jueves, 12 de diciembre de 2013

EL VAMPIRO

Hola a todos.
Hoy, os traigo un nuevo trozo de El vampiro. 
Lord Ruthven va a ver a Daisy Maning para indagar en lo que le ocurrió. Y también veremos un nuevo encuentro entre lord Ruthven y Parthenia.

                        La ventana de la habitación de Daisy estaba abierta. Entraba la brisa de la noche. Daisy se removió inquieta en la cama. De pronto, abrió los ojos. Y vio una figura masculina de pie frente a su cama.
Daisy se sentó de golpe en la cama. Sentía que le costaba trabajo respirar. A tientas, buscó la lámpara de aceite que tenía en su mesilla de noche. La encendió con mano temblorosa y clavó sus ojos asustados en aquel hombre.
-¿Quién es usted?-le preguntó con voz ahogada-¿Qué quiere de mí?
-Soy lord Ruthven-respondió el joven aristócrata-Le ruego que se tranquilice. Sólo quiero ayudarla.
-No le conozco.
-He oído hablar de usted. De lo que le ha pasado. Quiero descubrir quién se lo hizo. Pero me lo tiene que contar.
-No le puedo contar nada. No recuerdo nada. Él estaba conmigo. ¡Me hizo daño!
                    Lord Ruthven se dio cuenta de que Daisy estaba muy nerviosa.
                    La joven se acurrucó bajo las mantas.
-Pero fui con él-dijo-Yo quise ir con él. No pude verle la cara. Pero sí le vi los ojos.
-¿Cómo era él?-quiso saber lord Ruthven-Cualquier cosa que recuerde es buena.
-Tenía los ojos de color rojo. Cuando le vi, pensé que estaba ante el Diablo. ¡Era el Diablo!
                    Era obvio que Daisy estaba traumatizada por lo ocurrido.
-No era el Diablo-afirmó lord Ruthven-Era un ser humano depravado.
                    Daisy sólo intentaba olvidar lo que había ocurrido. Deseaba creer que todo había sido producto de una atroz pesadilla.



-No le vi la cara-susurró Daisy-¡No pude verle!
                  Rompió a llorar de manera desesperada. Lord Ruthven se acercó más a ella.
-Tranquilícese, miss Maning-le pidió con voz suave-Cuando se sienta con fuerzas, podrá recordar lo ocurrido.
                    Se inclinó sobre Daisy y le acarició el pelo, que lo llevaba recogido en una trenza. Daisy se aferró a sus manos. Clavó sus ojos desorbitados en lord Ruthven. El hombre que la había atacado era el mismo Diablo. Nadie podía detenerle. Nadie podía hacer nada para ayudarla. Lord Ruthven se inclinó sobre Daisy y la besó suavemente en la frente.
-¡Tiene que ayudarme!-le gritó Daisy-Lo que me ha hecho él podría hacérselo a otras mujeres. ¡Por Dios, ayúdeme!

-No te veo muy ilusionada con la boda-le comentó Piers a Parthenia.
                   Los dos se encontraban en el salón de la casa del duque de Westland. Piers y Parthenia estaban sentados en el sofá de terciopelo de color turquesa.
-Pasas más tiempo alejado de mí que junto a mí-le replicó Parthenia.
-Tengo que ocuparme de mis asuntos-le recordó Piers-Eso ya lo sabes.
                   No quiero casarme contigo, pensó Parthenia. Me he dado cuenta de muchas cosas.
-Me pregunto si me quieres-atacó Piers.
-Yo sí te quiero-dijo Parthenia-No puedes poner en duda mi amor por ti. Pero yo sí puedo poner en duda lo que tú sientes por mí.
                   Piers estuvo a punto de atragantarse al escuchar a su prometida.
                   Sus acreedores estaban empezando a perder la paciencia con él.
                   Su boda con Parthenia tenía que celebrarse lo más pronto posible. Si no se casaba con ella, acabaría en Newgate.
-¡Por el amor de Dios, Parthenia!-se escandalizó Piers-¿Cómo puedes dudar de mi amor por ti? Sabes de sobra que eres mi vida.
                      Le dio un beso en la mejilla.
-Ya...-masculló Parthenia.

                       La joven salió a dar un paseo por el jardín de su casa.
                       Sentía que necesitaba tomar el aire fresco. La visita de Piers había estado a punto de minar su paciencia. Su prometido era el ser más hipócrita que jamás había conocido.
                       De pronto, se dio cuenta de que no estaba sola en el jardín. Se dio de bruces con lord Ruthven. Respiró aliviada al reconocerle.
-He estado hablando con miss Maning-le contó nada más verla-No quiere recordar quién le hizo daño aquella noche. Está muy asustada.
                     Iba vestido de negro. Parthenia recordó que lord Ruthven siempre iba vestido de negro. Negro...Parecía querer confundirse con la noche. En realidad, parecía querer formar parte de la noche. Esa noche que tanto les atraía a ambos.
                     Parthenia llevaba puesto un vestido de color negro. En la noche, parecía un ser etéreo. Lord Ruthven respiró hondo al verla.
-Podría hablar yo con ella-se ofreció Parthenia-A lo mejor, me escucha.
-Hay que darle tiempo, milady-le sugirió lord Ruthven-Unos días...
-¡Ese hombre podría volver a atacar!
-Usted misma lo ha dicho. Ha sido un hombre quién lo hizo. No un ser venido del Infierno...
                      Parthenia empezó a caminar por el jardín. Lord Ruthven se colocó a su lado.
                      Percibía el calor que desprendía el cuerpo de Parthenia. No quería asustarla. No quería hacerle daño. Podía escuchar cómo corría la sangre de Parthenia en el interior de sus venas.
-Le ruego que tenga mucho cuidado-le pidió Parthenia-No quiero que le pase nada. Y avíseme si hace nuevos progresos.
-Así lo haré-le prometió lord Ruthven.
-De acuerdo...Gracias...
                    Lord Ruthven selló los labios de Parthenia con un beso cargado de calidez.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

EN UNA PEQUEÑA ISLA ESCOCESA

Hola a todos.
Y, por fin, llegamos al final de esta pequeña historia.
Vamos a ver lo que pasa finalmente entre Ashley y Louis.

                       Se estaba haciendo tarde. Louis no veía la hora de regresar a casa con Ashley. Y la joven lo sabía.
-Está empezando a refrescar-comentó Ashley.
                       Louis alzó la mano. El moño que lucía Ashley estaba deshecho y él terminó de soltárselo suavemente. Recordó cómo había sido su noche de bodas. Louis había sido el hombre más amoroso del mundo. Había sabido encender el deseo de Ashley.
-¿Quieres volver a casa?-le preguntó Louis-No quiero que caigas enferma.
-Tengo buena salud-respondió Ashley-Y quiero volver a casa. Empieza a hacer frío.
-Volvamos a casa, cariño.
-Me da pena despedirme de las estrellas. De este firmamento...
                  Los dos regresaron a su casa cogidos de la mano. Disfrutaban demostrándose físicamente el amor que se profesaban. Al lado de Louis, Ashley se había sentido amada. Y quería demostrarle lo mucho que le amaba.
                    Subieron casi sin hablar a su habitación. Los dos cayeron desnudos sobre la cama y permanecieron acostados, muy juntos. Unidos...
                     La mirada de Ashley se posó en la ventana. ¡Qué hermosa es!, pensó. La Luna...Podía ver la Luna desde la ventana de su habitación. Tenía la sensación de que estaba soñando.
                      Louis se colocó encima de Ashley para besarla con adoración. Posó sus labios sobre el cuello de su mujer. Llenó de besos su adorable rostro. Recorrió con la lengua el cuello esbelto de Ashley.
                      Las manos del uno recorrieron el cuerpo del otro intentando memorizar cada lugar, cada rincón. Se susurraron palabras de amor. Louis no se cansaba de besar a Ashley y la joven le devolvía cada beso que él le daba.
                     Estaban unidos desde el primer momento en que se vieron. Cuando salieron a pasear por el jardín, supieron que su espera había terminado. Se habían encontrado. Ashley había encontrado al hombre de su vida. Y Louis había encontrado a la mujer de su vida. Su amor duraría eternamente. Los dos tenían aquel firme convencimiento.
                     El uno recorrió con los labios el cuerpo del otro. Sus respiraciones se iban haciendo cada vez más agitadas. Se necesitaban.
                       Louis llenó de besos los hombros desnudos de Ashley. Sintió la lengua de la joven recorriendo cada centímetro de su piel. Sus manos acariciaron la espalda de su mujer. Llenó de besos cada centímetro de la piel sedosa de Ashley.
                      Recordaron la época todavía cercana en el tiempo en la que Louis cortejaba a Ashley. Un cortejo que se llevó a cabo en unas circunstancias tristes para Adrianne. Recordaban los paseos que dieron bajo la vigilancia de la carabina y las conversaciones que tuvieron sobre ellos mismos. La carabina se hacía la sorda para darles más intimidad, pero nunca se separaba de ellos.
-Quiero hablar con su padre-le dijo Louis a Ashley durante uno de aquellos paseos-No veo la hora de convertirla en mi esposa.
-¿No cree que se está precipitando?-inquirió la chica.
-Le estoy hablando con el corazón. Quiero casarme con usted, milady.
-Me siento muy halagada, señor Norris. Y...Sí...Quiero ser su esposa.
-Entonces, hablaré con su padre. Iré a su casa mañana mismo y hablaré con él. Le pediré que me entregue su mano en matrimonio.
                   Poco a poco, Ashley y Louis se poseyeron mutuamente. Sus cuerpos se unieron. Fue una unión suave. Cargada de dulzura...Ashley miró la Luna. La vio más brillante que nunca.
                   La joven, al terminar todo, se abrazó a Louis y lo besó de lleno y de manera golosa en la boca. No le molestaba sentir el cuerpo de su marido encima de ella. Se sintió protegida y llena de él.
-Pensarás que soy una tonta, pero siento que esta noche es la noche más feliz de mi vida-afirmó Ashley. Louis la besó en la frente-Tengo todo lo que siempre he querido tener. He pecado en el pasado de caprichosa. Pero eso ya ha pasado.
-A mí me gusta complacerte en todo, amor mío-le aseguró Ashley-A mi lado, no te faltará de nada.
                       Louis la besó en los labios antes de apartarse de ella. No quería aplastarla con el peso de su cuerpo. La cabeza de Ashley quedó apoyada sobre el pecho de Louis. Solía dormirse escuchando los latidos de su corazón. El joven apoyó los labios contra el cabello de ella. Rodeó con sus brazos la cintura de Ashley.
                      La respiración de la joven se fue haciendo más tranquila. Era la señal de que se estaba quedando dormida.
                      Louis sonrió al contemplarla. Mi Ashley, pensó con amor.
-Duerme tranquila-le susurró. La besó en la mejilla-Estamos juntos.
                      Cerró también los ojos. Era el hombre más feliz del mundo. La Luna y las estrellas eran testigos de su felicidad en aquella pequeña isla escocesa al lado de Ashley.

lunes, 9 de diciembre de 2013

RECOMENDANDO UNA NOVELA: "MELODÍAS PROHIBIDAS", DE JUDITH ÁLVAREZ

Hola a todos.
Hoy, me gustaría hacer una recomendación de una blog novela preciosa que os cautivará como me ha cautivado.
Se trata de Melodías prohibidas. Su autora es una buena amiga nuestra, Judith Álvarez, más conocida como Citu.
Todos los viernes, Citu sube a su blog "Enamorada de las letras" un capítulo de una novela que tiene de todos.
Sus protagonistas son Annemarie y Richard. Annemarie es la hija de un marqués, quien vive con su hermano mayor, quien parece no quererla, y una madre que es una auténtica zorra, pues parece que disfruta haciendo sufrir a su hija.
Richard, por su parte, es el hijo bastardo de un duque. Ha heredado el título de su padre y vive marcado por el tiempo que pasó en la calle y por la muerte de su madre.
Annemarie y Richard se conocen desde que eran pequeños. Los dos se atraen y se repelen a la vez. Son dos almas rebeldes que están unidas por un vínculo especial: su pasión por la música.
La acción transcurre en el Londres de 1875 y describe cómo eran las reuniones y los tratos de la alta sociedad de la época. Una sociedad hipócrita y de doble moral...Que invita a Richard a sus reuniones, aunque lo pongan verde a sus espaldas por su origen. Una sociedad en la que una mujer se ve obligada a casarse para ser alguien. Una sociedad a la que llega un personaje con la fuerza de un hurcacán, Sarita Montenegro, una mujer mexicana a la que le importa un ardite lo que la sociedad piense de ella y que cambiará para siempre las vidas de Annemarie y de su hermano James. También veremos un poco el nacimiento del movimiento sufragista, encarnado en el personaje de una amiga de Annemarie, Laura, quien es sufragista. Es la época en la que las mujeres están hartas de ser meros apéndices del hombre y reivindican ser independientes. Donde la aristocracia inglesa empieza a quedarse obsoleta en detrimento de los nuevos ricos, quienes han hecho fortuna trabajando.
Sarita y Laura son dos influencias positivas en Annemarie. Al mismo tiempo, Richard y Annemarie se apoyarán el uno en el otro para tener la fuerza suficiente para rebelarse. Para ser capaces de ser ellos mismos sin importarles la opinión de los demás. Su relación, apenas incipiente, va a estar cargada de pasión y de dulzura a la vez, pero también habrá problemas, como en toda buena novela romántica que se precie.
Si queréis conocer a esta pareja que está dando de qué hablar, Citu os espera los viernes en su blog "Enamorada de las letras".
El link es éste:

http://enamoradadelasletras.blogspot.com.es/



Os enamoraréis de Richard y de Annemarie, una pareja con fuerza.

POSDATA: Voto por la pareja formada por James y Sarita.

sábado, 7 de diciembre de 2013

UN CLÁSICO: EL SECUESTRO DE LA PROTAGONISTA

Hola a todos.
Hoy, he decidido dedicar el día a analizar los tópicos de las novelas románticas.
Vamos a hablar un poco acerca de un clásico. Se encuentra en casi todas las novelas románticas que hemos leído. Yo pienso que esto es más bien un clásico de las novelas románticas de época.
Ya dedicaré otro momento a hablar de los malos en las novelas románticas. Son pocas las novelas románticas en las que no aparece uno, dos o más malos que viven consagrados por motivos a cual más disparatado a intentar matar a la pareja principal, juntos o por separado.
En ocasiones, la protagonista, además de sufrir varios intentos de asesinato de los cuales salva la vida gracias a la oportuna aparición del héroe, está a punto de ser secuestrada o la secuestra alguien enviado por el malo.
Hacia el final de la novela, para que pueda haber un duelo entre el galán y el malo malísimo, éste último secuestra a la protagonista.
El malo se vale de distintas estratagemas para raptar a la protagonista. Casi siempre se ayuda de alguien para poder llevársela.
La heroína lo pasa mal mientras está en poder del malo malísimo hasta que aparece su amado. Nunca sé cómo se entera de dónde se encuentra, pero acaba encontrándola.
En ocasiones, el secuestro se lleva a cabo cuando los protagonistas han discutido y están separados. Se nos da a entender que el protagonista, al ver que su amada podía morir, le dice que la ama y que nunca antes ha tenido tanto miedo como cuando la vio en poder del malo.
Entonces, el héroe y el malo se pelean a muerte y el malo muere. Pero, si os fijáis bien, casi siempre muere de manera accidental. El héroe no lo mata. No sé porqué no puede matarlo el héroe después de todo lo que ha hecho. O el malo se suicida o muere de manera accidental.
Me quedo muerta al leer estas escenas. Tanto odio hacia el malo, ¿y no hace nada el héroe para acabar con él? Habla de hacer justicia, ¡y no la hace!
El secuestro de la protagonista, ¿es algo necesario? ¿No hay otros modos de que el héroe y el malo se enfrenten cara a cara sin que corran peligro otras personas? Y todos los secuestros son muy calcados, así como las motivaciones de los malos, los lugares donde permanece retenida la heroína, etc...
Heroínas secuestradas hacia el final de las novelas podemos encontrarlas en casi todas las novelas románticas de época. Gaelen Foley, Shirley Busbee, Amanda Quick, algunas de Johanna Lindsey, etc...
Sus heroínas son secuestradas por el malo para ser rescatada por el héroe. Lo de la declaración de amor hacia el final es para hablar de ello otro día.

 Confieso que he puesto esta carita para ilustrar esta entrada porque es monísima.

viernes, 6 de diciembre de 2013

EN UNA PEQUEÑA ISLA ESCOCESA

Hola a todos.
Aquí os traigo un nuevo fragmento de mi relato En una pequeña isla escocesa. 

                El tiempo que pasó en el jardín junto a Louis cambió para siempre la vida de Ashley. Por primera vez, se sentía cómoda en compañía de un joven caballero. Apenas estaba empezando a ser cortejada. Sentía que podía hablar de cualquier tema con él. Intuía que Louis la estaba escuchando.
-Hace una noche preciosa-comentó Louis.
-Es curioso-dijo Ashley.
-¿El qué es curioso?
-Nosotros estamos aquí fuera mirando las estrellas. Dentro, en el salón, hay un cadáver. El prometido de Adrianne ha muerto. Y nosotros...
-La vida sigue, milady.
                      Ashley se limitó a asentir. A pesar de la muerte del conde, la vida seguía para ellos.
-¿Cómo está mi hermana?-la interrogó Louis.
-Está destrozada-contestó Ashley.
                     Se sentaron en la hierba. Elevaron la vista al Cielo. Aquella noche, la Luna llena brillaba en lo alto del cielo.
                     Era una noche preciosa. Ni una sola nube cubría el cielo.
-¿Piensa quedarse aquí toda la noche?-quiso saber Louis.
-No quiero dejar sola a Adrianne-contestó Ashley-Es como una hermana mayor para mí.
-Me alegra saber que quiere mucho a mi hermana.



                      El entierro del conde se celebró al día siguiente.
                      Louis se colocó al lado de Ashley durante el sepelio. Le parecía raro sentirse atraído por una chica en un momento tan duro como el que estaba atravesando su hermanastra.
-Íbamos a casarnos-sollozó Adrianne de camino al cementerio-Teníamos toda la vida por delante. ¡No lo entiendo! Es un experto cazador. ¿Cómo pudo habérsele disparado la escopeta? ¿Qué ha pasado? Sólo sé que ya no está a mi lado.
-Llora, Adrianne-le exhortó Ashley-Llorar es bueno. Nos purifica por dentro. Nos limpia por dentro. Y evita que nos pudramos.
                     Sentía la mirada de Louis fija en ella y se estremeció. Piensa en Adrianne, pensó Ashley. Te necesita.
                      Pasaron algunos días desde el entierro del conde de Sherbridge. Ashley fue a visitar a Adrianne. La encontró acostada en su cama. No tenía ni fuerzas para levantarse de la cama. Ashley no había dejado de pensar en Louis. Se sentía culpable por sentirse atraída por el hermanastro de su mejor amiga mientras ésta lloraba la muerte de su prometido. Se sentó en una silla a su lado y trató de hablarle de trivialidades. Pero Adrianne no era tonta. Sospechaba que Ashley le ocultaba algo.
-Puedes contarme lo que quieras-la animó.
-Vas a pensar que soy una egoísta-se lamentó Ashley.
-Estás pensando en Louis. ¿No es así?
-Sí...Por favor, Adrianne. ¡No me odies!
                  A los pocos días, Louis fue a visitar al duque, el padre de Ashley. Le explicó cuáles eran sus intenciones hacia la chica. Quería cortejarla. El duque le dio su aprobación. A partir de aquel momento, Louis Norris empezó a cortejar a Ashley.
                   Un día, salieron a dar un paseo por el Lago Eriboll. Les acompañaba la vieja niñera de Ashley, quien hacía las veces de carabina.
-Estoy enamorado de usted, milady-le confesó Louis a bocajarro. Ashley le miró atónita-Sé que es un poco precipitado. Pero siento que llevo toda la vida buscándola. Tiene derecho a rechazarme. Yo soy poca cosa para la hija de un duque.
-No pienso eso-replicó Ashley-Pero estoy atónita. No me esperaba oír una declaración. Yo...
-Tiene todo el derecho del mundo a rechazarme-le aseguró Louis.
-No quiero rechazarle. Siento lo mismo que usted. Yo...
-¿También me ama?
-Sí, mister Norris. Le amo.
-Milady...Yo...
                   La vieja niñera de Ashley estaba cerca de ellos.
                   No podían hablar de aquel tema delante de ella. Decidieron regresar a casa. Allí, Louis le pidió al duque la mano de Ashley.



                Se casaron pocas semanas después. Había sido el compromiso más corto que jamás había tenido lugar en toda Escocia. Se habló mucho de ello durante los meses que habían seguido. La boda que se celebró fue más bien sencilla. Ashley y Louis decidieron respetar el luto que llevaba Adrianne al conde. No hubo fiesta de compromiso. Pero sí hubo un anuncio que se hizo oficial gracias a la prensa. Las amonestaciones se hicieron públicas menos de una semana después del anuncio del compromiso. Y la boda no tardó en celebrarse.

jueves, 5 de diciembre de 2013

EN UNA PEQUEÑA ISLA ESCOCESA

Hola a todos.
Hoy, me gustaría compartir con vosotros este relato. Lo he dividido en partes para que no resulte pesado.
Cuenta la historia de amor que nace entre dos jóvenes soñadores e idealistas. La acción transcurre en una pequeña isla escocesa, como dice el título, a principios del siglo XIX.
¡Espero que os guste!

FOREWICK HOLM, PAPA STOUR, ARCHIPIÉLAGO DE LAS SHETLAND, EN ESCOCIA, 1800

          El Sol estaba comenzando a ocultarse en el horizonte cuando la joven paraje abandonó la casa en la que vivían. Era algo que hacía desde que llegaron a aquella pequeña isla, unas semanas antes. Vivían en el centro de la isla de Forewick Holm. Los dos caminaban en dirección a la orilla. La joven esposa, llamada Ashley, se quitaba los zapatos porque le gustaba sentir el suelo bajo sus pies desnudos. La vida de Ashley había cambiado desde que se casó con Louis. Le gustaba vivir en aquella pequeña isla, tan aislada del mundo. Ashley y Louis eran almas gemelas. Los dos habían llegado a aquel convencimiento durante la ceremonia que los unió en matrimonio. Louis era un joven que buscaba la paz para su alma, atormentada por el recuerdo de la guerra. Ashley disfrutaba con el sonido de las olas e inventaba dibujos en el cielo cuando miraba las estrellas. 
                 Recordaba la noche en la que Louis y ella se conocieron. Salieron a dar un paseo por el jardín de la mansión en la que se encontraban y contemplaron el cielo estrellado. Las circunstancias habían sido tristes y a Ashley le apenaba recordarlas. Cuando salió a dar un paseo por el jardín con Louis, necesitaba alejarse del ambiente que se respiraba en el interior de la mansión. 
                El prometido de la mejor amiga de Ashley, Adrianne, había fallecido en un accidente de caza. Hacía escasos días que habían anunciado su compromiso en una fiesta que organizó el padrastro de Adrienne. La boda con el conde de Sherbridge iba a suponer para Adrianne un nuevo comienzo. Sus primeros años de vida habían sido un Infierno. Con un padre violento y maltratador...Tenía cicatrices por todo el cuerpo. A la muerte del padre, la madre de Adrianne pudo escapar de aquel Infierno. Rehizo su vida al lado de un hombre viudo y padre de dos hijos. Mister Norris era para Adrianne como un padre.
                Ashley conoció a la joven en aquella época. Por aquel entonces, Ashley era apenas una niña. Pero Adrianne y ella se convirtieron en uña y carne. Estaban muy unidas desde entonces. Ya había pasado algún tiempo desde la muerte del conde. Y Adrianne no había logrado superarlo. De hecho, la joven estaba pensando seriamente en tomar los hábitos porque sentía que no podía seguir viviendo si no estaba con ella su amado. 
                 ¿Es justo que yo sea feliz cuando mi mejor amiga está sufriendo tanto?, se preguntó Ashley. No es justo. 
                  Louis y ella se sentaron en el suelo. Los dos hablaron de los lugares a los que querían viajar. Louis no había hecho aún el viaje que todos los jóvenes suelen hacer por Europa. 
-Te gustará conocer Suecia-le aseguró a Ashley-Dicen que es muy bonita.  
                  La chica cerró los ojos. Se imaginaba así misma viajando por los lugares de los que Louis le hablaba.
-Ceilán...-dijo, de pronto.
-¿Quieres ir a Ceilán?-inquirió Louis.
-Nunca he estado allí. Pero la conozco de los libros que he leído. ¡Me gustaría conocer Ceilán!
                   Soplaba una brisa suave que movía los mechones de pelo de Ashley, quien tenía los ojos cerrados. Louis le cogió la mano. La besó en la cabeza.
                  Un pájaro pasó volando por encima de sus cabezas.
-Es una buena señal-opinó Louis-Los pájaros son libres.



                   Eran muy pocas las personas que vivían en aquella isla.
                  Era una sensación muy irreal la que ambos experimentaban al vivir allí.
                   En la casa quedaban la criada y la cocinera. Eran el único servicio que tenían.
-No tardarán mucho en acostarse-comentó Ashley-Nosotros siempre volvemos tarde.
                     El cielo ya estaba oscuro y estaba cubierto de aquellas brillantes estrellas. La Luna era llena aquella noche. Y podían contemplarla desde donde estaban sentados. Una Luna llena brillante y redonda que se veía reflejada en el mar. Era un espectáculo precioso.
                     Ashley se despertaba temprano. Se asomaba a la ventana y veía las barcas de los pescadores del archipiélago ya faenando. Le gustaba ver cómo empezaba a amanecer. Cómo salía el Sol por el horizonte. El comienzo de un nuevo día...
-Nos hemos quedado solos en el mundo-afirmó Louis.
                      Rodeó con su brazo los hombros de su mujer. La atrajo hacia sí con la intención de abrazarla con fuerza. Besó de manera suave y un tanto distraída la frente de Ashley.
-¿Y eso es malo?-sonrió la joven.
                     Louis la besó en una mejilla.
-Eso es maravilloso-contestó el joven.
                     Se apartaron un poco y Louis besó las manos de su mujer.
-No me gustaría tener que viajar a Durness-afirmó Ashley-Es un lugar triste.
                     Louis la besó con pasión en los labios. Al separarse, notó el calor que desprendía el cuerpo de su mujer.
-No viajaremos allí si no quieres-le prometió-Nos quedaremos aquí. En esta isla...Es nuestro hogar.
-Nuestro hogar...-repitió Ashley-¡Me gusta! Sí...¡Me gusta cómo suena!
                      Era el mes de diciembre. Pero las vidas de ambos cambió a principios del mes de febrero. Fue en aquel mes cuando los dos se conocieron. Ocurrió durante el velatorio del conde de Sherbridge. Ashley fue allí para apoyar a Adrianne. Louis era el hijo del padrastro de la joven. Aún no se conocían.
                  A mediados de enero, Adrianne fue a ver a Ashley a la casa de su padre, el duque de Warburton. Las dos amigas eran naturales de Durness, en las Tierras Altas. Ashley la hizo pasar al salón.
-¡Me voy a casar!-le anunció Adrianne a bocajarro.
-¿Qué me estás contando?-se asombró Ashley-¿Cómo que te vas a casar?
-Drake me ha pedido que me case con él.
-¿Cuándo?
-Fue ayer. Vino a ver a mi padrastro. Y él aceptó. ¡No quepo en mí de alegría! ¿Te imaginas, Ashley? ¡Seré la condesa de Sherbridge!
-¡Oh, Adrianne! ¡Eso es maravilloso!
                      Pero todo eso cambió en cuestión de pocos días. A principios de febrero, el conde falleció en un accidente de caza. Ashley estaba en el salón de la mansión de mister Norris intentando consolar a Adrianne, quien no paraba de llorar.
-¿Por qué?-repetía sin cesar entre sollozos-¡No puede ser cierto!
                    La mansión de mister Norris estaba llena de gente. Todo el mundo se acercaba a Adrianne a darle el pésame. Lo que le había ocurrido había sido una verdadera tragedia. Iba a anunciarse en breve su compromiso de manera oficial con el conde.
                     Ashley no pensaba en eso. Sólo pensaba en lo injusta que había sido la vida con Adrianne. Y, entonces, le vio llegar.
                     Louis estaba estudiando en la Universidad de Glasgow cuando supo que su hermanastra estaba prometida con el conde de Sherbridge. Decidió regresar a casa para felicitarla personalmente porque sentía que escribirle una carta era muy frío.
                     Pero, en mitad del trayecto, recibió la mala noticia. El conde de Sherbridge había fallecido. Louis se quedó de piedra al encontrar a Adrianne.
                     Parecía un fantasma. Estaba más pálida y más demacrada que nunca. Se había puesto un vestido de color negro. Se sentía la viuda del conde. Y pensaba comportarse como tal. No volvería a enamorarse nunca más.
-Adrianne...-susurró Louis al colocarse frente a ella.
-Llegas tarde-se lamentó la aludida-Yo ya estoy muerta. Sin Drake...¿Qué será de mí?
-Pero no estás sola-intervino Ashley-Tienes a tus padres. Tienes a tus hermanos. Me tienes a mí.
-Drake...¡Yo lo amaba!
                   La madre de Adrianne apareció en aquel momento. Fue ella la que presentó a Ashley y a Louis. La mujer se encargó de Adrianne. Dijo que la joven tenía que subir a acostarse porque necesitaba descansar un poco. Ashley y Louis se quedaron solos mirándose a los ojos con curiosidad.
-Lamento mucho que nos hayamos conocido en estas circunstancias-dijo Louis-Mi hermana me ha hablado mucho de usted.
-No le conozco-afirmó Ashley-Pero Adrianne me ha hablado mucho de usted. Sólo sabe halagarlo. Le quiere mucho.
-El cariño es mutuo. Nuestros padres llevan poco tiempo casados. Adrianne ha sufrido mucho por culpa de ese canalla que tenía por padre. No se merece lo que le ha pasado.
                     Ashley se sintió cómoda en compañía de aquel joven al que nunca antes había visto.
-Es la primera vez que acudo a un velatorio-le confió.
                     Sentía que se asfixiaba dentro de aquel salón lleno de gente vestida de negro y con gestos doloridos y serios. Alguien se había encargado de amortajar el cadáver del conde. Estaba pálido como la cera. Ashley se había mareado al verlo metido dentro de aquel ataúd abierto. Siempre había sido una chica alegre. Le gustaba ir a bailes y divertirse. Aquel velatorio era demasiado para ella. Louis lo intuyó, de modo que decidió sacarla del salón y llevarla al jardín.
-Le conviene tomar el fresco-le aseguró.



                     Ashley agradeció el poder salir al jardín. Louis y ella entablaron conversación.
-¿Por qué no le he visto antes?-le preguntó.
                     Louis le contó que estaba estudiando en la Universidad de Glasgow. Su padre era un influyente abogado. Y Louis quería seguir sus pasos. Dieron un paseo por el jardín.
-Yo acabo de ser presentada en sociedad este año-le contó Ashley-He viajado a Edimburgo.
                    Hablaron mientras caminaban por el jardín durante un buen rato.
-Pero confieso que me gustaría salir de Escocia-se sinceró Ashley-Me gustaría recorrer el mundo. Viajar.

lunes, 2 de diciembre de 2013

EL VAMPIRO

Hola a todos.
Ha pasado ya una semana desde que hice la última entrada en este blog. Y ha pasado más tiempo desde que subí el último fragmento de El vampiro. 
Había pensado en subir un fragmento todos los sábados, pero me fue imposible hacerlo anteayer porque se me complicaron las cosas.
Hoy, os dejo con un nuevo fragmento de El vampiro. 
Vamos a ver lo que ocurre entre lady Parthenia y lord Ruthven.

-Está empezando a amanecer, milord-le avisó Igor, su mayordomo.
                   Lord Ruthven permanecía de pie frente a la ventana de su habitación. Casi deseaba contemplar la salida de Sol. Aquel astro grande y hermoso podía acabar con él. Se acabaría su sufrimiento.
-Está otra vez pensando en milady-observó Igor.
                    Lord Ruthven se giró para mirarle. Igor se acercó con paso tambaleante hacia el ataúd donde el aristócrata dormía desde el alba hasta la caída del Sol. Un ataúd lleno de tierra...Lo abrió. Los años pesaban ya sobre el cansado cuerpo de Igor.
-¿Recuerdas cómo nos conocimos?-le preguntó lord Ruthven.
-Yo estaba vagando por el bosque, buscando un animal muerto que comer-respondió Igor-Lo encontré tirado en el suelo. Parecía que estaba muerto. Pero no era así.
-Me llevaste a tu cabaña y me cuidaste. Tuviste mucha paciencia conmigo cuando me desperté.
-Lo he visto otras veces, milord. Le habían convertido en un vampiro. Pero vi que aún quedaba algo de humanidad en usted. Y lo sigo viendo. Esa joven...Le hace pensar que aún pueda quedar algo bueno en usted.
-Es cierto.
                        Lord Ruthven se apartó de la ventana.
-Estoy cansado, Igor-le comentó al mayordomo-Y quiero dormir hasta que salga la Luna.
-Sí, milord-asintió el mayordomo.
                       Igor había pasado toda su vida escondido en el bosque. Había sido abandonado al poco de nacer, hijo de una gitana que había sido repudiada por su tribu. Había nacido deforme. Su madre pensó que era a consecuencia del pecado que había cometido. Tener un hijo sin estar casada.
                      Igor huía de la gente. Y la gente, a su vez, huía de Igor. El único que había mostrado tenerle verdadero apreció era lord Ruthven. A cambio, Igor le servía con total lealtad.
                      Dieciocho años habían pasado desde que encontró a lord Ruthven tirado en el suelo del bosque. Dieciocho años habían pasado desde que le vio luchar contra aquel monstruo en el que se había convertido. Un monstruo que tenía sed de sangre. Vivían los dos aislados en aquella mansión que estaba casi en ruinas.



                        Lord Ruthven se metió dentro del ataúd. Se acostó en él. Cruzó las manos a la altura del pecho.
-Cierra la tapa-le pidió Igor-Y no me molestes.
                      Igor obedeció.

                      Antes del anochecer, unos golpes en la tapa del ataúd despertaron a lord Ruthven. El joven aristócrata se envaró cuando Igor abrió la tapa.
-¿Ya ha anochecido?-le preguntó.
-Milord, una joven ha venido a verle-respondió su mayordomo-Es ella.
                       Una ola de calor inundó el cuerpo de lord Ruthven. Parthenia había ido a verle. La joven estaba esperando en el salón de la mansión. Había oído rumores acerca de que lord Ruthven vivía en una mansión en ruinas. Ahora, estando allí, los rumores se tornaban ciertos. Había telarañas en muchos sitios. ¿Acaso no tiene dinero para contratar a unos criados?, se preguntó Parthenia. Había cosas que no entendía.
Lord Ruthven hizo acto de presencia en aquel momento.
-Lady Parthenia...-la saludó-¡Qué agradable sorpresa! ¿Qué está haciendo aquí?
-Me gustaría hacerle unas cuantas preguntas, milord-contestó Parthenia.
                    Una capa de color oscuro cubría su vestido de color blanco. Las velas encendidas le daban la apariencia de un ser sobrenatural.
-Una conocida mía, la señorita Daisy Maning, sufrió un ataque hace unos días-relató-No se sabe a ciencia cierta quién lo hizo. Pero sí se sabe que fue un ataque extraño.
-Lamento mucho oír eso-se excusó lord Ruthven-Pero yo no sé nada. De saberlo, no le quepa la menor duda de que la ayudaría.
-Mi amiga Becky piensa que ha sido usted. Yo no la creo. No quiero creer que usted sea capaz de cometer semejante atrocidad.
                        Se paseó con aire lánguido por el salón.
                       Dime que no has sido tú, por favor, pidió Parthenia. Dime que no has sido tú y te creeré. Lo que más deseo en estos momentos es creerte.
                         Lord Ruthven se puso delante de ella.
-Yo le juro por la memoria de mis antepasados que no tengo nada que ver con el ataque que esa joven ha sufrido-le aseguró-Y me gustaría averiguar quién lo ha hecho.
                        Se acercó a ella.
-Gracias...-susurró Parthenia-Sabía que usted no podía haber hecho semejante atrocidad.
                         Había un destello de alegría en sus ojos.
                         Lord Ruthven se quedó sin habla.
-Sabía que podía confiar en usted-añadió Parthenia-Me ayudará a descubrir quién lo hizo. ¿Verdad?
                        Lord Ruthven asintió. Durante dieciocho años, había creído que estaba muerto.
                        Aquella mujer le robó el alma. Pero Parthenia parecía empeñada a devolvérsela.
                       Parthenia confiaba de un modo ciego en él. Aquel pensamiento le desarmó. Yo no soy la clase de hombre que te conviene, pensó. Podía escuchar la circulación de la sangre de Parthenia. El olor que desprendía su cuerpo le turbó. La cercanía de la chica le asustaba. Le hacía sentirse más débil. Él no había tenido nada que ver con el ataque que Daisy Maning había sufrido. Pero se iba a enterar de quién estaba detrás. Por Daisy...Por Parthenia...
                        Casi sin darse cuenta de lo que estaba haciendo, Parthenia posó sus labios sobre los fríos labios de lord Ruthven. Lo besó de manera fuerte y apasionada. Aquel hombre tenía algo que la hacía sentirse rara. Yo no soy yo cuando estoy con él, pensó.
-Tengo que irme-le dijo.
                        Salió corriendo de la mansión. Le temblaba muy deprisa el corazón. Ya había anochecido.