormían en habitaciones distintas. 
                                Es frecuente que salgamos a pasear. Por lo general, Kate y yo evitamos hablar de Bruno. Sabemos que es un tema que le duele a Damask mencionar. 
                               Y yo no quiero que sufra. 
                                Ha pasado un mes desde que llegamos a la isla. 
                                El primer día consistió en ordenar las ropas. Los criados se ufanaron en limpiar la casa. 
                                Desde que llegamos, hemos seguido una misma rutina. 
                                Nos levantamos temprano. Solemos desayunar los cinco juntos. Suelo sentarme a la mesa al lado de Damask. 
                                Me recuerdo a mí mismo que es mi prima. 
                                Ya tiene dieciocho años. Tiene la misma edad que tiene mi hermana. 
                                Mis tíos hablan durante el desayuno. 
-Damask tendría que haberse casado ya-opina mi tía. 
                                  Mi prima me mira de forma disimulada. Me dedica una de sus preciosas sonrisas. Yo le guiño un ojo. Y ella se ruboriza de manera visible. Ni mis tíos ni Kate parecen darse cuenta de nada. No sabemos el tiempo que vamos a permanecer aquí, en View. 
-Es Damask la que no quiere casarse-le recuerda mi tío a mi tía-Podría ingresar en un convento. 
-¿Ser yo monja?-se ríe Damask. 
-Eres una chica muy tranquila-contesta Kate, interviniendo. 
                                  Lo mismo ocurre a la hora de la comida. Me siento al lado de Damask a la mesa. 
                                  En el desayuno, me fijo en cómo bebe un sorbo de su tazón de leche caliente. 
                                  En la comida, me fijo en la manera en la que come. Tengo la sensación de que parece un pajarillo comiendo. 
                                   Aunque esté comiendo un cuenco de sopa caliente. Le gusta mucho la sopa. 
-Me miras mucho últimamente, Rupert-me indica Damask. 
                                   Nos sentamos juntos a la mesa a la hora de la cena. Se repite el mismo ritual. Mis tíos y mi prima Kate hablan de cualquier tema. Damask no habla mucho. 
                                    Y yo la miro. La miro de manera insistente. En contra de su voluntad, es incapaz de comer la porción de cordero asado que le han servido. Yo no tengo hambre. 
                                     Como mi porción de cordero asado con desgana. 
                                    No sé lo que me pasa con Damask. Sé que no es bueno lo que siento por ella. Me reprocho a mí mismo por mi comportamiento. No está bien lo que estoy haciendo. No está bien lo que me pasa. Estoy asustando a mi prima con mi proceder. 



                                      Ha pasado otro mes.
                                      Mis tíos suelen venir a la isla de View a pasar aquí el verano. Les gusta huir de Londres.
                                      Kate y yo les acompañamos desde que llegamos aquí. En otoño, regresaremos a Londres. Pero sospecho que a Damask no le gusta nada la ciudad.
                                     Una tarde, Kate, Damask y yo salimos a dar un paseo por uno de los senderos que hay en la isla. Tomamos asiento en uno de los bancos que han colocado recientemente allí. Son bancos de madera.
-¡Tengo muchísimas ganas de regresar a Londres!-exclama mi hermana.
-Preferiría quedarme aquí-le confiesa Damask.
-No soporto estar mucho tiempo en un sitio tan pequeño-admito-Aunque este sitio es muy bonito.
                                   Hace mucho tiempo que me cuesta trabajo conciliar el sueño. Me paso todas las noches en vela. El amanecer me sorprende.
                                    Estoy acostado en mi cama mirando al techo y sin poder sacarme a Damask de la cabeza.
                                     Mi hermana y ella comparten habitación. A pesar de sus diferencias, se han hecho muy amigas.
                                    Las oigo hablar por las madrugadas. Kate habla de las fiestas a las que ha asistido. Es un poco mayor que Damask y está preocupada porque todavía no se ha casado.
-Voy a esas fiestas a ver si encuentro un marido-le confiesa.
                                    Hay una pequeña capilla aquí, en View. Toda la familia acudimos allí a rezar los domingos. Incluso, viene un párroco desde Reading para oficiar la Misa los domingos a las doce del mediodía.
                                   Me he dado cuenta de que Damask casi no come. Su dueña se la lleva a ella y a Kate a un aparte.
-Debéis de tener cuidado con los hombres, niñas-les advierte.
-Yo no quiero tener ya cuidado con los hombres-replica mi hermana-¡Yo quiero casarme!
-¡Niña!
-Kate, no hables así-la regaña suavemente Damask.
                                     La dueña habla de los hombres. Es una mujer viuda y, por lo que me ha contado un criado, su matrimonio fue un verdadero desastre.
                                     Habla mal de todos los hombres. Tanto Damask como Kate la escuchan en silencio. Pero sospecho que no piensan lo mismo que ella.
                                     Rezamos todos juntos el rosario en el saloncito.
                                     No quiero mirar a Damask. La siento temblar. ¡Qué Dios me perdone!
                                     Intento no mirarla y sospecho que a ella le ocurre lo mismo que me ocurre a mí. No deja de mirarme por el rabillo del ojo. El rosario de madreperla que sujeta entre sus dedos se mueve de manera hipnótica.

martes, 1 de septiembre de 2015

LOS ÚLTIMOS DÍAS

Hola a todos.
El "one shot" que os traigo tiene que ver con la saga de novelas protagonizadas por la doctora Adelia Aguilar, personaje creado por la mente de la tristemente desaparecida escritora Ariana Franklin. En España, hemos podido leer dos de sus obras, Maestra en el arte de La Muerte y El laberinto de La Muerte. 
Este "one shot" está protagonizado por Allie, la hija de Adelia y de Rowley, su amante.
Este "one shot" no tiene nada que ver ni con la saga de novelas porque carece de su ambiente de misterio y es más bien triste.
Pero deseo de corazón que os guste.

LOS ÚLTIMOS DÍAS

LOCK ISLAND, EN EL RÍO TÁMESIS, 1190

-Te vas a poner bien, cariño-me dice mi madre-Bebe un poco. 
                            Mi pobre madre sólo sabe administrarme todas las medicinas que prepara. Intenta mantener la calma mientras busca en su cabeza algún remedio. Alguna medicina de la que le hablaron mientras estudiaba en la Universidad de Salerno. Cuando se trata de otras personas, mi madre se mantiene fría y serena. Pero es distinto cuando se trata de mí. 
                            Soy su única hija. 
                            Tengo dieciocho años. 
                            Un ataque al corazón acabó con la vida de mi padre. 
                           Y, ahora, una enfermedad que padezco desde que era pequeña está acabando poco a poco con mi vida. Mi corazón nunca ha funcionado bien. 
                            Cuando era pequeña, no podía salir a jugar, como sí lo hacían los demás niños. No podía subirme a los árboles. No podía correr. No podía saltar. Me cansaba enseguida. Sentía cómo le fallaban las fuerzas. He llegado a desmayarme en más de una ocasión. En los últimos tiempos, mi enfermedad ha empeorado. Mi madre ha advertido que los latidos de mi corazón son cada vez más débiles. La desesperación se ha apoderado de ella. 
                             Ha venido a verme un joven médico al que mi madre conoce muy bien. Se llama Simón, como el hombre al que mi madre considera como un padre. Viene de Nápoles. De hecho, es el hijo de ese Simón al que mi madre tanto quiere y del que tanto me ha hablado. Fue brutalmente asesinado por una pareja de sádicos un año antes de mi nacimiento. Por aquel entonces, mi madre ya conocía a mi padre. 
                            Simón es médico. Junto con mi madre, lucha para salvar mi vida. 
                             Yo sé que todos los esfuerzos que hace son inútiles. 
-Me voy a morir-le digo una tarde. 
-No te vas a morir-replica Simón. 
-Tengo mala cara. ¿No es así? 
                             Simón guarda silencio durante unos instantes. Luego, logra esbozar una sonrisa. Afirma que tengo un rostro muy bonito. Sé que intenta ser amable conmigo. 
                              Le agradezco su amabilidad. Me sería muy fácil enamorarme de él. Mi padre hablaba de empezar a buscarme marido en cuanto empezara a menstruar. 
                              Mi madre, naturalmente, se opuso a aquella sugerencia. Le hizo ver que los rigores de un parto me matarían. 
                              A lo mejor, no llegaba a sobrevivir a un embarazo. Nunca antes he pensado en tener un hijo. 
-Quiero salir a dar un paseo-le pido a Simon otra tarde-Hace Sol. 
                            Por suerte, vivimos en una isla muy pequeña. Mi madre se retiró a vivir aquí cuando murió mi padre. La llaman personas del condado de Reading, sitio al que pertenece esta isla, para que la atiendan. 
                           He amado. Pero eso no lo sabe mi madre. 
                          Mi amado era un hombre que estaba prohibido para mí. Su abuela fue amiga de mi madre cuando llegó a Inglaterra. Lo estaba criando ella cuando se conocieron. Mi amado era un hombre que sintió la llamada de Dios cuando era aún un niño. 
                           Fue un pecado terrible el que cometimos. Venía a verme con mucha frecuencia. 
                          Me brindaba un consuelo que necesitaba. 
-Me gustaría poder encontrar a la familia de mi madre-le conté una tarde. 
                            Estábamos sentados a la orilla del río Támesis. 
-¿Te ha contado tu madre algo de ella?-me preguntó. 
-La abandonaron a los pies del Vesubio nada más nacer-respondí-Una familia la encontró y se la llevó a casa. La criaron como una hija. Pero...Sé que le duele. 
-¿Le duele el haber sido abandonada?
-Sí...
-Podría ir a buscar a su familia. Pudo haber sido una familia pobre que no podía mantenerla. A veces...
-O pudo ser una mujer que pecó y la abandonó para tapar su vergüenza. Las dos lo hemos pensado. 
                               ¡Era tan agradable el poder estar con él! El poder abrirle mi corazón. No nos dimos cuenta del amor que estaba creciendo en nuestros corazones. Su vocación religiosa era sincera. Pero también estaba el amor que sentía hacia mí. 
                                Luchó por huir de aquel amor. Por no venir a verme, pero aquel sentimiento era más fuerte. 
                                Confieso que me entregué a él. Le entregué mi virginidad una noche. Mi madre estaba fuera, asistiendo a una mujer de la isla. Estaba muy enferma. Murió cerca del amanecer. 
                                 Mi amado vino a verme para no dejarme sola. Lo siguiente que recuerdo fue su cercanía. 
                                 El acariciar con mi mano su cara. 
-No está bien-murmuramos a la vez. 
                                  Lo siguiente que recuerdo fue que lo besé poniendo toda la pasión que sentía hacia él en aquel beso. Y recuerdo sus manos rodeando mi cuerpo. 
                                 No recuerdo cómo caímos sobre mi cama. Ni cómo acabamos desnudos el uno frente al otro. 
                                Sí recuerdo cómo llenó de besos mi cara. Cómo los besos que me daba en los labios eran cada vez más y más apasionados. Cómo lamió mi cuello con sensualidad. Cómo besó mis pechos con voracidad. 
                                 Y yo me estremecía de placer. De gozo...
                                 Rodeé su cuerpo con mis brazos para apretarme más contra él. 
                                No sentí apenas dolor cuando su cuerpo se introdujo dentro de mi cuerpo. Llevaba mucho tiempo soñando con aquel momento. 
                                Me abracé a él y me dejé llevar por las sensaciones que me embargaban. Placer... Mucho placer...
-El año pasado, apareció ahogado el cuerpo de un sacerdote aquí mismo, en la orilla-me contó Simón-Dicen muchas cosas sobre él. Que se suicidó. 
-¡Dios mío!-murmuré, sobrecogida. 
-El Padre Ulf, recuerdo que se llamaba. Un nombre muy curioso...Para un sacerdote, quiero decir. 
-¡No sigas hablando! 
                                 Mi amado apareció muerto dos días después de nuestra noche de amor. El dolor y los remordimientos fueron los que le llevaron a cometer aquella locura. Simón no sabe nada. No quiero que sepa nada. Muy pronto, mi amado y yo volveremos a estar juntos. 
-Quiero ayudarte-me asegura Simon-Quiero que te recuperes. Eres muy hermosa, Allie. Eres delicada. Y femenina...Serías la esposa perfecta para cualquier caballero. La esposa perfecta para mí...Y me gustaría poder casarme contigo. 
-¿Te has vuelto loco?-me escandalicé-¡No! 
                               Una parte de mí necesita ser amada. 
-Te ruego que lo pienses-contestó Simon. 
-No podría darte hijos sin morir en el parto-le recordé. 
-Buscaremos entre tu madre y yo una cura para tu enfermedad. Allie, te lo prometo. Todo irá bien. 
-Es tarde. Los dos lo sabemos. 
                                Tuve que sentarme sobre la hierba. Apenas había dado cuatro pasos. Y ya estaba agotada. Miré con angustia a Simon. 
                                 ¿Acaso es ciego? ¿No se da cuenta de nada?
                                 Simon...
                                 Se ha enamorado de mí. Esa idea me atormenta durante los días que siguen. 
                                 Pronto, deja de ser sólo una idea. Se convierte en una realidad. Simon me trae ramitos de flores silvestres. Me dice cumplidos. Lo comparo mentalmente con Ulf. Ulf me hablaba con el corazón. Simon me corteja con la insistencia de un trovador. 
                                Y yo quiero ser otra vez amada. No me quiero morir sin haber sido una vez más amada. ¿Acaso me he convertido en una ramera? 
                                 Me gustaría poder hablar de estos temas con mi madre. Pero me temo que le escandalizaría saber que su hija no es virgen. Y que siente atracción física hacia un hombre. 


-Tienes que comer más, hijita-me dice mi madre cuando me sirve un cuenco con caldo. 
                             Estoy acostada en mi cama. 
-¿Crees que soy una ramera, madre?-le pregunto. 
-¡Por supuesto que no!-responde mi madre con firmeza-Eres la criatura más decente y pura que existe en el mundo. No vuelvas a decir nunca más que eres eso, Allie. Es mentira. Lo sabemos las dos.  
-Piensas así porque soy tu hija. 
                             Soy demasiado vieja para casarme. Con diecinueve años, tendría que haberme casado hace mucho tiempo. Pero ningún hombre querría como esposa a una mujer que no puede tener hijos porque podría morir durante el embarazo. 
                                Para mi desgracia, no me quedé embarazada de mi amado. Mi regla bajó a la semana de enterrarle. Mi corazón se rompió al ver que ni me quedaría el consuelo de traer un hijo suyo al mundo. Me había quedado sin nada. 
                                Decido entregarme a Simon. Por lo menos, él tendrá un recuerdo mío para cuando yo ya no esté en este mundo. A pesar de que las fuerzas me fallan, logro escribirle una nota que se la hago llegar por mediación de la buena de Gyltha. 
                                 Aún vive esta pobre mujer que ha sufrido demasiado. Que siempre ha sido leal a mi madre. Que ha cuidado de mí con total abnegación. La abuela de mi amado...No sabe lo que hubo entre su nieto y yo. ¡Jamás lo sabrá! 
                             Simon y yo nos encontramos a la orilla del río Támesis. 
                             Los dos sabemos lo que va a pasar. 
-¿Te casarás conmigo después?-me pregunta. 
-Disfrutemos de la noche-le respondo. 
                             Ya no es necesario que sigamos hablando. 
                              Simon y yo yacemos desnudos sobre la hierba. 
                              No es capaz de dejar de besarme. Yo le devuelvo todos los besos que me da. Me siento muy cómoda cuando me abraza. Siento cómo me besa en el cuello y yo me aferro a su cuerpo. Siento su lengua lamiendo mis pechos. 
                               Le hago este regalo. Mi último regalo...
                               Simon se queda dormido. 
                               Pero yo permanezco despierta. De pronto, una luz blanca lo ilumina todo. 
                               Veo dos figuras masculinas que avanzan hacia mí. Reconozco esos rostros alegres y llenos de amor. Son los rostros de mi padre y de mi amado. 
-Vamos-me dicen-Llevamos esperándote mucho tiempo. 
                               Están juntos. 
                               Quieren que vaya con ellos. Miro a Simon. Permanece dormido. No pienso en nada mientras que les sigo hacia esa luz que me envuelve. 

FIN

domingo, 9 de agosto de 2015

"LOS BESOS QUE NOS DIMOS": FAITH

Hola a todos.
He convertido este blog un poco en el blog de mi "fanfic" Los besos que nos dimos. 
Hubo cosas que quería subir aquí cuando empecé a escribirlo. Pero, por algún motivo, (por vergüenza o porque pensaba que era demasiado largo), no lo hice y las estoy subiendo ahora.
Aquí os dejo con un pequeño pensamiento de Faith.

                                    Ya no volveré a abrazar a Pip. Ya no volverá él a abrazarme.
                                     Siento un inmenso dolor que me aplasta el corazón. Le necesito a mi lado.
                                    Ya no volveré a besar a Pip. Ya no volverá a besarme cómo sólo él sabe hacerlo.
                                    ¡Qué desgracia tan enorme es estar aún viva!
                                    Le necesito a mi lado. Pensaba que envejecería conmigo. Que tendríamos hijos que no sustituirían al hijo que perdimos.
                                    Esos hijos serían nuestro consuelo en la vejez. ¿Qué será de mí ahora? ¿Qué será de mi vida ahora?
                                    Lo único que quiero hacer es llorar. Pero no me quedan lágrimas. Me he quedado seca por dentro.
                                    Ya no volveré a tocar a Pip.
                                    No entiendo nada. Era un joven fuerte y sano. ¿Por qué tuvo que enfermar?
                                   ¿Por qué tuvo que morir? ¿Por qué tuvo que dejarme sola con este dolor tan inmenso?
                                   ¡Estoy sola! Me moriré sola. ¿Dónde estás, Pip? ¡Llévame contigo donde quiera que estés! Pero no vuelvas a dejarme sola. ¡Te lo ruego, amor mío!



                           No vas a regresar. ¡Estás muerto!
                           Los muertos no regresan a la vida. Mi padre lo decía.
                           Me dice mis padres en sus cartas que debo de ser fuerte. Que debo de alegrarme por ti porque ya no volverás a sufrir nunca más. ¿Y qué pasa conmigo? ¿Qué pasa con mi sufrimiento?

sábado, 18 de julio de 2015

CARLOS FUENTES MACÍAS

Hola a todos.
Carlos Fuentes Macías es uno de los destacados autores que cultivaron el realismo mágico.
La cotidianidad se tiñó en las obras hispanoamericanas de toques sobrenaturales que parecían convivir con el día a día (como los poderes sobrenaturales de Clara, la protagonista de La Casa de los Espíritus, la gran novela de Isabel Allende, que eran vistos como algo normal en el seno de su familia).
Carlos Fuentes Macías nació panameño, pero acabó nacionalizándose mexicano y, de hecho, falleció en México D.F. hace tres años.
Es un conocido escritor, novelista, poeta e intelectual. Fue hijo de diplomático y él mismo llegó a ser diplomático.
Varias de sus obras han sido llevadas al cine, como La Cabeza de la Hidra. 
Aquí os dejo con una frase que resume la relación entre padres e hijos con bastante acierto:

Hay que llegar a saber que los hijos, vivos o muertos, felices o desdichados, activos o pasivos, tienen lo que el padre no tiene. Son más que el padre y más que ellos mismos. Nuestros hijos son los fantasmas de nuestra descendencia. El hijo es el padre del hombre.

 Portada de La Cabeza de la Hidra, de Carlos Fuentes Macías.

viernes, 19 de junio de 2015

LOS BESOS QUE NOS DIMOS: PHILIP

Hola a todos.
Aquí os traigo un pequeño y nuevo añadido a mi fanfic Los besos que nos dimos. 
Philip, el difunto marido de Faith, es el protagonista de este añadido.

-No fue justa mi muerte-se quejó amargamente Philip al hombre de barba blanca y larga que estaba a su lado-¡Teníamos muchos planes por delante!
                               Era espantoso acercarse a Faith cuando estaba dormida, posar sus labios sobre la mejilla de ésta y no sentir nada. Ella se sobresaltaba. Pensaba que estaba sintiendo la presencia de un fantasma. Y él sufría.
-Era tu sino-le explicó aquel hombre-Tu hora había llegado.
                                 Eran dos figuras que estaban paseando por el cementerio.
                                 Philip llevaba toda su vida evitando La Muerte. Estuvo a punto de morir cuando nació.
                                 Estuvo a punto de morir con diez años. Pero, en algún momento, tras muchos años esquivando La Muerte, ésta le había encontrado. Y le había separado del lado de Faith.
                                 Ya no volvería a abrazarla.
-¿Por qué he tenido que morir?-le preguntó con rabia al hombre que estaba a su lado.
                                 Ya habían pasado unos años desde su muerte. Faith intentaba rehacer su vida como podía.
                                 Incluso, se permitía el lujo de ser cortejada por algunos pretendientes. Aquellos hombres eran, en su mayoría, viudos y con hijos.
                                 Sin embargo, ninguno de aquellos pretendientes despertaba emoción alguna en Faith. Ninguno de ellos podía hacerle olvidar a Philip.
                                  La anciana Lizzie había muerto. Falleció dos años después de la muerte de Philip, tras una vida larga. El joven entendía la muerte de la anciana que había sido lo más parecido que había tenido a una abuela.
-¿Por qué no me respondes?-le increpó al hombre que tenía a su lado.
-Hemos hablado de este tema muchas veces-contestó el hombre con paciencia y con dulzura-Era el momento.
-¡No era el momento!
-Estuviste a punto de morir dos veces en el pasado. Si sobreviviste fue porque no había llegado tu hora. Pero el momento de tu muerte llegó. El tejido de tu vida se cortó. Esto no siempre es justo.
-¿Dónde están mis sueños?
                             A pesar de que había muerto en su momento, según aquel hombre, el espíritu de Philip se negaba a ascender al Cielo. Sólo quería estar cerca de Faith.
                              A veces, agitaba con suavidad las cortinas del salón. No se atrevía a manifestarse ante ella porque la gente pensaría que estaba loca y acabaría en aquel espantoso lugar. Bedlam...
                             De algún modo, Faith sentía que Philip estaba cerca de ella. No podía verle, pero, en cambio, sí podía sentirle. No podía hablar con él. Pero el espíritu del hombre que tanto había amado le hacía compañía.
                               No la dejaba sola nunca.
-Mis sueños estaban con Faith-se lamentó Philip-No pienso marcharme de aquí sin ella.
-Su momento todavía no ha llegado-le recordó el hombre que estaba a su lado.
-No me importa. Sé esperar.

miércoles, 17 de junio de 2015

ARGUMENTO DE "PLEAMAR"

Hola a todos.
Han pasado mucho tiempo desde que hice una entrada en este blog.
Por eso, he querido hacer esta entrada aquí. Para que le dé un poco el aire.
Os quiero contar el argumento de una de mis historias sin acabar.
Se trata de Pleamar. 
La acción transcurre en la isla de Tabarca, durante la década de 1880. Marina es una encantadora y dulce muchacha, hija de los marqueses de Astarloa, posiblemente, el matrimonio más rico y poderoso de toda la comarca. Samuel es, por el contrario, el hijo de los criados que están al servicio de los marqueses. Ambos se conocen desde que eran niños. Han jugado juntos y han crecido juntos. Pero deben de separar sus caminos debido a sus orígenes dispares. Por eso mismo, Marina se está dejando cortejar por un adinerado aristócrata y Samuel galantea a Aledis, una joven huérfana que trabaja como modista. Sin embargo, un sentimiento mucho más fuerte que los convencionalismos sociales les une, aunque ellos luchen por resistirse. ¿Qué harán?

 Os presento la isla de Tabarca, el precioso lugar donde tiene se sitúa esta historia.


martes, 24 de marzo de 2015

AÑADIDO A "LOS BESOS QUE NOS DIMOS"

Hola a todos.
Os dejo con un nuevo añadido a mi fanfic Los besos que nos dimos. 
En mi idea original, esta que Philip le dejara a Faith una carta que había escrito antes de su boda y que, después de su muerte, ella leería.
Finalmente, lo descarté. Pero llegué a escribir una escena donde la carta se lee durante el funeral de Philip.
Os la dejo.

                 El sacerdote leyó durante el responso una misiva que, según él, escribió Philip el día en el que se casó con Faith. Decía así:

“Mi querida Faith:
Si estás leyendo estas líneas es porque estoy muerto. No, no se trata de ninguna broma. Tú y yo hemos vivido mucho y con gran intensidad. Tarde o temprano, la vida acaba pasándonos factura. Si no quiero que leas esta carta es porque no quiero asustarte. No me atrevo a hablarte con sinceridad por esa misma razón. Y menos hoy, el día de nuestra boda. No es que te quiera menos por ocultarte esta misiva, sino porque piensas que soy inmortal y que nada puede conmigo. Te equivocas porque no soy tan fuerte como piensas ni puedo con todo. Desearía morir entre tus brazos porque sólo tú eres la fuerza que me impulsará a mirar a La Muerte a la cara. Eres, además, la persona más fuerte que conozco y sé que lo estarás pasando muy mal en el momento de leerse estas líneas.
Te sentirás muy sola, me lo imagino. Pero quiero que te des cuenta de que no estás del todo sola. A tu alrededor hay gente que te quiere.
Y me tienes a mí que, aunque no me veas, estaré siempre a tu lado, cuidándote, protegiéndote, como llevo haciendo desde que te conocí.
Sé que todo el tiempo que pase a tu lado me sabrá a poco tiempo. Aunque vivamos juntos mil años.
Has sabido mirar en mi corazón.
Has ido más allá de mis orígenes, amor mío. Has sabido ser fuerte.
Te amo por ello. Te admiro por ello.
Quiero pasar toda la vida a tu lado. Pero soy consciente de que eso podría no suceder.
No quiero ponerme triste. Y no quiero llorar en un día tan feliz como éste. Es el día de nuestra boda. Unimos nuestras vidas para siempre, amor mío.
No veo la hora de verte ante el Altar. Oigo a mi madre llamarme a gritos.
Es la hora de irse. Pronto, nos encontraremos.
Uniremos nuestras vidas para siempre. Es el día más feliz de mi vida. Vas a convertirte en mi esposa, Faith.
Y yo me convertiré en tu marido. Deseo hacerte feliz. Quiero que seas la mujer más dichosa del mundo.
No sé si tendremos hijos. Pero sí sé que estaremos juntos. Para mí, es suficiente. Y quiero que sea suficiente también para ti. Quiero pensar que vamos a hacernos viejos juntos.
¿Tú también lo crees, Faith?
 Uno piensa que La Muerte significa la separación de dos personas que se aman y no es verdad porque el amor no termina con La muerte. No el amor que es verdadero. Me queda el consuelo de saber que un día volveremos a estar juntos. Piensa en mí a menudo, pero no te encierres en ti misma. Sal y diviértete y no te atormentes pensando que obras mal. No quiero que te quedes en casa llorando por mí, aunque pienses que es muy frívolo esto que te digo. Quiero  que seas feliz, pese a mi ausencia. Tu felicidad es lo único que me importa.
Ya falta menos. Dentro de muy poco, estaremos casados.
Viviremos dónde tú quieras. Iremos de viaje de novios por toda Europa. O iremos adónde tú quieras ir.
Lo cierto es que eso no me importa mucho. Tan sólo me importa lo que está por venir.
Convertirme en tu esposo. Te amaré siempre, mi querida Faith. Le doy gracias a Dios por haberte conocido. Y sólo le pido a Dios que me permita poder estar contigo siempre.
A veces, tengo la sensación de que se me está concediendo más vida de la que debería de haber tenido. Mi madre me contó que nací prematuro. Estuve muy enfermo.
Pienso que debí de haber muerto cuando nací. Mi madre me pide, asustada, que no diga tonterías. Pero, a veces, tengo el temor de que mi tiempo no tardará en llegar. No quiero asustarte con estas cosas.
Hoy, es un día de alegría para nosotros.
Te amo, Faith, y siempre te amaré.
Philip.”

            En su carta, su esposo le aseguraba que no estaba sola, que tenía a su alrededor a un montón de gente que la quería.