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viernes, 17 de octubre de 2014

LA HUIDA DE DOS ENAMORADOS

Hola a todos.
Ya sé que prometí que subiría ayer el final de este relato, pero no pude hacerlo porque se me complicaron las cosas.
Por ese motivo, me alegra poder decir que aquí tenéis el final de mi relato La huida de dos enamorados. 
Deseo que os guste este final y espero que hayáis disfrutado con esta bonita historia.

                                  El corazón le latía a gran velocidad a Christine.
                                  Se había despedido de Mina en la salita con un fuerte abrazo. Su amiga le había dado un beso en la mejilla.
                                   Logró salir del internado sin ser vista.
                                   Caminó temblando en dirección a la orilla del río Adyar. Llevaba consigo un hatillo que había hecho a toda velocidad. Escondido en ese hatillo estaban sus ahorros. Un dinero que emplearía nada más salir de aquella isla.
-Harry...-susurró.
                                Él la estaba esperando en el lugar donde solían encontrarse. También llevaba consigo un hatillo de ropa.
                                 Había logrado salir de su casa sin ser visto. Salió por la puerta principal.
                                 Atravesó corriendo todo el jardín. No terminaba de creerse lo que estaba a punto de hacer. Alquiló una barca. El barquero estaba dispuesto a llevarle a cualquier parte. Harry llevaba consigo todos sus ahorros. Más adelante, le escribiría una carta a sus padres informándoles de que tanto Christine como él se encontraban bien.
-¡Has venido!-exclamó Harry gozoso.
-Nunca lo he dudado-afirmó Christine.
-Todo irá bien a partir de ahora, Chrissy.
-Estamos juntos.
                                     Harry llenó de besos el rostro de Christine.
                                     Los dos se fundieron en un fuerte abrazo. Y aquel abrazo estuvo coronado por un largo y apasionado beso.
                                     Se subieron a la barca. Christine dirigió una última mirada al internado. Le daba mucha pena despedirse de Mina.
                                     Pero su futuro estaba delante de ella. Junto a Harry...



FIN

miércoles, 15 de octubre de 2014

LA HUIDA DE DOS ENAMORADOS

Hola a todos.
Aquí os traigo el penúltimo fragmento de mi relato La huida de dos enamorados. 
¡Vamos a ver lo que ocurre entre Christine y Harry!
Mañana, si puedo, espero poder subir el final de esta historia. Que lo merece.
¡Muchas gracias por leerla!

                                 Hasta la noche en la que Harry se coló en la habitación de Christine, se habían limitado a besarse.
                                 Sin embargo, a la noche siguiente de haber tomado aquella decisión, Harry se escapó de casa y se dirigió al internado.
                                Trepó por la fachada del edificio. Tenía una ligera idea de dónde podía dormir Christine. La había visto varias veces asomada a la ventana de su habitación. Todo el mundo en su casa estaba durmiendo. Todo el mundo en el internado estaba durmiendo. El silencio reinaba en la isla.
                                 Christine despertó sobresaltada. Había logrado quedarse dormida un rato antes.
                                De pronto, tuvo la sensación de que no estaba sola en su habitación.
                                Se sentó en la cama. Le latía muy deprisa el corazón.
                                 Encendió la luz de la lámpara de la mesilla de noche. Se llevó una sorpresa cuando vio a Harry de pie ante su cama. ¡Se había colado por la ventana! Christine estuvo a punto de gritar. No entendía qué estaba haciendo allí. ¿Acaso se había vuelto loco?
-Chrissy, nos vamos mañana-le comunicó Harry sin preámbulos.
-¿Qué estás diciendo?-se extrañó ella.
-Mañana, nos veremos donde siempre nos vemos. A la orilla del río Adyar...Pero tú no regresarás a este lugar. Ni yo regresaré a mi casa.
                         Harry se acercó a Christine, se sentó a su lado en la cama y le cogió las manos. Christine se percató de que su amado tenía las manos muy frías. Harry estaba temblando.
-¿Es que nos vamos mañana?-se asombró ella.
                            Antes de darse cuenta, la boca de Harry buscó la boca de Christine y la besó con verdadera pasión.
                              Ella le rodeó el cuello con los brazos y lo abrazó. Sentía que todo estaba ocurriendo demasiado deprisa.
                              Harry volvió a besarla.
                              De pronto, se dio cuenta de que no quería dejar a Christine. Y a ella le pasaba lo mismo.
                              Los dos acabaron sobre la cama de Christine acostados. No podían dejar de besarse. no podían dejar de abrazarse. Se acariciaron el uno al otro con las manos.
                               Los besos que se dieron fueron cada vez más apasionados. El uno acarició con la lengua la piel del otro.
                               Se entregaron sin reservas el uno al otro. Se juraron amor eterno.
                               Fuera, la noche era cada vez más oscura. Hannah no se dio cuenta de nada. Nadie en el internado se despertó. Ni se enteró de lo que había ocurrido en la habitación de Christine.



                             Harry tuvo que abandonar la habitación de su amada antes del amanecer.
                            Christine se había puesto ya el camisón cuando Harry se vistió casi a trompicones. Hannah no tardaría en ir allí a despertar a la joven. Y su preceptor también solía entrar en su habitación.
-Recuérdalo-le pidió Harry.
-Esta tarde...-recordó Christine-A orillas del río Adyar...No sé cómo me llevaré mi ropa.
-Todo saldrá bien.
-Me va a doler despedirme de Mina. Es como una hermana para mí.
                            Harry besó con ardor a Christine en los labios.
                            Esta tarde, pensó. Estaremos juntos para siempre.
                            Bajó por la fachada del edificio.
                            Christine vio cómo saltaba al jardín. Logró caer de pie. Se alejó caminando de espaldas. Sin apartar la vista de Christine.
                             La joven se fijó en la mancha de sangre que había en su cama. Ya no soy virgen, pensó con cierto regocijo. Debía de hacer algo para disimular aquella mancha de sangre.

martes, 14 de octubre de 2014

LA HUIDA DE DOS ENAMORADOS

Hola a todos.
Hoy, me está costando horrores que Internet funcione como debería.
Sin embargo, he conseguido, por el momento, que funcione.
Así que aquí os dejo con un fragmento de mi relato La huida de dos enamorados. 
¡Vamos a ver lo que le depara a Christine y a Harry!

                              Intentar centrarse en los estudios era un suplicio para Harry.
                              El joven tenía un preceptor que era el que le daba clase en la biblioteca de su casa cuatro horas al día.
                              El preceptor pensaba que Harry debía de ser el heredero.
                              Las noticias que llegaban acerca de su vida en Londres eran preocupantes. Vivía lejos de la isla de Quibbble. Pero su manera de comportarse era tan escandalosa que los comentarios llegaban hasta aquel remoto lugar.
                             Pero Harry no podía pensar en nada.
                             No pensaba en los escándalos que protagonizaba su hermano. Sólo podía pensar en Christine. Tenía que hacer algo para ayudarla a escapar del internado lo antes posible.
                             Ni siquiera podía prestar atención a la lección de aquel día. Su preceptor intentaba inculcarle el mito de la caverna. ¿Una caverna?
-Oscuridad...-oyó leer a su preceptor-Hombres...Luz...Caverna...
                            Harry lo decidió. La vez siguiente que se viera con Christine, ella no regresaría al internado.
                             Debía de hacer algo para hacérselo llegar.
-Joven Harry...-le llamó la atención su preceptor-No me está escuchando.
-Estaba prestando atención-mintió Harry-Mucha oscuridad, ¿no?
                            Su preceptor frunció el ceño. Harry pensó que debía de actuar lo más rápido posible.
                           No dispondrían de mucho tiempo. Él tenía bastante dinero ahorrado. Christine también tenía bastante dinero ahorrado. Podían ir a cualquier parte del mundo. Pasarían estrecheces, pero lograrían superarlas.
                               Harry respiró hondo. Era la única idea que se le ocurría para sacar a Christine del internado. Con un poco de suerte, no lograrían poner en riesgo a Mina.
                                  Recordó su último encuentro a orillas del río Adyar. Se habían visto la tarde antes.
                                  Se habían besado con pasión. Se habían abrazado con fuerza.
                                  Te sacaré de ese lugar, se juró así mismo Harry. No permitiré que te casen con el marqués cuando nos queremos tanto, Chrissy.

lunes, 13 de octubre de 2014

LA HUIDA DE DOS ENAMORADOS

Hola a todos.
¿Os acordáis de mi relato La huida de dos enamorados?
Era mi fanfic de una novela de Bárbara Cartland titulada La gran aventura. 
La protagonista de mi relato, Christine, es una muchacha perteneciente de la aristocracia inglesa que está estudiando su último año en un remoto internado de La India durante el siglo XIX.
Christine está enamorada de un joven llamado Harry. Sin embargo, su padre, un tanto obligado por su segunda esposa, planea casarla con el amante de ésta en contra de su voluntad. Christine se desespera.
Después de mucho tiempo sin subir ningún fragmento de esta historia, me he animado a terminarla.
No quiero dejar una historia a medias y es una buena idea continuar todo lo que tenía empezado.
Vamos a retomar, desde este mismo momento, lo que le depara el futuro a Christine y a Harry.

                             Christine llegó corriendo a la orilla del río Adyar, donde Harry, comos siempre, la estaba esperando.
-¿Qué te ocurre, amor mío?-le preguntó Harry cuando Christine llegó a su altura-Tienes los ojos hinchados.
-Mi madrastra...-respondió Christine-¡Eso es lo que me pasa!
                            Empezaron a caminar.
                            Christine había recibido una carta de su madrastra aquella misma mañana. La joven llegó a la conclusión de que su padre estaba empezando a sospechar que su esposa tenía un amante. Lady Lydford pretendía acelerar la boda. En breve, empezarían los preparativos. La fecha estaba a punto de fijarse.
                             Christine estaba desesperada. No veía forma alguna de escapar del internado. Tras recibir aquella carta de su madrastra, se había venido abajo. Sentía cómo la esperanza se había evaporado en su interior.
-¡No me gusta que hables así!-le instó Harry-No puedes perder la fe.
-¿Cómo voy a salir del internado?-se desesperó Christine.
-Lo pensaremos entre los dos. ¿No dices que te va a ayudar tu amiga Mina?
-Lo que le he pedido es una completa locura.
                             Christine le había pedido a Mina que se hiciera pasar por ella. Su futuro marido nunca la había visto en persona.
                              Mina podía hacerse pasar por Christine. Al principio, le había parecido una buena idea. Pero, ¿y si su padre quería ir a verla a casa de aquel hombre? Se daría cuenta nada más ver a Mina que no era Christine. Y eso podía llegar a ser peligroso para Mina. Lord Lydford tenía poco genio.
-Es mi madrastra la que se ensañaría con ella-admitió Christine.
                             Se detuvieron. Christine se sentía mal.
-Estoy siendo egoísta al pensar en mí misma-se acusó-No he debido pedirle a Mina se que haga pasar por mí.
-El plan todavía no se ha llevado a cabo-le recordó Harry.
-¡No se me ocurría otra idea!
                               Su futuro marido estaba pensando en ir a verla. Además, la directora del internado y las demás profesoras conocían demasiado bien a Mina y a Christine. La muchacha sentía que le iba a estallar la cabeza.
                               Harry le dio un beso en una mejilla.
-Es verdad que es un plan disparatado-reconoció el chico-Pero no se te ha ocurrido nada mejor. Y a mí tampoco se me ocurre nada.
                               Christine se echó a llorar. Lo último que quería hacer en aquellos momentos era poner en peligro a Mina. Desde que se conocieron, había sido como una hermana para ella. Siempre la había protegido. No pensaba dejar de protegerla en aquellos momentos. Pero tampoco podía renunciar a Harry.
                                El joven la besó de lleno en los labios. La besó con todo el amor que sentía por ella.

                                Los encuentros entre ambos se sucedieron en los días siguientes. Mina, por su parte, no sabía qué hacer. Christine se arrepentía de haberle pedido que se hiciera pasar por ella. En una visita que la chica le hizo a su salita de estar llegó a pedirle que lo olvidara.
                                Mina se quedó atónita. Le había sorprendido la idea de Christine.
                                Pero, por otro lado, debía de ser práctica.
                                Podía casarse con aquel hombre.
                                Era rico. Y, hasta donde sabía, era apuesto.
-Yo estoy dispuesta a hacerme pasar por ti-decidió Mina-Pienso que es la mejor solución. Después de todo, no es nada peligroso.
-Puede que mi padre quiera ir a verme-le recordó Christine, asustada-Pero no me verá a mí. Te verá a ti. Y mi madrastra se enfadará contigo. ¡No quiero que te pase nada!
-La otra opción es malísima para las dos. Yo me quedaría en la escuela en calidad de criada de mistress Fontwell. Y no me gusta nada la idea. Y tú te casarías con el marqués. No quiero ser la criada de nadie. Y tú no quieres ser la criada del marqués. Por mucho que me duela, admito que soy ambiciosa. Aspiro a algo más que a fregar suelos de rodillas.
-¿Y si el marqués no te hace feliz? ¿Y si se descubre la verdad?
-Quiero pensar que es un buen hombre. Comprenderá. Y nos ayudará. Puede que llegue a quererme. Es la clase de hombre que busca una esposa casta y pura. Y yo soy todo eso.



                                    Christine era feliz cuando se encontraba a solas con Harry. Nadie sospechaba nada acerca de aquellos encuentros con Harry.
                                    Sentía que sólo era feliz cuando Harry la besaba con pasión en la boca.

martes, 29 de julio de 2014

LA HUIDA DE DOS ENAMORADOS

Hola a todos.
En el fragmento de hoy, continuamos viendo la historia de amor entre Harry y Christine.
¡Vamos a ver lo que pasa!

                          A Christine le estaba costando mucho trabajo conciliar el sueño aquella noche. El saber que su madrastra pensaba casarla con su amante la hacía sentirse furiosa con ella. Dio muchas vueltas en la cama.
                           Hannah no estaba al tanto de su relación con Harry. Christine no se había atrevido a contárselo. Se decía así misma que debía de contarle toda aquella historia a su padre. Lord Lydford era un hombre razonable. Acabaría entendiéndolo.
                          Christine quedó boca arriba en la cama. ¿A quién pensaba engañar?
                          Recordaba todos los besos que Harry y ella se habían dado en los últimos días.
                          Él le había escrito muchas cartas de amor. Cartas a las que Christine contestaba.
                         Le enseñó un buen manojo de aquellas cartas de amor a Mina una tarde en que su amiga acudió a su habitación. Mina la miró de manera reprobatoria. Y Christine tuvo la sensación de que no terminaba de ver con buenos ojos aquel romance. En ocasiones, Mina parecía una versión mucho más joven de Hannah.
-Deberías de quemar esas cartas-le sugirió-Mistress Fontwell las puede descubrir. Y te puede castigar.
-Las oculto en un lugar seguro-la tranquilizó Christine-No sabe ni siquiera de su existencia.
-Estoy preocupada por ti, Chris. Tengo la sensación de que esto va a terminar mal.
-Y yo tengo la sensación de que todo va a terminar bien.
                             Christine sonrió feliz al pensar en Harry.

                             El amanecer la encontró sentada en la cama. Christine sentía un fuerte dolor de cabeza.
                             El marqués no estaba enamorado de ella. De hecho, jamás la había visto. Sólo buscaba una esposa tonta a la que poder manejar a su antojo.
                             Christine sacó los pies fuera de la cama. Si se casaba con aquel malnacido, se moriría de dolor.
                             Le estaba costando mucho trabajo centrarse en las clases.
                             Hannah sospechaba que algo raro le estaba pasando a Christine. Desde hacía mucho tiempo, había sido más su niñera que su doncella. Entró en la habitación de la joven y la encontró poniéndose de pie. Tenía cara de haber pasado mala noche.
-No me gusta-observó Hannah-Usted tiene que cuidarse si no quiere caer enferma. Y su padre está lejos para poder atenderla como merece. Tiene que dormir de noche.
                           La mujer se dirigió al armario. Sacó un vestido. Christine ni siquiera quería mirar aquel vestido. Lo único que sentía era que le iba a estallar la cabeza. Hannah no sabía nada de su relación con Harry. No había reunido el valor necesario para decírselo.
                            Hannah era una mujer muy estricta en todos los sentidos. Para ella, una mujer debía de llegar al matrimonio siendo casta y pura. Christine era todavía virgen. Pero su comportamiento al encontrarse a escondidas con Harry escandalizaría a Hannah.



-La noto muy callada, niña-observó Hannah.
                        Christine no dijo nada. Se lavó el cuerpo con una esponja que mojó en el agua fría de la jofaina.
                         Hannah la ayudó a quitarse el camisón. La ayudó a ponerse el vestido que llevaría a clase. Le cepilló el cabello. Se lo recogió en una trenza.
                         Hannah no paraba de hablar. Y Christine guardaba silencio. No tenía ganas de hablar con nadie. Tenía muchas cosas en las que pensar.
                          Harry era el hijo de un conde. Pero era el segundo hijo de un conde. Y Christine era dueña de una importante fortuna. Su padre estaba preocupado por su futuro. Su madrastra, a lo mejor, ya le había hablado del marqués. Le habría dicho que era el mejor partido para Christine.
                        La joven se estremeció de miedo. Su padre podía dar el visto bueno a aquel matrimonio. ¡Y ella prefería morir si eso llegaba a pasar!
-Si tiene que contarme algo, es el momento de que lo haga-la instó Hannah.
-Son problemas con los estudios-mintió Christine-No es nada.
                           Hannah depositó un beso en la frente de la chica.

lunes, 28 de julio de 2014

LA HUIDA DE DOS ENAMORADOS

Hola a todos.
Hoy, seguimos con un nuevo fragmento de este bonito relato.
Nos metemos de lleno en la historia de amor entre Christine y Harry.
Deseo de corazón que os esté gustando.

                             Cuando Christine cumplió diecisiete años, Harry pudo entrar en el internado él solo para verla.
                             Se dio cuenta de que los años habían pasado para ella. Y que iba camino de convertirse en toda una auténtica belleza.
-Deseo verla a solas, lady Christine-le dijo cuando ella bajó la escalera, camino del jardín-Reúnase conmigo mañana a la caída del Sol. Yo la estaré esperando a la orilla del río Adyar.
-¿Me está pidiendo una cita, milord?-inquirió Christine.
-Tan sólo quiero verla.
                              A la tarde siguiente, Christine logró salir del internado sin ser vista. Pudo encontrarse con Harry a la orilla del río Adyar. Él llevaba diez minutos allí esperándola.
                               Christine no podía quedarse mucho tiempo en aquel lugar.
                               Harry tuvo la ocasión de conocer mejor a aquella joven. Le pareció que era inteligente y sensata.
                              A partir de aquel día, los encuentros entre ambos se sucedieron. Siempre que podía, Christine lograba escaquearse del internado para encontrarse con Harry a la orilla del río Adyar. Pasaban más de una hora sentados sobre la hierba. Hablaban de muchas cosas. Christine le contaba cómo era su vida en el internado. Harry, por su parte, le hablaba de cómo le iban las clases con el preceptor que hacía años que había contratado su padre.
                             Eran encuentros secretos. Pero, además, Harry era muy respetuoso con Christine. Ella lo valoró de forma positiva.
-Yo la respeto, milady-le aseguró una tarde, durante uno de aquellos encuentros-No es mi intención faltarle el respeto. No se lo merece. Sé comportarme.
                            Christine sentía que flotaba en una nube. En ocasiones, con cualquier excusa, Harry lograba colarse dentro del internado. Christine y él se encontraban en el aula de Música. Hablaban de muchos temas. Christine le habló de la relación que mantenía con su padre y con su madrastra.
                             Harry, por su parte, no terminaba de llevarse bien con su hermano mayor. Había regresado a Inglaterra, supuestamente para hacerse cargo de las tierras de la familia.
-Pero se pasa todo el día metido en los peores antros de Londres-se lamentó Harry.
                              Christine lamentó escuchar aquel triste comentario. Harry había sentido una gran admiración hacia su hermano mayor cuando era más pequeño. Pero ya no era un niño.
                               Christine comparaba mentalmente al hermano mayor de Harry con el último amante de su madrastra. Todo el mundo en el Estado de Tamil Nadu estaba al tanto de las infidelidades de la esposa del Gobernador con otros hombres. Christine no entendía el porqué lord Lydford no había repudiado ya a su esposa. No estaba enamorado de ella. Al menos, no la había amado como sí había amado a su primera esposa. A la madre de Christine...
                            Seguía al lado de la actual lady Lydford porque no quería verse expuesto a un escándalo de proporciones descomunales si se divorciaba de ella. Además, él también le era infiel a ella.
                            Christine lo sabía.

-¡Estoy enamorada!-exclamó Christine una tarde, cuando Mina entró en la salita de estar.
                          La hizo sentarse a su lado en el sofá. Empezó a hablarle de Harry. De sus encuentros secretos...De lo mucho que la amaba. Mina la escuchó atónita.
                          Pensó que Christine se lo estaba inventando.
-¿Cómo que te has enamorado?-le preguntó Mina a su amiga-¿De quién se trata?
-¡Es el joven más maravilloso del mundo!-respondió una ilusionada Christine-¡No concibo la vida sin él! ¡Es mi vida!
-¿Te has vuelto loca? ¡No sabes lo que dices! El curso apenas hace unas semanas que ha empezado. Y no acabas de asumirlo.
                         Lo cierto era que, aquella misma tarde, a orillas del río Adyar, Harry le había robado un beso a Christine.

domingo, 27 de julio de 2014

LA HUIDA DE DOS ENAMORADOS

Hola a todos.
Hoy, vamos a seguir con un nuevo fragmento de mi relato La huida de dos enamorados. 
Seguimos viendo cómo se desarrolla la huida de Christine del internado donde está estudiando para escaparse con Harry.

                                   Mina acudió al día siguiente a la salita de estar de Christine.
                                   El invierno en La India era muy crudo. Hacía mucho frío.
                                   Fuera, soplaba una fuerte ventisca. Pero el monzón todavía no había llegado.
-El marqués está interesado en una joven de diecisiete años-le explicó Christine-Me quiere a mí porque tengo diecisiete años. Se supone que no sé nada del mundo. Pero él no sabe que yo sé mucho más de lo que debería saber. Piensa que soy una tonta. Sólo quiere de mí que le complazca en todo. Y que le dé muchos hijos varones.
-No me has contado nada acerca de Harry-se sinceró Mina-¿Quién es él?
-Harry es el segundo hijo del conde de Hawkstone. Vive aquí con su padre y su madre. No ha vuelto a Inglaterra desde hace años. Nos conocemos desde hace cuatro años, cuando su familia se instaló aquí, en Quibble. Un día, su padre y él vinieron al internado porque mistress Fontwell quería convertirlo en su benefactor. Por lo que sé, lord Hawkstone aceptó. Le da bastante dinero a mistress Fontwell. Yo tenía trece años cuando conocí a Harry. Él tiene la misma edad que yo. Fue un flechazo. ¡Como en las novelas de amor!
-Me lo imagino.
-Harry ha tardado bastante tiempo en declarárseme. Decía que quería esperar. Hemos crecido mucho en todo este tiempo.
                               Mina escuchaba con atención a Christine. Su amiga estaba dispuesta a contarle muchas más cosas a ella. Era evidente que Christine estaba muy enamorada de aquel chico. Mina no le conocía. Nunca le había visto. Pero Christine hablaba mucho de él. Nunca se le ocurrió pedirle más información más allá de oír decir a su amiga que lo amaba apasionadamente.
                              En cierto modo, Christine estaba viviendo con una gran intensidad aquel primer amor. Y Mina tenía mucho miedo por ella.
                              Adivinando lo que su amiga estaba pensando, Christine la abrazó y le dio un beso en la mejilla.
-Todo va a salir bien, Mina-le aseguró-Tú me ayudarás a fugarme del internado. ¡No dejaremos que esa zorra se salga con la suya!



                                 Mina se sentó en el sofá. Sentía que todo le estaba dando vueltas.
-¿Harry se te ha declarado alguna vez?-inquirió.
-Cuando me vio por primera vez, no me habló de amor-contestó Christine-¡Éramos un par de niños!-Se rió-Me lo dijo más adelante.

sábado, 26 de julio de 2014

LA HUIDA DE DOS ENAMORADOS

Hola a todos.
Hoy, arranca mi relato corto La huida de dos enamorados. 
La acción de este relato transcurre en la isla de Quibble, donde ya transcurrió mi relato La chica de los ojos grises, mi fanfic de Olivia y Jai donde cuento la historia de amor de lady Stella, la madre de sir Joshua, tal y como me la imagino.
En esta ocasión, la acción transcurre durante la década de 1820.
Vamos a ver lo que pasa.

ISLA DE QUIBBLE, EN EL ESTADO DE TAMIL NADU, LA INDIA, 1825

                     Christine miró por la ventana. 
                    Le parecía que había transcurrido toda una vida desde que llegó a la isla de Quibble. En el fondo, pensaba que había pasado toda su vida viviendo en aquel internado. 
                     ¡No se saldrá con la suya!, pensó Christine con determinación. 
                      Mina, su mejor amiga, levantó la vista del escritorio. Estaba haciendo los deberes. 
                      La madre de Mina había muerto un año antes. Su padre había fallecido semanas antes. En ocasiones, Mina pensaba que Christine era la única compañía que le quedaba en el mundo. 
-Desde que recibiste la visita de tu madrastra, te noto tensa-observó Mina-Puedes contarme lo que te pasa. 
-¡Esa zorra pretende casarme a la fuerza con su querido!-contestó Christine con rabia-¡Eso es lo que me pasa! 
                         El bonito rostro de Christine estaba rojo de rabia. Nunca había soportado a su madrastra. Pero lo que pensaba hacer sobrepasaba todos los límites. 
-No dejaré que se salga con la suya-le aseguró a Mina-Harry y yo nos escaparemos juntos. 
-¿Y adónde pensáis ir?-le interrogó su amiga-Los dos sois menores de edad. Harry tiene veinte años. Tú tienes diecisiete años. No llegaríais muy lejos. 
-Llegaremos muy lejos si queremos. ¡Ya lo verás! 
                           Los ojos oscuros de la muchacha brillaron con determinación. Christine Lydford era una joven con las ideas muy claras. Y Mina la admiraba por ello. 
                           Iba camino de convertirse en toda una belleza. Poseía un cabello largo, de color negro y rizado. Sus rizos eran naturales. No había artificio alguno en ella. Y su piel era blanca como la leche. Había una expresión traviesa grabada en su rostro. Sin embargo, aquella expresión se había borrado por completo. De pensar en lo que pretendía hacerle su madrastra, Christine sentía el deseo de ponerse a chillar como una loca. 
-Eres demasiado obstinada, Chris-la regañó suavemente Mina. 
                            Su amiga se acercó a ella. 
-Le escribiré una carta a Harry y él vendrá a buscarme-le contó Christine-Nos escaparemos juntos. 
                            Cuando la joven sonreía, se formaban dos graciosos hoyuelos a ambos lados de su cara. Su carácter era alegre, pero, en aquellos momentos, estaba furiosa. Y preocupada...Y asustada...
                            Christine se había convertido en una de las chicas más populares del internado donde estaba estudiando. Había pensado que tendría la oportunidad de viajar a Londres para tener su puesta de largo. Pero sus planes se habían visto trastocados por dos sucesos. 
                            Mina y Christine se conocían desde que ambas llegaron al internado. Las dos pasaban las vacaciones con sus familias. Pero se alegraban mucho cuando volvían a verse.
                              La una veía en la otra a la hermana que nunca tuvo. Y eso era algo bueno.
                             Mina era apenas un año menor que Christine.
-¿Estás segura?-interrogó Mina a su amiga-Puede que esté jugando contigo. O puede que te quiera de verdad.
-¡Cómo se nota que nunca antes has estado enamorada!-contestó Christine, esbozando una sonrisa-Yo estoy segura de que Harry vendrá a buscarme si se lo pido. ¡Y nos iremos juntos!
-¿Y adónde pensáis ir?
-No lo sé. Pero me hago una idea del lugar al que va a llevarme Harry. ¡Oh, Mina!
                              Christine nunca había tenido preocupaciones de ningún tipo. Su padre era lord Lydford. Mina había oído hablar de él. Y no sólo por las cosas que le había contado Christine.
                              Era un hombre muy rico. Además, al morir la abuela paterna de Christine, le había legado a la chica una considerable fortuna al ser su única nieta. Pero Christine poseía una gran seguridad en sí misma. En ocasiones, otras alumnas acudían a ella en busca de consejo, de consuelo o de apoyo.
                             Mina y Christine siempre estaban juntas en el jardín que rodeaba el internado, a la hora del recreo. En todas las clases, procuraban sentarse juntas. Por desgracia, las dos no compartían habitación, pero por órdenes de la directora del internado. Mistress Fontwell era una mujer muy estricta. Mina le tenía un pánico terrible.
                         A veces, Christine invitaba a Mina a su habitación a dormir. Lo cierto era que la habitación de Christine no parecía una habitación. Parecía una casa.
                          Su habitación era el doble de grande que la pequeña habitación en la que dormía Mina. Había dos ventanas bastante grandes que daban al jardín. Incluso, disponía de una salita de estar anexa al cuarto. Mina pasaba largos ratos en aquella salita de estar hablando de cualquier cosa con Christine.
                            Aquella tarde, su amiga acudió a su habitación. Mina estaba haciendo los deberes en aquel momento.
-No será nada fácil-le advirtió la chica.
-¡No me importa!-afirmó Christine casi con rabia.
                         Hacía algún tiempo que el padre de la muchacha había sido nombrado gobernador de Madrás. Se había trasladado a vivir allí con su mujer. Pero ambos parecían llevar vidas separadas. En ocasiones, se dejaban caer por la isla de Quibble con la intención de ver a Christine. Ella se alegraba mucho de verles.
                         La joven, en realidad, no se alegraba tanto de ver a su madrastra.
                        Desde que se casó con lord Lydford, aquella mujer había demostrado sentir cierta animadversión hacia su hijastra. Mina estaba convencida de que lady Lydford no estaba enamorada de su marido. Una teoría que compartía con Christine.
                        Desde la boda, pese a que nunca discutió con su madrastra, Christine no veía a su padre todo lo que quería. Estaba convencida de que no iba a visitarla tan a menudo como quería porque no quería discutir con su esposa.
-¿Se lo has contado a Hannah?-le preguntó Mina a Christine.
-He preferido contártelo a ti antes-respondió la joven.
                        Hannah era la doncella de Christine.
                        Era ella quien la ayudaba a vestirse y a peinarse todos los días. Christine quería ir siempre vestida a la última moda.
                        Sus compañeras de clase solían decir de ella que, cuando entraba en alguna clase, Christine parecía que vestía para asistir a un baile en Almacks. Ella ignoraba tales comentarios. Opinaba que sus compañeras hablaban así porque tenían envidia de ella.
                        Y, muy a su pesar, Mina también sentía envidia de Christine.
                         Hannah había entrado como doncella de Christine cuando ésta era muy pequeña. En ocasiones, parecía más su niñera. Había llegado a adorar a la chica. Para ella, Christine era la hija que nunca tuvo. Tenía cuarenta años. Nunca se había casado.
                          Christine se sentó en la cama de Mina. Sabía que su amiga no terminaba de aprobar lo que pensaba hacer.
                          Después de todo, las huidas románticas podían terminar mal. Algo podía salir mal. Christine sintió pánico. Se dijo así misma que todo iría bien. Harry iría a buscarla. Podrían escaparse juntos a algún lugar. Nadie los encontraría nunca. Entonces, podrían ser felices. Ya buscarían la manera de salir adelante. Harry la amaba. Christine estaba segura de ello. Pero, antes de hacer realidad su deseo de fugarse con su amado, Christine tenía que mantener la calma.
                          Desde que llegó a la adolescencia, Mina había escuchado numerosas historias escandalosas por boca de su amiga relacionadas con la colonia inglesa en el Estado de Tamil Nadu. Christine le hablaba sin ruborizarse de adulterios. De hijos ilegítimos de hombres importantes con nativas de Tamil Nadu...De fugas escandalosas...
                        Mina se resistía a creer aquellas historias. Se decía así misma que Christine se las estaba inventado para reírse de ella.
                         De pronto, tuvo la sensación de que Christine se había quedado corta al hablar.
                         Mina no sabía qué hacer para ayudar a su amiga. Christine estaba dispuesta a escaparse con Harry. Mina creía que estaba cometiendo un terrible error. Pero no sabía cómo hacérselo saber. Christine no parecía estar dispuesta a escucharla. Mina llegó a la conclusión de que hablar con ella podría ser una pérdida de tiempo.
-Lo único que deseo es poder estar con Harry para siempre-le confesó Christine-¿Nos ayudarás, Mina? ¿Nos ayudarás a que estemos juntos?



viernes, 25 de julio de 2014

LA HUIDA DE DOS ENAMORADOS

Hola a todos.
Hoy, empiezo una nueva historia en este blog.
Se trata de La huida de dos enamorados. 
De momento, os dejo con el argumento.
Este relato está inspirado en la novela de Bárbara Cartland La gran aventura. En ella, la escritora inglesa cuenta cómo una chica se hace pasar por su mejor amiga, quien se escapa con el chico del que está enamorada. La amiga, que acaba de quedar huérfana tras morir su padre, va a casarse, en su lugar, con el amante de la madrastra de la que se ha fugado, el típico libertino que no quiere comprometerse con nadie hasta que no conoce a la casta y virginal esposa que le ha buscado su querida de turno y queda prendado de ella.
Confieso que me sale la vena cínica de "no creo en el amor" de vez en cuando.
En esta ocasión, lo que cuento es cómo Christine, una joven rica y perteneciente a la aristocracia, se escapa del internado en el que está estudiando con la ayuda de su mejor amiga, Mina, para encontrarse con Harry, el joven del que está enamorada.
Es una historia más bien cortita (¡esta vez sí que es cortita!) que me gustaría empezar a subir en los próximos días y acabar lo antes posible.
¡Menudo verano estoy teniendo!
Muchas gracias por estar ahí y espero que disfrutéis con esta historia.