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domingo, 10 de agosto de 2014

EL VAMPIRO (LA CONVERSIÓN DE LORD RUTHVEN)

Hola a todos.
Hacía mucho que tiempo que no avanzaba en mi fanfic El vampiro. 
Todos los vampiros tienen un origen. Lord Ruthven no es una excepción. En esta escena, vemos cómo lord Ruthven deja de ser mortal para convertirse en vampiro.
Espero que os guste.

                                  Corría el año 1800.
                                 Había salido a dar un paseo a caballo. Recordaba que era un día en el que el cielo estaba cubierto de nubes negras. Pero eso no le importó. Le gustaba sentir el viento golpeándole en la cara cuando montaba a lomos de su alazán favorito.
                                 Entonces, le salió al paso una mujer.
                                 La reconoció en el acto.
                                 La había visto muchas veces paseando por el bosque sola de noche. O cuidando del jardín que tenía de rosas. Se llamaba Madeline y hacía unos meses que había llegado a Bath. Se sabía que era la sobrina de la vieja Lavinia, la vecina de su familia. Una anciana viuda sin hijos...La llegada de Madeline pilló a todo el mundo por sorpresa. Se decía que había estado viviendo en Londres. Pero que, por algún motivo, había sido desterrada a Bath.
                                  Entonces, lord Ruthven se llamaba Tristan Saint Johns. Era el conde de Saint Johns. Tenía un hermano que era menor que él. Su madre había muerto no hacía mucho. Y debía de hacerse cargo de sus tierras.
                                 La relación que mantenía con su padre era mala. Tristán sólo quería estar en Londres, disfrutando de la gran vida que se daba allí.
                                 En una ocasión, logró robarle un beso a Madeline. Lo cierto era que sentía una gran atracción por aquella joven. Le parecía que era muy enigmática. Y que, al mismo tiempo, poseía una belleza casi sobrenatural.
                                 Ocurrió una tarde en que fue a visitar a la vieja Lavinia con una excusa de la que ni se acordaba. Era un día en el que el cielo estaba cubierto de nubes negras. Madeline estaba en el jardín, cuidando de sus rosas.
-Buenas tardes...-la saludó-Veo que es usted enemiga del Sol.
-¿Por qué dice eso?-le preguntó ella, casi asustada.
-Nunca se la ve paseando por la calle cuando hace Sol.
-Tengo la piel muy delicada. No puede darme de manera directa la luz del Sol.
                             Y fue, en aquel momento, cuando Tristán aprovechó la ocasión para robarle un beso a Madeline.
                               Pero...
                               Madeline no parecía la misma cuando Tristán la vio en el bosque.
                               Desmontó a su alazán. Unas finas gotas de lluvia empezaron a caer en aquel momento. Madeline llevaba puesto un vestido de color negro que se ceñía a su cuerpo. Empezó a mojarse poco a poco y el vestido se ceñía aún más. Revelaba las curvas de su cuerpo. Su cabello estaba suelto.
                              Tristán se sintió atraído de un modo casi violento hacia Madeline y comenzó a caminar en dirección hacia ella. De pronto, se olvidó de que estaba lloviendo cada vez con más fuerza. Había algo en Madeline que le había hechizado y no sabía lo que era.
                              Madeline empezó a dar vueltas sobre sí misma. Daba saltitos y Tristán la oyó reírse. Su risa era muy rara. La falda de su vestido de color negro se ondeó. Se agitó al viento su larga melena de color castaño. Parecía que estaba cantando una canción que se le metió a Tristán en la cabeza. Una canción ininteligible...Pero...
                                 Podía entenderla.
                               En aquel momento, Madeline se detuvo.
-Tú me servirás-le dijo a Tristán.
                                Los ojos de Madeline se clavaron en los ojos de Tristán. De pronto, el conde de Saint Johns tuvo la sensación de que aquellos ojos no tenían vida. Y eso le inquietó.
                                  Un extraño presentimiento pasó por la mente de Tristán.
                                  Poco a poco, Madeline empezó a caminar hacia él. Pensó en salir corriendo. Esto no es normal, piensa.
                                  Se siente como un idiota. Había estado con miles de mujeres a lo largo de su vida. Había visitado los peores antros de Londres.
                                  Madeline podía ser una solterona un tanto extravagante. Pero estaba convencido de que era virgen. No había sido todavía cortejada por nadie. Los hombres decían de ella que les inspiraba terror. Tristán creía que estaban exagerando. Madeline no podía infundar miedo alguno en los hombres.
-¿Para qué te serviré?-quiso saber Tristán.
-Tengo hambre-contestó Madeline.
-No te entiendo.
-Lo entenderás enseguida. Eres muy apuesto. Nunca he conocido a un hombre como tú.
-No te visitan los hombres de por aquí.
-Me conocen demasiado bien.
                                  Entonces, Madeline posó sus labios sobre los labios de Tristán.
                                  Los labios de Madeline estaban fríos. Eran unos labios que estaban muy fríos. Tristán quiso apartarse de ella. Pero no pudo.
                                  No quiso apartarse de ella.
                                  Fue Madeline la que se desnudó. Fue Madeline la que desnudó a Tristán. Los labios de Madeline volvieron a apoderarse de los labios de Tristán. La lengua de la joven invadió la boca del conde de Saint Johns. Él se sintió aturdido. Tenía la sensación de que volvía a ser un adolescente virgen.
                                Los dedos de Madeline acariciaron el cabello de Tristán. Sus brazos rodearon el cuello de él.
                                 La lluvia era cada vez más intensa, pero Tristán parecía estar ajeno a la lluvia que caía sobre él mientras tenía la sensación de que el alma se le estaba escapando de su cuerpo. Le aturdía el comportamiento de Madeline. Parecía que ella tenía experiencia. Parecía que ella sabía más que él en las artes amatorias. ¡Si Tristán había estado con miles de mujeres a lo largo de su vida!
                               De pronto, Tristán notó que algo raro le estaba pasando. Sentía dolor en su cuello. Sentía cómo la sangre manaba del interior de una de las venas de su cuello. No sabía qué estaba pasando. Sólo sentía que la cabeza le daba vueltas. Y que él se sentía cada vez más débil.
                               Unos colmillos...
                               Madeline tenía colmillos y le había dado un mordisco en el cuello. Estaba bebiendo de su sangre.
                                De pronto, vio cómo Madeline se hacía una herida con la uña en la muñeca. Tristán pensó que estaba delirando por la pérdida de sangre.
-Bebe-le ordenó Madeline.
                               Y Tristán se vio obligado a beber de la sangre que brotaba del interior de la muñeca de Madeline. Pero estaba muy cansado.
                               Fue, entonces, cuando Tristán perdió el sentido. Cuando regresó en sí, se encontraba en el interior de una cabaña. Le habían acostado sobre un incómodo camastro.
-Ya ha vuelto en sí-exclamó una voz.
                              Fue la primera vez que vio a Igor.
                             Fue Igor quien le encontró inconsciente en el bosque. Estaba completamente desnudo y tenía una herida de mordisco en el cuello. Igor debió de adivinar lo que había pasado.
-Le han convertido-le advirtió-Ya no puede volver a su vida de antes. Sólo hay una manera de que viva.
-No entiendo lo que quieres decir-dijo Tristán, sintiendo su voz ronca.
-Ella le ha convertido. Y le ha hecho renacer como un no muerto.
-Un no muerto...
                             Tristán pensó que estaba soñando. Pero notaba su piel más pálida. Y la sentía fría.
                             Igor le tendió un espejo de mano. Tristán ahogó un grito cuando no vio su cara reflejada en el cristal de aquel espejo. Y sentía una gran sed.
                             Igor le tendió una taza. Al beber un sorbo, Tristán advirtió que el líquido que contenía la taza era espeso y caliente. ¡Estaba bebiendo sangre!
                              Fue en aquel momento cuando lo entendió todo. Tristán Saint Johns había muerto. Y surgió lord Ruthven.



sábado, 2 de agosto de 2014

EL VAMPIRO

Hola a todos.
Han pasado siglos desde que subí el último fragmento de El vampiro, mi fanfic de Pecados inconfesables. 
Pero no creáis que me he olvidado de esta historia.
Aunque no tenga ahora mucho tiempo para dedicarme de lleno a ella, la tengo siempre presente.
Es otra de las historias que quiero terminar. Sin embargo, me he propuesto terminar otras dos historias entre este mes y el mes que viene: mi blog novela "Una brisa suave" y mi relato Un sabor agridulce, que estoy subiendo a mi blog "Berkley Manor".
En este fragmento, lord Ruthven e Igor hablan de los asaltos.

                               Estaba empezando a anochecer.
                               Igor retiró la tapa del ataúd de lord Ruthven.
                               Pero su señor ya tenía los ojos abiertos.
-¿Qué hace despierto, señor?-le preguntó Igor, sorprendido-Pensaba que estaría durmiendo.
-No puedo dormir-respondió lord Ruthven-Tengo mucha sed. He podido leerle la mente a Daisy Maning. Su confesión se puede escuchar a muchos kilómetros a la redonda. Hay otro sospechoso.
                              Se sentó en el ataúd. Leerle la mente a Daisy Maning le había dejado cansado. Había pensado que aquella chica era tal y como aparentaba ser. Pero había mucho más trasfondo en ella. Daisy era más compleja de lo que aparentaba. Y su antigua maestra acababa de enterarse.
-Se llama Dolph-añadió lord Ruthven.
-He oído hablar de ese miserable-dijo Igor casi con asco-Creía que estaba muerto.
-Le destrozó la vida a la pobre lady Hawkscliffe. Ella no querrá hablar de él. Le duele recordar algunas partes de su pasado. Pero el pasado nunca queda atrás.
                              Lord Ruthven salió del ataúd. Igor salió de manera discreta de la estancia. Regresó al cabo de un rato portando una copa llena de sangre.
                              La sangre pertenecía a un perro. Igor lo había matado un rato antes.
                              Le tendió la copa a lord Ruthven. El conde bebió todo su contenido con verdadera ansia.
                               Le inquietaba tener tanta sed. Ni siquiera podía calmar aquella sed bebiendo la sangre de un perro. El recuerdo de Parthenia pasó por su mente. Lo último que quería era hacerle daño. Pero sabía que debía de verla para informarle de la aparición de aquel nuevo sospechoso.


martes, 20 de mayo de 2014

EL VAMPIRO

Hola a todos.
Hacía mucho que no subía un nuevo fragmento de esta historia.
He podido escribir un trocito más y me gustaría compartirlo con vosotros.
En este fragmento de El vampiro, Lizzie va a visitar a Daisy Maning, la joven que fue atacada. La chica le hace una revelación que la dejará muda.

                          Lizzie hizo en el carruaje el trayecto hasta la casa de los Maning.
                         Hacía días que no veía a Devlin. Su marido se había marchado al campo con su cuñada Sarah con la excusa de que la chica necesitaba recuperarse.
                         Lizzie echaba de menos su trabajo en la Academia porque la hacía estar ocupada y no pensar en todo lo que no debía de pensar. Enseñaba a las chicas a caminar erguidas. A comportarse con rectado. Lo que debían de decir. Lo que no debían de decir. Daisy había sido una de sus alumnas más obedientes y todo lo que le había pasado era el fruto de una atroz pesadilla.
                       El carruaje se detuvo ante la mansión.
-Hemos llegado, Excelencia-le indicó el cochero.
                       Fue él el que le abrió la portezuela a Lizzie. La ayudó a descender del carruaje.
                      Se sentía incómoda en su papel de vizcondesa de Strathmore. Mucha gente había criticado a Devlin por haberse casado con una muerta de hambre. La pérdida del bebé que Lizzie esperaba había sido la gota que había colmado el vaso. De pronto, se daba cuenta de que no estaba enamorada de su marido.
-Es usted una tonta-pareció escuchar a Annabelle, una de sus alumnas. Su alumna más rebelde, recordó Lizzie con tristeza-¿Cómo se casa con un hombre sin amarle?
                     El rubio cabello de Daisy estaba recogido en una trenza. Lizzie lo observó cuando entró en el salón donde la chica la estaba esperando. La invitó a tomar asiento a su lado en el sofá. Dieron cuenta cada una de una taza de té.
-¿Es verdad lo que he oído?-interrogó Daisy a Lizzie en cuanto la criada se retiró-A Sorscha...-Seguía llamando a Sarah por el nombre que le puso Ginny, la mujer que la crió-¿También ese ser ha atacado a Sorscha?
-Por desgracia...-contestó Lizzie-También la ha atacado.
-¡Oh, Dios mío! Quint lo sabe y quiere matarle.
-¿Qué has dicho?
                    Los ojos de Daisy reflejaban una tranquilidad que inquietó a Lizzie.
                    En un primer momento, Lizzie pensó que había escuchado mal porque, hasta donde ella recordaba, Quint había muerto. Pero, ¿cómo estaba vivo aquel hijo de perra? Sabía que se había acercado a Daisy con la excusa de que estaba buscando a su cachorro perdido. Pero no le hizo nada a Daisy. ¿Acaso podía ser él el autor de los ataques?
-Quint está muerto-le recordó Lizzie-No puede estar vivo. Yo misma vi cómo moría. Te lo has debido de imaginar.
-Quint está vivo y viene a verme-insistió Daisy-Sobrevivió a la herida que le causó su esposo, Excelencia. Fue una herida superficial. Escapó cuando su marido fue a reunirse con Sorscha.
-¿Me estás diciendo que Devlin dejó escapar con vida a ese malnacido?
-No es malo, Excelencia. Quint me ama.
                     Daisy cogió una de las pastas que había en el platito y le dio un mordisco.
                     Lizzie dio gracias a Dios porque estaba sentada en el sofá. De haber estado de pie, probablemente, habría caído desplomada al suelo. Devlin no le estaba siendo de gran ayuda desde la trágica muerte de su hijo no nato. Su marido pasaba más tiempo fuera de casa que con ella. ¡Y ni siquiera había podido acabar con uno de sus peores enemigos!
-¿Desde cuándo os veis?-quiso saber Lizzie con un hilo de voz.
                    Todo había empezado desde su encuentro en la Academia. A Daisy le parecía mucho más apuesto que el hombre con el que su padre había pensado en casarla.
                      Le contó a Lizzie que Quentin, su prometido, aquel hombre de cuarenta años, la había besado. Y que ella había sentido un asco inmenso cuando lo hizo.
                     Fue Quint quien la enseñó a besar. Él le había dado su primer beso de amor. Y no había sido el primer beso que le había dado.
-¡Daisy, me niego a seguir escuchándote!-protestó Lizzie, con el estómago encogido.
-Usted no ha estado enamorada-le replicó la chica-No ama a su marido y se le nota.



                       Daisy bebió un sorbo de su taza de té.
                       Le contó a Lizzie que todos los besos que le había dado a Quint habían sido dulces y sinceros. Que lo amaba con todo su ser.
-En cuanto esto haya pasado un poco, huiremos juntos a Gretna Green-le confesó a su antigua profesora-Quint no quiere irse sin saber quién me atacó. Puedo asegurarle que él no tiene nada que ver con los ataques. Estaba hablando con su marido cuando fui atacada.
                     Quint había ido a verla cuando se despertó tras el ataque. Había llenado su cara de besos cuando estuvieron juntos y a solas. Y le juró que encontraría al culpable. Lizzie apretó los puños con rabia. Si Quint estaba vivo, ¿cuántos enemigos de la familia Knight podían estar vivos?
-¿Es cierto que a la duquesa la violaron?-inquirió Daisy.
-¿Qué estás diciendo?-se asustó Lizzie.
-Hablo de la duquesa de Hawkscliffe. Quint me contó que vio a un hombre jactándose en una taberna cerca del Támesis. Decía que, a pesar de ser la esposa de un duque, él fue el primero en catar los favores de lady Belinda. Quint dice que ese hombre afirmaba haberla violado. Aunque no lo dijo exactamente.
-No hace falta que digas nada. ¡Dios mío!
                        Lizzie sentía cómo le iba a estallar la cabeza. Daisy llevaba puesto un vestido de color azul claro. Hacía algún tiempo que llevaba vestidos largos. Su rostro estaba sereno. Pero Lizzie creía que estaba viendo a un ser sobrenatural. La tranquilidad con la que le estaba hablando Daisy la estaba asustando.
                       Entonces, le dio el golpe de gracia cuando le confesó que, apenas un día antes, se había entregado a Quint.
-Salí a escondidas ayer por la noche-le confesó a la atónita Lizzie-Nos encontramos en Rotten Row. Nadie me vio salir. Y nadie se dio cuenta de que me había ido porque Quint me acompañó a casa antes del amanecer.
-¿Te has vuelto loca?-gritó Lizzie, histérica.
                      Daisy le contó lo ocurrido la noche antes en Rotten Row. Cómo ella y Quint se habían encontrado. Cómo habían empezado a besarse y se habían dado cuenta de que no podían parar. Cuando se quisieron dar cuenta, la ropa había desaparecido de sus cuerpos. Daisy le devolvía beso por beso. Él no podía parar de besarla. De abrazarla. De recorrer su cuerpo con las manos. De recorrer cada centímetro de su piel con los labios.
-No me arrepiento de lo que hice-afirmó Daisy-Volvería a hacerlo.
                      Lizzie se puso de pie, visiblemente agitada. Deseaba ponerse a romper cosas porque estaba a punto de sufrir un ataque de nervios. ¿Acaso Daisy no había pensado en las consecuencias de sus actos?
-Cuando se enamore de verdad, hable conmigo-le exhortó la joven.
                      Se puso de pie también. Lizzie la miraba casi con miedo porque Daisy siempre había sido la más aplicada de sus alumnas. La más tranquila...Nunca se metía en líos, al contrario que sí hacían su cuñada Sarah y Annabelle.
                       Daisy aún conservaba en sus labios el sabor de los besos que le había dado Quint la noche antes en Rotten Row. La había besado muchas veces cuando la desvirgó porque le hizo daño. El miserable que la atacó no se llevó su virtud. Pero sí había despojado a Daisy de la inocencia que siempre había tenido. La había vuelto más cínica.
                      Le dio un abrazo a la temblorosa Lizzie.
-Hable con alguien de la familia Knight-le aconsejó-Investigue los nombres de sus posibles enemigos. Personas que crean muertas, pero que, en realidad, estén vivas y a la espera de atacar de nuevo.
-No puede ser-murmuró Lizzie-Los ataques...Tu confesión...
-Lo siento mucho, Excelencia.
-No sé qué pensar. ¡Te juro que no sé qué pensar!
                          Lizzie decidió que era la hora de irse. Pero no quería marcharse sin saber una cosa. Buscó sus guantes. Se los puso con las manos temblorosas. Le costaba trabajo mantenerse de pie.
-¿Te dijo ese hombre cómo se llamaba?-interrogó a Daisy-Hablo de Quint. ¿Te dijo cómo se llamaba el hombre que vio en la taberna?
-Creo que alguien le llamó Dolph-contestó la chica-Quint no está muy seguro.

sábado, 26 de abril de 2014

EL VAMPIRO

Hola a todos.
Hacía algún tiempo que no subía ningún fragmento de esta historia.
Pues pienso que ya va siendo hora de recuperar las buenas costumbres.
En este fragmento, asistiremos a una reunión entre lady Strathmore, Jacinda Knight y Parthenia para hablar del caso que les preocupa.
¡Vamos a ver lo que pasa!

                           Parthenia recibió una nota de lady Strathmore invitándola a la residencia de los marqueses de Truro. Lady Jacinda Knight, la actual marquesa de Truro, requería su presencia allí a las seis en punto de la tarde.
                          Parthenia decidió acudir a la cita.
                          Al llegar a la residencia, el mayordomo le informó que la marquesa la estaba esperando en el salón. Parthenia había hecho el trayecto a pie. Lo cierto era que los marqueses de Truro vivían cerca de su casa, en el barrio de Mayfair.
                          Se dio cuenta de que lady Jacinda no estaba sola. Lady Strathmore estaba con ella.
-Buenas tardes, lady Parthenia-la saludaron ambas a la vez.
-Lizzie y yo somos casi como hermanas-le explicó lady Jacinda a Parthenia-He querido que ella esté aquí presente. He oído que usted está haciendo preguntas acerca de los ataques que mi familia y mis allegados están sufriendo. ¿Por qué tiene tanto interés en averiguarlo?
-Simple compasión humana...-contestó Parthenia-Tengo miedo de que algo malo les pase a ustedes. Además, mi mejor amiga es la prometida de uno de sus hermanos.
-¿Es amiga de Rebecca Ward?-se asombro lady Strathmore-¿De esa cualquiera?
-Prefiero guardarme mi opinión acerca de su familia política, milady-Parthenia se dirigió a lady Jacinda-Hasta donde tengo entendido, la actual duquesa era una cortesana, hija de un simple trabajador.
-Lizzie, por favor-regañó suavemente la marquesa a su amiga-No quiero que discutas con ella. Nos quiere ayudar. Por favor, milady. Tome asiento.
-Gracias...
                           Parthenia fue directa al grano.
-Usted me ha citado para saber el interés que tengo en saber quién está detrás de los ataques y le he contestado-afirmó-Quiero que me diga quién puede tener algo en contra de su familia.
                          Lady Jacinda se quedó pensativa. Todos los enemigos de su familia estaban muertos. Pensó en la terrible reputación que tenían sus hermanos. Tanto Jack, como Damien, como Alec y como Lucien habían pasado la mayor parte de sus vidas seduciendo a toda clase de mujeres, exceptuando las vírgenes.
-Tendría que hablar con mis hermanos-dijo lady Jacinda.
-¿Sus hermanos tienen enemigos?-inquirió Parthenia-Sólo conozco a un enemigo de su hermano Alec, mi antiguo pretendiente, el Príncipe Mikhail Kurkov. Pero está muerto.
-Mis hermanos no son unos Santos, milady. Ellos deben de haber sembrado toda Inglaterra de bastardos. Y alguien se la tiene jurada.
-Dos de mis antiguas alumnas han sido atacadas por ese malnacido-intervino lady Strathmore-Y nadie ha hecho nada para detenerle.
-Piensen un poco-las instó Parthenia-Puede tratarse de alguien cercano a ustedes. Algún amigo...
                            La respiración de lady Jacinda se hizo agitada. El recuerdo de un hombre pasó por su mente. Era un íntimo amigo de sus hermanos. Cuando conoció a Billy, su marido, estaba huyendo de la boda que sus hermanos querían organizarle con aquel hombre.
-Jacinda...-la llamó lady Strathmore, al ver que se había quedado callada.
-Hay un hombre, pero no creo que pueda hacernos nada malo-admitió la aludida-Es un buen amigo de mi familia. Además, no se encuentra aquí. Está en La India. Y creo que va a casarse con mi prima Georgiana. No puede ser él.
-¿De quién se trata?-la interrogó Parthenia.
-Se llama Ian Prescott. Es un diplomático. Está en La India. No sé en qué parte. Al menos, eso es lo que me han contado.
                       Parthenia percibió que lady Jacinda estaba demasiado aturdida. Aquel hombre, un posible sospechoso, era cercano a su familia.
                       Billy no estaba en aquellos momentos en casa. Había tenido que acudir a una Sesión de Control en la Cámara de los Lores. Al menos, eso era lo que le había contado. Lady Jacinda tenía la sensación de que nada de lo que estaba pasando era real.



-Ian Prescott nunca nos haría daño-insistió lady Jacinda-Lo conozco bien.
-No le estoy acusando de nada, Excelencia-le recordó Parthenia-Sólo trato de averiguar la verdad. No ataca ya a gente cercana a ustedes.
-Va a por los Knight-murmuró lady Strathmore, palideciendo de manera violenta.
-No pienso permitir que les haga daño.
-¿Va a enfrentarse a él? ¿Se ha vuelto loca? Usted es sólo una mujer. No podría vencerle.
                         El comentario no irritó en absoluto a Parthenia. Era consciente de que había pasado toda su vida protegida por sus amorosos padres.
-Si no le paro, nadie lo hará-afirmó.
-Bow Street...-murmuró lady Jacinda.
                       Pero ya no sabía a quién acudir.
-Los hombres...-añadió la asustada joven.
-Cálmate, amiga-le pidió lady Strathmore.
-Si Ian Prescott es culpable, no sólo ha matado a mi sobrina Bella. También ha matado a mi sobrino. Belinda sufrió un aborto por su culpa. ¿Lo sabía?
-El golpe que sufrió la duquesa fue durísimo-contestó Parthenia-Pero pagará por lo que ha hecho.
                          Lady Jacinda asintió. Quería confiar en las palabras de aquella joven.

lunes, 24 de marzo de 2014

EL VAMPIRO

Hola a todos.
Hoy, seguimos con un nuevo fragmento de El vampiro. 
A pesar de las advertencias de lord Ruthven, Parthenia no se va a mantener al margen de lo que le pueda pasar a la familia Knight.
¡Vamos a ver lo que pasa!

                    Parthenia regresó a su casa.
                   Lord Ruthven y ella habían pasado un largo rato besándose en la soledad de Hyde Park. Tenía los labios hinchados por los besos que se habían dado.
                    Entró por la puerta de la cocina. Si su doncella la veía allí, ya se le ocurriría alguna excusa. Tenía mucho en lo que pensar, se dijo así misma cuando entró en su habitación.

                       Al día siguiente, por la tarde, Parthenia decidió ir a visitar a lady Miranda. La mansión del duque de Westland estaba cerca de la mansión de lord Damien. Un mayordomo de gesto serio le abrió la puerta. La hizo pasar al salón.
-Milady está en el cuarto de los niños-le informó.
                     Parthenia se quedó de pie mientras el mayordomo iba a avisar a lady Miranda de su presencia. La joven recorrió el salón con la mirada. Tuvo la sensación de que faltaban muebles en aquella casa. Había oído que la situación económica de lord Damien era bastante buena. Sin embargo, algo debía de pasar cuando faltaban muebles en la casa.
-No sabía que fuera a tener visita-comentó lady Miranda mientras entraba en el salón-Celebro verla por aquí, lady Westland.
-Llámeme Parthenia-le pidió la joven-Necesitaba hablar con usted.
-Tome asiento en el sofá, a mi lado. Estaba ocupada con mi hijo. Se ha empeñado en jugar conmigo.
-¿Con su hijo? Perdone, pero creía que lord Damien y usted tenían dos hijos.
-Sí...Es una historia bastante larga y muy triste. No me gusta hablar de ella. Pero cuénteme. ¿A qué debo el honor de su visita?
-Milady, lamento mucho la muerte de su sobrina. Me consta que su familia lo está pasando muy mal. Sobre todo, por las circunstancias en las que murió. Pero vengo porque necesito hablarle de eso. ¿Se acuerda de Sally?
                      El gesto de lady Miranda se tornó serio. La joven odiaba recordar la época en la que estuvo en aquel odioso internado.
-Sally murió hace cosa de un año-contestó con frialdad.
-Era muy amiga suya-le recordó Parthenia-Necesito que me escuche con atención. Usted sabe que la vizcondesa de Strathmore está muy ligada a la familia de su marido.
-No entiendo hacia dónde quiere ir a parar.
                     Parthenia no rebeló el nombre de lord Ruthven. Pero sí le habló de los ataques que habían sufrido varias jóvenes en los últimos tiempos. Todas aquellas jóvenes guardaban relación con la familia Knight.
-Es posible que la familia de su marido tenga enemigos-opinó Parthenia-Necesito que recuerde los nombres de todas aquellas personas que puedan odiarles. Haga un esfuerzo. Es de vital importancia.

 

-Todas esas personas están muertas-afirmó lady Miranda-Mi tío...El Príncipe Kurkov...El hombre que agredió a Belinda hace años. ¡Todos!
                      La mujer se puso de pie. Empezó a pasearse de un lado a otro del salón.
-Podría preguntarle a mi marido-sugirió lady Miranda-Mi marido y mis cuñados siempre han ido al lado de hombres realmente detestables.
                    Se frotó las sienes. Sentía que la cabeza le iba a estallar. Había oído hablar de los ataques que habían sufrido aquellas jóvenes. A solas en su habitación, lloraba por la muerte de Sally. Había escapado de un Infierno en aquel orfanato. Sólo para terminar muriendo a manos de un depravado.
-Ese hombre puede volver a atacar en cualquier momento-afirmó Parthenia-Ya no se limita a atacar sólo a jóvenes que guarden relación con la familia Knight, Excelencia. Todos ustedes corren peligro.
-Usted puede parecer fría, pero veo mucha determinación en su mirada-opinó lady Miranda-Es amiga de la señorita Ward. La amiguita de mi cuñado...Ustedes dos tienen que cuidarse.
-No estamos hablando de un ser sobrenatural. Estamos hablando de un hombre de carne y hueso. Pero hay una diferencia. Le mueven instintos depravados.
-Hubo otras dos jóvenes que sufrieron un asalto similar. Encontraron a lady Sarah, la cuñada de la vizcondesa de Strathmore, con marcas de mordiscos en el cuello tirada en el suelo de la residencia de campo del vizconde.
-Eso no lo sabía.
-Y hay otra joven. Creo que se llama Annabelle. También la encontraron con marcas de mordiscos en el cuello. Y Sally...
                  Lady Miranda notó cómo sus ojos se llenaron de lágrimas. Le pasaba lo mismo cada vez que pensaba en Sally.
-Lamento muchísimo su pérdida, Excelencia-dijo Parthenia.
                     Se puso de pie y se acercó a lady Miranda. La abrazó con cariño y la dejó llorar. Hacía mucho que la mujer no lloraba por Sally, su gran amiga. Su hermana de corazón...

lunes, 17 de marzo de 2014

"EL VAMPIRO" (ENTRADA PROGRAMADA)

                 Parthenia se quedó muda al escuchar a Becky.
-No había nadie mirándome en el cementerio-afirmó-Te lo habrás imaginado.
                  Se sintió mal por tener que mentirle a su mejor amiga. Era cierto que lord Ruthven había acudido al entierro de la pequeña Isabella. Había sentido fija sobre sí su mirada abrasadora. Parthenia era consciente de que había algo entre ella y aquel hombre. Algo que no sabía cómo explicar.
-Piers debería de saberlo-opinó Becky-No me fío nada de ese hombre. Tu prometido puede protegerte.
                   Parthenia no dijo nada.
-Yo cometí la locura de liarme con un hombre al que no hacía nada que acababa de conocer-se sinceró Becky-Alec es el culpable de mi desgracia. No me ama y yo no podré ser la esposa de ningún hombre decente.
-No me pasará nada-le aseguró Parthenia-Te recuerdo que estás hablando con La Reina de Hielo. Me casaré con Piers y me alejaré de lord Ruthven. Te lo prometo.
                     Sin embargo, Parthenia sabía que estaba mintiendo.

                     Un carruaje oscuro llevó a lord Ruthven de vuelta a su casa.
                      Igor le estaba esperando. La noticia de la muerte de la pequeña Isabella había conmocionado a todo Londres. Eran muchos los rumores que circulaban acerca de la desgracia que se había cebado sobre lord Robert y lady Belinda.
-Señor, ya ha regresado-dijo Igor-No me ha gustado nada que haya ido a ese funeral.
                     Lord Ruthven se despojó de la capa oscura que cubría sus hombros. Se la entregó a Igor, quien la colgó en el perchero del recibidor.
-Todo el mundo habla de lo que le ha ocurrido a esa pobre niñita-comentó Igor.
-Lady Isabella Kngiht no es la única víctima de ese hijo de perra-afirmó lord Ruthven-Sospecho que es el mismo que atacó a Daisy Maning. Y creo que ha habido otras. Una amiga de lady Miranda Knight se encuentra entre ellas.
-¡Cielo Santo!
-He llegado a una conclusión. Ataca a personas que están relacionadas con la familia Knight.
-Eso no es del todo cierto, señor. Daisy Maning no está relacionada con esa familia.
-Te equivocas. Lady Strathmore fue su profesora en la Academia donde estaba estudiando. Lady Strathmore guarda una estrechísima relación con la familia Knight.
                    La chimenea estaba encendida. Lord Ruthven se acercó a ella. Pensó que era una pérdida de tiempo tenerla encendida. Con la leña crepitando.
                     Hacía mucho que había dejado de ser humano. Ya no podía sentir frío. Sin embargo, el ver la chimenea encendida le recordaba que hubo un tiempo en el que sintió frío. En el que sintió calor. En el que había un corazón latiéndole dentro del pecho.
-He de ver a lady Parthenia-anunció lord Ruthven-Tiene que saberlo.
-Está corriendo un serio riesgo, señor-le advirtió Igor.
-En todo caso, quien estaría en peligro sería ella. Todo el mundo sabe que la señorita Ward es la amante de lord Alec Knight. Y que Parthenia es su mejor amiga. Lo es desde que la señorita Ward la libró de ese malnacido de Kurkov.
-¿Tiene algún sospechoso en mente, señor?
                    Lord Ruthven no había pensado en nadie en concreto. Sus sospechas estaban centradas en los indeseables que eran amigos de Alec. Eran lo bastante depravados como para considerar divertido el atacar a inocentes. Y alguno de ellos debía de odiar mucho a la familia Knight como para hacerle daño a través de sus allegados.
                   Pero lo ocurrido era diferente. Había atacado directamente a un miembro de aquella familia.
                   No debía descartar a nadie.

                    El mensaje le llegó a Parthenia al día siguiente. Una de sus criadas le informó de que un hombre deforme le había entregado una nota. En aquel momento, Parthenia supo que se trataba de lord Ruthven.
                     Se encontró con él en Hyde Park aquella misma noche. Parthenia le dijo a su padre que iba a visitar a Becky. Su idea era pasar la noche con ella. El duque de Westland no terminaba de ver con buenos ojos aquella amistad. Le caía bien Becky por su valentía, pero nadie olvidaba que era la amante de Alec.
                       Parthenia acudió a la cita envuelta en una capa de color oscuro. Parecía fundirse con la oscuridad de la noche.

 

-Celebro que hayas venido-dijo lord Ruthven, apareciendo de pronto y sobresaltándola-Hay una cosa muy importante que te quería contar.
-¿De qué se trata?-inquirió Parthenia.
-Tienes que cuidarte mucho. Ese hombre ataca a los allegados a la familia Knight.
                  Empezaron a caminar. Parthenia escuchó con atención todo lo que le contó lord Ruthven. En cierto modo, tenía sentido. La amiga de lady Miranda...Nadie era ajeno a la estrecha relación que mantenía lady Strathmore con los Knight.
-¿Y qué tiene que ver eso conmigo?-le preguntó a lord Ruthven.
-Eres la mejor amiga de la amante de lord Alec Knight-respondió el joven-Sea quien sea quien está detrás de estos ataques, podría hacerte daño.
-Becky no tuvo miedo a la hora de enfrentarse al Príncipe Kurkov. Yo no quiero ser una cobarde. No quiero esconderme.
                 Lord Ruthven le cogió las manos a Parthenia y se las llevó a los labios.
-Se trata de que protegerte-afirmó-Me asusta pensar que alguien quiera dañarte.
                   Parthenia le recordaba demasiado su humanidad pasada. Era como una chimenea encendida, dispuesta a darle calor. Le dio un beso en la frente. Pero no podía estar cerca de ella.
                     En aquel momento, sus labios se posaron sobre los labios de Parthenia. Los dos se besaron de manera apasionada. De manera fogosa...De manera prolongada...

martes, 11 de marzo de 2014

"EL VAMPIRO" (ENTRADA PROGRAMADA)

-Odio los funerales-pensó Parthenia mientras se alejaba del mausoleo de la familia Knight acompañada por Rebecca.
                  Los ojos de color gris de Parthenia presentaban unas profundas ojeras, producto de no haber podido conciliar el sueño durante las últimas cuarenta y ocho horas. El vestido de color negro que llevaba puesto se ceñía a su esbelta silueta. Contrastaba con su cabello de color rubio plateado. Con su piel blanca como la leche...Caminaba con paso lento y cansado. El funeral por el alma de la pequeña Isabella había transcurrido en la más estricta intimidad, a petición de lord Robert.
                 Lord Robert parecía estar ido. Sus hermanos hicieron piña alrededor de él.
                 Isabella fue enterrada en el mausoleo de la familia Knight. Lady Miranda rompió a llorar desesperadamente.
-Pobrecilla...-oyó murmurar a alguien.
                  La joven le tenía un profundo cariño a la pequeña Isabella. De algún modo, le recordó a su pequeña amiga Sally. Entonces, Parthenia escuchó otro rumor.
-Sally también ha muerto-dijo una dama-Esa pobre desgraciada falleció hace dos meses. Y de una manera muy espantosa...
                   Becky se cogió del brazo de Parthenia.



-¿Te he contado la historia de lady Miranda?-le preguntó a Parthenia.
-He oído que creció en un orfanato-respondió la joven-Está emparentada conmigo. Pero no hemos tenido mucho trato, aún después de habernos conocido.
-Su madre era una actriz de teatro de segunda fila, aunque muy hermosa. Sally era como una hermana menor para ella.
-¡Qué espanto!
-Además, uno de los gemelos que ha tenido con Damien no es normal.
-¿Qué quieres decir?
                  Se sabía que Damien presumía de uno de sus hijos gemelos. Sin embargo, su otro hijo permanecía prácticamente encerrado con la nodriza.
-Dicen que es deforme-contestó Becky.
                  Sólo había visto una vez al niño. Decía que le salía una terrible joroba de la espalda. Se decía que Damien se avergonzaba de su hijo.
-¡Pobre criaturita!-se dolió Becky-Me dolería ver a mi hijo así.
                   Parthenia pensó que a Damien debía de caérsele la cara de vergüenza. Al crecer, su hijo sería el que se avergonzara de él.
                   Todos los escándalos que había protagonizado eran de dominio público. ¿Y no se avergonzaba de ellos? En cambio, sí sentía vergüenza del hijo que había tenido con la mujer a la que decía amar. Vio que no se acercaba a Miranda para consolarla. ¿También se avergonzaba de ella?

                  Parthenia y Rebecca se subieron en el carruaje del duque de Westland.
-¿Has visto a Alec?-se quejó Rebecca-Me ha ignorado durante el funeral de su sobrina. No se separaba del lado de lady Strathmore. La ha consolado. Y se ha olvidado de mí.
-Alec y lady Elizabeth se conocen desde hace mucho tiempo-le recordó Parthenia.
-Debió de haber venido conmigo, pero prefirió venir con su cuñado William y olvidarse de mí.
-Lady Jacinda está cuidando de su pobre cuñada. No me importa nada el pasado de la duquesa. Sólo sé que es una madre que ha perdido a sus dos hijos. La pequeña Isabella...Y el bebé que venía de camino.
                  El carruaje se alejó poco a poco del cementerio.
-Creo que lady Strathmore también ha perdido el niño que esperaba-comentó Becky-Oí que estaba embarazada en la época en la que conocí a Alec. No hay ningún niño. Y me temo que yo tampoco tendré ningún hijo.
                  En su fuero interno, Becky creía que, si se quedaba embarazada, obligaría a Alec a adelantar la boda.
-Tampoco ha venido Piers-recordó Parthenia-Debe de estar durmiendo la mona en su casa.
-¡No deberías de ser tan dura con tu prometido!-se escandalizó Becky-Lord Draxinger tiene sus virtudes. Alec me dijo que cuidaría de mí si le pasaba algo cuando se enfrentó con mi primo Mikhail. Lord Draxinger se lo prometió. Claro que...Entonces...Alec creía que yo iba a darle un hijo.
                     Becky estaba destrozada. Todos los meses, su menstruación le bajaba con la puntualidad de un reloj.
-Pero te noto pensativa-observó la joven.
-No es nada, Becky-mintió Parthenia-Me apena lo ocurrido-Lo cual era verdad-Es muy triste que un niño muera. Sobre todo...Como ha muerto la pequeña Isabella.
                   No era sólo eso. Parthenia había visto a lord Ruthven en el cementerio. Se mantenía alejado de los demás. El día había amanecido nuboso, con el cielo cubierto de nubes grises. Todavía no había llovido, pero no tardaría en empezar a llover.
                   Parthenia deseó poder acercarse a lord Ruthven. Pero no pudo porque Becky se lo echaría en cara. Por algún extraño motivo, su amiga no soportaba a aquel aristócrata tan distinto a los caballeros a los que Parthenia había conocido en su año y medio en sociedad.
                    Por eso, se sentía tan atraída hacia él. Había algo extraño en él, pero, sin embargo, sentía que podía apoyarse en él. Confiar en él.
                   Lord Ruthven quería averiguar quién había sido el asesino de la pequeña Isabella. Sospechaba que podía ser el mismo que había atacado a Daisy Maning.
-Él estaba en el cementerio-le comentó Becky-No dejaba de mirarte. ¡No tiene vergüenza!
-¿Quién estaba en el cementerio?-inquirió Parthenia.
-¡No te hagas la tonta! ¡Lord Ruthven!

lunes, 17 de febrero de 2014

MICRORRELATO DE "EL VAMPIRO"

Hola a todos.
Intento retomar la actividad en mis blogs poco a poco tras tenerlos un poquito descuidados.
La inspiración me viene para algunas cosas. Sin embargo, por desgracia, para otras, me juega una mala pasada.
Se me ha ido por completo la inspiración en lo relacionado con mi fanfic El vampiro. 
Sin embargo, ayer, intentando recuperarla, me salió este microrrelato de amor y misterio protagonizados por lord Ruthven y por lady Parthenia Westland.
Está narrado en primera persona por lord Ruthven.
No estoy muy acostumbrada a escribir microrrelatos y espero que no sea un desastre.

              Es ya noche cerrada. Mis pasos me llevan hasta el barrio de Mayfair. Ni una sola estrella brilla en lo alto del cielo. Las nubes tapan la Luna.
               Parezco una sombra. Me visto de negro para confundirme con la noche. El recuerdo de Parthenia es lo que me acompaña. Llego hasta su casa. Me cuelo en su jardín, aprovechando que la puerta de la verja está abierta. Sé en qué habitación duerme. Escalo por la fachada de su casa.
               Ella me está esperando de pie, vestida con su precioso camisón de color blanco.
-Has venido-me dice.
-No me tienes miedo-observo.
-¿Por qué iba a tenerte miedo?
-Por lo que soy.
              Parthenia me sonríe con dulzura. No quiero hacerle daño. Lucho contra mi instinto.
              Ella esboza una sonrisa triste y le besa en la comisura de los labios. Me abraza. Yo la llevo hasta la cama. 
                No sé quién desnuda a quién. Sólo sé que yacemos desnudos sobre la cama de Parthenia. Nos abrazamos. Nos besamos. Ella yace sin miedo entre mis brazos. Recibe mis caricias de mis manos y de mis labios. Se entrega a mí. 
                Estoy enfermo…Enfermo de amor…He podido morder a Parthenia en uno de sus pechos hasta que le he hecho sangre. He bebido de su sangre. Estoy loco. Lo sé.                No quiero hacerle daño. No quiero convertirla en lo que soy. Un monstruo...Destruiría lo bello que hay en ella. No quiero destruirla como me destruyeron a mí. Por mucho que yo la ame. Puedo entregarme a ella. Pero no quiero mancillar su alma. Puedo yacer encima de ella. Pero jamás la mancillaría como yo fui mancillado. Puedo tener su cuerpo. Aunque jamás tendré su alma. Tendré su corazón. Tendré su corazón. Pero llegará el momento en el que la deje ir para no convertirla en un ser perverso. 
                 Amada Parthenia...



Este microrrelato transcurre en la Regencia.
Lo mismo que un microrrelato también extraído de El vampiro que me he atrevido a subir a Facebook.
Podéis leerlo aquí:

https://www.facebook.com/laura.penafielmanzanares

martes, 14 de enero de 2014

EL VAMPIRO

Hola a todos.
Hoy, regresa a este blog nuestro vampiro favorito: lord Ruthven.
Lord Ruthven, el protagonista de El vampiro, nació de la mente de Polidori durante la noche de tormenta en la que nació también de la mente de Mary Shelley Frankenstein. Si bien, una de las amantes de lord Byron, lady Caroline Lamb, se puede considerar la creadora de lord Ruthven, una especie de trasunto de lord Byron. Lo convirtió en una especie de vampírico psíquico, alguien que se aprovecha de los demás y les hace tanto daño hasta el punto de casi acabar con ellos.
Fue Polidori el que dotó a lord Ruthven del comportamiento vampírico que gozan todos los vampiros clásicos.
El vampiro es un fanfic de la novela de Polidori y también de la novela de Gaelen Foley Pecados inconfesables. Lady Parthenia, la hija del duque de Westland, el hombre al que Becky acude buscando ayuda, es la protagonista del fanfic. Una joven que ha pasado gran parte de su vida sobreprotegida por su padre y que, de pronto, se siente atraída por un hombre misterioso y atormentado. Una atracción recíproca, a pesar de que son muchos los rumores que corren acerca de lord Ruthven.
En este fragmento, veremos cómo era la vida de lord Ruthven antes de su conversión en vampiro.
Además, Becky le dará a Parthenia una mala noticia relacionada con la familia de Alec.

                           Lord Ruthven había sido en una vida pasada Nicholas Oates, el cuarto hijo de un squire, de un terrateniente inglés.
                            Su hermano mayor heredaría el título. Su otro hermano estaba haciendo carrera en el Ejército. El otro hermano había decidido ser vicario. Y estaba él, un auténtico crápula.
                            Hacía lo que le daba la gana. Famosas eran sus borracheras en la taberna del tranquilo pueblecito inglés en el que vivió sus primeros años de vida. Su hermano mayor se había casado y tenía ya dos hijos. Los otros dos también se habían casado. El matrimonio, opinaban, le volverían una persona responsable.
                         Su padre, por desgracia, acababa de fallecer. Pero su madre decidió ocuparse de la tarea de buscarle una esposa. Decidió que a Nicholas le convenía una joven a la que él conociera de siempre.
                          Se decantó por la hija menor de sus vecinos, los barones de Smith, lady Victoria Andrews.
                          Nicholas conocía a Victoria de toda la vida.
                          Pero la relación entre ambos había sido prácticamente nula.
                          Victoria odiaba visitar la casa solariega de sus padres. Había sido presentada en sociedad. Tenía numerosos pretendientes, ya que estaba considerada toda una belleza. Sus dos hermanas mayores habían hecho buenos matrimonios. Pero la familia Andrews estaba en la ruina.
                           Por ese motivo, se pactó el matrimonio entre Victoria y Nicholas.
                           Nicholas aceptó casarse con Victoria a sabiendas que nunca la amaría.
                          Mientras, la joven montó en cólera al saber que sus padres querían casarla con un auténtico crápula. Victoria aborrecía a Nicholas.
                           Sabía que era un juerguista. Para ella sería vergonzoso el ir a buscar a su marido a la taberna. El saber que podía gastarse toda su fortuna en partidas de naipes. El saber que se acostaba con rameras. Nicholas no se sentía orgulloso de su vida como mortal.
                             Corría el año 1800 cuando la vida de Nicholas Oates cambió para siempre.
                             En el interior de su ataúd, lord Ruthven se removió nervioso. Los recuerdos de su pasado siempre volvían a su mente. Le hacían demasiado daño. Era curioso sentir dolor cuando uno está muerto, pensó.
                               Igor abrió la tapa del ataúd.
-¿Es ya de noche?-le preguntó lord Ruthven.
                               Unas velas parecían iluminar la estancia donde se encontraba el ataúd.
-Le he oído quejarse, milord-respondió Igor-Está anocheciendo. ¿Acaso estaba sufriendo alguna pesadilla?
-Tan sólo recordaba-contestó lord Ruthven. Se sentó en el ataúd-Y el recordar nunca es bueno. Sobre todo, cuando uno ha obrado mal.
-Usted no es peor que esos libertinos que sabe Dios lo que hacen cuando se encierran en sus casas a beber en grupo y buscan a muchachas en los burdeles. Usted bebía y jugaba. Pero yo sé que nunca le hizo daño a nadie.
-A veces, siento que mi muerte fue lo mejor que pudo pasarle a mi familia.
                            Había una infinita tristeza en la voz de lord Ruthven. En ocasiones, se sentía tentado a regresar a su pueblecito natal. Buscar a su madre y a sus hermanos. Saber qué había sido de Victoria.
                              Las campanas de la Iglesia de San Jorge empezaron a tocar con tristeza.




-Ha muerto lady Isabella-dijo de pronto.
                        Salió del ataúd.
                        Parecía estar como ido.
-¿De quién habla?-quiso saber Igor.
                        Muchas imágenes pasaron por la mente de lord Ruthven.
                        Vio a la duquesa de Hawkscliffe, lady Belinda Knight, rota por el dolor. Su marido, lord Robert Knight, duque de Hawkscliffe, intentaba mantener el tipo a su lado. Un carruaje oscuro tirado por caballos negros recorría las calles de Londres. Portaba un féretro. Y, en su interior, estaban los restos mortales de una niña. De la pequeña lady Isabella...
-Alguien ha matado a esa niña-murmuró lord Ruthven de pronto-Como intentó hacer con Daisy Maning.

                         Unos golpes histéricos en la puerta de la mansión de los Westland despertaron a todos los habitantes. Fue una criada quien abrió la puerta a Becky, quien estaba histérica.
-¿Dónde está Parthenia?-le preguntó a la criada.
                        La joven se despertó de golpe al oír los porrazos en la puerta.
                        Reconoció la voz de Becky en el acto.
                        Apenas alcanzó a ponerse una zapatilla. Bajó la escalera abrochándose la bata.
-¿Qué ocurre, Becky?-le preguntó a su amiga.



                          La aludida se precipitó sobre ella. Parecía que estaba a punto de desmayarse. Parthenia la hizo sentarse en un escalón. No recordaba haber visto nunca a Becky tan alterada. Su rostro estaba desencajado.
-¡Está muerta!-respondió.
-¿Quién está muerta?-quiso saber Parthenia.
-Isabella...La hija de Robert...El hermano mayor de Alec...La han encontrado muerta.
-¿Qué estás diciendo?
                       Parthenia recordaba a la perfección a aquella niña. Era el vivo retrato de lady Belinda, su madre. Aunque oyó decir que poseía el carácter travieso de su tía Jacinda. ¿Cómo había podido fallecer una criatura que estaba llena de vida? Abrazó a Becky y trató de consolarla.
-¡Esto es una pesadilla!-sollozó la joven-Robert está destrozado. Y Belinda está como ida. ¡Dios mío!

                        Un rato después, Parthenia acudió con Becky a la residencia de los duques de Hawkscliffe.
                       Apenas tuvo tiempo de ponerse un vestido de color negro encima del camisón y de cubrirse con una especie de mantilla su cabello suelto.
                        Parthenia se arrepintió de haber ido allí. La gente parecía estar más pendiente de cotillear que de dar consuelo a los destrozados padres. Parthenia recordó que Belinda no pertenecía a la aristocracia. Antes de conocer a Robert, trabajaba como profesora en una Academia Para Señoritas. La misma en la que recibió clases Parthenia. Después, ocurrió algo y abandonó la Academia. Lo siguiente que la joven supo de su antigua profesora fue que se había convertido en una cortesana.
                      A pesar de que estaba casada con uno de los hombres más ricos y poderosos del país, lady Belinda no era bien recibida en ninguna parte.
                        Sólo se relacionaba con las esposas de sus cuñados.
                       Y allí estaban ellas. Parthenia vio que lady Miranda, la esposa de lord Damien, intentaba consolar a la destrozada duquesa. Lady Belinda permanecía echada en el sofá, con la mirada perdida. Sus ojos estaban hinchados de tanto llorar. Lizzie Strathmore estaba allí, pero estaba sola.
                        Lady Jacinda estaba con su hermano. Lord Robert tenía el rostro desencajado.
-¿Dónde está Alec?-le preguntó Becky a Parthenia.
                         La muchacha no respondió. Se acercó lentamente a lady Belinda. Al percatarse de su presencia, lady Miranda la miró con cierta desconfianza.
-¿Cómo está?-le preguntó Parthenia.



-Ha perdido a su hija-respondió lady Miranda-Y sabe Dios cómo le afectará a su embarazo. Está embarazada de cuatro meses. Ha sufrido pérdidas de sangre cuando ha visto el cuerpo de Isabella. ¿Qué clase de alimaña le haría algo así a una criatura?
-¿A qué se refiere?
-Bel fue a buscar a Bella al cuarto de juegos. Pero no estaba allí. Henry, el sobrino de Alice, y uno de mis hijos tenían golpes en la cara. Mi hijo...Aún no ha vuelto en sí. Pero Henry se despertó y nos contó que un hombre malo se llevó a Bella. Le pegó a Henry y a mi niño cuando intentaron defenderla. Robert, Damien y Lucien salieron a buscarle. Entonces...Fue Damien. Mi marido...Encontró el cadáver de Bella. Y...
                        Lady Miranda estalló en sollozos. Era ya de madrugada. La niñera de Isabella se estaba encargando de amortajar el cadáver de la niña.
                        Parthenia se sentó al lado de la destrozada mujer en el sofá. Se fijó en que la falda de lady Belinda estaba manchada de sangre. A punto estuvo de ponerse a chillar allí mismo.
-Excelencia...-la llamó.
                        Pero lady Belinda parecía no reaccionar.
-Voy a buscar a un médico-decidió Parthenia.
                         Becky no tuvo tiempo de preguntarle adónde iba. Parthenia salió corriendo de la residencia de los duques. Trató de recordar la dirección de algún médico en el barrio de Mayfair. De pronto, la joven tropezó con alguien en su alocada carrera. Parthenia respiró aliviada al percatarse de que se trataba de lord Ruthven.
-¿Adónde vas?-le preguntó.
-Voy a buscar a un médico-respondió Parthenia-Lady Hawkscliffe...
-Lo sé. Vuelve a la residencia de los duques. Allí estarás a salvo.
-¿Sabes lo que le ha pasado a la hija de los duques? ¡Era una niña!
-Hazme caso, Parthenia. Vuelve a la residencia de los duques. Ese criminal es el mismo que atacó a Daisy Maning. Es un mortal. Un hombre...Pero parece actuar igual que Satanás. Iré a buscar yo mismo al médico.
                       Lord Ruthven besó con fuerza a Parthenia en la boca. La abrazó con ímpetu y sintió miedo. Un miedo terrible a perderla. Nunca antes había estado tan asustado como lo estaba en aquel momento.

jueves, 12 de diciembre de 2013

EL VAMPIRO

Hola a todos.
Hoy, os traigo un nuevo trozo de El vampiro. 
Lord Ruthven va a ver a Daisy Maning para indagar en lo que le ocurrió. Y también veremos un nuevo encuentro entre lord Ruthven y Parthenia.

                        La ventana de la habitación de Daisy estaba abierta. Entraba la brisa de la noche. Daisy se removió inquieta en la cama. De pronto, abrió los ojos. Y vio una figura masculina de pie frente a su cama.
Daisy se sentó de golpe en la cama. Sentía que le costaba trabajo respirar. A tientas, buscó la lámpara de aceite que tenía en su mesilla de noche. La encendió con mano temblorosa y clavó sus ojos asustados en aquel hombre.
-¿Quién es usted?-le preguntó con voz ahogada-¿Qué quiere de mí?
-Soy lord Ruthven-respondió el joven aristócrata-Le ruego que se tranquilice. Sólo quiero ayudarla.
-No le conozco.
-He oído hablar de usted. De lo que le ha pasado. Quiero descubrir quién se lo hizo. Pero me lo tiene que contar.
-No le puedo contar nada. No recuerdo nada. Él estaba conmigo. ¡Me hizo daño!
                    Lord Ruthven se dio cuenta de que Daisy estaba muy nerviosa.
                    La joven se acurrucó bajo las mantas.
-Pero fui con él-dijo-Yo quise ir con él. No pude verle la cara. Pero sí le vi los ojos.
-¿Cómo era él?-quiso saber lord Ruthven-Cualquier cosa que recuerde es buena.
-Tenía los ojos de color rojo. Cuando le vi, pensé que estaba ante el Diablo. ¡Era el Diablo!
                    Era obvio que Daisy estaba traumatizada por lo ocurrido.
-No era el Diablo-afirmó lord Ruthven-Era un ser humano depravado.
                    Daisy sólo intentaba olvidar lo que había ocurrido. Deseaba creer que todo había sido producto de una atroz pesadilla.



-No le vi la cara-susurró Daisy-¡No pude verle!
                  Rompió a llorar de manera desesperada. Lord Ruthven se acercó más a ella.
-Tranquilícese, miss Maning-le pidió con voz suave-Cuando se sienta con fuerzas, podrá recordar lo ocurrido.
                    Se inclinó sobre Daisy y le acarició el pelo, que lo llevaba recogido en una trenza. Daisy se aferró a sus manos. Clavó sus ojos desorbitados en lord Ruthven. El hombre que la había atacado era el mismo Diablo. Nadie podía detenerle. Nadie podía hacer nada para ayudarla. Lord Ruthven se inclinó sobre Daisy y la besó suavemente en la frente.
-¡Tiene que ayudarme!-le gritó Daisy-Lo que me ha hecho él podría hacérselo a otras mujeres. ¡Por Dios, ayúdeme!

-No te veo muy ilusionada con la boda-le comentó Piers a Parthenia.
                   Los dos se encontraban en el salón de la casa del duque de Westland. Piers y Parthenia estaban sentados en el sofá de terciopelo de color turquesa.
-Pasas más tiempo alejado de mí que junto a mí-le replicó Parthenia.
-Tengo que ocuparme de mis asuntos-le recordó Piers-Eso ya lo sabes.
                   No quiero casarme contigo, pensó Parthenia. Me he dado cuenta de muchas cosas.
-Me pregunto si me quieres-atacó Piers.
-Yo sí te quiero-dijo Parthenia-No puedes poner en duda mi amor por ti. Pero yo sí puedo poner en duda lo que tú sientes por mí.
                   Piers estuvo a punto de atragantarse al escuchar a su prometida.
                   Sus acreedores estaban empezando a perder la paciencia con él.
                   Su boda con Parthenia tenía que celebrarse lo más pronto posible. Si no se casaba con ella, acabaría en Newgate.
-¡Por el amor de Dios, Parthenia!-se escandalizó Piers-¿Cómo puedes dudar de mi amor por ti? Sabes de sobra que eres mi vida.
                      Le dio un beso en la mejilla.
-Ya...-masculló Parthenia.

                       La joven salió a dar un paseo por el jardín de su casa.
                       Sentía que necesitaba tomar el aire fresco. La visita de Piers había estado a punto de minar su paciencia. Su prometido era el ser más hipócrita que jamás había conocido.
                       De pronto, se dio cuenta de que no estaba sola en el jardín. Se dio de bruces con lord Ruthven. Respiró aliviada al reconocerle.
-He estado hablando con miss Maning-le contó nada más verla-No quiere recordar quién le hizo daño aquella noche. Está muy asustada.
                     Iba vestido de negro. Parthenia recordó que lord Ruthven siempre iba vestido de negro. Negro...Parecía querer confundirse con la noche. En realidad, parecía querer formar parte de la noche. Esa noche que tanto les atraía a ambos.
                     Parthenia llevaba puesto un vestido de color negro. En la noche, parecía un ser etéreo. Lord Ruthven respiró hondo al verla.
-Podría hablar yo con ella-se ofreció Parthenia-A lo mejor, me escucha.
-Hay que darle tiempo, milady-le sugirió lord Ruthven-Unos días...
-¡Ese hombre podría volver a atacar!
-Usted misma lo ha dicho. Ha sido un hombre quién lo hizo. No un ser venido del Infierno...
                      Parthenia empezó a caminar por el jardín. Lord Ruthven se colocó a su lado.
                      Percibía el calor que desprendía el cuerpo de Parthenia. No quería asustarla. No quería hacerle daño. Podía escuchar cómo corría la sangre de Parthenia en el interior de sus venas.
-Le ruego que tenga mucho cuidado-le pidió Parthenia-No quiero que le pase nada. Y avíseme si hace nuevos progresos.
-Así lo haré-le prometió lord Ruthven.
-De acuerdo...Gracias...
                    Lord Ruthven selló los labios de Parthenia con un beso cargado de calidez.

lunes, 2 de diciembre de 2013

EL VAMPIRO

Hola a todos.
Ha pasado ya una semana desde que hice la última entrada en este blog. Y ha pasado más tiempo desde que subí el último fragmento de El vampiro. 
Había pensado en subir un fragmento todos los sábados, pero me fue imposible hacerlo anteayer porque se me complicaron las cosas.
Hoy, os dejo con un nuevo fragmento de El vampiro. 
Vamos a ver lo que ocurre entre lady Parthenia y lord Ruthven.

-Está empezando a amanecer, milord-le avisó Igor, su mayordomo.
                   Lord Ruthven permanecía de pie frente a la ventana de su habitación. Casi deseaba contemplar la salida de Sol. Aquel astro grande y hermoso podía acabar con él. Se acabaría su sufrimiento.
-Está otra vez pensando en milady-observó Igor.
                    Lord Ruthven se giró para mirarle. Igor se acercó con paso tambaleante hacia el ataúd donde el aristócrata dormía desde el alba hasta la caída del Sol. Un ataúd lleno de tierra...Lo abrió. Los años pesaban ya sobre el cansado cuerpo de Igor.
-¿Recuerdas cómo nos conocimos?-le preguntó lord Ruthven.
-Yo estaba vagando por el bosque, buscando un animal muerto que comer-respondió Igor-Lo encontré tirado en el suelo. Parecía que estaba muerto. Pero no era así.
-Me llevaste a tu cabaña y me cuidaste. Tuviste mucha paciencia conmigo cuando me desperté.
-Lo he visto otras veces, milord. Le habían convertido en un vampiro. Pero vi que aún quedaba algo de humanidad en usted. Y lo sigo viendo. Esa joven...Le hace pensar que aún pueda quedar algo bueno en usted.
-Es cierto.
                        Lord Ruthven se apartó de la ventana.
-Estoy cansado, Igor-le comentó al mayordomo-Y quiero dormir hasta que salga la Luna.
-Sí, milord-asintió el mayordomo.
                       Igor había pasado toda su vida escondido en el bosque. Había sido abandonado al poco de nacer, hijo de una gitana que había sido repudiada por su tribu. Había nacido deforme. Su madre pensó que era a consecuencia del pecado que había cometido. Tener un hijo sin estar casada.
                      Igor huía de la gente. Y la gente, a su vez, huía de Igor. El único que había mostrado tenerle verdadero apreció era lord Ruthven. A cambio, Igor le servía con total lealtad.
                      Dieciocho años habían pasado desde que encontró a lord Ruthven tirado en el suelo del bosque. Dieciocho años habían pasado desde que le vio luchar contra aquel monstruo en el que se había convertido. Un monstruo que tenía sed de sangre. Vivían los dos aislados en aquella mansión que estaba casi en ruinas.



                        Lord Ruthven se metió dentro del ataúd. Se acostó en él. Cruzó las manos a la altura del pecho.
-Cierra la tapa-le pidió Igor-Y no me molestes.
                      Igor obedeció.

                      Antes del anochecer, unos golpes en la tapa del ataúd despertaron a lord Ruthven. El joven aristócrata se envaró cuando Igor abrió la tapa.
-¿Ya ha anochecido?-le preguntó.
-Milord, una joven ha venido a verle-respondió su mayordomo-Es ella.
                       Una ola de calor inundó el cuerpo de lord Ruthven. Parthenia había ido a verle. La joven estaba esperando en el salón de la mansión. Había oído rumores acerca de que lord Ruthven vivía en una mansión en ruinas. Ahora, estando allí, los rumores se tornaban ciertos. Había telarañas en muchos sitios. ¿Acaso no tiene dinero para contratar a unos criados?, se preguntó Parthenia. Había cosas que no entendía.
Lord Ruthven hizo acto de presencia en aquel momento.
-Lady Parthenia...-la saludó-¡Qué agradable sorpresa! ¿Qué está haciendo aquí?
-Me gustaría hacerle unas cuantas preguntas, milord-contestó Parthenia.
                    Una capa de color oscuro cubría su vestido de color blanco. Las velas encendidas le daban la apariencia de un ser sobrenatural.
-Una conocida mía, la señorita Daisy Maning, sufrió un ataque hace unos días-relató-No se sabe a ciencia cierta quién lo hizo. Pero sí se sabe que fue un ataque extraño.
-Lamento mucho oír eso-se excusó lord Ruthven-Pero yo no sé nada. De saberlo, no le quepa la menor duda de que la ayudaría.
-Mi amiga Becky piensa que ha sido usted. Yo no la creo. No quiero creer que usted sea capaz de cometer semejante atrocidad.
                        Se paseó con aire lánguido por el salón.
                       Dime que no has sido tú, por favor, pidió Parthenia. Dime que no has sido tú y te creeré. Lo que más deseo en estos momentos es creerte.
                         Lord Ruthven se puso delante de ella.
-Yo le juro por la memoria de mis antepasados que no tengo nada que ver con el ataque que esa joven ha sufrido-le aseguró-Y me gustaría averiguar quién lo ha hecho.
                        Se acercó a ella.
-Gracias...-susurró Parthenia-Sabía que usted no podía haber hecho semejante atrocidad.
                         Había un destello de alegría en sus ojos.
                         Lord Ruthven se quedó sin habla.
-Sabía que podía confiar en usted-añadió Parthenia-Me ayudará a descubrir quién lo hizo. ¿Verdad?
                        Lord Ruthven asintió. Durante dieciocho años, había creído que estaba muerto.
                        Aquella mujer le robó el alma. Pero Parthenia parecía empeñada a devolvérsela.
                       Parthenia confiaba de un modo ciego en él. Aquel pensamiento le desarmó. Yo no soy la clase de hombre que te conviene, pensó. Podía escuchar la circulación de la sangre de Parthenia. El olor que desprendía su cuerpo le turbó. La cercanía de la chica le asustaba. Le hacía sentirse más débil. Él no había tenido nada que ver con el ataque que Daisy Maning había sufrido. Pero se iba a enterar de quién estaba detrás. Por Daisy...Por Parthenia...
                        Casi sin darse cuenta de lo que estaba haciendo, Parthenia posó sus labios sobre los fríos labios de lord Ruthven. Lo besó de manera fuerte y apasionada. Aquel hombre tenía algo que la hacía sentirse rara. Yo no soy yo cuando estoy con él, pensó.
-Tengo que irme-le dijo.
                        Salió corriendo de la mansión. Le temblaba muy deprisa el corazón. Ya había anochecido.

sábado, 23 de noviembre de 2013

ANUNCIO ACERCA DE "EL VAMPIRO"

Hola a todos.
Hoy, me gustaría hacer un anuncio acerca de mi relato El vampiro. 
Lo que quiero deciros es que, a partir de la semana que viene, todos los sábados, subiré un fragmento de El vampiro. 
Todos los sábados veremos cómo avanza la relación entre Parthenia y lord Ruthven.
¿Puede acaso un vampiro enamorarse de una humana?
Si os gustan las historias clásicas de vampiros atormentados por su sed de sangre, con algo de picante, espero que os guste El vampiro. 


viernes, 22 de noviembre de 2013

EL VAMPIRO

Hola a todos.
Hoy, vamos a ver un nuevo fragmento de El vampiro. 
Esta vez, nos vamos a centrar en la investigación acerca de lo ocurrido a Daisy Maning, la joven que apareció en Green Park con un mordisco en el cuello.
¿Guardará lord Ruthven una relación con lo ocurrido?

                         La última vez que Alec vio a Lizzie, le comentaron que estaba esperando un hijo. No se le notaba mucho su embarazo. Cuando volvió a verla, en Regent Street, la joven vizcondesa se dirigía a la casa de Daisy Maning para visitarla. Daisy vivía en la misma calle y Alec se encontraba allí perdiendo el tiempo. Robert le había devuelto la asignación que le  había quitado dos años antes. De modo que estaba recuperando poco a poco su viejo estilo de vida. Tenía la sensación de que todo lo que había vivido al lado de Becky era producto de un extraño sueño. Lizzie estuvo a punto de tropezar con él al doblar la esquina. Hizo ademán de seguir su camino, pero Alec se interpuso.
                       Hacía semanas que Lizzie se negaba a salir a la calle.
                      Pero lo que le había ocurrido a su antigua alumna la había forzado a salir del encierro en el que vivía desde que perdió el bebé que esperaba. Su marido, de algún modo, la culpaba de lo ocurrido.
-Buenos días, lord Alec-le saludó con frialdad.
                      Le dolía pensar que hubo un tiempo en el que amó a aquel hombre.
-¿Por qué me llamas así?-le preguntó Alec-Creía que éramos amigos.
-Le ruego que no me moleste-respondió Lizzie, nerviosa.
                      Alec clavó la mirada en el vientre plano de la joven vizcondesa. Según sus cálculos, Lizzie debía de estar en el séptimo mes de gestación.
-¿Y tu vientre, Lizzie?-le preguntó a bocajarro-Jacinda me contó que estabas embarazada. No se te nota nada.
-Perdí el bebé-respondió la joven-Déjeme ir.
-¿Qué ocurrió?
-Fue un accidente.
-Cuéntamelo.
-No puedo. Voy a visitar a Daisy Maning. Fue mi alumna durante bastante tiempo. Estoy muy preocupada por ella.
-Jacinda te envía recuerdos. Dice que hace tiempo que no vas a verla. Te acompaño. Así, podremos hablar. Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos.
                      El trayecto hasta la casa de los Maning se le hizo eterno a Lizzie. Había creído que Devlin la había hecho olvidar a Alec. Quizás, había perdido la virginidad con él. Pero el recuerdo de Alec seguía demasiado presente en su vida.
                     No cruzaron apenas palabra durante el trayecto, que duró, por suerte, apenas unos minutos. Lizzie lo agradeció.



                          El mayordomo de los Maning les abrió la puerta.
                          El ambiente en el interior de la casa era casi de funeral. Los padres de Daisy no paraban de llorar. Por suerte, su hija se estaba recuperando.
-¡Dirán que es una perdida!-sollozó mistress Maning.
                        Alec y Lizzie entendían por lo que estaban pasando. Daisy había sido encontrada herida en Green Park. Pero había accedido a salir con un caballero a solas. Su virtud, por suerte, estaba intacta. Pero la gente ya estaba hablando de ella. Estaba hablando mal de ella.
-Me gustaría hablar con ella-dijo Lizzie.
                      La cercanía de Alec la incomodaba de sobremanera.
-Daisy no quiere hablar-le explicó mister Maning-Tiene pesadillas. Le asusta recordar todo lo que ha vivido.
                       Aún así, accedió a que Lizzie hablara con su hija. Pensó que la joven se sentiría mejor si hablaba con alguien de confianza. Y ella confiaba en la mujer que había sido su maestra. El mayordomo la condujo a ella y a Alec hasta la habitación de Lizzie. El tener a Alec tan cerca la asustaba. Casi podía sentirle. Debo de gustarle ahora porque estoy casada con otro, pensó con ironía.
                      Daisy permanecía acostada en su cama. La herida que tenía en el cuello era demasiado visible. No dio muestras de alegrarse cuando vio entrar en su habitación a su antigua profesora. Tenía la mirada perdida. Lizzie la saludó dándole un beso en la mejilla.
-¿Cómo estás, querida?-le preguntó-He venido a verte.
                   Daisy no le devolvió el saludo.
                  Alec permaneció en un aparte mirando a la joven. Deseó saber qué estaba pasando por su mente en aquellos momentos.
-Fui porque quería ir-dijo Daisy de pronto-Nadie me obligó. Vio que yo quería ir con él a cualquier sitio. Estaba como hipnotizada.
-Querida, he venido porque quiero ayudarte-le explicó Lizzie-Tienes que ayudarme a averiguar quién te hizo eso.
-Hay otras. Tiene sed.
                      Alec frunció el ceño al oír hablar a Daisy. No entendía nada de lo que quería decirle a Lizzie.
-¿Qué significa eso de que tiene sed, señorita Maning?-intervino.
-Bebió de mi sangre porque tenía sed-contestó Daisy. Su mirada pareció tornarse como enloquecida-Yo le oí beber de mí. No tenía ni fuerzas para luchar contra él. ¡No quería luchar! Estaba a su merced.



                      Lizzie sintió cómo se le paraba el corazón al oír hablar a Daisy.
-No puede decir nada-le susurró Alec-Está aún conmocionada por lo ocurrido. Vendremos a verla dentro de unos días.
-Daisy, querida, descansa-le exhortó Lizzie-Tienes que recobrar las fuerzas.
-Está buscando a otra víctima. ¡Tiene que detenerlo!
                    Aferró con fuerza el brazo de Lizzie mientras hablaba.

                   Se sintió mejor cuando abandonó la casa de los Maning. Se detuvo de pronto para apoyarse en una pared. Tenía la sensación de que se iba a desmayar.
-¿Te encuentras bien?-le preguntó Alec.
-Sí...-respondió Lizzie-Estoy sólo un poco acalorada. Nada más...
-Lizzie, quiero ayudarte. Es obvio que el hombre que atacó a Daisy volverá a hacerlo.
-Daisy no quiere hablar.
-Creo que ella es la primera interesada en enviarle a Newgate. Pero está demasiado traumatizada como para hablar. Hay que darle tiempo.
                    ¿Y quién me da tiempo a mí?, se preguntó Lizzie.
-¿Vas a contarme lo que te ha pasado?-inquirió Alec.
-Sufrí un aborto-contestó Lizzie-Tendré más hijo.
                   Pero su contestación no dejó tranquilo a Alec.
-¿Y qué dice Devlin?-quiso saber.
                   Lizzie no quería hablar con Alec acerca de su matrimonio. Hasta la vizcondesa viuda de Strathmore se daba cuenta de que ya no eran pareja. Devlin pasaba más tiempo fuera de casa que a su lado.
                     Su cuñada Sarah había intentado hablar con él en numerosas ocasiones. Sin embargo, Devlin no quería hacer nada por salvar su matrimonio.
-Él está bien-contestó Lizzie.
                    Le dolía demasiado hablar de Devlin. Buscó un carruaje libre para subirse en él y alejarse de Alec. Pero no veía ninguno. Alec pensó en cómo habría sido su vida de haberse casado con Lizzie. La conocía desde hacía muchísimo tiempo. Había llegado a creer que terminaría casado con ella.
-La vida es un poco curiosa-comentó Alec-Tú estás casada con Devlin. Y yo voy a casarme con Becky.
-Le ruego que no me moleste-le pidió Lizzie-Como ya ha dicho, yo estoy casada. Y usted va a casarse.
-Entonces, no quieres que seamos amigos. Pensé que me habías perdonado.
-Sí...No...
                       Por suerte, un carruaje se detuvo cerca de donde estaban ellos. Lizzie se acercó con paso apresurado hasta él. Pero Alec la seguía. La detuvo.
-Manténme informado-le pidió-Quiero atrapar a ese canalla.
-Así lo haré-aceptó Lizzie-Pero...Déjeme ir. Mi cuñada Sarah me está esperando.
                    Alec le dio un beso en la mejilla a modo de despedida.
                    Lizzie se subió al carruaje y cerró la portezuela. Rompió a llorar cuando se quedó sola. Tenía la sensación de que el mundo se desmoronaba a su alrededor. Devlin y su matrimonio fracasado...La pérdida de su bebé...El ataque que había sufrido Daisy. El ver de nuevo a Alec. Tenía la sensación de estar atrapada en mitad de una pesadilla. Y no sabía qué hacer para despertar.

jueves, 21 de noviembre de 2013

EL VAMPIRO

Hola a todos.
Hoy, veremos el encuentro entre Parthenia y lord Ruthven. ¿Qué pasará?
¡Vamos a descubrirlo!

                         Era cerca de la medianoche. Parthenia esperaba a lord Ruthven a orillas del lago Serpentine, en Hyde Park. Se había puesto encima de su vestido una capa de color oscuro. Tenía la sensación de que podía fundirse con la noche.
                      No se percató de que lord Ruthven había hecho acto de presencia hasta que lo tuvo delante suyo.
-Me ha asustado-dijo.
-He recibido su nota-dijo lord Ruthven.
-Tenemos que hablar.
                    Lord Ruthven cogió la mano de Parthenia y se la besó con suavidad. Los labios del joven caballero estaban muy fríos. Pero, al mismo tiempo, transmitían una calidez que traspasaban el alma de Parthenia. Como pudo, se apartó de él.
-Lo que ocurrió la otra noche fue un error-empezó a hablar-No debió de haber pasado. Usted me agrada. Y disfruto mucho de su compañía.
                   Lord Ruthven se envaró al escuchar a Parthenia. Podía percibir en ella cierta lucha entre lo que sentía y entre lo que esperaban los demás de ella. Mechones de pelo rubio se escapaban de la capa. Sus ojos grises brillaban al posarse sobre él.
-Voy a casarme con lord Piers Draxinger-prosiguió Parthenia.
-¿Piensa casarse con un hombre que no la ama?-inquirió lord Ruthven.
                  Se acercó aún más a Parthenia y le acarició la mejilla con la mano.
-No quiero protagonizar un escándalo-contestó la joven.
                  La mano de lord Ruthven estaba muy fría. Sin embargo, aquella mano parecía querer decir más que cualquier palabra bonita que le había dicho lord Draxinger. Aquel pensamiento turbó a Parthenia. ¿Por qué este hombre despierta esta clase de sentimientos en mí?, se preguntó.
                  Lord Ruthven se acercó todavía más a ella.
-¿Tiene miedo de mí?-indagó.
-Becky dice que usted es peligroso-contestó Parthenia-Pero no le tengo miedo. Es bueno.
                  Lord Ruthven depositó un beso sobre la mejilla de Parthenia, muy cerca de su boca.



                    Bueno, pensó.
                   Parthenia le había dicho que era bueno. Aquella muchacha confiaba ciegamente en él.
                    Llevaba mucho tiempo buscando a la mujer que debía de ser su compañera en su Eternidad. Y, finalmente, la había encontrado en la figura de la hija del duque de Westland.
-¿Quiere dejar de verme, milady?-quiso saber.
-Becky me aconseja que me aleje de usted-contestó Parthenia.
-No piense en su amiga. No es quién para darle consejos cuando va a casarse con el querido de Eva Campion. Piense en usted. ¿Qué es lo que desea?
                 Parthenia guardó silencio.
                 Recordó todo lo que había hecho a lo largo de su vida. Había sido la hija perfecta del duque de Westland. Se había convertido en la perfecta prometida de lord Draxinger. Había hecho lo que los demás esperaban de ella.
-Quiero estar con usted-se sinceró-Quiero ser su amiga. Le veo muy solo.
                   Lord Ruthven apretó los puños. La dulzura de Parthenia le desarmaba. Aquella muchacha no hacía para nada honor al sobrenombre que le habían impuesto los amigos del sinvergüenza de su prometido. La Reina de Hielo...
-Le ruego que no piense tanto en los demás-la aconsejó-Y le ruego que no piense tanto en mí.
-¿Rechaza ahora mi compañía?-se extrañó Parthenia.
-Hay cosas que no entiende.
-Puede explicármelas.
                     ¿Cómo le explico que siento sed de ella? ¿Cómo le explico que ha nacido para ser mi compañera? ¿Cómo le explico que verla supone para mí una dolorosa y dulce tortura? ¿Cómo le explico esta sed que me consume y me atormenta? Una sed maldita de sangre...Parthenia nunca lo entendería.
Tan frágil...Tan etérea...
-Parthenia...-susurró.
                  Los labios de ambos se encontraron. Parthenia rodeó con sus brazos el cuello de lord Ruthven. Cerró los ojos y se dejó llevar por aquel beso largo y denso.