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martes, 10 de febrero de 2015

CERCA DEL MANANTIAL

Hola a todos.
Aquí os traigo un nuevo fragmento de mi relato Cerca del manantial. 
En esta ocasión, veremos cómo Rebeca recibe la visita de Carlos, quién no sabe qué hacer para acabar con las dudas que tiene Alicia.

-Buenas tardes, señorita-la saludó aquel joven que Rebeca había visto muy poco.
                           Sin embargo, sabía perfectamente de quién se trataba. Era Carlos, el joven del que Alicia se había enamorado.
                           Rebeca lo recibió en el salón. Tenía la sospecha de que Carlos había ido a visitarla por un motivo relacionado con Alicia.
                           Lo invitó a que tomara asiento a su lado en el sofá. Carlos había decidido recurrir a Rebeca como única opción. Tenía la sensación de que Alicia le evitaba.
-Me alegro de conocer a mi futuro primo político de una forma más oficial-afirmó Rebeca. Carlos la miró con estupor-No se inquiete.
-¿Acaso su prima le ha hablado de mí?-inquirió.
-Ha venido a verme porque Alicia ha resultado ser más cabezota de lo que aparentaba. Le ama, pero, al mismo tiempo, le evita.
-Si he venido a verla, es porque no sé qué hacer. Alicia y usted están muy unidas. Y yo estoy muy enamorado de Alicia. Quiero estar con ella. No entiendo el porqué actúa de ese modo.
-Mi prima es una persona muy leal. Creí morir cuando me enteré que mi prometido había muerto en Tetúan. Nunca he entendido lo que se nos ha perdido allí. Antes, le daba la razón a Lucas, mi prometido. Ahora, pienso que los dos estábamos equivocados.
-Cuando usted cayó enferma, Alicia la estuvo cuidando de manera abnegada.
-Lo que me ha pasado le ha influido mucho. Además, mi tía Anabel también sufrió mucho cuando murió mi tío. Le ha cambiado el carácter. Se querían muchísimo. Alicia no quiere sufrir. Piensa que usted terminará abandonándola.
                          Eso era algo que Carlos desconocía por completo. Jamás se le había pasado por la cabeza la idea de abandonar a Alicia.
-He estado en el Ejército-le contó a Rebeca-He estado peleando. Y no quiero regresar al frente.
                         Si estaba allí era porque quería olvidar. Quería olvidar que había sido soldado. Quería borrar de su mente todos los horrores que había presenciado. Se había distanciado de su familia porque su padre no entendía el porqué su hijo no quería hacer carrera en el Ejército. Estaba cansado de ver morir a personas. El enemigo también era un ser humano.
-Debe de armarse de paciencia-le exhortó Rebeca-Presionar a Alicia sería un terrible error. La llevaría a alejarse de su lado. Mirándole a los ojos, veo lo mucho que la ama.
                        Carlos pensó en Alicia y notó cómo el corazón le daba un vuelco. Alicia era lo mejor que le había pasado en la vida. Le había hecho sentirse nuevamente persona cuando había querido esconderse del mundo. Alicia era su vida.



                           

domingo, 8 de febrero de 2015

CERCA DEL MANANTIAL

Hola a todos.
Aquí os traigo un nuevo fragmento de mi relato Cerca del manantial. 
Es un fragmento muy corto.
Espero que os guste.

-¿Qué va a pasar entre Carlos y tú?-le preguntó Rebeca a Alicia-¿Piensas dejar que te corteje?
-No lo sé-respondió la muchacha-Lo tengo que pensarlo.
                                Hacía una tarde soleada.
                                Rebeca y Alicia merendaron en el jardín. Dieron cuenta cada una de una taza de chocolate que fue acompañada por un plato de galletas.
-Debes de casarte-insistió Rebeca.
                               La joven empezaba a parecerse a su tía Anabel. Le hablaba a Alicia de casarse con Carlos. Y le hablaba de amor y de matrimonio precisamente una joven que todavía lloraba la muerte del hombre que amaba. Alicia no lo terminaba de entender. Era cierto que sentía algo muy fuerte por Carlos. Y que ese algo bien podía ser amor. Lo que sentía por él era amor. Escuchando el susurro de las olas, Alicia lo comprendía.
-Aunque eso suponga sufrir-dijo la joven con tristeza.
-No creo que vayas a sufrir-le aseguró Rebeca.
-No quiero que me deje. No quiero sufrir como mi madre sufrió cuando murió mi padre. Ni quiero sufrir como tú estás sufriendo desde que te enteraste de la muerte de Lucas.
-Serás muy feliz, Ali. ¡Estoy convencida! Deberías de convencerte tú también.
-Es cierto.



                            Alicia bebió un sorbo de su taza de chocolate. De pronto, se le había cerrado el estómago. Hablar con Rebeca acerca de Carlos le quitaba el apetito.
-Os queréis-observó su prima.
-Me da miedo sufrir-se sinceró Alicia.
                       Rebeca cogió una galleta y le dio un mordisco mientras miraba con tristeza a Alicia.

lunes, 19 de enero de 2015

CERCA DEL MANANTIAL

Hola a todos.
Aquí os traigo un nuevo fragmento de mi relato Cerca del manantial. 
Dios mediante, me gustaría terminar esta historia a lo largo de este mes porque siento que ya toca.
Veamos lo que le pasa hoy a Alicia.

                                   Había escuchado en algún lugar que las flores podían ayudar a levantar el ánimo a una persona que estaba triste. Alicia estuvo cortando unas cuantas rosas del jardín. Las colocó en un jarrón que había llenado previamente de agua. Rebeca permanecía sentada en su sillón favorito mirando la chimenea apagada. A pesar de que ya no tenía fiebre, era evidente que la tristeza que la embargaba no la abandonaba.
-¿Cuándo dejará de dolerme?-le preguntó con tristeza a su prima.
-No lo sé, Rebe-respondió Alicia con tristeza similar-No creo que pueda soportar el perder al hombre que amo.
                             El recuerdo de Carlos golpeó la mente de Alicia. Carlos...
                             No lograba quitarse de su cabeza lo ocurrido entre ellos en la ensenada. Su primer beso...
                            El coquetear con los hombres era algo que se le daba a las mil maravillas a Rebeca. En cambio, Alicia siempre había sido la más retraída de las dos. Su padre y su madre la habían sobreprotegido mucho. El vivir en una isla como Montaña Clara había contribuido a forjar su carácter. Pero Alicia era feliz viviendo allí. Habría sido más feliz de no haber conocido nunca a Carlos.
                          Y, sí, había coqueteado con él.
-Ese joven que fue a buscar al doctor Germán te gusta-observó Rebeca-No hace falta que lo niegues. Lo noto en tus ojos.
                         Alicia miró atónita a su prima. Se acercó a ella para sentarse en el brazo del sillón.
                        Rebeca la conocía mejor de lo que había pensado. Podía adivinar lo que pensaba.
                         Cogió la mano de su prima y se la besó.
-¿En qué lo notas?-le preguntó a Rebeca-A lo mejor...No te agrada.
                          Rebeca esbozó una sonrisa triste. Se veía reflejada en Alicia.
                         Los ojos le brillaron a su prima en cuanto mencionó a aquel joven. ¿Cómo se llamaba? No lo recordaba.
-Tía Anabel tiene razón-respondió Rebeca-No puedes tenerle miedo al amor. El hecho de que yo esté sufriendo no significa nada. Amaré siempre a Lucas. Y viviré con el recuerdo de los buenos momentos que he vivido con él.
-No sé si tendré tanta suerte con Carlos-se lamentó Alicia-Me da miedo que le pueda pasar alguna desgracia.
                            Su padre había muerto y su madre había quedado hundida, pero había logrado superar aquella terrible pérdida. Lucas estaba también muerto y Rebeca se estaba muriendo de dolor. Carlos podía correr la misma suerte. Podía ocurrirle alguna desgracia. Y ella se quedaría sola y destrozada. No se sentía capaz de correr aquel riesgo.



                                  Rebeca adivinó lo que su prima estaba pensando.
-A ti no te pasará lo mismo que me ha pasado a mí-le aseguró.
-Eso no lo sabes-le replicó Alicia.
                                Se puso de pie y se alejó del sillón en el que se encontraba sentada Rebeca.
                               No quería amar a Carlos. No podía enamorarse de él sólo para perderlo a continuación. No era tan fuerte como lo eran doña Anabel y Rebeca.
                              Su corazón no lo soportaría.
-Carlos está cansado de luchar-observó Rebeca-Lucas prefirió irse al frente a pelear en lugar de tenerme entre sus brazos. Carlos prefiere sentar cabeza. Se quedará a vivir aquí si tú así lo quieres. Tan sólo debes de darle una oportunidad.
-No puedo-se lamentó Alicia-No puedo hacer eso que me pides.

jueves, 15 de enero de 2015

CERCA DEL MANANTIAL

Hola a todos.
Aquí os traigo un nuevo fragmento de mi relato Cerca del manantial. 
Aunque sea corto, prefiero avanzar así, poco a poco, hasta llegar al final, que es lo que está pidiendo.
¡Vamos a ver lo que ocurre hoy entre Carlos y Alicia!

                                    Alicia salió sola de su casa al día siguiente con la excusa de que iba a por agua al manantial.
-No necesito llevar compañía conmigo-le dijo a su madre-Rebeca necesita descansar. Yo no pienso salir de la isla. Mi doncella y tú os podéis quedar con Rebe. Y cuidarla, que es lo que necesita.
                                Alicia no fue directamente al manantial. Se dedicó a pasear por la isla, intentando no parecer tan descarada. Estaba sorprendida de su propia audacia en lo que se refería a Carlos. Las mujeres decentes no van por ahí buscando a hombres, pensó Alicia.
-Buenas tardes...-la saludó una voz joven y masculina cuando pasaba por la ensenada.
                            Alicia estuvo a punto de caerse al escuchar aquella voz. Era Carlos.
                            Estaba sentado en el suelo, jugando con una diminuta musaraña canaria. Sin embargo, se puso de pie cuando vio a Alicia. Se acercó a ella.
-Hace días que no le veo-le recriminó la joven cuando llegó a su altura.
                           Carlos le cogió la mano y se la besó.
                           Había intentado mantener con Alicia las distancias porque sabía que la joven no tenía la cabeza puesta en romanticismos cuando Rebeca cayó enferma. Había descubierto que Alicia era una joven que se preocupaba por su familia.
                       Al caer Rebeca enferma, Alicia se olvidó de todo y se preocupó en cuidarla. En devolverle la salud. Pero, ahora, Rebeca estaba de nuevo bien.
-¿Cómo está su prima?-quiso saber Carlos.
                        Entonces, Alicia hizo algo que le dejó sin habla.
                        Le estampó un beso en la mejilla.
-Es mi manera de darle las gracias-contestó la joven-Usted fue a Arrecife a buscar al doctor Germán. De no ser por usted, mi prima estaría muerta.
-En ese caso, no me dé las gracias a mí-replicó Carlos, ruborizándose-Déselas al doctor Germán. Él fue el que le salvó la vida a su prima. Yo no hice nada.
-No conoce de nada a mi familia.
-Pero se preocupa usted por su madre y por su prima.
-Es lo que mi padre habría querido. Mi madre intenta ser fuerte y lo consigue. Rebe no está bien.
                               Le costaba trabajo pensar en Rebeca como una joven frágil. Una joven rota de dolor... Siempre había sido la más alegre. La más fuerte...
-¿Tiene familia?-le preguntó a Carlos.
-Tengo dos primos-respondió el joven.
-¿Acaso no les ve nunca?
-La verdad es que hace mucho tiempo que no les veo. Nunca estuvimos muy unidos que digamos.
                             Era la primera vez que Carlos le hablaba a Alicia de su vida familiar. Fue una sensación amarga. Sin embargo, se sintió cómo hablando de su familia con aquella joven.
                            Era cierto que casi no la conocía. Pero, a pesar de todo, sentía en su interior el deseo de protegerla.



                              Sin darse cuenta de lo que estaba haciendo, Carlos se fue acercando cada vez más a Alicia.
                               Cuando la joven quiso darse cuenta, los labios de Carlos estaban posados sobre sus labios. Y, para su sorpresa, acabó correspondiendo a aquel beso que estaba cargado de dulzura.

miércoles, 14 de enero de 2015

CERCA DEL MANANTIAL

Hola a todos.
Aquí os traigo un nuevo fragmento de mi relato Cerca del manantial. 
En esta ocasión, seguimos muy de cerca a nuestra protagonista, a Alicia.
Me encantaría poder terminar esta historia a lo largo de todo este mes.
De momento, vamos a centrarnos en lo que le ocurre a Alicia.

                                Por lo general, lo que más le gustaba del desayuno a Alicia es poder dar cuenta de su taza de leche caliente con gofio. El gofio consiste en harina no cernida de cereales tostados y su apariencia es similar a la harina blanca, pero con un color más amarillento.
                              Sin embargo, Alicia no tenía hambre. La noche anterior, había dormido muy poco. Le sorprendió ver a Rebeca sentada a la mesa del desayuno.
                             Su prima tampoco tenía hambre. Doña Anabel le dio un mordisco a su tostada untada con mermelada de frambuesa. Miró a su hija y a su sobrina con preocupación.
-Si no comes, acabarás enfermando tú también-le aseveró a Alicia.
-¡Tengo hambre!-mintió la chica.
                             Rebeca trató de disimular una sonrisa. Su prima no podía engañarla.
-Me temo que el amor también ha llegado a tu vida-observó con tristeza.
                            Al escuchar aquellas palabras, Alicia se puso roja como la grana.
                            Rebeca le dio un beso en la mejilla.
                            Alicia no quería pensar en Carlos. Hacía ya varios días que no le veía. Se decía así misma que quería verle porque debía de darle las gracias. Había ido a buscar al doctor Germán a Arrecife y éste había curado a Rebeca.
                          Su prima se encontraba mejor gracias a él. Alicia no quería pensar en que pudiera estar enamorada de Carlos.
-Enamorarse es sólo una fuente de problemas-replicó la chica-No olvido lo que acabas de pasar.
-Lucas está muerto-se lamentó Rebeca.
                           Luchó por no echarse a llorar al pensar que nunca más volvería a ver a su amado Lucas. Doña Anabel se puso nerviosa.




-Y lo que tienes que hacer es empezar a pensar en otra cosa-sugirió doña Anabel, dirigiéndose a su sobrina-A Lucas no le gustaría verte en ese estado. Tienes que empezar a mirar hacia delante. Aunque te cueste trabajo. Sé lo que es perder al hombre que amas.
                           Rebeca suspiró hondo.
-¿Tú querías a mi padre?-se asombró Alicia.
-Puede que sea algo seca, pero yo quería muchísimo a tu padre y él, a su vez, también me quería del mismo modo-contestó doña Anabel-Puedo entender por lo que está pasando tu prima. Pero eso no significa que tú también vayas a sufrir, hijita. Tienes derecho a enamorarte. Y el mundo está plagado de buenos hombres.
-No creo que pueda ser capaz de entregar mi corazón a un hombre en estos momentos.
-No seas cobarde en lo que se refiere al amor, hijita.

sábado, 10 de enero de 2015

CERCA DEL MANANTIAL

Hola a todos.
Aquí os traigo un nuevo fragmento de mi relato Cerca del manantial. 
Es bastante cortito.
A lo largo de este año, me gustaría terminar, además de este relato, mis relatos Un caballero perfecto y Aprendiendo a amarte. Aunque es más que probable que este año acabe Cerca del manantial y Un caballero perfecto. 
Este fragmento está centrado en el personaje de la protagonista, Alicia.
¡Vamos a ver lo que le ocurre!

                                Por primera vez desde que Rebeca cayó enferma, Alicia se acostó en su cama.
-Tu prima va a estar bien atendida, cariño-le prometió su madre, doña Anabel, cuando fue a arroparla.
-Despiértame si se pone peor-le pidió Alicia-Rebe necesita que estemos pendientes de ella.
-Tu prima nunca debió de haberse enamorado de un soldado. Es igual que tu padre. Igual que tu tío...
                         Doña Anabel salió de la habitación de su hija.
                         Alicia permaneció acostada en su cama. A pesar de lo cansada que estaba, no tenía sueño. Tenía demasiadas cosas en las que pensar.
                         Pensó en Carlos. Hacía varios días que no le veía.
                        Le echaba de menos. Le gustaba mucho hablar con él.
                        Y no sólo le gustaba hablar con él. También le gustaba hablar con Carlos. Se sentía a gusto con él. Se sentía cómoda.
                        Es algo más, pensó Alicia maravillada. No sabía qué podía ser.
                        En el fondo, sí sabía de qué se trataba. Pero le daba mucho miedo admitirlo en voz alta.
                        ¿Acaso no estaba viendo cómo Rebeca estaba sufriendo por culpa de la ausencia de Lucas? ¿Acaso quería terminar sufriendo igual que estaba sufriendo Rebeca?
                        Enamorarse de Carlos. Admitir que estaba enamorada de Carlos podía equivaler a sufrir por amor. Alicia debía de mantenerse suerte porque Rebeca la necesitaba.
                        Además, posiblemente, Carlos no tardaría mucho tiempo en irse de Montaña Clara. La dejaría sola.



                          Finalmente, se quedó dormida. Sin embargo, el sueño de Alicia fue intranquilo. Muchas cosas pasaron por su mente. Pensó en la tragedia que había ocurrido en Arrecife. En el drama de amor que estaba viviendo Rebeca. En el amor que empezaba a sentir hacia Carlos.

viernes, 12 de diciembre de 2014

CERCA DEL MANANTIAL

Hola a todos.
Me ha costado muchísimo trabajo porque se me fue del todo la inspiración con esta historia.
Sin embargo, ayer, pude escribir un pequeño trozo que me gustaría compartir con vosotros. Me gustaría poder terminarla a lo largo de este mes.
¡Vamos a ver lo que pasa hoy!

-La mujer del señor Alcalde de Arrecife está enferma-informó Rebeca a su prima. 
-Es una pena que Arrecife pille tan lejos. De no ser así, podríamos ir a visitarla-decidió Alicia. Pensó en Carlos. Él había ido a Arrecife a buscar a un médico para Rebeca. Se sentía en deuda con él. De no ser por el doctor Germán, probablemente, su prima estaría muerta-¡Pobre mujer! Es un poco mayor que nosotras. Pero ha tenido una mala vida. ¡Sabe Dios quién pudo ser su madre! Me contó la mujer del boticario que la abandonaron en un orfanato cuando era apenas una recién nacida de horas. Luego, creció. Se hizo amiga de la nieta de un rico terrateniente de San Bartolomé. Y se casó con el mejor amigo del marido de ella. El que es ahora nuestro Alcalde. Puede que esté embarazada. 
-No está embarazada, Ali. No quiero decir nada en voz alta. Aunque estemos aquí, en casa. Pero la gente anda muy nerviosa. Y no es sólo porque estemos oyendo cañonazos cada dos por tres. 
-¿Qué quieres decir?
-El cólera ha llegado hasta aquí. La mujer del señor Alcalde tiene cólera. Me lo ha dicho su doncella. Ha salido huyendo en cuanto se ha enterado. Me la he tropezado en la calle, muy nerviosa. 
                           Las dos primas estaban hablando en el salón de su casa. 
-No creo que se trate del cólera-replicó Alicia. 
-Si es una epidemia, entonces, sé que mi prometido está muerto-afirmó Rebeca-Ha enfermado. No ha podido superar la enfermedad. Y ha muerto lejos de mí. ¡Está muerto! ¡Por eso, no ha regresado!
                        La joven estalló en sollozos. Alicia se sentía impotente. No sabía qué hacer para consolar a su prima. 
                          Doña Anabel entró en el salón y encontró a su sobrina llorando. Había sido idea suya la de ir al salón. Desde hacía dos días que no tenía fiebre. Ocho días se pasó la pobre Rebeca delirando. Pero era evidente que todavía estaba muy débil. 
-Deberías de regresar a tu habitación y descansar un rato-le pidió a su sobrina doña Anabel. 
-Estoy bien, tía-le aseguró Rebeca-Es sólo que Ali y yo hemos recibido una mala noticia. 



sábado, 9 de agosto de 2014

CERCA DEL MANANTIAL

Hola a todos.
Hoy, seguimos con un nuevo fragmento de Cerca del manantial. 
El fragmento de hoy es todavía más corto que el fragmento de ayer.
Rebeca sufre una recaída en su enfermedad.

                                         Alicia pasó un paño empapado en agua fría por la frente de Rebeca. Su prima tenía mucha fiebre. Sentía que le iba a estallar la cabeza.
-Tu prima no va a tener un buen final-se lamentó Anabel-¡Lo vengo diciendo desde hace mucho tiempo!
                                      Alicia no quería pensar en la posibilidad de que Rebeca muriese.
-Buenas tardes...-saludó un hombre de unos sesenta años, de pie ante el umbral de la entrada a la habitación de Rebeca-¿Ésta es la paciente?
-¿Quién es usted?-inquirió Anabel.
-Soy el doctor Germán.
-No hay ningún médico en la isla.
-Me han avisado de que venga aquí. Vengo de Arrecife. Me han avisado de que una joven de Montaña Clara se encuentra enferma.
                                 El médico se hizo cargo de la situación. Traía un maletín consigo. Extrajo un estetoscopio y oscultó a Rebeca.
                                 Le cogió la muñeca para tomarle el pulso. El corazón de Alicia pareció detenerse. El rostro del médico indicaba malas noticias. Y acertó.
                               Rebeca sufría fiebre cerebral. La angustia que experimentaba ante la ausencia de Lucas y la falta de noticias de éste se manifestaba a través de su cuerpo. Se sentía mal por ello.

 

viernes, 8 de agosto de 2014

CERCA DEL MANANTIAL

Hola a todos.
Hoy, os traigo un nuevo fragmento de mi relato Cerca del manantial. 
Lo cierto es que el fragmento de hoy es más pequeño que de costumbre por falta de tiempo.
Aún así, espero de corazón que os guste.

                                  Rebeca terminó de escribir la carta.
                                  La releyó de nuevo. La leía y la volvía a leer. Era una carta que le había escrito a Lucas.
                                  El cabello de Rebeca era de color rojo oscuro. En aquel momento, lo llevaba suelto.
                                  Sus ojos se llenaron de lágrimas. Recordaba cómo Lucas la había cortejado. Recordaba cómo ella había coqueteado con él en un esfuerzo por captar su atención. Y recordaba cada uno de los besos que le había dado.
                                 Su tía Anabel debía de pensar que era una perdida. Pero Rebeca no se había entregado a Lucas, por lo que mantenía su virginidad intacta.
                                 En aquel momento, su prima Alicia entró en la habitación para cepillar su cabello y recogérselo en un moño. Rebeca se puso de pie y Alicia la envidió.
                                 Rebeca era una joven alta y esbelta. Sus mejillas siempre estaban sonrosadas. Y se le formaban dos curiosos hoyuelos en las mejillas cuando sonreía, lo cual siempre ocurría cuando Lucas estaba en Montaña Clara. Pero Lucas se había ido. Y Rebeca no había vuelto a sonreír.
                                Alicia la abrazó cuando se dio cuenta de que su prima estaba llorando.
-Sé que Lucas ha muerto-afirmó Rebeca-Mientras le escribía esta carta, me asaltó una visión. Le vi tirado en el suelo, en mitad del desierto. Estaba sangrando. Y sus ojos y su boca estaban abiertos de una manera espantosa. Y...
-¡Basta!-le ordenó Alicia, asustada-¡No sigas hablando, Rebe!
-Lucas ha muerto, Ali. ¡Mi corazón me lo dice!
-Tu corazón debería de pensar todo lo contrario.
                               A petición de Alicia, Rebeca aceptó salir a dar un paseo con su prima.
-¡No es justo que te ocupes de mí!-protestó Rebeca-Soy más mayor que tú. Y estás enamorada. Deberías disfrutar de tu primer amor.
-¿Qué estás diciendo?-se asombró Alicia.
-Te vi con ese joven en el manantial. Hay algo entre vosotros.
-¡Casi no le conozco!
-¿Tú no crees en el amor a primera vista? ¡Pues yo sí creo en el amor a primera vista! Fue así como me enamoré de Lucas. Fue amor a primera vista. Y a ti te ha pasado lo mismo.
                             Dieron un paseo por El Llano de Aljibe. Rebeca todavía no podía mantenerse de pie por sí misma.
-¿Por qué no hay un médico permanente en este lugar?-se preguntó Alicia en voz alta.
                             Rebeca sentía que todo le daba vueltas.
-Llévame de vuelta a casa-le pidió a su prima.

jueves, 7 de agosto de 2014

CERCA DEL MANANTIAL

Hola a todos.
Hoy, os traigo un nuevo fragmento de mi relato Cerca del manantial. 
Espero que os esté gustando.

                                Al día siguiente, Rebeca se sintió mejor y quiso acompañar a Alicia al manantial cuando su madre le dijo que tenía que ir por agua.
-Lo que tienes que hacer es guardar reposo-le exhortó Alicia a su prima.
-Y yo quiero hacer mi vida normal-insistió Rebeca-Llevo mucho tiempo encerrada en esta casa. Me desespero.
-Está bien.
                          A Alicia no le quedó más remedio que ceder.
                          Las dos se dirigieron al manantial. Estaban las dos solas cuando llegaron. Alrededor del manantial crecía la maleza. De pronto, Rebeca tuvo la sensación de que ni ella ni Alicia estaban solas.
-Alguien nos está observando-le comentó a su prima.
-¿A qué te refieres?-inquirió Alicia-Yo no veo a nadie.
                       De pronto, Carlos surgió como de la nada. Las dos jóvenes, al verle, se sobresaltaron. Carlos se sintió cohibido al ver que Alicia no estaba sola.
-Disculpad-se excusó el joven-No sabía que teníais compañía.
-¿Es él?-inquirió Rebeca en voz baja dirigiéndose a Alicia.
-Sí...-contestó la chica.
                        Rebeca se apoyó en su prima porque aún se sentía muy débil como para caminar.
                        Alicia la ayudó a sentarse en una roca. Pensó que Rebeca había cometido una locura al acompañarla.
-Éste es Carlos, un buen amigo mío-le contó a la joven-Lo conocí cuando vine una vez por agua a este mismo lugar. ¿Te acuerdas que te lo conté?
                     Alicia se dio la vuelta. Llenó su cántaro de barro con el agua del manantial.
                     Notó cómo le temblaban las manos. Carlos ejercía aquel efecto sobre ella. Se puso de pie. Se dio la vuelta para mirarle.
-Ésta es mi prima Rebeca-le contó al joven.
-Es honor conocerla, señorita-la saludó Carlos.
                      Le dedicó una cortés reverencia. Rebeca lo miró con curiosidad.
-Siempre es agradable conocer a los amigos de mi prima-afirmó.
                       Alicia se sintió también cohibida. Pero se dijo que era bueno que Carlos y Rebeca se conocieran. Se dijo así misma que le preguntaría a su prima a solas qué le había parecido. Rebeca le expondría su opinión con total confianza.
-Tenemos que irnos-le dijo-Rebe no puede estar fuera de casa mucho tiempo.
-Espero volver a veros en otra ocasión-le aseguró Carlos.
                    No lo dijo. Pero Alicia sospechó que el joven quería verla a solas.



                        Alicia y Rebeca se alejaron del lado de Carlos. Rebeca miró ansiosa a su prima. 
-¿Te has visto a solas con él?-le preguntó. 
-Cuando nos conocimos-respondió Alicia. 
-Espero que no vuelvas a verle a solas. Estaría mal. 

miércoles, 6 de agosto de 2014

CERCA DEL MANANTIAL

Hola a todos.
Aquí os traigo un nuevo fragmento de Cerca del manantial. 

ADVERTENCIA: Por si os habéis dado cuenta, he cambiado los nombres de los personajes y también he cambiado la ambientación. Del año 1714 he pasado al año 1860.

Espero que os guste este nuevo fragmento.

                                 Aquella noche, Alicia fue a la habitación de Rebeca a desearle las buenas noches.
-Has tardado mucho en regresar del manantial-comentó Rebeca.
            Llevaba puesto el camisón y estaba acostada en la cama. El cabello de color rojo de Rebeca estaba recogido en una trenza.
            Alicia se sentó a su lado en la cama.
-He estado hablando con un joven-le contó-Lo conocí en el manantial. ¡Es muy apuesto, Rebe!
            La aludida sonrió. Tosió con fuerza. Alicia la ayudó a inclinarse para poder golpear su espalda con la intención de calmar su tos.
            Cuando se le calmó la tos, Rebeca le dedicó una sonrisa débil a Alicia. Tenía la sensación de que estaba viéndose así misma tiempo atrás. A lo mejor, ha tenido un flechazo, pensó Rebeca. Le ha pasado lo mismo que me pasó a mí hace tanto tiempo.
-Parece que han pasado años-suspiró Rebeca.
-¿A qué te refieres?-inquirió Alicia.
-Puede que tengas toda la suerte del mundo al haber encontrado el amor.
            Rebeca volvió a suspirar. Pensó en su prometido, del que no sabía nada desde hacía mucho tiempo. Alicia también se había puesto el camisón. Llevaba su rubio cabello recogido en una trenza. Llevaba un chal de lana sobre los hombros para protegerse del frío.
-¿Vas a volver a verlo?-inquirió Rebeca.
-Me gustaría mucho volverle a ver-contestó Alicia.
-Ten cuidado.
-¿Por qué lo dices?
-Porque no quiero que sufras.
-No te preocupes por mí, Rebe. No creo que me pase eso.
            Alicia se puso de pie. Besó a Rebeca en la frente. Por suerte, le había bajado la frente. Se dijo así misma que su prima tenía algo de razón. No quería arriesgarse a sufrir por amor. Ya veía a Rebeca sufrir. 
            Rebeca tenía sus sueños. Soñaba con volver a ver a su prometido. Quería volver a abrazarle. Todavía guardaba los besos que se habían dado. Por supuesto, no habían ido más allá de aquellos besos. Unos besos que él le había robado.
                        Su tío Jaime la sacó a la calle.
-Te conviene tomar el fresco-le exhortó.
                       La sentó en una silla que uno de los pocos criados que quedaban había sacado previamente.
                       Alicia se quedó junto a ella. Parecía que Rebeca tenía mejor color de cara. Acabará recuperándose, pensó Alicia. Rebeca era mucho más que su prima. También era su mejor amiga.
                        Tuvo la sensación de que Rebeca estaba pensando en su prometido.
-He soñado con él-le contó-Estoy convencida de que va a volver.
-Yo también lo espero-afirmó Alicia.
                       Vivían en la zona conocida como El Llano del Aljibe, al sur de la isla. Era la parte más plana de la misma y donde había más casas.
-¿Crees que le habrá pasado algo?-le preguntó Rebeca a su prima.
-Desecha esos pensamientos-le respondió. Le cogió la mano mientras se ponía de rodillas junto a ella-No has de perder nunca la esperanza. Tienes mejor color de cara hoy.
                     Rebeca esbozó una sonrisa tímida. Se sentía mucho mejor aquel día. Lo achacaba a la sospecha de que su prometido estaba cerca. Casi podía verle llegar.
-Una amiga mía me decía que los soldados se olvidan rápidamente de las mujeres que les están esperando-le contó a Alicia.
-No tienes que hacer caso de lo que te diga la gente-le aconsejó Alicia-Mienten para hacerte daño, Rebe.
                      Pensó en Carlos. Él le había contado que no había nadie esperándole en la Península. Pero también podía estar mintiéndole. No sabía nada de él.
                       Deseaba volver a verle. Era algo que nunca antes le había pasado. Sentirse atraída por un completo desconocido. 



-Nunca has estado enamorada-afirmó Rebeca. 
-Puede que me vaya a enamorar-replicó Alicia-Eso nunca se sabe. 
-Ha pasado algo. 
-Ya te lo contaré. 

martes, 5 de agosto de 2014

CERCA DEL MANANTIAL

Hola a todos.
Hoy, os traigo un nuevo y cambiado fragmento de mi relato Cerca del manantial. 
Deseo de corazón que os guste.

                              A Carlos le había tocado vivir una época extremadamente difícil. Había pasado los últimos cuatro años de su vida luchando en el frente. Desde que tenía uso de razón, lo único que recordaba era la guerra. Todo el país estaba en guerra. Carlos se alistó en el Ejército cuatro años antes. Su padre había pasado gran parte de su vida luchando. Carlos apenas le recordaba en su casa. La estancia en el frente había supuesto una experiencia terrible para él. Tuvo que aprender a disparar y a matar a otras personas a las que no conocía si quería sobrevivir.  Carlos sentía que ya no tenía casa. Cuando regresó a su casa, se encontró con que estaba arrasada.
         Carlos vivía en Ceuta. Era hijo único. Había tenido otros cinco hermanos. Pero todos ellos habían muertos cuando eran pequeños.
                 No sólo eso…Su madre estaba muerta. Murió durante el ataque. Estaba solo en el mundo. Su padre también había muerto, pero a raíz de una herida que se le infectó cuando estaba combatiendo en cerca de Tetuán. No tenía más familia. Carlos decidió irse. No quería ser una carga para sus tíos. Tenía también primos. Pero éstos necesitaban salir adelante. Pensó en ir a la Península Ibérica. Sin embargo, se arrepintió en cuanto pisó el puerto de Cádiz. No tenía a nadie allí esperándole. Estaba solo.
-Ya no tengo nada-pensó-¿Adónde voy a ir?
                Decidió abandonar la Península Ibérica. 

-Lo he perdido todo-pensaba Carlos.
Tenía que olvidar todo lo que había vivido en el frente. Tenía que olvidar que había matado gente. No era ningún criminal. Llegó hasta las islas Canarias.
Buscó un sitio en el que refugiarse.
Encontró aquella isla. Vivía poca gente en ella. Era el lugar idóneo para vivir. Un sitio pequeño…Un lugar tranquilo donde se escondería de todo. Se escondería de sí mismo.
            En ocasiones, Carlos se refugiaba entre las dunas porque necesitaba estar solo. Se llevaba varios libros consigo porque le gustaba mucho leer y los libros era el único recuerdo que tenía de sus padres. No le quedó el consuelo de enterrar a su madre. Tampoco le quedó el consuelo de enterrar a sus padres.  Carlos tuvo mucha suerte y salvó la vida. ¿En serio? ¿Podía considerarse afortunado por estar vivo? Al menos, sus padres ya no sufrían y él, en cambio, sí seguía sufriendo. Casi preferiría estar muerto. Así, no tendría que recordar todo lo vivido en el frente.
            Vivía aislado del mundo. Tenía miedo de todo el mundo. Pero sabía que no podía vivir así toda la vida.  
            Tenía pesadillas. Se despertaba empapado en sudor. Estaba acostado en la arena. Podía escuchar el sonido de las olas. Se decía así mismo que estaba vivo. Vivo… ¿Durante cuanto tiempo? No lo sabía.
            Cierta tarde, vio a una joven que estaba lavando la ropa de rodillas. Lavaba la ropa en el manantial. La muchacha estaba cantando y tenía una voz preciosa.
            Era la primera vez en mucho tiempo que se interesaba en alguien.
            Había vivido bastante tiempo aislado. Tenía derecho a relacionarse con la gente. Alicia estaba ajena al joven que la estaba mirando con admiración. Antes de la guerra, su familia era una de las más ricas del archipiélago. Habían tenido la suerte de sobrevivir. No tenían criados.
            Pero eso poco importaba.
            Estaban vivos.
            La Guerra había terminado. Le preocupaba la salud de Rebeca. Alicia quería pensar que se pondría bien.
            Cuando la joven se acercó, le dedicó una encantadora sonrisa a Carlos. Él depositó un beso en su mano con reverencia.
-Es la primera vez que os veo-dijo la joven.
-No os conocía-dijo Carlos, ruborizándose-Hasta hoy. ¿Cómo os llamáis?
-Me llamo Alicia. ¿Y vos? ¿Sois del archipiélago?
-No soy de aquí. Llevo viviendo en esta isla muy poco tiempo. Apenas acabo de llegar.
-Es un placer conocer gente nueva. En esta isla nos conocemos todos. Sabemos quién es quién y resulta raro ver a un forastero por aquí. Aún así, es un placer conoceros.  
            Carlos volvió a besar la mano de la joven.
-Un nombre muy bonito-dijo con timidez-Alicia…Hermoso nombre…Quiero decir…
-Aún no me habéis dicho el vuestro-dijo Alicia-Decidme-Lo miró con curiosidad-¿Quién sois? Nunca antes os había visto.
-Me llamo Carlos Madariaga.
-¿Habéis estado luchando en el frente?
-¿Os doy asco? No me extrañaría…
-No se trata de eso, es que es la primera vez que os veo.
-Eso ya me lo habéis dicho.
-Disculpad. No suelo hablar con desconocidos, pero os he visto solo y me he preguntado el porqué estábais aquí.
-Es verdad que he estado peleando en el frente. Todo lo que tenía lo perdí cuando estaba luchando. Mis familia, por desgracia, ya no está.  
-Es muy triste perder a tu familia. Mis padres, por suerte, están vivos.
-¿Vuestros padres?
-Mi prima Rebeca vive con nosotros. Sus padres también fallecieron durante la Guerra. Nos tenemos la una a la otra. Por desgracia, mi prima está muy enferma. Y, para colmo de males, no sabe nada de su prometido. Debería de haber regresado ya. Pero…
-Me hago cargo de ello.
-A lo mejor, vos sabéis algo de él.
-Lo único que quiero es olvidar todo lo que pasó en el frente. No sabría deciros nada acerca del prometido de vuestra prima. Conocí a mucha gente luchando. Los rostros acaban olvidándose. Los rostros de los vivos…Los rostros de los muertos…Son otra cosa. Por eso, me refugio entre las dunas; en parte, para no pensar.
-Se está a gusto aquí.
-¿Tenéis mucha prisa por regresar a vuestro hogar?
-La verdad es que no.
-Quedaos y hacerme compañía.
-No puedo.
-¿Por qué no?
-Porque vos sois un hombre y yo soy una mujer. No os conozco. Es la primera vez que os veo. Mis padres no me dejan que hable con desconocidos. Y mucho menos con hombres.
-¿Creéis que quiero haceros daño, señora?
-No lo sé…Es la primera vez que os veo.
-¿De dónde sois?
-De Ceuta…Pero no me queda nada allí. Toda mi familia está muerta. Tengo tíos. Y también tengo primos. Pero ellos tienen sus vidas. No quiero ser una carga para ninguno de ellos. Estuve viviendo en la Península durante unas semanas. Pero…No quería estar allí. Por eso…Me vine aquí.
-Nunca he salido de esta isla.
            Alicia no podía juntarse con Carlos por mucho que le interesase. No podía coquetear con desconocido, aunque fuera tan guapo y atrayente como aquel. Y Carlos no podía hablar con una mujer, aunque fuera la más hermosa que jamás había visto. Era mejor dejarlo en un encuentro casual.
-Es raro que no nos hayamos visto antes de hoy-comentó Carlos.
-Tal vez porque no frecuentamos la misma gente-sugirió Alicia.
-¿Os relacionáis los vecinos?
-Mantengo buenas relaciones con ellos. Antes, teníamos criados. Pero casi todos partieron para el frente. Ayudo en las tareas del hogar. No me quejo. No conozco tiempos mejores. La Guerra no ha pasado de largo por aquí.
 -Mucho me temo que la Guerra no ha pasado de largo para nadie. Ni siquiera en los lugares más pequeños…
-No quiero que penséis que soy atrevida. Pero me gustaría haceros una pregunta. A lo mejor, tenéis una mujer que os está esperando en la Península. ¿Estáis casado? ¿Estáis prometido a alguna joven en la Península?
-No estoy casado, no estoy prometido y no es indiscreción. No pienso que seáis atrevida, señora.
-¿Aún estáis soltero?
-Aún soy un poco joven para casarme. No se me ha ocurrido buscar aún una esposa. No creo que la situación aquí sea la apropiada para fundar una familia. Se respira miedo en el ambiente. No quiero que mis hijos ni mi esposa vivan en un país que está en guerra. Dicen que la guerra ha terminado. No me lo creo. Sigo pensando que los combates siguen en el frente. En la Península…No quiero volver a pelear. Estoy cansado de pelear. Sólo quiero vivir en paz en mi país. No pido mucho. ¿No creéis?
-Pedís lo mismo que pido yo. Vivir en paz y sin miedo a que haya una guerra. Pero, por desgracia, vivimos en una sociedad en la que nos enseña a odiar desde que nacemos. Por eso, de adultos, nos hacemos la guerra unos con otros.
-Lo que decís es muy sensato, señora.
-Pero, por ahora, no puedo seguir hablando porque tengo que regresar a casa antes de que mi madre empiece a preocuparse.
-¿Volveré a veros?
-No lo sé.
            Carlos cogió la mano de Alicia y se la besó con suavidad antes de que ella regresase con su cántaro de agua en las manos y le mirase con dulzura antes de irse.   
            En la rama de un árbol, un pájaro empezó a trinar.


lunes, 4 de agosto de 2014

CERCA DEL MANANTIAL

Hola a todos.
Dejo un poco aparcado mi relato La huida de dos enamorados. 
Sin embargo, prometo terminar este relato a lo largo del mes de agosto.
El relato que centra mi atención en estos días y que quiero terminar se llama Cerca del manantial. 
Empecé a subirlo a mi blog "El blog de una chica del siglo XIX". Sin embargo, sin acabarlo y con tres trozos subidos, decidí borrarlo.
Finalmente, me he decidido a terminarlo y quiero terminarlo en este blog.
Es un relato más bien corto, de corte romántico y de época (mi estilo, vamos) y espero que os guste.
Cuenta el romance que se inicia entre una joven canaria de buena familia y un joven que huye de la violencia.
Se trata de una versión más extendida, ya que he alargado los trozos que subí a mi blog "El blog de una chica del siglo XIX".

MONTAÑA CLARA, ARCHIPIÉLAGO DE CHINIJO, EN LAS ISLAS CANARIA, 1860


Las noticias llegaron a la isla. La Guerra había terminado.
            Una mujer lloraba mientras barría la puerta de su casa. Daba gracias a Dios por el final de la Guerra. Todo había terminado, murmuraba entre sollozos. ¡Gracias a Dios!
            Alicia Huertas Sánchez respiró aliviada cuando escuchó las noticias en la calle. Regresaba del manantial, adonde iba a buscar agua. Alicia era una joven alta y delgada. Llevaba su cabello rubio recogido en una trenza.
            Su prima Rebeca salió cojeando del interior de la casa donde vivían. Se la veía muy nerviosa. Alicia frunció el ceño al verla levantada. Rebeca estaba muy enferma y tenía que hacer reposo. Pero la joven no podía ocultar su alegría.
-¡Ha terminado la guerra, Ali!-exclamó Rebeca, loca de contento.
-Deberías de estar acostada-la regañó suavemente Alicia.
            Teresa no se lo podía creer. La guerra les había afectado en todos los aspectos.
-¡Pero el final de la guerra es bueno!-afirmó la joven-¡Mi novio volverá del frente! Me lo dijo en su última carta. ¡Oh, Ali! ¡No sabes lo contenta que estoy!
-Ruego a Dios que lo que dicen sea cierto-dijo Alicia.
-Me he mareado.
-Es normal, Rebe. Tienes que acostarte. Anda. Vamos.
-Mi novio…
            Rebeca se tambaleó. De no ser porque Alicia le cogió los brazos, se habría caído al suelo. Alicia llevó a su prima de vuelta a casa. Hacía ya algunos meses que la salud de Rebeca se estaba deteriorando poco a poco. Alicia se preguntó si el novio de su prima estaba vivo. O si, por el contrario, estaba muerto. Hacía algo más de un año que no sabían nada de él.
-Si la Guerra ha terminado, demos gracias a Dios por ello-opinó Alicia-Todos hemos sufrido mucho.
                Se santiguó. Lo único que podía hacer era rezar.
               Apenas un año antes, Lucas, el prometido de Rebeca, se marchó al frente a pelear. Era soldado, igual que había sido soldado el padre de Rebeca.
                La joven debía de estar acostumbrada. Los soldados rara vez paraban en casa.
               Sin embargo, empezó a quejarse de fuertes dolores de cabeza en cuanto Lucas se marchó. Pasaba muchos días postrada en el lecho con fiebre muy alta. Apenas probaba bocado.
            Se dirigieron a la casa de los Huertas Sánchez. Alicia oyó a un matrimonio vecino suyo chillar de alegría.     

                     La madre de Alicia, Anabel, decidió quedarse levantada toda la noche para velar el sueño de Rebeca. Alicia se pasó por la habitación de su prima para desearle las buenas noches. 
                      Encontró a Rebeca acostada en su cama. Anabel estaba terminando de arroparla. La joven se hallaba profundamente dormida. Anabel miró a su sobrina con preocupación. La enfermedad que Rebeca padecía era más grave de lo que pensaba. Se lo había dicho el médico. 
                    La mirada de Anabel se cruzó con la mirada de Alicia. 
-Veo que Rebe ya está dormida-observó la joven. 
-Es mejor que descanse-opinó Anabel-Han sido muchas emociones para ella. ¡No entiendo el porqué el General O' Donnell nos ha metido en esta guerra! ¿Qué se nos ha perdido a nosotros en Tetuán? No lo entiendo. 
-El novio de Rebe está peleando en Tetuán. Ella quiere que vuelva. 
                      Se hizo el silencio. 
-Lucas no volverá-auguró Anabel-Está muerto. 
-¡Por el amor de Dios, mamá!-se escandalizó Alicia-¿Cómo puedes hablar así? Yo pienso que Lucas está vivo. 
-Han muerto muchos soldados de ambos bandos. 
-Lucas sabe cuidar de sí mismo. Es un soldado experimentado. El año pasado, regresó de la Cochinchina.
-Es un hombre. Y puede pasarle cualquier cosa.